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domingo, 23 de marzo de 2014

Escrito 0003 – La llamada

Escrito 0003 - La llamada
Ella caminaba por las calles vacías del pueblo, al principio lo hacía con calma, entraba a cualquier casa a su antojo, observaba todo a su alrededor, casualmente hurtaba algo de su agrado. De repente cuando salía de la casa, comenzaba a caminar un poco más rápido con la sensación de buscar ese algo que sabía que estaba perdido, y ahí comenzaba esa búsqueda frenética. Entraba a cualquier lugar; tienda, casa, escuela o iglesia, destrozando todo a su alrededor en la búsqueda frenetica de ese algo. De la nada comenzaba a sentir miedo y ahí comenzaba una nueva etapa, la persecución.

Comenzaba a correr, la sensación de ser alcanzada por esa fuerza invisible aumentaba su agitación y cortaba su respiración. Corría, hasta que daba vuelta en la esquina de su cuadra, la meta era llegar a su casa y esa estaba a unos metros más. El delirio de persecución se volvía cada vez más fuerte conforme iba llegando a su casa vacía, entraba y comenzaba a cerrar todas las puertas detrás de ella. Llegaba a su cuarto, se encerraba y se escondía debajo de la cama, logrando calmar un poco el terror que sentía al ser perseguida. De repente supo que alguien entro, sin necesidad de abrir la puerta, solo sintió la presencia que se iba acercando poco a poco a la cama. Fue ahí cuando ella volteo a lado izquierdo y vio unos zapatos negros y unas piernas cubiertas con un pantalón negro de tela fina. El ser que estaba parado del lado izquierdo de la cama se comenzó a agachar lentamente para sacarla de su escondite, ella volteo su cara al lado derecho para así evitar ver a su persecutor. De repente sintió como una mano comenzaba a jalarle el cabello con violencia arrastrándola fuera de su escondite.

Ella comenzó a gritar, pero se dio cuenta que no tenía voz… El sonido del tren a la distancia la despertó de su sueño pesado y de la más terrible de sus pesadillas. Su corazón continuaba latiendo con desesperación, su respiración seguía rápida y entre cortada, pero una oleada de alivio la acompañaba, estaba a salvo solo era un mal sueño. El mal sueño de siempre. Cuando abrió los ojos lo vio todo oscuro y entre lagañas, se tallo los ojos y parpadeo unas cuantas veces. Su habitación comenzó a tomar forma entre la oscuridad, todo seguía en su lugar no había nada raro. Las luces anaranjadas de la calle comenzaron a alumbrar por las ventanas, los grillos comenzaron a cantar mientras los perros ladraban a la distancia. La noche era calurosa a pesar del aire que producía el ventilador encendido en su máximo nivel. Era a mediados de junio, y seguía sin llover; el calor cada día se hacía insoportable. Ella se levanto de la cama, tomo su celular y vio la hora (03:00 a.m), le dio un trago a su vaso de agua y camino al cajón de la cómoda; saco una caja de cigarros y un encendedor de gas. Era la rutina del insomnio, salía a su balcón a fumar mientras escuchaba música relajante y trataba descifrar el significado de sus sueños. Descorrió el cerrojo con cuidado, giro la perilla de la puerta con sigilo y comenzó a jalar la puerta hacia a ella tratando de que esta no golpeara o rechinara. Salió al balcón, tomo asiento y comenzó a fumar lentamente. El sereno de la noche la tranquilizo y le aclaro un poco las ideas.

Era la misma pesadilla de siempre, de la cual nunca encontraba significado. No era presagio, no era nada, pero causaba tanto miedo que a veces prefería no dormir.

Termino su cigarro y se quedo un rato sentada disfrutando del sereno, sentía la necesidad de dormir, y en un momento creyó que su fuerza de voluntad era más que su necesidad pero al final la necesidad triunfó y tuvo que volver al calor sofocante de la habitación, no sin antes volver a cerrar la puerta del balcón con el cerrojo y el seguro, medida de seguridad absurda y extrema a la vez, pues su casa era una prisión.

