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sábado, 21 de marzo de 2015

Escrito 0002 – Los ojos del mal.

Escrito 0002 – Los ojos del mal.
Era una tarde de verano como muchas otras en las que Leire pasaba todo el día sola en su casa, sus papás habían salido a trabajar como todos los días y ya no le ponían tanta atención como antes, como cuando pasó su accidente, aquel terrible accidente que la había hecho perder tantos días de escuela y que aún no le había permitido regresar, extrañaba platicar con sus amigos, el almuerzo en la hora de receso, hasta extrañaba la tarea que le dejaban un día normal en la prepa, pero a pesar de todo lo que había perdido había algo que la tenía contenta, algo que la hacía pensar en que iba a volver a esa rutina que amaba y a las situaciones que extrañaba de la convivencia en la escuela, por fin regresaría la próxima semana después de un mes en hospitales y en casa, pensando que su terrible accidente ahora solo sería un triste recuerdo de su pasado, que solo quedaría en el pasado y del cual pronto se recuperaría.

Aquel día, el de su accidente, las cosas eran muy normales, cambio de clase en clase en la prepa, charlas con sus amigos en los pasillos, hasta los saludos con sus profesores, Leire siempre había sido una chica muy social y apreciada por todos, incluidos los profesores, la querían y apoyaban en sus estudios, sabían que tenía un intelecto que debería ser apoyado para que sobresaliera, Leire no tenía nada más que pedirle a la vida, era popular para los demás estudiantes de la preparatoria y muy inteligente según consideraban los mismos maestros, una chica ideal para otros de sus pares.

Al terminar ese día escolar, Leire se dirigía al estacionamiento, sus papás le habían regalado un automóvil por sus calificaciones el año pasado, no tenía que esperar el autobús escolar nunca más, ahora ella podría regresar a su casa sin necesidad de esperar y perder el tiempo afuera de la escuela, amaba tanto ese auto, un beetle color limón con capote desmontable. Todo transcurría con mayor tranquilidad como siempre pasa en este lugar, nadie esperaba lo que estaba a punto de suceder, nunca nadie lo habría podido pensar, como a una niña tan querida, aparentemente por todos, estaba a punto de sucederle tan terrible accidente, si es que así lo queremos llamar, accidente.

Días antes de los hechos había recibido algunas cartas anónimas en las que de alguna manera u otra trataban de asustarla y a la vez advertirle que se cuidara de todos, que entre sus propios amigos se encontraba la persona que la dañaría pero Leire hizo caso omiso de las cartas, pensaba que eran una clase de broma de su mejor amigo David, que sólo trataba de asustarla y le perdió el temor, de haber sabido que él no era quien le enviaba los anónimos, que el autor de las cartas lo que quería era advertirla de lo que sucedería el día de hoy, quien podría haberlo sabido, quizás sólo el autor de aquella vil y tremenda fechoría.

Mientras Leire se dirigía a donde se encontraba su auto, unos espacios en el estacionamiento a la derecha de su auto se encontraba alguien cubierto por una sudadera con gorro de color negro, tal vez era el mismo que le escribía las cartas o tal vez era el que había hecho posible su accidente y sólo esperaba ver pasar su obra de arte y reírse como nunca en la vida por su jugarreta. Al momento en el que ella buscaba las llaves de su coche en el bolso para poder irse a su casa, se dio cuenta que algo estaba mal, no sabía que era pero algo pasaba, lo podía sentir, aunque no le prestó la debida importancia y abrió la puerta del auto, se metió y lo puso en marcha, mientras salía del estacionamiento se dio cuenta de que su sospecha era algo muy posible, por lo que detuvo el auto y bajó, era algo extraño pero en dirección donde se encontraba su coche estacionado se encontraba un caminito de algo que parecía ser su propio combustible, pero eso no era lo verdaderamente importante, si no que alguien se encontraba donde estaba su coche estacionado y tenía algo en su mano, parecía que era un fósforo y estaba a punto de lanzarlo a aquel líquido en el piso, en ese momento lo soltaba y comenzaba una línea de fuego dirigiéndose hacia donde se encontraba el coche y Leire por supuesto, todo sucedió en unos pocos segundos, de repente Leire sólo sintió que podía volar, se sentía aturdida y acalorada, unos segundos más y no sintió nada en absoluto, se encontraba inconsciente, pronto empezó la gente a ver desde lejos lo que había pasado y se dieron cuenta que Leire se encontraba tirada en el pasto de un jardín de la prepa, rápido acudieron a ayudarla y tratarla de revisar por si algo estaba mal, se llamó a la ambulancia porque aún continuaba inconsciente después de haber aterrizado de un golpe seco, poco antes de que llegara la ambulancia ella comenzó a reaccionar pero se la llevaron aun así para revisarla mejor en el hospital porque se desmayó de nuevo.

