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miércoles, 25 de marzo de 2015

Escrito 0006 – Vida.

Escrito 0006 – Vida.
Desperté con un fétido olor invadiendo mi nariz y con tierra oscura redondeando mis dedos, habia gritos tenues más allá de donde alcanzaba a ver, todo estaba muy oscuro, escuchaba respiraciones y ronquidos un poco más cerca de lo que debían estar, escuché murmullos de una niña pequeña, seguro intentaba despertar a su madre. Apreté mis manos en puños y sentí una hoja de papel húmeda, pude identificar que estaba en un bosque, pero ¿Cómo habia llegado yo aquí? Comenzó a amanecer y con la tenue luz rosada de la aurora pude ver varios cuerpos despertando y tallándose los ojos, todos miraban con sorpresa que no se encontraban en donde debían, nadie. Tomé el papel y lo abrí, era un pequeño mapa que marcaba distintos niveles hasta llegar a una equis, a lado de la equis estaba la palabra “vida” apenas visible. Los otros niveles tenían nombres que erizaron la piel de mi nuca: el primer nivel era sombras, el segundo era cavadores y el tercero era calabozos. Miré a mí alrededor, el bosque tenía grandes árboles oscuros a nuestro al rededor, tan juntos que no podría pasar ni una persona delgada entre ellos; el claro estaba lleno de ellas, parecía una mezcla multirracial, todos miraban sus mapas. Un hombre a lado mío me tomó del hombro.

-¿Crees que podamos ir acompañados? Tu pareces confiable—asentí, pero la verdad es que no era confiable, yo habia traicionado a muchos amigos y familiares, pues, para construir mi empresa habia pasado de ellos como si fueran simples rocas que podía patear y como se llega a decir… eso es lo más triste de una traición. 

Una voz salió del bosque, era calmada pero lo suficientemente autoritaria como para dejar de prestar atención, nos indicó que al escuchar las campanas deberíamos correr, tan fuerte como podamos porque hacia la vida solo siete podrían llegar, los demás morirían. Por lo que habia alcanzado a contar triplicábamos o incluso cuadruplicábamos en número a los que serían los sobrevivientes de esto. Todos esperábamos con ansias las campanas, deseábamos salir corriendo y llegar lo antes posible a “vida”. Nos paramos frente a los árboles y tragamos saliva. A mi lado estaba el hombre con el que me iría y al otro, estaba una mujer joven con una niña de unos tres años, seguro era la niña que escuché más temprano, ambas eran morenas y miraban fijamente hacia el árbol que estaba frente a ellas.

-Soy Andrew, por cierto—dijo el hombre.

-Yo me llamo Alex, un gusto—intenté esbozar una sonrisa pero sentía temor de lo que me esperaba allá afuera. Tarareé una canción que habia escuchado en un musical de los miserables, respiraba y esperaba calmarme hasta poder despertar de este sueño tan extraño. Las campanas sonaron, lúgubres y los arboles frente a  nosotros desaparecieron, dejando ver un bosque muy húmedo y oscuro, con algo de neblina más al frente y en silencio total, ni un ave ni una ardilla o un insecto. Comenzamos a andar lento, pisando las hojas y ramas secas del suelo, la niña escondió la cara contra el pecho de su madre y justo a tiempo, antes de que una nube negra tomara a un hombre viejo, lo sostuviera contra un árbol y comenzara a arrancarle la piel poco a poco, como si fuera un papel tapiz viejo que se cae de la pared por acción del tiempo; eso era una sombra. El hombre viejo gritaba tan dolorosamente que incluso me hacía sentir su dolor. No tardo mucho antes de que apareciera otra sombra y le hiciera lo mismo a una jovencita asiática. Corrimos tanto como pudimos, Andrew iba a lado mío, esquivábamos árboles y rocas, hasta que una sombra se posó frente a mí por sorpresa, pero no me detuve e corrí con más fuerza hacia ella, no fue difícil pasar por su cuerpo etéreo pero pude sentir como ese segundo hizo que mi cuerpo se quemara, mis manos estaba rojizas y ardían, era una sensación tan inefable, no podía imaginar algo peor que morir a manos de estos seres. El bosque parecía interminable, los enormes arboles no dejaban ver hacia ningún lugar, la humedad cansaba tu cuerpo y algunos gritos hacían que temblaras, mi respiración me comenzaba a faltar, comencé a bajar la velocidad pero Andrew me tomó por el brazo y me jaló hacia él. Tomé una respiración rápida y sonora y continué, hasta que después de un rato salimos a campo abierto; más allá de eso, a un par de kilómetros, habia una estructura blanca, rodeada por escaleras en caracol.