Cerró los ojos cansada de este mundo, los abrió de nuevo en el mundo de las posibilidades infinitas. Se encontraba debajo de la cama esperando ver los zapatos de charol negros caminando al lado izquierdo de la cama, justo en el momento en que debían aparecer una calma sobrenatural comenzó a reinar en su habitación. Aguantó la respiración varios segundos para así escuchar mejor, pero un silencio espectral reinaba dentro y fuera de la habitación. Cuando volvió a respirar decidió salir de su escondite, comenzó a arrastrarse cuando de repente escucho una voz saliendo de las paredes, susurrando directo a sus oídos: -Tienes la curiosidad de saber, y yo lo sé todo. Sabes quién soy y sabes cómo llamarme. -¿Por qué te apareces en mis sueños?- dijo ella en voz alta, y después llego la sorpresa, por fin podía hablar en su sueño. -¿No recuerdas? Me llamaste, pero nunca tuvimos un trato. Me tentaste, ahora yo te estoy tentando a ti. No digas más y abre los ojos. Ya sabes cuál es la paga. Abrió los ojos, todo era oscuridad por unos segundos hasta que la oscuridad comenzó a tomar forma.
Se incorporo de su cama y busco el vaso con agua en la cómoda. Le dio unos tragos y se dirigió al baño. Prendió la luz, abrió la llave del grifo y comenzó a echarse agua en la cara. El eco de la voz del sueño seguía retumbando en sus oídos, trataba de pensar en otras cosas pero el eco seguía ahí. Cerró la llave del grifo, tomo la toalla y comenzó a secarse la cara. Abrió los ojos y vio su rostro limpio, seguía secándose con la toalla algunas partes de la cara y algunos cabellos mojados. Entonces en su mente pronunció al innombrable. Volvió a cerrar los ojos y se concentro en meditar, y por segunda vez pronuncio su nombre; no iba a pasar nada si pronunciaba es nombre por tercera vez así que lo hizo. Abrió los ojos de nuevo y todo se veía igual que cuando los había cerrado. Se volvió para dejar la toalla tendida en su lugar y cuando regreso de nuevo al lavabo la vio. Era una navaja de rasurar, plateada y brillante, como ella las prefería. La tomo entre sus dedos y comenzó a jugar a trazar cortes imaginarios en sus piernas, brazos, dedos, en la palma de sus manos… Agarró la navaja con sus dedos índice y pulgar derechos, y comenzó a pasar la navaja por su palma izquierda y comenzó a apretarla sobre su piel que se comenzó a abrir en un surco que iba siendo regado por la sangre que emanaba al paso de la navaja. Vio su reflejo en el espejo y lo nombro una cuarta vez, acto seguido estiro su mano y paso la palma de su mano izquierda por el espejo, manchándolo de rojo y esperando una respuesta a esa pregunta que la venía matando desde hace meses. Nada, solo las alabanzas insignificantes a la noche de parte de los grillos. Abrió la llave del grifo una vez más y comenzó a lavar la herida, volteó hacia el espejo y vio como una mosca se posaba en el vidrio y comenzaba a beber su sangre. Tomo una gran cantidad de papel higiénico, lo mojo un poco y limpio la sangre del espejo matando a la mosca mientras desarrollaba esa tarea. Abrió la puerta del baño y apagó la luz, necesitaba solo dos cosas en ese momento: aire fresco y un cigarro. Esta vez llego más lejos que la última, en esta ocasión cerró el trato, pero el innombrable jamás se presentó. Salió al balcón, se sentó en el piso y encendió su cigarro. La luna estaba llena y todos los perros del pueblo le ladraban y aullaban para atraer su atención plateada y que esta iluminara los rincones donde las presencias de planos astrales diferentes se ocultaban de su vista, más nunca de su sentido canino.

