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miércoles, 26 de marzo de 2014

Escrito 0006 - ¿Qué querés que te diga?

Escrito 0006 - ¿Qué querés que te diga?
¿Qué querés que te diga?

Que tu energía es linda, y como dice Benedetti: Sos lindo desde el pie hasta el alma y eres mejor que todas tus imágenes...

¿Qué quieres que te diga?

Que me gustas, como puede solo gustarme el alba y el ocaso, como si fuese a tu lado, y después de ver como cubre la cortina obscura el cielo, quedar mudos y atónitos por la luz de la luna, para que al final del día te pida seas mío.

Eso quiero, ¡así te quiero!

¿Qué tiene de malo? ¿Qué de malo hay en la locura, cuando esta se sujeta al sueño de tenerte entre mis brazos? ¿Qué de malo tiene la locura que se amarra a la piel y desea con psicosis tu cuerpo sobre el mío?, ¿qué tiene de malo el deseo que tengo por vos?

Así pues que se diga que mis desvelos son con provecho al hacerte mío y yo tuyo en un momento fugas donde el cuerpo se hace uno.

Así te quiero, así te deseo.

Participante 0006 -Dany Ramirez .-


viernes, 5 de abril de 2013

Historia 0016 - El extraño del autobús


Capítulo I: La Rutina del Sábado

Desde qué estaba en bachillerato le pareció un sacrilegio en contra de las normas del sábado, el tener que levantarse temprano para ir a barrer el plantel. Un año después cuando tenía que madrugar los sábados para ir a trabajar siguió creyendo lo mismo al principio, pero después se consolaba con el hecho de que le pagaban por madrugar y contestar llamadas. Ese sábado fue diferente; era un lunes de enero (sábado disfrazado de lunes) frío y gris, muy típico de la época. Esperaba el camión en el lugar de costumbre, James Hetfield le susurraba por los audífonos "Enter Sandman", ella cantaba sin emitir ningún sonido. 

Siempre cantaba mientras esperaba, hasta que aparecía el camión. Subía al camión y pagaba el pasaje, ignorando cualquier intento de flirteo que el chofer o el boletero le hacían. Caminaba por el pasillo en busca de asiento pero extrañamente ese sábado el camión iba lleno.

- Ni modo- dijo en voz alta para sí misma.

En ese momento estaba de pie en la mitad del pasillo, cuando de repente volteó a su lado izquierdo y lo vio por primera vez. Su rostro estaba iluminado por la escasa luz grisácea que se filtraba por la ventana y como sí fuera conspiración divina en ese momento en sus oídos comenzaron a escucharse las primera notas de "I've just seen a face". Y lo que pasa con ella es que cada vez que ve a alguien que le llama la atención, no lo deja de ver; primero con cautela, luego con curiosidad y la curiosidad terminaba en acoso. Se había vuelto profesional en las "artes de acosar". Cada vez que acosaba venía a su mente la canción del acosador, "Every breath you take", cada suspiro, cada movimiento... Ella lo iba a estar observando.

Había algo en ese extraño, algo que nunca había visto en otras personas, en este caso víctimas de su mirada acosadora. No era externo, era una cosa interna, tenía que conocerlo. Pero ese sábado no, era demasiado pronto, tenía que acosarlo un poco más y por lo menos saber de donde era; aunque algo le decía que era de ________, podría ser.

En ese momento el extraño abrió los ojos, ella apartó su mirada, la fijo en la enfermera que estaba frente a ella leyendo un libro de medicina. Aún así con el rabillo del ojo lo siguió observando, vio como descorrió la cortina y como con un movimiento rápido se asomó y vio al exterior. También vio como tomo sus cosas y se puso de pie. Comenzó a andar por el pasillo atiborrado de gente, se abría paso con algo de cuidado sin perder el garbo. Y ahí lo vio bien, tenía una imagen ruda, para ella era como un sueño adolescente.

Cuando paso a su lado, ella quiso pasar inadvertida, dejo de respirar en ese momento pero jamás dejo de verlo hasta que se perdió de vista por la puerta del camión.