La superficie del claro estaba llena de agujeros, seguro lo habian hecho los cavadores, aun no los habia visto pero seguro que esos hoyos eran para enterrar tu cabeza o los pies, dejarte inmóvil y torturarte. La mayoría de las personas lograron llegar al prado, todas estaban cansadas y algunos tenían heridas, otros tenían quemaduras y otros estaban llenos de lodo y hojas. Todos tomaban un respiro, yo quería hacer lo mismo pero Andrew me apresuro, no podíamos dejarle a la suerte nuestra vida. Comenzamos a correr y todos lo hicieron también, esto era una carrera y los primeros se llevarían todo. Nada parecía pasar, los boquetes estaban llenos de lodo, hasta que un ser en forma de serpiente con exoesqueleto salto de uno de los agujeros y atrajo hacia el a un hombre de cabello largo y lo enterró, el hombre gritó y pataleo hasta ahogarse con el espeso lodo negro, nadie se acercaría a los agujeros más; pero los cavadores no se detendrían, aparecieron uno tras otro sorpresivamente hasta jalar a varios a su desesperante destino sin oxígeno. Las manos de muchos quedaban por fuera del agujero, algunos dedos aún se movían pero no podrían salir solos y nadie se atrevería a ayudarlos, así de miserable era nuestra vida y pensamiento, todos los humanos tenemos ese sentido de huida ante las adversidades de otros para no tener que vernos envueltos. Para cuando dejamos atrás el claro llegamos a unas construcciones blancas, como túneles con barras de metal en algunas de sus entradas, los calabozos. Mi miedo se acrecentó cuando vi algunas sombras dentro y el sonido de cadenas moverse con desesperación. Andrew y yo fuimos los primeros en entrar, nuestros pasos sonaban amortiguados por el agua derramada en el piso, un fuerte olor a sangre recorría el pasillo, las flamas de las antorchas bailaban con las corrientes de aire y los gritos y sus ecos nos dejaban un nudo en la garganta. Decidimos que era mejor caminar que correr, pues las sombras que deambulaban errantes debían ser nuestra mayor preocupación. Después de unos metros podíamos ver la salida, estaba a solo unos segundos, pero los demás llegaron corriendo, fue como encender una alarma contra incendio, las sombras se acercaron y aparecieron frente a nosotros, eran hombres desnudos, con sus cuerpos llenos de marcas y heridas, cicatrices y quemaduras, llevaban una capucha en la cabeza que les cubría el rostro, cargaban un hacha en una mano y un látigo en la otra, Andrew rodó por debajo de uno de ellos pero yo me quedé petrificado, al ver a los ojos a mi futuro inquisidor pude observarlos oscuros y vacíos, no eran humanos y no sentirían la más mínima compasión por nadie, ni siquiera por la niña y su madre. El inquisidor me tomó con una mano en el cuello y me levantó, alzó su hacha y respiré por última vez, pero una roca golpeó a mi inquisidor, una roca lanzada por Andrew, que me jaló de nuevo hacia sí, alejándome del inquisidor, por su parte este siguió su camino, lanzando un tremendo silbido que con el eco del lugar podía dejar sordo a cualquiera. Llegamos a lo que parecía la salida pero estaba cerrada, con barras de hierro, buscamos otro camino, no era difícil, el lugar era un laberinto. Los gritos de los demás eran cada vez más fuertes, podían volver loco a cualquiera. Pasamos frente a un pequeño cuarto donde un hombre muy delgado apenas podía mover las cadenas que lo aprisionaban al muro, nos miró con sus ojos bien abiertos, su cuerpo estaba llenos de moretones y heridas causadas seguro por un látigo, no tenía uno de sus brazos y el olor era pútrido parecía que no dejaban que la herida cicatrizara por completo, deseaban hacerlo sufrir. El hombre apenas pudo levantar la mano y apuntar hacia un pasillo oscuro detrás de nosotros, apenas logró articular la palabra “salida” y “cuidado león diaboli”, corrimos hacia el pasillo, fe ciega hacia el moribundo, y después de dar un par de vueltas comenzó a haber más luz pero habia un rugido, justo detrás de nosotros, cada vez más cerca, no queríamos girarnos y cuando lo hicimos no habia nada más que la oscuridad que dejábamos, seguimos caminando hasta que Andrew cayó, tenía un rasguño en la espalda de enorme tamaño, lo ayudé a pararse y caminar, se quejaba; un rugido me hizo voltear a ver hacia atrás y un enorme felino de color negro y ojos rojos estaba mirándonos con fiereza. Le indique a Andrew que debíamos correr y el asintió, comenzamos nuestra huida y el león nos miró escapar unos metros antes de que comenzara a perseguirnos. Podía sentir su aliento en mi cuello, respiraba con dificultad y estaba a punto de rendirme hasta que de nuevo vimos la salida, ambos sonreímos por el puro placer de ver que podríamos salir, hasta que estuvimos más cerca, habia barras también, pero no llegaban hasta el piso, debíamos deslizarnos uno a la vez para poder salir.

-Tu primero Andrew, necesito que lo hagas rápido—no quería morir pero tampoco deseaba vivir más delante cargando con la muerte de quien me ayudo a vivir. Andrew corrió tanto como pudo y se deslizó debajo del acero, grito de tal manera que ensordeció los rugidos del león y los gritos de los demás, pues, habia raspado aún más su espalda. Alcancé a deslizarme también, pero el león alcanzó a desgarrar una de mis manos, ahogue un grito y mordí mis labios, deje de respirar un momento y observé el jirón que era ahora mi extremidad, salía tanta sangre que tuve que quitarme la camiseta para enredarla en lo que me quedaba de mano y detener la hemorragia. 

Llegamos por fin a la estructura blanca, vieja y oxidada, tenía grandes escaleras hasta la cima, habíamos llegado a “vida”, comenzamos a subir con desesperación, lo habíamos logrado y deseábamos volver a nuestra vida de siempre. Cada paso era una pequeña satisfacción.

Después de mucho llegamos a la cima, una pequeña plataforma que habia sido apenas puesta para siete personas, nos sentamos y miramos el prado y el bosque, no era muy extenso, a todo alrededor habia arboles gigantes que seguro y bloqueaban la salida de este lugar, decidimos no charlar, solo disfrutar de nuestra victoria, mirando a todos los que ya comenzaban a subir por las escaleras, pronto estaría lleno.

Unos minutos pasaron antes de que los siete estuviéramos en el área, nadie más cabía y aun habia otras siete personas que aunque habian llegado se habian quedado en las escaleras. Suplicaban por un lugar. Entre ellas la mujer con su hija.

-¡Por favor! Dejen pasar a mi hija, solo a ella, no la dejen morir aquí—lloraba apretando a su hija muy fuerte, por lo que se veía la niña no tenía un solo rasguño, mientras la madre parecía Jesucristo en su pasión. Andrew me tomó la mano y me miró, trago saliva y murmuro un “gracias”, uno tan sincero que me dejaba tan tranquilo, sin sentir ni una sola pizca de dolor. Él se saltó la valla del cuadro de los que nos salvaríamos, tomó a la niña y me la dio para ponerla a mi lado, la niña
comenzó a llorar –muchas gracias, muchas gracias—exclamó la mujer, le tomó la mano a Andrew y se la beso, manchándolo de sangre y sal, entonces tuve una epifanía, yo no era nadie ni nada para separar a la madre de su hija y al ver que Andrew era tan altruista, tan abnegado, tomé la única decisión que me haría morir en paz, le cedi mi lugar a la madre de la niña y sentí una paz, una tranquilidad, sabía que iba a morir pero lo haría por la razón correcta, ¿Habia una mejor razón para morir?, tomé la mano de Andrew y lo miré a los ojos, ambos asentimos y sin palabras nos despedimos, no se necesitaba más. Sonaron unas campanas y los siete desaparecieron en una luz blanca. Todo a nuestro alrededor comenzó a temblar, las escaleras, el suelo, los árboles. Pude darme cuenta lo efímeros que somos, que lo único inmarcesible es el tiempo, comprendí entonces que aunque busque preservar mi vida desde el principio terminé preservando la de alguien más, ¿una serendipia? Creo que le llaman; así era mi desenlace, placentero y noble. Las escaleras comenzaron a resquebrajarse, Andrew y yo éramos los únicos ya en los peldaños, todos habian corrido a los calabozos y al bosque, a encontrarse con su fatal destino, sentí como me separé del suelo y comencé a caer, sonreí a Andrew, el aire golpeaba mi cara mientras caíamos, mi cabello volaba y me sentía con un ave; después de eso experimenté un terrible golpe, algo menos doloroso que todo lo que habia pasado ya y después… no sentí nada.