Habían pasado varios meses desde que lo invoco, la pregunta seguía al aire sin respuesta. La noche ahora era despejada, las estrellas plateadas iluminaban el firmamento azul marino. Hacía un viento frío allá afuera, un viento suave a ratos, que sin previo aviso se tornaba violento y arrastraba todo a su paso. El rumor del viento era lo único que causaba ruido, los perros y los grillos estaban callados esa noche. Salió al balcón como estaba establecido en su rutina, fumo unos cuantos cigarros. El efecto relajante de la nicotina es su organismo comenzaba a hacer efecto, se dejo llevar por el rumor del viento y se perdió en una ola de recuerdos y pensamientos demasiado reales para soportar, pero al final en lo más recóndito de su corazón, la sensación de echarle sal a la llaga era reconfortante, dolía como todo aquello que alguna vez sintió.

Tiro la ultima colilla a la carretera, se levanto y entro a su habitación cerrando la puerta y poniendo el cerrojo. Se sentó frente a la computadora y continuo leyendo, e inconscientemente esperando, pues la costumbre se le quedo. De repente escucho un sonido en la puerta, cuando volteo vio que estaba entre abierta e intento recordar si de verdad había cerrado la puerta o no. Se levanto y en ese momento el viento soplo y la puerta se abrió de par en par dejando entrar una ráfaga de viento que le dio escalofríos. Echo una mirada al balcón y a lo que alcazaba a ver de la calle, cerró la puerta mientras intentaba recordar si en realidad la había cerrado o no. Al final regreso a leer sin poner atención los primeros minutos, pero después se volvió a concentrar en la lectura dejando atrás el dilema de la puerta. A las 3 a.m. se canso de esperar a la posibilidad, y se fue directo a dormir. Se acomodo en su cama y hecho una última vista a su celular, y pensó “quizás”. Le costó trabajo quedarse dormida, o eso le pareció. Lo veía todo oscuro, como al principio cuando comenzaba a irse al mundo de la inconsciencia pero había algo que le decía que estaba más despierta que nada. Se quiso mover al otro lado de la cama pero ese lugar ya estaba ocupado. Sintió un escalofrío similar al que había sentido cuando entro esa ráfaga de viento. La pesadilla se había vuelto real y estaban uno al lado del otro. Se volvió de espaldas a Él e intento dormir. El reloj de la iglesia marcaba el cuarto para las cuatro, habían pasado 45 minutos en la misma cama y ninguno de los dos parecía tener preguntas o respuestas.

 Solo 15 minutos más y Él se marcharía. Quizás saber la hora la tranquilizo un poco y comenzó a sentir sueño. Comenzó a irse a su mundo de inconsciencia, pero a ratos volvía a la realidad. De repente comenzó a soñar, él se acercaba a ella; ella lo saludaba con una sonrisa. Entonces sintió un fuerte abrazo, y que poco a poco se fueron soltando. Entonces él se apoyo en su hombro izquierdo, ella podía sentirlo. Era un sueño, de esos sueños que suelen ser demasiado reales, de esos sueños que al amanecer se confunden con recuerdos porque son como si de verdad hubiera pasado, no solo porque podías sentir, podías oler cosas familiares y podías saborear el momento de la victoria. Él se acerco a su oído y le susurro: “Tú lo has dicho, quizás… solo es cuestión de tiempo y espera.” Abrió los ojos y lo vio todo claro, había amanecido. La voz con la que él había hablado seguía retumbando en sus oídos, pero había algo raro en esa voz, algo que no logro descifrar. Tomo su celular para ver la hora, era demasiado temprano para ella pero demasiado tarde para los demás y tenía una llamada perdida, la llamada que siempre esperaba. Decidió levantarse de la cama, era domingo y tenía que ir a la iglesia no por convicción sino por obligación. Fue directo al baño para arreglarse. Abrió la llave del grifo y dejo correr el agua, comenzó a lavarse la cara. Cuando terminó tomo la toalla más cercana y se la llevo al rostro. Seco las gotas que tenía y algunos cabellos que se mojaron. Se quito la toalla y quedo frente al espejo. Lo primero que noto fue una mosca de gran tamaño parada en el espejo. La ahuyento con la mano. En ese momento se dio cuenta que la voz del sueño no era de él, sino de Él. Su pregunta había sido contestada. Lo segundo que noto fue que ella no se reflejaba en el espejo, que este aparecía vacío ante sus ojos.