Capítulo II: Notas

Cuando aquel sábado término, el recuerdo del extraño se fue cuando las primeras estrellas comenzaron a llenar el firmamento azul marino, el color de las noches en invierno.

Durante toda la semana ella trató de tomar la misma línea de camiones, pero todo con resultados infructuosos, nunca estaba ahí. 

A los pocos días olvidó el asunto, su vida siguió con normalidad. La misma hora de entrada, el mismo cubiculo gris oficina, los mismos gringos llamando y ella muy sonriente vendiendo su alma a cuarenta y tres pesos la hora; y el diablo siempre ahí presente con su cable de teléfono que se convertía en látigo lunes y martes, porque de alguna u otra manera tenía que controlar el caos del call center, no podía dejar ir a ninguna de esas almas esclavas a su servicio. 

Transcurrió la semana todo igual de monótono, hasta un jueves que iba en el camión con su tía. El camión se detuvo en _________, estaba oscuro y hacia frío; ella comenzó a ver a las personas que subían al camión, cuando de repente ahí apareció el extraño. Era la segunda ocasión que lo veía aunque esta vez solo se limitó a observarlo por menos de dos minutos, al final desapareció entre la oscuridad de los últimos asientos del camión.

Al siguiente sábado tomo el mismo camión, y ahí estaba. Otra vez dormido frunciendo con ligereza el entre cejo, esta vez no la convenció con ese sueño tan falso. Tomo asiento cerca de el, quería acosarlo mientras fingía dormir; y aunque fingía dormir era vulnerable a ella con su mirada acosadora. Pero esta vez el sueño fue más fuerte y término quedándose dormida, cuando despertó el ya no estaba.

Los siguientes sábados, ya tuvo certeza de algunas cosas, tal como lo sospechaba el era de ________, siempre se sentaba en el mismo lugar procurando el lado de la ventana y claro ni dormía solo fingía hacerlo, una cosa muy notoria fue su manera de vestir que te vendía una imagen de chico rudo, un James Dean fan de Metallica. Todo un sueño adolescente para ella, había que admitirlo.

Llevaba varias semanas acosandolo y sabía todo lo que a simple vista se podía desentrañar, se había aprendido su rutina e incluso apostaba consigo misma sobre la playera que iba a usar ese día. Sabía todo eso, excepto su nombre... 

"Hola! Sabes te he observado desde hace unas semanas (sólo observado nada de acoso) y pues sabes me intriga, saber como se llama mi víctima (no eres una víctima, claro pero es por así decirlo)... Espera no te asustes, es broma... (yeah right bitch)..."

Y eso era lo que pasaba por su cabeza cuando pensaba como entablar una conversación con el. 

Para su suerte y desgracia enfermó, se quedo afónica y falto unos días al trabajo. No hacía nada, la enfermedad le quitaba la voluntad de levantarse, se quedaba en cama usando la computadora (nada nuevo ver una película, las redes sociales, etc.) 

Entonces comenzó a hacer lo que mejor sabía, acosar por las redes sociales. Empezó con las personas "cheesy" como tipas que le caían mal, ex novios y terminaba con las personas que le llamaban la atención viendo los amigos en común y cosas así. 

Estaba en el perfil de no se quien, cuando le dio por ver los amigos que tenía esta persona; estaba revisando de manera muy rápida cuando de repente vio una foto de perfil que se le hizo familiar.

Regreso y la vio con detenimiento, se emocionó de solo pensar que había un 90% de coincidencia con su víctima. Entro al perfil y vio más fotos... Efectivamente era el. Lo había encontrado por accidente y ahora sabía su nombre, se llamaba ______. 

Dio click en "agregar contacto" y cerro la página como quien esconde la evidencia de un brutal crimen.

Capítulo III: Mucho gusto señor Sparrow. 

Esa misma noche cuando ella entró a su página en la red social tenía varias notificaciones ninguna importante. Hasta qué la vio: "______ ha aceptado tu solicitud".

No exploto de felicidad, simplemente exclamo un "bingo" que sonaba más a victoria en esta batalla secreta de miradas y acoso. Pero ella siguió con su orgullo disfrazado de timidez, no le hablo esa noche, ni a la siguiente, ni en toda al semana; se podía decir que a ella le urgía hablar con el, pero no iba a dar el primer paso, no cedería así de fácil como mujer desesperada. 