Cuando Leire despertó se encontraba en la cama de un hospital y a su lado su mamá. Afuera de la habitación se podía ver a su padre tener una conversación con un doctor, seguramente le estaban informando lo que había sucedido en la salud de Leire tras el accidente.

De repente se escuchó el grito de Leire, ya que no sabía que estaba pasando, que era lo que tenía en la cara y la hacía sentir desesperación, al momento en que su mamá la escuchó, corrió a acercarse hacia ella, lo mismo hizo el doctor, se acercaron a tranquilizarla y le empezaron a contar de su terrible accidente, de cómo la broma de uno de sus compañeros y que aún no se sabía quién había sido, le había dejado una cicatriz del lado derecho de la cara y que además de eso, tenía atrofiadas las retinas y que era una posibilidad que perdiera la visión.

Todo esto paso en las horas más tristes en la vida de Leire, entró en un episodio de depresión los días posteriores a este, mientras sus padres se la pasaban pensando y tratando de rogar a Dios que no perdiera su vista. Los días transcurrieron y llegó el momento de retirar las vendas de su cara y sus ojos, el día decisivo en el que sabría cómo continuaría con su vida, tal vez quedaría ciega, marcada de la cara y eso no le importaba tanto, lo que le importaba en realidad era que estuvo perdiendo clases y en quien podría haber sido el causante de esta tan mala broma que la pudo haber matado.

Los 15 minutos más largos de toda su vida, fueron en los que el doctor retiró las vendas, Leire se esperó un poco antes de abrir sus ojos, al momento en que los abrió solo hubo silencio, esperando que ella les dijera si podía ver o no.

Lo único que pudo pronunciar fue – Llévenme a casa.

El transcurso del hospital a su casa paso de la manera más extraña, un silencio total de sus padres así como de Leire, se tuvo que adaptar una habitación para ella en la planta baja de la casa, puesto que en su situación estar subiendo y bajando escaleras sería complicado.

Leire había quedado temporalmente ciega, pero le seguirían haciendo pruebas para ver cómo estaban reaccionando sus ojos al tratamiento y lo más seguro es que recuperaría su vista, pero no se sabía cuánto podía tardar esa recuperación. Por lo pronto, debería de acostumbrarse a vivir con la luz de sus ojos apagada.

Se mostraba de la mejor manera, su ánimo se había recuperado al igual que su herida en la cara, tenía que acudir a terapia con un psicólogo para que pasara por el problema y recuperara su vida anterior, pero ella no quería acudir, no tenía nada que hacer ahí, ya que ella no estaba mal, eso lo hacía más raro, no sentía tristeza ni enojo y eso asustaba a sus padres.

Fueron 10 días los que pasaron antes de que pudiera regresar a la escuela, aun sin poder ver, ella ya quería regresar y poder al menos escuchar las voces de sus amigos, la próxima cita que tenía con su oftalmólogo sería ese mismo día al salir de clases y ella quería saber si había algún cambio en sus ojos.

El día pasó lento, con las preguntas de todas las personas que la apreciaban, muchos ¿cómo estás?, ¿cómo te sientes?, ánimo, y cosas por el estilo.

A pesar de que el día pasó lento, al final terminó y Leire esperaba a su madre en la entrada de la escuela, ella sería la encargada de llevarla al doctor y saber cómo seguía la recuperación en sus ojos.

La visita al doctor sólo inquietó a Leire y a su madre, el especialista les dijo que todo estaba bien en sus ojos ahora y que su recuperación sería ya evidente en unos cuantos días, que volvería a vería en un corto tiempo.

Pensar en esto la hacía sentirse bien ahora, antes sólo fingía para no preocupar a sus papás sin saber que eso era lo que precisamente los preocupaba, pero ahora, se encontraba bien, tenía coraje y enojo por quien le había hecho eso, pero fuera de eso, se encontraba de maravilla.

Los días siguientes transcurrieron muy bien, siempre la pregunta de su mamá al levantarse era la misma -¿puedes ver algo? Y la respuesta también era la misma -no.