Participante 0003 – Rosario Mariscal Velasco

viernes, 5 de abril de 2013

Historia 0016 - El extraño del autobús


Capítulo I: La Rutina del Sábado

Desde qué estaba en bachillerato le pareció un sacrilegio en contra de las normas del sábado, el tener que levantarse temprano para ir a barrer el plantel. Un año después cuando tenía que madrugar los sábados para ir a trabajar siguió creyendo lo mismo al principio, pero después se consolaba con el hecho de que le pagaban por madrugar y contestar llamadas. Ese sábado fue diferente; era un lunes de enero (sábado disfrazado de lunes) frío y gris, muy típico de la época. Esperaba el camión en el lugar de costumbre, James Hetfield le susurraba por los audífonos "Enter Sandman", ella cantaba sin emitir ningún sonido. 

Siempre cantaba mientras esperaba, hasta que aparecía el camión. Subía al camión y pagaba el pasaje, ignorando cualquier intento de flirteo que el chofer o el boletero le hacían. Caminaba por el pasillo en busca de asiento pero extrañamente ese sábado el camión iba lleno.

- Ni modo- dijo en voz alta para sí misma.

En ese momento estaba de pie en la mitad del pasillo, cuando de repente volteó a su lado izquierdo y lo vio por primera vez. Su rostro estaba iluminado por la escasa luz grisácea que se filtraba por la ventana y como sí fuera conspiración divina en ese momento en sus oídos comenzaron a escucharse las primera notas de "I've just seen a face". Y lo que pasa con ella es que cada vez que ve a alguien que le llama la atención, no lo deja de ver; primero con cautela, luego con curiosidad y la curiosidad terminaba en acoso. Se había vuelto profesional en las "artes de acosar". Cada vez que acosaba venía a su mente la canción del acosador, "Every breath you take", cada suspiro, cada movimiento... Ella lo iba a estar observando.

Había algo en ese extraño, algo que nunca había visto en otras personas, en este caso víctimas de su mirada acosadora. No era externo, era una cosa interna, tenía que conocerlo. Pero ese sábado no, era demasiado pronto, tenía que acosarlo un poco más y por lo menos saber de donde era; aunque algo le decía que era de ________, podría ser.

En ese momento el extraño abrió los ojos, ella apartó su mirada, la fijo en la enfermera que estaba frente a ella leyendo un libro de medicina. Aún así con el rabillo del ojo lo siguió observando, vio como descorrió la cortina y como con un movimiento rápido se asomó y vio al exterior. También vio como tomo sus cosas y se puso de pie. Comenzó a andar por el pasillo atiborrado de gente, se abría paso con algo de cuidado sin perder el garbo. Y ahí lo vio bien, tenía una imagen ruda, para ella era como un sueño adolescente.

Cuando paso a su lado, ella quiso pasar inadvertida, dejo de respirar en ese momento pero jamás dejo de verlo hasta que se perdió de vista por la puerta del camión.

Capítulo II: Notas

Cuando aquel sábado término, el recuerdo del extraño se fue cuando las primeras estrellas comenzaron a llenar el firmamento azul marino, el color de las noches en invierno.

Durante toda la semana ella trató de tomar la misma línea de camiones, pero todo con resultados infructuosos, nunca estaba ahí. 

A los pocos días olvidó el asunto, su vida siguió con normalidad. La misma hora de entrada, el mismo cubiculo gris oficina, los mismos gringos llamando y ella muy sonriente vendiendo su alma a cuarenta y tres pesos la hora; y el diablo siempre ahí presente con su cable de teléfono que se convertía en látigo lunes y martes, porque de alguna u otra manera tenía que controlar el caos del call center, no podía dejar ir a ninguna de esas almas esclavas a su servicio. 

Transcurrió la semana todo igual de monótono, hasta un jueves que iba en el camión con su tía. El camión se detuvo en _________, estaba oscuro y hacia frío; ella comenzó a ver a las personas que subían al camión, cuando de repente ahí apareció el extraño. Era la segunda ocasión que lo veía aunque esta vez solo se limitó a observarlo por menos de dos minutos, al final desapareció entre la oscuridad de los últimos asientos del camión.