Se obsesionaba con el asunto pero era cuestión de horas de trabajo para qué se le olvidará todo.  En realidad todo se le olvidaba ahí, los malos y buenos recuerdos, las personas, la escritura, la musa e incluso el español se borraban por completo. El diablo se encargaba de eso, era parte de su trabajo, por eso era el diablo.

La costumbre de verlo cada sábado en el camión perdió interés cuando porfin conoció su nombre. Ese sábado no lo vio en el camión, tampoco ese sábado fue tan detestable en el trabajo porque sabía que al final del día agitaría un poco la melena y repartiría golpes a diestra y siniestra en ese concierto al que planeaba asistir. Y así fue ese sábado, ya de febrero, donde por primera vez en muchos meses se olvidaba del mundo entre el mundo.

Cuando regreso a su casa lo primero que hizo fue compartir su experiencia del día a todos por medio de las redes sociales, se esperaba comentarios y "me gusta" pero lo que no se esperaba fue esa pequeña ventana del chat con un "Hola" que fue escrito por su víctima favorita. Ese fue el primer contacto que tuvo con el, la plática fue acerca del concierto, los dos habían estado en el mismo lugar pero no se vieron para nada. Hablaron sobre información en general, la música, las bandas y los guitarristas; todo normal. La conversación murió porque ella se quedo dormida, pero estas conversaciones nocturnas recién comenzaban, la pequeña barrera entre desconocidos a conocidos se empezaba a romper.

Comenzaron a conversar todas las noches, había algo en el que la hacía ser ella misma, no había necesidad de fingir nada. Y las conversaciones siempre eran monopolizadas por ella. Que hacia, porque lo hacía, para quien lo hacia... Pero nunca daba santo y seña, sólo datos generales, había una barrera en ella todavía, la de la confianza.

-Sabes? Eres una persona muy difícil de descifrar para mi, tienes demasiado misterio y eso me intriga- le dijo el una noche en mitad de la conversación.

-No me doy a conocer tan fácilmente, dame tiempo...- contesto ella.

Las conversaciones eran amenas, hasta que un día el dijo:

-Como sería una conversación en vivo y a todo color contigo?

-Fácil!-dijo sin pensarlo- sería como sí platicarás con Daria Morgendorffer, soy sarcástica y fría como ella.

-Que gracioso, en cambio si platicaras conmigo sería como platicar con Jack Sparrow- contesto el.

-En ese caso, mucho gusto señor Sparrow...- contesto ella divertida con la idea de que hablaba con un ebrio de primera.

Las conversaciones llegaban a su fin a eso de las 23 horas cuando a ella se le cerraban los párpados y pensaba que el día siguiente tenía que tomar llamadas estresantes. 

-Te conozco de alguna parte?- le dijo ella una vez, lo escribió con un cinismo inmenso porque ella era su acosadora.

-Pues sí te vas en el camión que pasa a las 7:15 por _______ tal vez me hayas visto- contesto el.

- Sabes? Sólo los sábados tomo ese camión, los demás días me voy temprano.

-La próxima vez si te llego a ver te diré: "Eres _______?- dijo el enseguida escribió un "hahaha".

Las semanas se hacían cortas desde que mantenían esas charlas nocturnas, los días y las noches volaban.

Cuando llego el sábado, la adrenalina estaba en ella, estaba en todo su sistema. Por primera vez hablaría con su acosado, la excitaba a la idea y le causaba curiosidad al mismo tiempo. Subió al camión y su mente estaba en blanco, ni si quiera el "Master, Master" del señor Hetfield la concentraba en la canción. Ni si quiera lo busco en los asientos uno por uno, lo olvido. Pero cuando volteó a su lado izquierdo en la parte de atrás del camión lo vio ahí, sentado "durmiendo".

-Me das permiso?- pregunto ella.

El abrió los ojos, le sonrió y dijo:

-Tu eres _______?

-Depende quien lo pregunte.

Se observaron unos momentos y se limitaron a sonreír.

Capítulo IV: Los besos forzados. 