Participante 0006 – Oscar Martuccelli.


martes, 24 de marzo de 2015

Escrito 0005 – Forever.

Escrito 0005 – Forever.
Creo en todas esas cosas cursis y a veces ridículas aunque a veces ni lo quiera. Puedo sentir mucho por alguien sin esperar nada a cambio y pese a que me hagan daño yo sigo sin dudar buscando a mi ideal. Pienso que la vida nos va poniendo a muchas personas en el camino y que una de esas personas pasará para quedarse siempre de aquí hasta la muerte por más difícil que se ponga la situación siempre habrá alguien que ayude a reparar esos errores que tienes como persona, que sus errores se conviertan en virtudes para . Estoy casi seguro que ya la encontré, que la vida y Dios la puso delante de mí para abrazarla y darle todo esto que siento por dentro, hacerla sentir lo más bello del mundo porque ella es. Porque con ella sueño y la pienso cada instante, porque estando lejos la quiero cerca... No sé porqué cuando tienes lo mejor no lo valoras o luchas tanto para alcanzar algo y al final no valoras tanto. Es parte de esta historia, que se divide en dos; pasado y presente, pero yo del pasado ya no quiero hablar lo quiero borrar siempre y el presente es esto, lo que estoy sintiendo por ti al escribir cada palabra, lo que siento por ti cuando te veo, cuando hablamos, cada momento estás presente. Aunque tu no lo expreses tanto como yo, te quiero y mucho. Te quiero en todas tus formas, te quiero porque no dejas caer esto, te quiero porque peleas, te quiero siempre y eres la mejor persona que pude haber encontrado, eres mi favorita. Tú... Tú me cambiaste la vida.


Participante 0005 – JLR.

lunes, 23 de marzo de 2015

Escrito 0004 – Carta de Hugo Lira a Kenia y al mundo con motivo del ataque islamita a universidad que dejó 147 estudiantes muerto.

Escrito 0004 – Carta de Hugo Lira a Kenia
y al mundo con motivo del ataque islamita
a universidad que dejó 147 estudiantes muerto.
¿Hasta cuando?
¿Por qué?

No comprendo. ¿Cómo es que a lo largo de la historia hemos soportado tantas barbaries como esta?

Discriminación, odio, rabia, miedo, desesperación enojo, frustración, tristeza. Al menos las más comunes ante la discriminación, ante la violencia, ante el abuso, ante el despojo, ante el secuestro, ante el asesinato. Un panorama tan común, tan desolador, tan lúgubre, tan ruin, tan asqueroso, tan tangible, tan latente, tan incoloro, tan amargo, tan desconsolador.

Miles es poco, millones es algo apenas tanteado. Al menos en México hemos enfrentado grandes y asquerosas masacres. Grandes cantidades de personas a las que aún esperan en casa. Mujeres, niños, ancianos, personas, como el vecino, tu compañero de escuela, el tipo que te encuentras en el transporte, la anciana que te da ternura, como tu profesor, como tus hermanos, como tus padres, como tú, como yo.

Al final la gran mayoría de aquellos que nos atrevemos a gritar ¡YA BASTA! terminamos en la misma gigantesca mancha que cubre los infinitos matices de toda la infinidad de colores que representamos cada uno de nosotros. Aquella mancha sin color, pero que apesta, que pesa, que se siente en las espaldas de cada uno de nosotros. Huele a sangre, pesa como cargar un cadáver. Una mancha tan uniforme como la visión universal, pero demasiado pequeña, que pretende encerrarnos a todos en la misma jaula sobre la inmensa mancha.

Pisar, caminar, respirar, correr, gritar, suplicar, llorar, sobrevivir, todo sobre aquella misma mancha. Manchados todos del mismo color, manchados todos con los cientos de rostros que deseamos encontrar y aquellos a quienes tuvimos que despedir, aquel que sólo nos dice no.

Pues hoy, yo también digo no. ¡NO MÁS! ¡NI UNX MÁS! ¡YA BASTA! No nos pondrán a todos en la jaula, no nos obligarán a todos a sobrevivir en aquella tierra muerta, apestosa, casi pantanosa y apestosa. No respiraré sus acciones, no lloraré sus azotes, no correré por miedo, no gritaré una vez más por dentro, no caminaré por donde por donde me digan y no suplicaré ser liberado de aquello que cargo conmigo en mi espalda. Porque así ellos no mueren, porque así ellos están conmigo, así ellos también les dicen no, así no nos seguirán manchando a todos del mismo color contra nuestra voluntad, porque aquellos que van en mi espalda están conmigo, y hoy, yo decido no continuar bebiendo y comiendo a los míos. 

Hoy en nombre de todos aquellos que deben regresar a casa y por aquellos que no pudieron regresar no me cansaré, no me rendiré y no olvidaré. Si tanto quieren vernos arder, entonces arderemos.


Participante 0004 – Hugo Lira.

domingo, 22 de marzo de 2015

Escrito 0003 – El monstruo que se comió a mi amigo.

Escrito 0003 – El monstruo que se comió a mi amigo.
A los seis años, tengo mucho en qué pensar, no necesito ser adulto para vivir con estrés, como dice mi mamá. Tengo sólo tres meses en la primaria, una escuela aterradoramente grande, totalmente nueva para mí. Ahora tengo materias nuevas, maestros nuevos, útiles nuevos, pero... amigos nuevos? no, aún no. Yo no tengo problema con eso; paso los recreos aquí, sentada en mi bardita con un cachito de sombra y un cachito de sol, comiendo lo que venga en la lonchera, siempre cosas ricas, cosas que me gustan, como mi delicioso pan con Nutella, mi quesadilla o mi jugo de uva. Por el momento está bien, mi escuela es bonita, con canchas y jardines, cada vez da menos miedo. Cuando suena la campana todos los niños salen corriendo al patio porque nos prestan pelotas para jugar -pelotas que todavía no he tocado-, pero, como dije, no me importa. Desde mi bardita, cerca de las escaleras que llevan al laboratorio de computación, puedo ver casi todo, hasta la tiendita que está del otro lado del patio. Aquí estoy bien. 