Al siguiente sábado tomo el mismo camión, y ahí estaba. Otra vez dormido frunciendo con ligereza el entre cejo, esta vez no la convenció con ese sueño tan falso. Tomo asiento cerca de el, quería acosarlo mientras fingía dormir; y aunque fingía dormir era vulnerable a ella con su mirada acosadora. Pero esta vez el sueño fue más fuerte y término quedándose dormida, cuando despertó el ya no estaba.

Los siguientes sábados, ya tuvo certeza de algunas cosas, tal como lo sospechaba el era de ________, siempre se sentaba en el mismo lugar procurando el lado de la ventana y claro ni dormía solo fingía hacerlo, una cosa muy notoria fue su manera de vestir que te vendía una imagen de chico rudo, un James Dean fan de Metallica. Todo un sueño adolescente para ella, había que admitirlo.

Llevaba varias semanas acosandolo y sabía todo lo que a simple vista se podía desentrañar, se había aprendido su rutina e incluso apostaba consigo misma sobre la playera que iba a usar ese día. Sabía todo eso, excepto su nombre... 

"Hola! Sabes te he observado desde hace unas semanas (sólo observado nada de acoso) y pues sabes me intriga, saber como se llama mi víctima (no eres una víctima, claro pero es por así decirlo)... Espera no te asustes, es broma... (yeah right bitch)..."

Y eso era lo que pasaba por su cabeza cuando pensaba como entablar una conversación con el. 

Para su suerte y desgracia enfermó, se quedo afónica y falto unos días al trabajo. No hacía nada, la enfermedad le quitaba la voluntad de levantarse, se quedaba en cama usando la computadora (nada nuevo ver una película, las redes sociales, etc.) 

Entonces comenzó a hacer lo que mejor sabía, acosar por las redes sociales. Empezó con las personas "cheesy" como tipas que le caían mal, ex novios y terminaba con las personas que le llamaban la atención viendo los amigos en común y cosas así. 

Estaba en el perfil de no se quien, cuando le dio por ver los amigos que tenía esta persona; estaba revisando de manera muy rápida cuando de repente vio una foto de perfil que se le hizo familiar.

Regreso y la vio con detenimiento, se emocionó de solo pensar que había un 90% de coincidencia con su víctima. Entro al perfil y vio más fotos... Efectivamente era el. Lo había encontrado por accidente y ahora sabía su nombre, se llamaba ______. 

Dio click en "agregar contacto" y cerro la página como quien esconde la evidencia de un brutal crimen.

Capítulo III: Mucho gusto señor Sparrow. 

Esa misma noche cuando ella entró a su página en la red social tenía varias notificaciones ninguna importante. Hasta qué la vio: "______ ha aceptado tu solicitud".

No exploto de felicidad, simplemente exclamo un "bingo" que sonaba más a victoria en esta batalla secreta de miradas y acoso. Pero ella siguió con su orgullo disfrazado de timidez, no le hablo esa noche, ni a la siguiente, ni en toda al semana; se podía decir que a ella le urgía hablar con el, pero no iba a dar el primer paso, no cedería así de fácil como mujer desesperada. 

Se obsesionaba con el asunto pero era cuestión de horas de trabajo para qué se le olvidará todo.  En realidad todo se le olvidaba ahí, los malos y buenos recuerdos, las personas, la escritura, la musa e incluso el español se borraban por completo. El diablo se encargaba de eso, era parte de su trabajo, por eso era el diablo.

La costumbre de verlo cada sábado en el camión perdió interés cuando porfin conoció su nombre. Ese sábado no lo vio en el camión, tampoco ese sábado fue tan detestable en el trabajo porque sabía que al final del día agitaría un poco la melena y repartiría golpes a diestra y siniestra en ese concierto al que planeaba asistir. Y así fue ese sábado, ya de febrero, donde por primera vez en muchos meses se olvidaba del mundo entre el mundo.