La espera del sábado se le hacía muy lejana, en ese momento los días se volvieron largos y las noches muy cortas. Las pláticas que en algún momento llegaron a ser eternas ahora parecían de sólo unos cuantos minutos. Pero por fin, habían hablado de simplezas de la vida y el trabajo, pero lo habían hecho frente a frente. La experiencia no la decepcionó, fue muy grata, inesperada pero superaba las expectativas. Así pasaron los siguientes sábados cuando tomaron la suficiente confianza entre ellos y se comenzaron a hacer cariños que dolían o dejaban moretones.

Hasta qué uno de eso sábados pasó. Ella se levantó como de costumbre, pero la premonición surgió cuando amarraba el cordón de su bota izquierda: "me va a besar", lo pensó en voz alta. El pensamiento le causaba algo de morbo, besar al tipo que solía acosar, ni si quiera en sus sueños más descabellados había considerado esa opción. Esta vez cuando subió al camión lo hizo con normalidad, camino hasta la parte trasera del camión y le toco la frente para despertarlo.

-Good morning Sunshine!- exclamo ella mientras él abría los ojos y se recorría al asiento de al lado. 

Ella tomo asiento junto a él y comenzaron a platicar de cosas sin sentido como siempre, pero sin fingir. 

De repente ella tuvo el impulso y no resistió la tentación de jalar su barba, lo hizo de manera rápida e inesperada que él no tuvo tiempo de reaccionar y sólo le dijo: 

-La próxima vez que james mi barba te besare.

-No me digas- contesto ella con tono de burla.

Pero si algo le creía y le daba miedo de él, esas eran las amenazas siempre las cumplía, y en tan pocas semanas de conocerlo había notado esa característica. Dejo el asunto así aunque hay que admitirlo le causaba morbo besarlo, y además la premonición de ese día tenía que pasar de alguna u otra manera; pero así dejo el asunto, casi casi lo olvido.

En mitad de la plática sobre negros y crack, el impulso la volvió a invadir y jalo su barba. Y el ni tardo ni perezoso le tomo la cara entre sus manos y comenzó a besar no con suavidad, era mas bien con algo de violencia, algo demasiado inusual para ella. Ella forcejeó y al final se zafó de sus manos, él volvió a insistir y ella siguió con la negativa. Se quedaron viendo directo a los ojos recostados en el asiento del camión, nadie decía nada, sólo se escucha el rumor del motor y algunas canciones de norteño que el chofer escuchaba. 

-Déjate besar-dijo él sin quitar la mirada de sus ojos.

-No-contesto ella con un tono demasiado frío. 

Esta vez él se acerco a ella. Ella no se movió, no quería besarlo pero en el fondo había algo que le decía que sí; era una especie de curiosidad que quedaría insatisfecha si no lo hacía y bien dicen que la curiosidad mato al gato. Él comenzó el beso, ella no lo siguió de inmediato, todavía pensaba y tenía los ojos abiertos. Cuando comenzó a seguir el beso cerro los ojos y perdió el hilo de la memoria, hasta que a su mente vino la pregunta: "y si tiene novia?". Abrió los ojos y miro por la ventana, se apartó de sus labios y le dijo:

-Aquí te bajas verdad Sunshine?

Él se asomó por la venta y sonrió con sarcasmo, tomo sus cosas y se despidió de ella con un común y corriente "hasta luego pequeña" y se encaminó por el pasillo.

Cuando se quedo sola, pensaba en ese beso pero no sentía nada, ni tristeza ni alegría, nada. El día transcurrió sin mucho que contar, las cosas se le olvidaron como siempre. Incluso esa noche hablo con él y ninguno de los dos mencionó el beso, la plática fue normal, sólo que al final el se despidió con una frase:

-No te enamores de mi.

-No caigo tan bajo "Casanova"- escribió ella.

Desde aquel día cada que se veían terminaban besándose. Esos besos no tenían nada de sabor a ternura, tenían un sabor a deseo. Eran un sincero "te quiero en mi cama".
La espera del sábado se hacía cada vez más larga, la semana tenía más triquiñuelas y el trabajo cambiaba. El diablo decidió que el infierno empezaría una hora más temprano, y sería así por cuatro semanas. Lo único que eso podía significar era que ya no habría más razón para ir al trabajo los sábados, por lo menos en cuatro semanas. Esa misma noche le dio la noticia, inesperadamente él la tomo con tristeza pero con la promesa de visitarla un día después del trabajo.