Como dije, tengo muchas cosas en qué pensar, ahora soy grande, ya dejé el kínder y lo extraño taaaanto, mi maestra, mis amigos, mis juegos en el recreo, mi plastilina, mis cantos... pero tengo que ser valiente, como dice mi mamá. Entre las infinitas preocupaciones que me tienen piense y piense es la muerte de mi perrito. Lucky se fue al cielo hace 17 días, me siento triste y mi hermano, más. Todas las tardes jugábamos con él y ahora que no está, nos hace mucha falta.


Pensar, pensar, pensar... antier mi profesor de deportes me llamó, como es su costumbre, Marina. Aghrrrrr!!! Me desesperé y por primera vez grité: MariAna, mi nombre es MariAAAAAAnaaaaaa!!! Hoy tengo otra vez clase con él y temo que me ponga a correr una vuelta extra al rededor de la cancha de fut, como lo hace con los que se portan mal.


Y sigo pensando. Lo peor es que a la hora de la salida, mi mamá me preguntará en cuanto me vea "¿Cómo te fue, con quién comiste, hiciste ya nuevos amigos?". Está realmente preocupada por mí, el otro día la escuché hablando con mi tía Pau por teléfono cuando se lo decía, se lo dijo bajito, pero de todas maneras la escuché; no sé por qué piensa que soy como mi abuelo que no oye nada, siempre escucho todo lo que dice cuando está haciendo sus llamadas. 

Pues sí, ese es mi mayor problema, el que no me deja hacer la tarea de matemáticas. Tengo que hacer amigos, pero no lo voy a hacer por mí, como dije, no los necesito, yo estoy a gusto en mi bardita con mi cachito de sombra y mi cachito de sol; lo voy a hacer por mi mamá, sólo para que me deje de preguntar todos los días a la hora de la salida si ya "platico con alguien".

Amigos, amigos, amigos. Por qué aquí será tan difícil hacer amigos? Bueno, ni siquiera lo he intentado, lo sé. Pero tampoco a nadie le ha interesado acercarse a mí. El patio está lleno de niños, los observo y nadie me interesa como prospecto de amistad. A lo lejos veo pasar a Alex, mi hermano, y como es su costumbre, me ignora. Él ya tiene sus propios amigos, hace dos años que está aquí. También veo a lo lejos a Lili, estaba en mi salón el año pasado, en mi kínder, pero cuando recuerdo que se saca los mocos, no me dan ganas de agarrarle la mano para jugar rondas, ni siquiera acercármele, cómo puede ser mi amiga?! Mis compañeras del salón forman una bolita y me miran desde lejos, después ríen, creo que me están criticando, me hacen sentir incómoda. No, ellas tampoco, por el momento no.

- SEBASTIÁAAAAAAAN!!!- Pegó tal grito la directora que a todos nos hizo voltear. Yo me piqué el ojo con una de mis trenzas y casi tiro mi jugo de uva. Me asustó. Fue entonces cuando lo vi correr hacia la dirección. Sebastián Mireles. Lo conozco, es un niño grande, va en tercero como mi hermano, pero no está en su grupo, lo cual me dice que podría ser mi amigo. Tiene aspecto rebelde, con su cabello negro, un poco largo del copete, chamarra de cuero y pantalón de mezclilla; casi siempre anda así, como si tuviera un pacto con esa chamarra, ha de ser su favorita. Lo único que no corresponde a ese niño son sus lentes, esos lentes azules que sólo deja para su entrenamiento de básquet. Los niños y niñas que lo rodean siempre están felices su lado porque los hace reír, parece que cuenta chistes haciendo caras graciosas. Aunque todavía no puedo ver bien porque aún me duele mi ojo, desde aquí puedo decir que... no, no creo que se saque los mocos, eso muy importante para mí. Este sí puede ser mi amigo.

Bueno, ya lo escogí, ahora cómo le hago? No puedo llegar y presentarme así como así, pensará que estoy loca. Y menos con este peinado de ñoña que siempre me hace mi mamá. Ella dice que me veo linda, yo pienso que parezco tonta, siempre igual. La verdad es que es el único peinado que mi mamá sabe hacer. Bueno, por lo pronto, se me ocurre, que le puedo escribir. Una notita con un simple HOLA bastará, ya después veo qué hago. Al final del recreo lo sigo hasta su salón para ver cuál es su lugar. Para mi sorpresa, sólo entra a dejar sus lentes en la mochila y vuelve a salir, nos cruzamos en la puerta y me dice "compermiso", sonriendo. Yo me pongo de mil colores, trato de esconder las horribles trenzas y el papelito, pasa a mi lado, me espero a que se aleje y dejo el Post-it rosa fosforescente pegado en el libro que tenía abierto sobre su mesa y lo cierro para que sus amigos no le vayan a decir nada. En el salón hay otra niña, me sonríe, como haciéndose mi cómplice. Saliendo del salón encuentro a Alex y me voy corriendo, no quiero preguntas.


Como era de esperarse llegué tarde a la clase de deportes y me tocó correr mi vuelta extra al rededor de la cancha de fut, extraño mi bardita. Después de clase de computación, llego a mi salón y en mi lugar encuentro una hoja que ha sido arrancada de un cuaderno, está doblada muchas veces, parece un rectángulo gordito; la abro y dice escrito en letras rojas HOLA, CÓMO ESTÁS?

Han pasado tres semanas y los papelitos van y vienen, tengo un nuevo amigo y mi mamá lo sabe, ha dejado de preguntar. Recién me enteré que la niña que encontré en el salón, mientras escondía mi mensaje, le dijo a Sebastián quién era yo, de esa manera supo dónde dejar exactamente la respuesta. Hoy es su cumpleaños. Decido ir a felicitarlo y a presentarme finalmente.

-Felicidades, Sebastián.- digo, un poco nerviosa.
-Gracias, Mariana.- contesta volviéndose hacia mí.
-Mmmmm, aquella vez que te mandó llamar la directora, ¿para qué te quería?, ¿te metiste en problemas?
-No, claro que no. Necesitaba ayuda para bajar unas cajas. Siempre me lo pide a mí. -Mmmmm, bueno. Me da gusto saber que todo está bien. Nos vemos.- salgo corriendo cuando escucho un grito:
-Gracias por la felicitacióooooooooon!
-De nadaaaaa, bye.