Cuando regreso a su casa lo primero que hizo fue compartir su experiencia del día a todos por medio de las redes sociales, se esperaba comentarios y "me gusta" pero lo que no se esperaba fue esa pequeña ventana del chat con un "Hola" que fue escrito por su víctima favorita. Ese fue el primer contacto que tuvo con el, la plática fue acerca del concierto, los dos habían estado en el mismo lugar pero no se vieron para nada. Hablaron sobre información en general, la música, las bandas y los guitarristas; todo normal. La conversación murió porque ella se quedo dormida, pero estas conversaciones nocturnas recién comenzaban, la pequeña barrera entre desconocidos a conocidos se empezaba a romper.

Comenzaron a conversar todas las noches, había algo en el que la hacía ser ella misma, no había necesidad de fingir nada. Y las conversaciones siempre eran monopolizadas por ella. Que hacia, porque lo hacía, para quien lo hacia... Pero nunca daba santo y seña, sólo datos generales, había una barrera en ella todavía, la de la confianza.

-Sabes? Eres una persona muy difícil de descifrar para mi, tienes demasiado misterio y eso me intriga- le dijo el una noche en mitad de la conversación.

-No me doy a conocer tan fácilmente, dame tiempo...- contesto ella.

Las conversaciones eran amenas, hasta que un día el dijo:

-Como sería una conversación en vivo y a todo color contigo?

-Fácil!-dijo sin pensarlo- sería como sí platicarás con Daria Morgendorffer, soy sarcástica y fría como ella.

-Que gracioso, en cambio si platicaras conmigo sería como platicar con Jack Sparrow- contesto el.

-En ese caso, mucho gusto señor Sparrow...- contesto ella divertida con la idea de que hablaba con un ebrio de primera.

Las conversaciones llegaban a su fin a eso de las 23 horas cuando a ella se le cerraban los párpados y pensaba que el día siguiente tenía que tomar llamadas estresantes. 

-Te conozco de alguna parte?- le dijo ella una vez, lo escribió con un cinismo inmenso porque ella era su acosadora.

-Pues sí te vas en el camión que pasa a las 7:15 por _______ tal vez me hayas visto- contesto el.

- Sabes? Sólo los sábados tomo ese camión, los demás días me voy temprano.

-La próxima vez si te llego a ver te diré: "Eres _______?- dijo el enseguida escribió un "hahaha".

Las semanas se hacían cortas desde que mantenían esas charlas nocturnas, los días y las noches volaban.

Cuando llego el sábado, la adrenalina estaba en ella, estaba en todo su sistema. Por primera vez hablaría con su acosado, la excitaba a la idea y le causaba curiosidad al mismo tiempo. Subió al camión y su mente estaba en blanco, ni si quiera el "Master, Master" del señor Hetfield la concentraba en la canción. Ni si quiera lo busco en los asientos uno por uno, lo olvido. Pero cuando volteó a su lado izquierdo en la parte de atrás del camión lo vio ahí, sentado "durmiendo".

-Me das permiso?- pregunto ella.

El abrió los ojos, le sonrió y dijo:

-Tu eres _______?

-Depende quien lo pregunte.

Se observaron unos momentos y se limitaron a sonreír.

Capítulo IV: Los besos forzados. 

La espera del sábado se le hacía muy lejana, en ese momento los días se volvieron largos y las noches muy cortas. Las pláticas que en algún momento llegaron a ser eternas ahora parecían de sólo unos cuantos minutos. Pero por fin, habían hablado de simplezas de la vida y el trabajo, pero lo habían hecho frente a frente. La experiencia no la decepcionó, fue muy grata, inesperada pero superaba las expectativas. Así pasaron los siguientes sábados cuando tomaron la suficiente confianza entre ellos y se comenzaron a hacer cariños que dolían o dejaban moretones.

Hasta qué uno de eso sábados pasó. Ella se levantó como de costumbre, pero la premonición surgió cuando amarraba el cordón de su bota izquierda: "me va a besar", lo pensó en voz alta. El pensamiento le causaba algo de morbo, besar al tipo que solía acosar, ni si quiera en sus sueños más descabellados había considerado esa opción. Esta vez cuando subió al camión lo hizo con normalidad, camino hasta la parte trasera del camión y le toco la frente para despertarlo.