El último sábado que se vieron en el camión, ella estaba cansada, así que solo llego y se recostó a su lado intentó dormir pero no podía, eran sus últimos minutos juntos hasta no sabía cuando.

Como la última vez se quedaron recostados en los asientos, de manera que se podían ver directo a los ojos. Hablaron de cosas sencillas, esperando el momento del adiós temporal. 

En ese momento el la besó, este beso fue diferente, era tierno y lleno de cariño, un cariño que ser hizo muy inusual. Esta vez ella no puso resistencia alguna, dejo que las cosas fluyeran.

-Por fin! Has dejado de resistirte-exclamo el cuando se separaron.

-Al final te acostumbras sabes?-contesto ella.

-Te extrañare-dijo él.

-Sólo son cuatro semanas, aparte sabes donde buscarme- dijo ella y se asomó por la ventana y dijo con algo de tristeza- Aquí te bajas.

Se vieron a los ojos, él comenzó a tomar sus cosas y antes de levantarse del asiento le dio un beso de despedida, un beso que se quedaría en su memoria en las próximas dos semanas.

Capítulo V: Jueves.

Su vida no podía ser más perfecta, tenía un trabajo, tenía amigos, lo tenía a él... Pero que pasa cuando el pasado regresa y toca a tu puerta otra vez pidiéndote una oportunidad? Ella no era el tipo de persona que le dice no a las oportunidades. Le dijo si pero aún así la decisión le tomo una noche entera en vela y siete cigarrillos para pensarlo. Se quedo dormida pensando en el tema, cuando la decisión estaba tomada. Se volverían a ver las caras ese domingo y hablarían, llegarían a un acuerdo, llegarían de nuevo a un nosotros. 

En ese momento cuando se reconcilio con D se olvidó de todo, incluso de su Sunshine. El trabajo en lugar de volverse más ameno con un pensamiento nuevo, se volvió insoportable, tanto que dejo de obedecer al diablo. Comenzó a hacer su voluntad y se reveló contra el señor de los infiernos. La comunicación con su Sunshine paso a segundo plano, dejo de ser primordial para sobrellevar la noche y día. 

Y fue un jueves cuando él se decidió a visitarla, ella lo recogió en la parada del autobús, y lo llevo a su lugar favorito, un parque apartado de la civilización. Después de estar con él por escasos minutos, la felicidad se completó en ella. Platicaron y se molestaron como de costumbre, se olvidó de D por instantes, se concentró demasiado en el momento. Se sentaron en una de las bancas, muy juntos, demasiado. La conversación se volvió mediocre, para romper la tensión el la abrazo y ella como siempre jalo su barba y le dijo:

-Te besaré. 

-Hazlo-la reto.

-No quiero! 

-Pues yo si- y comenzó a besarla de inmediato.

Fue un beso demasiado largo, de los pocos besos que comenzaban sin forzar nadie y sin agresión. No pensaba en nada, hasta que una luz en la memoria le recordó a D. No eran nada todavía, sólo estaban en planes. Pero de que algo iban a ser en el futuro era seguro, pero aún así no era oficial. Sintió por primera vez en muchos años una pizca de remordimiento y lo dejo de besar. El saco su celular y vio la hora.

-Es hora de la fuga pequeño monstruo- dijo él.

-Tu lo has dicho bestia- le contesto ella.

No se volvieron a ver en las siguientes tres semanas, pero igual no lo extraño, ni falta le hizo. 

Con D todo marchaba sobre ruedas, pero las manías extrañas de él, de guardarse todo y contárselo a todo mundo primero antes que a ella le hicieron pasar un rato amargo.

Cuando por fin hablo, fue como una cachetada de realidad que la saco de la prisión de mentiras en la que vivía. No le dolieron las palabras, le dolió más el hecho de haberlo decepcionado. Y fue un miércoles cuando otra vez dejaron las cosas por la paz, pero con una palabra a la mitad, la permanencia.