Sebastián y yo nos saludamos en los recreos y a veces a la entrada o a las salida, platicamos mucho. A mí me gusta estar con él, mi nuevo amigo. Han pasado meses y aunque nos gusta platicar, nos divertimos más escribiendo; Sebastián hace que ya no tenga tantas cosas en qué pensar, ni mi perrito, ni mis trenzas, ni mi profesor de deportes. Me hace reír y a veces creo que yo también. Pero hoy sucedió algo horrible.

Me despedí de él cuando escuché el claxon de la camioneta de mi mamá y al voltearme, buscándola, todo se quedó en silencio, todo se oscureció, sentí en el suelo fuertes pisadas que hacían temblar la tierra, POOOOM!, POOOOM!, POOOOM!... me dio frío, me dio miedo. Las pisadas que se acercaban detrás de mí, sentí que eran de alguien pesado y mucho más grande que mi papá. Comenzó a oler muy mal, como el aliento de alguien que no se ha lavado los dientes después de comer tacos al pastor con cebolla, mucha cebolla. Ahora soy grande y valiente, pero no tanto; no intenté ver de qué se trataba, no lo hice, es más, cerré los ojos y los apreté fuerte, al igual que mis manos. Sentí que esa cosa se detuvo donde estaba Sebastián!!!! Después de escuchar un fuerte gruñido y un sonido espantoso como cuando te tragas con muchos trabajos un jarabe que sabe mal, volvió la luz y la risa de los niños. Corrí de vuelta y tomé a mi amigo de los hombros, lo sacudí con fuerza gritando su nombre varias veces, pero no reaccionó. Ahí fue cuando lo supe: un monstruo se había comido a mi amigo.

Y así siguieron los días, Sebastián estaba ahí, pero era como si no estuviera, caminaba, pero con la mirada perdida. No hablaba, menos escribía. A veces volteaba un poquito a verme, pero, cuando lo veía, volteaba los ojos de inmediato. Yo había imaginado al monstruo de un azul, casi gris muy oscuro, con manchas, grandes ojos y largos colmillos, babeando. Pero no, es un monstruo transparente, casi invisible, que cubre a mi amigo -claro, se lo comió-, Sebastián está dentro de él y no ha podido volver a reír, ni a escribir. A veces creo que este monstruo invisible me da mas miedo que el que yo había imaginado. 

Hoy lo escuché decir algo por primera vez en mucho tiempo: "ya no me escribas más"... Yo había seguido mandando mis recaditos con la esperanza de recuperar e mi amigo, pero no funcionó, el monstruo seguía ahí. Aunque rompió mi corazón, lo perdoné porque entendí que no era Sebastián quien hablaba, era esa terrible bestia que lo había engullido.

Yo me aferro a frases como "sigue adelante" y "no te rindas", como dice mi mamá. "Si en realidad te interesa su amistad, continúa intentándolo". Y eso es lo que hago, ahora sólo tengo que idear una nueva estrategia y volver a comenzar.

Tempranito llego a la escuela con una nueva idea y una nueva arma. Me acerco a él a la mitad del patio, dirijo mi mirada hacia la parte de arriba de la cabeza de Sebastián, en donde está la del monstruo y le digo en voz bajita pero muy segura "no te tengo miedo", entonces saco mi arma secreta, un botecito de pimienta que tomé de la cocina, me pongo rápidamente en la mano y soplo... Me volteo y me alejo un poco presintiendo lo que se avecina, "AAAAACHÚUUUU!!!" Sale mi amigo volando y, tras dar tres vueltas en el aire, cae de pié, perfectamente equilibrado. Por fin! El monstruo lo escupió, lo estornudó!
-Mariana! Qué pasó?- dijo, totalmente sacado de onda, totalmente renovado.
-La verdad no sé, pero no importa, ahora estás aquí.
Sonreímos.

Todo ha vuelto a la normalidad, papelitos van, papelitos vienen. Ahora comparto mi bardita, mi cachito de sombra y mi cachito de sol con alguien más y no sólo son él, he empezado a hablar con mis compañeras y a tocar pelotas. ¿Qué pasó? En realidad no lo sé, ni siquiera estoy segura de que el monstruo haya existido. A veces creo oír y sentir nuevamente sus fuertes pisadas rondando por aquí, pero ahora es diferente, no tengo miedo... 

Así es que, en caso de que quiera volver a atacar, siempre vengo preparada con un botecito de pimienta y los consejos de mi mamá... 


FIN.

Participante 0003 – Myrna García Barragán.

sábado, 21 de marzo de 2015

Escrito 0002 – Los ojos del mal.

Escrito 0002 – Los ojos del mal.
Era una tarde de verano como muchas otras en las que Leire pasaba todo el día sola en su casa, sus papás habían salido a trabajar como todos los días y ya no le ponían tanta atención como antes, como cuando pasó su accidente, aquel terrible accidente que la había hecho perder tantos días de escuela y que aún no le había permitido regresar, extrañaba platicar con sus amigos, el almuerzo en la hora de receso, hasta extrañaba la tarea que le dejaban un día normal en la prepa, pero a pesar de todo lo que había perdido había algo que la tenía contenta, algo que la hacía pensar en que iba a volver a esa rutina que amaba y a las situaciones que extrañaba de la convivencia en la escuela, por fin regresaría la próxima semana después de un mes en hospitales y en casa, pensando que su terrible accidente ahora solo sería un triste recuerdo de su pasado, que solo quedaría en el pasado y del cual pronto se recuperaría.

Aquel día, el de su accidente, las cosas eran muy normales, cambio de clase en clase en la prepa, charlas con sus amigos en los pasillos, hasta los saludos con sus profesores, Leire siempre había sido una chica muy social y apreciada por todos, incluidos los profesores, la querían y apoyaban en sus estudios, sabían que tenía un intelecto que debería ser apoyado para que sobresaliera, Leire no tenía nada más que pedirle a la vida, era popular para los demás estudiantes de la preparatoria y muy inteligente según consideraban los mismos maestros, una chica ideal para otros de sus pares.

Al terminar ese día escolar, Leire se dirigía al estacionamiento, sus papás le habían regalado un automóvil por sus calificaciones el año pasado, no tenía que esperar el autobús escolar nunca más, ahora ella podría regresar a su casa sin necesidad de esperar y perder el tiempo afuera de la escuela, amaba tanto ese auto, un beetle color limón con capote desmontable. Todo transcurría con mayor tranquilidad como siempre pasa en este lugar, nadie esperaba lo que estaba a punto de suceder, nunca nadie lo habría podido pensar, como a una niña tan querida, aparentemente por todos, estaba a punto de sucederle tan terrible accidente, si es que así lo queremos llamar, accidente.