Así pasaron varios días más hasta que al fin se dejó de preguntar, se dio por hecho que cuando eso pasara Leire sería la que avisaría a sus padres. Cosa que no pasó.

Todas las tardes Leire pasaba su tiempo encerrada en su cuarto, planeando como vengarse de la persona que la había dañado tanto, si sólo era una o si eran varias, la manera en la que todos iban a pagar por lo que le habían hecho.

Ya tenía pensado como averiguar quién era el sujeto de la chamarra que se veía sospechoso el día del accidente, él la llevaría a saber quién le había hecho eso, seguramente él había visto la escena desde lejos, cuando el otro sujeto encendía el fósforo, Leire sabía que eran dos personas diferentes.

Al día siguiente, acudió a la tienda comercial que se encontraba enfrente del estacionamiento de la preparatoria, no se le había ocurrido preguntar si ellos tenían cámaras de vigilancia ¿y sí ahí se alcanzaba a ver alguno de los dos sujetos? Eso sería suficiente para saber quiénes eran, eso mismo hizo al salir al receso, se dirigió a la tienda, estos días le habían servido para acostumbrarse a utilizar el bastón para invidentes.

Al llegar, preguntó por el gerente y éste le informó que, efectivamente, ellos tenían cámaras que mostraban el estacionamiento de enfrente.

Leire pidió que le mostrara la grabación del día de su accidente y le hiciera una copia para que la pudieran ver sus padres y la policía en su casa.

Al llegar a su casa, se bajó del coche de su mamá sin decir nada y se dirigió a su habitación, rápidamente, busco su computadora portátil, la encendió y comenzó a ver el vídeo.

Al terminar de ver el vídeo, ella sabía exactamente quienes eran las personas que eran culpables de su accidente, y por tanto, las que debía de pagar.

Al día siguiente, tomó su bastón y se dirigió a la escuela, había pasado la noche pensando que era lo que haría ese día, incluso una parte de la noche recolectó algunos objetos, planeado paso por paso todo, lo había anotado en un código en su celular, no podía equivocarse en nada porque la descubrirían.

Al llegar a la escuela hizo lo mismo que hacía diario, saludar a todos sus amigos, a los maestros y claro, pasar casi todo el tiempo con su mejor amigo David, solo que hoy sería diferente.

A la hora del almuerzo se dirigieron juntos a comprar comida como lo estuvieron haciendo en días pasados, casi siempre compraban hamburguesas y malteadas o refrescos, pero los del día de hoy serían diferentes. Leire había escrito un mensaje en su celular programado para que se enviara en este momento a otro chico de la escuela y decía que le preguntara algo a David en privado, esto esperando que lo hiciera ipso facto y así fue, puesto que David era muy popular todos los demás estudiantes observaban la conversación que tenía con ese extraño cerca de Leire aunque nadie la veía a ella, ese momento de distracción de su parte sirvió para que Leire vertiera un polvo en la hamburguesa y en el refresco.

Y eso fue todo, actúo para su amigo como si nada hubiera pasado y preguntó ingenuamente de quien se trataba, para lo que David le dijo que era el chico tímido que a ella le caía mal. Leire se mostró indiferente, solo continuo comiendo y mirando sin ver hacia donde se encontraba David, esperando impaciente.

Pasaron unos minutos en los que todo parecía normal, la misma comida y la sazón que ya conocían, todo igual, hasta que David se empezó a sentir mal y se agarró el pecho, se le veía mal y no alcanzó a decir mucho cuando cayó al suelo, todos lo vieron estupefactos, entre gritos y personas corriendo a su ayuda, se le llamó a emergencias.

El día pareció demasiado raro, la ambulancia tardó unos minutos, los minutos más tristes para todos los que lo apreciaban, los demás estudiantes que se encontraban en la cafetería y Leire estaban cerca de David, angustiados y esperando que todo se encontrara bien con él.

Ya en el hospital, sólo lo acompañó Leire, ella siempre estuvo a su lado mientras que reaccionaba ya que David ahora se encontraba en estado de coma y no se sabía con exactitud qué había sucedido con él. Los médicos le practicaron muchas pruebas porque no sabían que le ocurría, no tenía antecedentes de enfermedades y eso hacía más difícil pensar que era una sobredosis de un medicamento, le preguntaron a Leire, ya que ella lo conocía mejor que nadie, si ella sabía si él consumía alguna droga, a lo que ella contestó que no.