El jueves por casualidad del destino Sunshine regreso, traía malas noticias, se iba. Doble dosis de realidad. Esta noticia dolió más. Aún así él no le negó una última tarde juntos. 

Al final cuando esperaban el camión, ella se recargó en su hombro y dijo: 

-Ahí viene tu camión, creo que esto es el adiós.

Él sonrió con tristeza, la volteo a ver y como aquel día de la despedida temporal la beso en los labios. Ese beso sabía a un amargo adiós. Se levantó y subió al camión sin decir nada más. Ella camino de regreso a su casa sin voltear atrás.

Participante # 16

miércoles, 3 de abril de 2013

Historia 0014 - Cielito lindo


A veces me hace falta el tacto de una mano. Otras veces también. Nada sería de mí si no fuese porque las mujeres entran y salen de mi entorno para beber de ellas el néctar de la vida. Eso es suficiente para que todo tome un dejo de sentido, o para que, muy a su pesar, se enamoren. Quisiera, por ejemplo, recitar un poema para los enamorados, pero yo no creo en eso. Un romance es tan sencillo como poner una cita, fingir que nos gustamos y hacer que funcione. No es más. Y espero no se malinterprete este breve cuento comenzando así. Mis palabras buscan decir que no será más si así no se desea. Cada uno se construye su realidad, diría mi colega Kahlo.

Era viernes. Fue cuando la conocí e hicimos de nuestras vidas unos minutos, para conocernos en una noche y no perder tiempo en regalarnos falsedades.

—Mira —dije después de invitarle un trago —¿para qué me quieres coqueteándote si ya bien sabes que me gustas y que te gusto y que todo lo demás está de sobra? Mejor dime ahora si correspondes a mis cariños. No lo pienses; el amor se siente, no se piensa. Deberíamos vernos en los portales, todo pasa ahí. Y todo quiero que pase.

—¿Y cómo te reconoceré? Al fin y al cabo, cielito lindo, apenas vienes bajando y ya quieres mis lunares —me dijo.

-Ay, chula. Será muy fácil reconocerme, pues no encajo en el encanto mágico de Puebla. Pero no desesperes. Con tiempo y contigo, se me irán pegando las buenas costumbres. Es cuestión de una vida juntos.

Una vida juntos. Eso es lo que le siguió a la primera, la segunda y el número de cita que fuese. Quien se sepa poblano entenderá que cada esquina nos regala una historia, pero todo y más era ella entrando a mi departamento, quitándose los zapatos, haciendo rimar nuestros labios y nuestras caderas. Más éramos nosotros, siendo instantes, ajenos a la realidad, creando la propia y sabiendo, sobre todo, que la vida se torna gris. Sí, pero en mi chula tenía todo el color. O tiene, según se vea. Ella abrió con sus ojos una sutil herida que nunca cerró. Contrario a mis principios, la quise, y con eso pagué su partida.

“Me prometiste pasión, no cursilerías, baby. Es más grato ser tu olvido que tu ‘para siempre’. Mejor amor platónico que eterno; el segundo vive más, pero nada como el sabor del primero…”

A veces la recuerdo. Otras veces también. Y la pienso como lo que fuimos, un verso breve que recitaré por mucho tiempo. Mi señorita, mi amor platónico, de aquellos innombrables y francamente muy deseables días. No sabes lo placentero que es tenerte en la memoria.

Puebla de los Ángeles.

Participante # 14
Gabo Beltrán.

lunes, 1 de abril de 2013

Historia 0012 – Un último recuerdo


Era tarde, debieron de ser las tres de la mañana cuando por fin pude abrir los ojos; estúpidas pastillas antidepresivas que me hacen dormir mucho. Todo estaba en silencio de seguro mi hermano aún no había llegado de estar con su novia y el más pequeño lo habrían dejado con alguna vecina o tía, en fin pude por fin abrir los ojos y solo pude notar a mi amiga, sí; era ella siempre sale de noche y me visita por lo regular dejo la ventana y las cortinas abiertas para que entre, su luz es hermosa igual que todas las noches.