Días antes de los hechos había recibido algunas cartas anónimas en las que de alguna manera u otra trataban de asustarla y a la vez advertirle que se cuidara de todos, que entre sus propios amigos se encontraba la persona que la dañaría pero Leire hizo caso omiso de las cartas, pensaba que eran una clase de broma de su mejor amigo David, que sólo trataba de asustarla y le perdió el temor, de haber sabido que él no era quien le enviaba los anónimos, que el autor de las cartas lo que quería era advertirla de lo que sucedería el día de hoy, quien podría haberlo sabido, quizás sólo el autor de aquella vil y tremenda fechoría.

Mientras Leire se dirigía a donde se encontraba su auto, unos espacios en el estacionamiento a la derecha de su auto se encontraba alguien cubierto por una sudadera con gorro de color negro, tal vez era el mismo que le escribía las cartas o tal vez era el que había hecho posible su accidente y sólo esperaba ver pasar su obra de arte y reírse como nunca en la vida por su jugarreta. Al momento en el que ella buscaba las llaves de su coche en el bolso para poder irse a su casa, se dio cuenta que algo estaba mal, no sabía que era pero algo pasaba, lo podía sentir, aunque no le prestó la debida importancia y abrió la puerta del auto, se metió y lo puso en marcha, mientras salía del estacionamiento se dio cuenta de que su sospecha era algo muy posible, por lo que detuvo el auto y bajó, era algo extraño pero en dirección donde se encontraba su coche estacionado se encontraba un caminito de algo que parecía ser su propio combustible, pero eso no era lo verdaderamente importante, si no que alguien se encontraba donde estaba su coche estacionado y tenía algo en su mano, parecía que era un fósforo y estaba a punto de lanzarlo a aquel líquido en el piso, en ese momento lo soltaba y comenzaba una línea de fuego dirigiéndose hacia donde se encontraba el coche y Leire por supuesto, todo sucedió en unos pocos segundos, de repente Leire sólo sintió que podía volar, se sentía aturdida y acalorada, unos segundos más y no sintió nada en absoluto, se encontraba inconsciente, pronto empezó la gente a ver desde lejos lo que había pasado y se dieron cuenta que Leire se encontraba tirada en el pasto de un jardín de la prepa, rápido acudieron a ayudarla y tratarla de revisar por si algo estaba mal, se llamó a la ambulancia porque aún continuaba inconsciente después de haber aterrizado de un golpe seco, poco antes de que llegara la ambulancia ella comenzó a reaccionar pero se la llevaron aun así para revisarla mejor en el hospital porque se desmayó de nuevo.

Cuando Leire despertó se encontraba en la cama de un hospital y a su lado su mamá. Afuera de la habitación se podía ver a su padre tener una conversación con un doctor, seguramente le estaban informando lo que había sucedido en la salud de Leire tras el accidente.

De repente se escuchó el grito de Leire, ya que no sabía que estaba pasando, que era lo que tenía en la cara y la hacía sentir desesperación, al momento en que su mamá la escuchó, corrió a acercarse hacia ella, lo mismo hizo el doctor, se acercaron a tranquilizarla y le empezaron a contar de su terrible accidente, de cómo la broma de uno de sus compañeros y que aún no se sabía quién había sido, le había dejado una cicatriz del lado derecho de la cara y que además de eso, tenía atrofiadas las retinas y que era una posibilidad que perdiera la visión.

Todo esto paso en las horas más tristes en la vida de Leire, entró en un episodio de depresión los días posteriores a este, mientras sus padres se la pasaban pensando y tratando de rogar a Dios que no perdiera su vista. Los días transcurrieron y llegó el momento de retirar las vendas de su cara y sus ojos, el día decisivo en el que sabría cómo continuaría con su vida, tal vez quedaría ciega, marcada de la cara y eso no le importaba tanto, lo que le importaba en realidad era que estuvo perdiendo clases y en quien podría haber sido el causante de esta tan mala broma que la pudo haber matado.

Los 15 minutos más largos de toda su vida, fueron en los que el doctor retiró las vendas, Leire se esperó un poco antes de abrir sus ojos, al momento en que los abrió solo hubo silencio, esperando que ella les dijera si podía ver o no.

Lo único que pudo pronunciar fue – Llévenme a casa.

El transcurso del hospital a su casa paso de la manera más extraña, un silencio total de sus padres así como de Leire, se tuvo que adaptar una habitación para ella en la planta baja de la casa, puesto que en su situación estar subiendo y bajando escaleras sería complicado.

Leire había quedado temporalmente ciega, pero le seguirían haciendo pruebas para ver cómo estaban reaccionando sus ojos al tratamiento y lo más seguro es que recuperaría su vista, pero no se sabía cuánto podía tardar esa recuperación. Por lo pronto, debería de acostumbrarse a vivir con la luz de sus ojos apagada.

Se mostraba de la mejor manera, su ánimo se había recuperado al igual que su herida en la cara, tenía que acudir a terapia con un psicólogo para que pasara por el problema y recuperara su vida anterior, pero ella no quería acudir, no tenía nada que hacer ahí, ya que ella no estaba mal, eso lo hacía más raro, no sentía tristeza ni enojo y eso asustaba a sus padres.

Fueron 10 días los que pasaron antes de que pudiera regresar a la escuela, aun sin poder ver, ella ya quería regresar y poder al menos escuchar las voces de sus amigos, la próxima cita que tenía con su oftalmólogo sería ese mismo día al salir de clases y ella quería saber si había algún cambio en sus ojos.

El día pasó lento, con las preguntas de todas las personas que la apreciaban, muchos ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?, ánimo, y cosas por el estilo.

A pesar de que el día pasó lento, al final terminó y Leire esperaba a su madre en la entrada de la escuela, ella sería la encargada de llevarla al doctor y saber cómo seguía la recuperación en sus ojos.

La visita al doctor sólo inquietó a Leire y a su madre, el especialista les dijo que todo estaba bien en sus ojos ahora y que su recuperación sería ya evidente en unos cuantos días, que volvería a vería en un corto tiempo.