-Good morning Sunshine!- exclamo ella mientras él abría los ojos y se recorría al asiento de al lado. 

Ella tomo asiento junto a él y comenzaron a platicar de cosas sin sentido como siempre, pero sin fingir. 

De repente ella tuvo el impulso y no resistió la tentación de jalar su barba, lo hizo de manera rápida e inesperada que él no tuvo tiempo de reaccionar y sólo le dijo: 

-La próxima vez que james mi barba te besare.

-No me digas- contesto ella con tono de burla.

Pero si algo le creía y le daba miedo de él, esas eran las amenazas siempre las cumplía, y en tan pocas semanas de conocerlo había notado esa característica. Dejo el asunto así aunque hay que admitirlo le causaba morbo besarlo, y además la premonición de ese día tenía que pasar de alguna u otra manera; pero así dejo el asunto, casi casi lo olvido.

En mitad de la plática sobre negros y crack, el impulso la volvió a invadir y jalo su barba. Y el ni tardo ni perezoso le tomo la cara entre sus manos y comenzó a besar no con suavidad, era mas bien con algo de violencia, algo demasiado inusual para ella. Ella forcejeó y al final se zafó de sus manos, él volvió a insistir y ella siguió con la negativa. Se quedaron viendo directo a los ojos recostados en el asiento del camión, nadie decía nada, sólo se escucha el rumor del motor y algunas canciones de norteño que el chofer escuchaba. 

-Déjate besar-dijo él sin quitar la mirada de sus ojos.

-No-contesto ella con un tono demasiado frío. 

Esta vez él se acerco a ella. Ella no se movió, no quería besarlo pero en el fondo había algo que le decía que sí; era una especie de curiosidad que quedaría insatisfecha si no lo hacía y bien dicen que la curiosidad mato al gato. Él comenzó el beso, ella no lo siguió de inmediato, todavía pensaba y tenía los ojos abiertos. Cuando comenzó a seguir el beso cerro los ojos y perdió el hilo de la memoria, hasta que a su mente vino la pregunta: "y si tiene novia?". Abrió los ojos y miro por la ventana, se apartó de sus labios y le dijo:

-Aquí te bajas verdad Sunshine?

Él se asomó por la venta y sonrió con sarcasmo, tomo sus cosas y se despidió de ella con un común y corriente "hasta luego pequeña" y se encaminó por el pasillo.

Cuando se quedo sola, pensaba en ese beso pero no sentía nada, ni tristeza ni alegría, nada. El día transcurrió sin mucho que contar, las cosas se le olvidaron como siempre. Incluso esa noche hablo con él y ninguno de los dos mencionó el beso, la plática fue normal, sólo que al final el se despidió con una frase:

-No te enamores de mi.

-No caigo tan bajo "Casanova"- escribió ella.

Desde aquel día cada que se veían terminaban besándose. Esos besos no tenían nada de sabor a ternura, tenían un sabor a deseo. Eran un sincero "te quiero en mi cama".
La espera del sábado se hacía cada vez más larga, la semana tenía más triquiñuelas y el trabajo cambiaba. El diablo decidió que el infierno empezaría una hora más temprano, y sería así por cuatro semanas. Lo único que eso podía significar era que ya no habría más razón para ir al trabajo los sábados, por lo menos en cuatro semanas. Esa misma noche le dio la noticia, inesperadamente él la tomo con tristeza pero con la promesa de visitarla un día después del trabajo.

El último sábado que se vieron en el camión, ella estaba cansada, así que solo llego y se recostó a su lado intentó dormir pero no podía, eran sus últimos minutos juntos hasta no sabía cuando.

Como la última vez se quedaron recostados en los asientos, de manera que se podían ver directo a los ojos. Hablaron de cosas sencillas, esperando el momento del adiós temporal. 