Trate de dormir un poco más pero solo alcance a dormitar, alguien había entrado a mi habitación supuse que era mi hermano asegurándose de que las pastillas me hubiesen hecho efecto y no encontrarme como en veces anteriores, cortándome con algún cuchillo, navaja o exacto. Pero estaba en un error no era el, el no suele sentarse a un lado de mi ni siquiera se preocupa por mí solo lo hace para complacer a mama, esta persona extraña que aún no sabía quién era seguía sentada por un lado mío, sin darle importancia seguí con los ojos cerrados con la cara hacia la ventana.

De repente esta persona, se recostó y me abrazo por detrás pensé por un momento gritar, pedir auxilio; pero me era reconfortante sentir el cariño y calor humano de alguien más, así que sin saber quién era me acomode más, alcance a percibir que era un hombre, alguien masculino no sabría exactamente de qué edad pero era un hombre, sin darle mucha importancia me quede totalmente dormido.

Por alguna razón mi amiga me llamaba pues su luz brillaba más que nunca aquella noche, no me extraño que todo siguiera en calma ya que por lo regular y para que no me altere mama solía pedirle a mis hermanos no hacer mucho ruido, mas sin embargo algo me saco de onda, el seguía ahí, acostado por un lado mío, quise verle la cara pero mi amiga me defraudo su luz se había opacado gracias a que una nube la había tapado, no me quise quedar con la duda así que armándome de valor le toque el rostro, toque su cabello, era largo y muy lacio. Solo alguien se me vino a la mente en ese instante pero no lo podía creer por que se suponía que él estaba en Canadá.

El, el causante de mis heridas en brazos y piernas, quien hizo que me internaran por tres largos meses en un hospital psiquiátrico, no podía ser él, seguramente estaba soñando, mi amiga no se volvió a aparecer por el resto de la noche, de hecho empezó a llover esa noche tuve que cerrar la ventana y correr las cortinas, sin verle el rostro me recosté sobre su pecho pensando que era solamente un sueño que las malditas pastillas me solían provocar.

Justo antes de quedarme totalmente y profundamente dormido por última vez; me abrazo y me susurro al oído: “Jamás te dejare solo de nuevo” diciendo esto me beso, me abrazo fuerte y quede dormido.

Como todas las mañanas era de suponerse mi despertador sonó a la misma hora y aunque había dejado la escuela desde ya hacía mucho tiempo, tenía que ir las estúpidas terapias, desperté y lo primero que vi fue el sol, me calaba la luz como si hubiese tenido fiesta la noche anterior, me dolía la cabeza y un poco la espalda a causa de las pastillas que hacen que duerma como oso cuando hiberna, me puse boca arriba y extendí los brazos, curioso no había nadie, debió de haber sido un sueño, después de todo él está en Canadá.

Me levante de la cama puse un poco de música y justo antes de salir de mi habitación note algo que no correspondía a mi habitación sobre la silla justo a lado de mi escritorio, había un suéter; ese suéter de inmediato lo reconocí pero no podía ser, él estaba a kilómetros de aquí, ese suéter celeste con blanco a rayas y con capucha le pertenecía a el, era el suéter que llevaba puesto la primera vez que nos vimos charlamos esa vez por mucho tiempo y de ahí que nos hicimos amigos.

Él había estado conmigo la noche anterior, no fue un sueño, tome el suéter entre mis manos y lo olí, olía a él, su desodorante y más allá del desodorante su aroma natural, él había estado conmigo aquella noche; jamás supe cómo ni cuándo pero hasta la fecha no he sabido nada de él, solo mi amiga la luna fue testigo de lo que sucedió la noche anterior.
Interrogantes pasan por mi cabeza pero aquella noche jamás la podre olvidar, aún sigue el suéter colgado en lo más profundo de mi guardarropa, tratando de que no se el aroma tan característico de él. Él es solo un recuerdo que en si momento me dolió mucho, que me llevo a hacer cosas que hoy me arrepiento, mi cuerpo quedo marcado, cicatrices que me recuerdan constantemente que jamás lo volveré a ver, y aun que el no lo sepa le deseo la mejor de la suerte y que se cuide mucho…

Participante # 12