Pensar en esto la hacía sentirse bien ahora, antes sólo fingía para no preocupar a sus papás sin saber que eso era lo que precisamente los preocupaba, pero ahora, se encontraba bien, tenía coraje y enojo por quien le había hecho eso, pero fuera de eso, se encontraba de maravilla.

Los días siguientes transcurrieron muy bien, siempre la pregunta de su mamá al levantarse era la misma -¿puedes ver algo? Y la respuesta también era la misma -no.

Así pasaron varios días más hasta que al fin se dejó de preguntar, se dio por hecho que cuando eso pasara Leire sería la que avisaría a sus padres. Cosa que no pasó.

Todas las tardes Leire pasaba su tiempo encerrada en su cuarto, planeando como vengarse de la persona que la había dañado tanto, si sólo era una o si eran varias, la manera en la que todos iban a pagar por lo que le habían hecho.

Ya tenía pensado como averiguar quién era el sujeto de la chamarra que se veía sospechoso el día del accidente, él la llevaría a saber quién le había hecho eso, seguramente él había visto la escena desde lejos, cuando el otro sujeto encendía el fósforo, Leire sabía que eran dos personas diferentes.

Al día siguiente, acudió a la tienda comercial que se encontraba enfrente del estacionamiento de la preparatoria, no se le había ocurrido preguntar si ellos tenían cámaras de vigilancia ¿y sí ahí se alcanzaba a ver alguno de los dos sujetos? Eso sería suficiente para saber quiénes eran, eso mismo hizo al salir al receso, se dirigió a la tienda, estos días le habían servido para acostumbrarse a utilizar el bastón para invidentes.

Al llegar, preguntó por el gerente y éste le informó que, efectivamente, ellos tenían cámaras que mostraban el estacionamiento de enfrente.

Leire pidió que le mostrara la grabación del día de su accidente y le hiciera una copia para que la pudieran ver sus padres y la policía en su casa.

Al llegar a su casa, se bajó del coche de su mamá sin decir nada y se dirigió a su habitación, rápidamente, busco su computadora portátil, la encendió y comenzó a ver el vídeo.

Al terminar de ver el vídeo, ella sabía exactamente quienes eran las personas que eran culpables de su accidente, y por tanto, las que debía de pagar.

Al día siguiente, tomó su bastón y se dirigió a la escuela, había pasado la noche pensando que era lo que haría ese día, incluso una parte de la noche recolectó algunos objetos, planeado paso por paso todo, lo había anotado en un código en su celular, no podía equivocarse en nada porque la descubrirían.

Al llegar a la escuela hizo lo mismo que hacía diario, saludar a todos sus amigos, a los maestros y claro, pasar casi todo el tiempo con su mejor amigo David, solo que hoy sería diferente.

A la hora del almuerzo se dirigieron juntos a comprar comida como lo estuvieron haciendo en días pasados, casi siempre compraban hamburguesas y malteadas o refrescos, pero los del día de hoy serían diferentes. Leire había escrito un mensaje en su celular programado para que se enviara en este momento a otro chico de la escuela y decía que le preguntara algo a David en privado, esto esperando que lo hiciera ipso facto y así fue, puesto que David era muy popular todos los demás estudiantes observaban la conversación que tenía con ese extraño cerca de Leire aunque nadie la veía a ella, ese momento de distracción de su parte sirvió para que Leire vertiera un polvo en la hamburguesa y en el refresco.

Y eso fue todo, actúo para su amigo como si nada hubiera pasado y preguntó ingenuamente de quien se trataba, para lo que David le dijo que era el chico tímido que a ella le caía mal. Leire se mostró indiferente, solo continuo comiendo y mirando sin ver hacia donde se encontraba David, esperando impaciente.

Pasaron unos minutos en los que todo parecía normal, la misma comida y la sazón que ya conocían, todo igual, hasta que David se empezó a sentir mal y se agarró el pecho, se le veía mal y no alcanzó a decir mucho cuando cayó al suelo, todos lo vieron estupefactos, entre gritos y personas corriendo a su ayuda, se le llamó a emergencias.

El día pareció demasiado raro, la ambulancia tardó unos minutos, los minutos más tristes para todos los que lo apreciaban, los demás estudiantes que se encontraban en la cafetería y Leire estaban cerca de David, angustiados y esperando que todo se encontrara bien con él.

Ya en el hospital, sólo lo acompañó Leire, ella siempre estuvo a su lado mientras que reaccionaba ya que David ahora se encontraba en estado de coma y no se sabía con exactitud qué había sucedido con él. Los médicos le practicaron muchas pruebas porque no sabían que le ocurría, no tenía antecedentes de enfermedades y eso hacía más difícil pensar que era una sobredosis de un medicamento, le preguntaron a Leire, ya que ella lo conocía mejor que nadie, si ella sabía si él consumía alguna droga, a lo que ella contestó que no.

Más tarde ese mismo día, los exámenes practicados en David, arrojaron niveles altos de Ritrovil, un medicamento anticonvulsivo pero que en personas normales podía ser nocivo, ahora imagínense en niveles muy elevados, eso era lo mismo que dejarlo en peligro de graves secuelas neuronales o peor aún, la muerte.

Ahora la duda era como David había conseguido ese medicamento, si alguien se lo había dado y también importante, porque lo había hecho.

Ahora sólo quedaba esperar a que David reaccionara del coma para saber que le esperaba.

Leire no podía hacer nada ya en el hospital, sólo retirarse a su casa y seguir pensando que más haría, le quedaba alguien para jugarle una broma y ese sería el fin de su venganza, sabía que ese sujeto tendría que pagar aún más por lo que hizo, por no dirigirse directamente a ella a contarle lo que le quería hacer David, por no hacer nada para detenerlo, una cosa era que a ella no le cayera bien pero otra muy diferente era que dejara que algo así pasara, como lo que le había ocurrido a ella.

La parte uno de su plan estaba en marcha con su mejor amigo en el hospital, ahora sólo quedaba que las investigaciones comenzaran en la escuela, Leire sabía que los demás estudiantes empezarían a hablar entre ellos y porque no, a echarle la culpa a ese sujeto extraño que se acercó justo antes de que todo empezara. El mismo que se encontraba cubierto con una sudadera y gorro de color negro aquel día, ese debería de pagar también.

Ese día, Leire volvió a enviar un mensaje de texto a aquel sujeto, esta vez diciendo que debía de acudir al hospital porque David había reaccionado y quería hablar con él, cosa que obviamente, no era cierta, David continuaba peleando entre la vida y la muerte.