En ese momento el la besó, este beso fue diferente, era tierno y lleno de cariño, un cariño que ser hizo muy inusual. Esta vez ella no puso resistencia alguna, dejo que las cosas fluyeran.

-Por fin! Has dejado de resistirte-exclamo el cuando se separaron.

-Al final te acostumbras sabes?-contesto ella.

-Te extrañare-dijo él.

-Sólo son cuatro semanas, aparte sabes donde buscarme- dijo ella y se asomó por la ventana y dijo con algo de tristeza- Aquí te bajas.

Se vieron a los ojos, él comenzó a tomar sus cosas y antes de levantarse del asiento le dio un beso de despedida, un beso que se quedaría en su memoria en las próximas dos semanas.

Capítulo V: Jueves.

Su vida no podía ser más perfecta, tenía un trabajo, tenía amigos, lo tenía a él... Pero que pasa cuando el pasado regresa y toca a tu puerta otra vez pidiéndote una oportunidad? Ella no era el tipo de persona que le dice no a las oportunidades. Le dijo si pero aún así la decisión le tomo una noche entera en vela y siete cigarrillos para pensarlo. Se quedo dormida pensando en el tema, cuando la decisión estaba tomada. Se volverían a ver las caras ese domingo y hablarían, llegarían a un acuerdo, llegarían de nuevo a un nosotros. 

En ese momento cuando se reconcilio con D se olvidó de todo, incluso de su Sunshine. El trabajo en lugar de volverse más ameno con un pensamiento nuevo, se volvió insoportable, tanto que dejo de obedecer al diablo. Comenzó a hacer su voluntad y se reveló contra el señor de los infiernos. La comunicación con su Sunshine paso a segundo plano, dejo de ser primordial para sobrellevar la noche y día. 

Y fue un jueves cuando él se decidió a visitarla, ella lo recogió en la parada del autobús, y lo llevo a su lugar favorito, un parque apartado de la civilización. Después de estar con él por escasos minutos, la felicidad se completó en ella. Platicaron y se molestaron como de costumbre, se olvidó de D por instantes, se concentró demasiado en el momento. Se sentaron en una de las bancas, muy juntos, demasiado. La conversación se volvió mediocre, para romper la tensión el la abrazo y ella como siempre jalo su barba y le dijo:

-Te besaré. 

-Hazlo-la reto.

-No quiero! 

-Pues yo si- y comenzó a besarla de inmediato.

Fue un beso demasiado largo, de los pocos besos que comenzaban sin forzar nadie y sin agresión. No pensaba en nada, hasta que una luz en la memoria le recordó a D. No eran nada todavía, sólo estaban en planes. Pero de que algo iban a ser en el futuro era seguro, pero aún así no era oficial. Sintió por primera vez en muchos años una pizca de remordimiento y lo dejo de besar. El saco su celular y vio la hora.

-Es hora de la fuga pequeño monstruo- dijo él.

-Tu lo has dicho bestia- le contesto ella.

No se volvieron a ver en las siguientes tres semanas, pero igual no lo extraño, ni falta le hizo. 

Con D todo marchaba sobre ruedas, pero las manías extrañas de él, de guardarse todo y contárselo a todo mundo primero antes que a ella le hicieron pasar un rato amargo.

Cuando por fin hablo, fue como una cachetada de realidad que la saco de la prisión de mentiras en la que vivía. No le dolieron las palabras, le dolió más el hecho de haberlo decepcionado. Y fue un miércoles cuando otra vez dejaron las cosas por la paz, pero con una palabra a la mitad, la permanencia.

El jueves por casualidad del destino Sunshine regreso, traía malas noticias, se iba. Doble dosis de realidad. Esta noticia dolió más. Aún así él no le negó una última tarde juntos. 

Al final cuando esperaban el camión, ella se recargó en su hombro y dijo: 

-Ahí viene tu camión, creo que esto es el adiós.

Él sonrió con tristeza, la volteo a ver y como aquel día de la despedida temporal la beso en los labios. Ese beso sabía a un amargo adiós. Se levantó y subió al camión sin decir nada más. Ella camino de regreso a su casa sin voltear atrás.

Participante # 16