Era el momento indicado para ella, sabía que nadie iba a desconfiar de una chica ciega, la dejarían a solas con su mejor amigo, eso lo tenía muy en mente. Nadie le reviso sus cosas, no se preocupan por que pudiera meter a la habitación del hospital y ahí estaba ella, frente a su amigo inconsciente con una pequeña jeringa.
Sabía que tenía unos pocos minutos antes de que aquel chico llegara, eso sería lo que ella necesitaba para culparlo por completo de lo que pasara con David, se colocó unos guantes quirúrgicos y se dirigió a la parte inferior de la cama y le descubrió uno de sus pies, jaló la ámpula y la llenó de aire, eso bastaría para terminarlo.

Terminó de inyectar el contenido de la jeringa entre los dedos del pie y tiró la jeringa cerca de la entrada de la habitación y se retiró al baño, permaneció ahí, vigilando a que llegara el otro chico para entonces continuar con su plan.

Lo vio llegar y meterse a la habitación de su amigo y se dirigió hacia allá, aunque esta vez se movió cerca de una enfermera que iba pasando e hizo como que se tropezaba para que ésta la ayudara a llegar a la habitación de David, al entrar lo que vieron le dio mucha felicidad a Leire, el otro chico se encontraba con la jeringa en la mano y la enfermera rápidamente gritó a seguridad. Leire no sabía que decir, aparentó sentirse aturdida y no saber que estaba pasando.

El chico tímido fue encontrado con el arma que acababa de terminar con la vida de su amigo David, eso y además de que los testigos revelaron que lo había visto muy cerca de su comida en la prepa y ahora en el hospital con la jeringa, entonces, él debería de ser el culpable.

Nadie sabía porque lo había hecho, tal vez era porque estaba celoso de que David era popular y él no, tal vez ese chico también era el culpable de lo que le había pasado a Leire.

Nadie nunca sabría la verdad y eso tenía en claro Leire.

Nunca nadie sabría que ella había sido la causante de estos acontecimientos y que lo había hecho por venganza de lo que David le había hecho y José porque no hizo nada más por evitarlo.


Participante 0002 – Ricardo Barboza Díaz.

viernes, 20 de marzo de 2015

Escrito 0001 – Ella y el.

...ella trato de mirar la estrella. Pero no sabía si la que había encontrado era la correcta.

-Es aquella pequeña? La que esta un poco separada de las demás?-dijo ella con duda señalando el infinito cielo nocturno. -Si, lo es-le respondió Matt -Pero... Por qué? si casi no se ve- -Es porque es especial, esa estrella es la única que siempre ha estado ahí, incluso en las noches mas oscuras. Solo hacia falta que alguien le prestara atención a ella- -Pero eso no es muy especial- replico ella. -Para algunos no tiene nada en especial, pero para mi lo es todo-

Herlie no dijo nada, continuó observando distraída a la pequeña estrella en un intento por comprender lo que decía su amigo. Matt regresó la mirada hacia la chica a pesar de que ésta no se diera cuenta. No importaba, no hacia falta que lo hiciera pues, le parecía muy hermosa de perfil. Y con ella en la ignorancia de lo que él hacia, pasaron unos minutos de discreto silencio.

-Solo falta que ella me preste atención a mi- dijo el chico en un susurro y con la mirada clavada en ella.

La chica no mostró ninguna reacción, su atención seguía inmersa en aquella poco interesante estrella. Él se levantó y se retiro del lugar. Dejándola en un cómodo pastizal, con esas ultimas palabras ahora resonando en su mente…

Participante 0001 – Hassyelnainn.

3er. CONCURSO DE ESCRITURA

El Blog de "La Calle de la Realidad" cumplirá el próximo viernes 20 de Marzo, su 4to. Aniversario, y para celebrar en grande, realizaremos esta 3era. Convocatoria de escritura.

:: REGLAS ::

1. La historia debe tener inicio, desarrollo y fin.
2. La temática del escrito es libre. (Drama, Comedia, Romanticismo, entre otros.)
3. El formato del escrito es libre (Cuento, Relato, Pensamiento, Poema, Historia, entre otros)
4. No debe tener faltas de ortografía.
5. Puede ser tan largo o tan corto como gustes.
6. La recepción de escritos se puede hacer mediante la página de Facebook de LaCalleDeLaRealidad, o si prefieres, a mi firma personal ---> Joanito Goodface
Cada escrito será publicado junto con una imagen relativa al escrito, o si lo prefieren, ustedes me pueden mandar la imagen que desean que agregue a su escrito. Todas las historias estarán en un álbum especial del 4to. Aniversario del Blog, además, serán publicadas en el Blog http://lacalledealrealidad.blogspot.mx/, una por día, con forme vayan llegando (las publicaciones en el blog solo serán para muestra del material enviado, no contará para calificación).

:: GANADORES ::

La elección del escrito ganador será de la siguiente forma; Un escrito será elegido por los "likes" que tenga, y el segundo ganador será elegido de acorde a su contenido (Redacción, Ortografía, Temática, Contenido, entre otros), sin importar los "likes" que tenga. Además que habrá segundo y tercer lugar (estos dos lugares serán por los "likes" que tengan).

:: PREMIOS ::

3er. lugar: Obtendrá un reconocimiento, y un premio sorpresa por el 4to. Aniversario del Blog.

2do. lugar: Obtendrá un reconocimiento, y un premio sorpresa por el 4to. Aniversario del Blog.

1eros. lugares: Obtendrá un reconocimiento, un premio sorpresa por el 4to. Aniversario del Blog y un libro.

:: DURACIÓN DEL CONCURSO ::

El concurso inicia el día Viernes 20 de Marzo y finalizará el Lunes 20 de Abril del 2015, a las 23:59 hrs. (Horario México Centro), dando por clausurada la votación ese día a esa hora.

El ganador del escrito por redacción se dará a conocer el día 23 de Abril del 2015, en el marco del Día Internacional del Libro.

:: Nota ::

Cualquier cosa no vista en esta convocatoria, será tratada con el creador del concurso para que no ocurra ninguna anomalía. Aclaraciones, dudas, preguntas y más, pueden hacerlos en esta página o en mi firma personal.

"[..] Tanto tiempo "queriendo" comenzar con ello, pero a final de cuentas, termina siempre postergándose más y más tiempo, creo que será hora de decidirse concretamente de qué sucederá con ello porque de lo contrario no se avanzará jamás en algo que sólo se queda en palabras y no en acciones."