Más tarde ese mismo día, los exámenes practicados en David, arrojaron niveles altos de Ritrovil, un medicamento anticonvulsivo pero que en personas normales podía ser nocivo, ahora imagínense en niveles muy elevados, eso era lo mismo que dejarlo en peligro de graves secuelas neuronales o peor aún, la muerte.

Ahora la duda era como David había conseguido ese medicamento, si alguien se lo había dado y también importante, porque lo había hecho.

Ahora sólo quedaba esperar a que David reaccionara del coma para saber que le esperaba.

Leire no podía hacer nada ya en el hospital, sólo retirarse a su casa y seguir pensando que más haría, le quedaba alguien para jugarle una broma y ese sería el fin de su venganza, sabía que ese sujeto tendría que pagar aún más por lo que hizo, por no dirigirse directamente a ella a contarle lo que le quería hacer David, por no hacer nada para detenerlo, una cosa era que a ella no le cayera bien pero otra muy diferente era que dejara que algo así pasara, como lo que le había ocurrido a ella.

La parte uno de su plan estaba en marcha con su mejor amigo en el hospital, ahora sólo quedaba que las investigaciones comenzaran en la escuela, Leire sabía que los demás estudiantes empezarían a hablar entre ellos y porque no, a echarle la culpa a ese sujeto extraño que se acercó justo antes de que todo empezara. El mismo que se encontraba cubierto con una sudadera y gorro de color negro aquel día, ese debería de pagar también.

Ese día, Leire volvió a enviar un mensaje de texto a aquel sujeto, esta vez diciendo que debía de acudir al hospital porque David había reaccionado y quería hablar con él, cosa que obviamente, no era cierta, David continuaba peleando entre la vida y la muerte.

Era el momento indicado para ella, sabía que nadie iba a desconfiar de una chica ciega, la dejarían a solas con su mejor amigo, eso lo tenía muy en mente. Nadie le reviso sus cosas, no se preocupan por que pudiera meter a la habitación del hospital y ahí estaba ella, frente a su amigo inconsciente con una pequeña jeringa.
Sabía que tenía unos pocos minutos antes de que aquel chico llegara, eso sería lo que ella necesitaba para culparlo por completo de lo que pasara con David, se colocó unos guantes quirúrgicos y se dirigió a la parte inferior de la cama y le descubrió uno de sus pies, jaló la ámpula y la llenó de aire, eso bastaría para terminarlo.

Terminó de inyectar el contenido de la jeringa entre los dedos del pie y tiró la jeringa cerca de la entrada de la habitación y se retiró al baño, permaneció ahí, vigilando a que llegara el otro chico para entonces continuar con su plan.

Lo vio llegar y meterse a la habitación de su amigo y se dirigió hacia allá, aunque esta vez se movió cerca de una enfermera que iba pasando e hizo como que se tropezaba para que ésta la ayudara a llegar a la habitación de David, al entrar lo que vieron le dio mucha felicidad a Leire, el otro chico se encontraba con la jeringa en la mano y la enfermera rápidamente gritó a seguridad. Leire no sabía que decir, aparentó sentirse aturdida y no saber que estaba pasando.

El chico tímido fue encontrado con el arma que acababa de terminar con la vida de su amigo David, eso y además de que los testigos revelaron que lo había visto muy cerca de su comida en la prepa y ahora en el hospital con la jeringa, entonces, él debería de ser el culpable.

Nadie sabía porque lo había hecho, tal vez era porque estaba celoso de que David era popular y él no, tal vez ese chico también era el culpable de lo que le había pasado a Leire.

Nadie nunca sabría la verdad y eso tenía en claro Leire.

Nunca nadie sabría que ella había sido la causante de estos acontecimientos y que lo había hecho por venganza de lo que David le había hecho y José porque no hizo nada más por evitarlo.


Participante 0002 – Ricardo Barboza Díaz.

sábado, 22 de marzo de 2014

Escrito 0002 – El Pintor


I
EL LAGO

El pintor
En los bosques profundos de mi ciudad natal, más hacia el sur, existe un claro, donde no hay carretera por la que conducir, donde los animales evitan llegar, se encuentra un lago tranquilo y apacible. El área alrededor de él es pantanosa incluso en el más cálido de los días de verano, sin embargo, ni solo una vez he encontrado alguna rana allí o algún sonido pude haber escuchado en esa parte de la tierra fangosa. No se puede ver el lago desde arriba o desde cualquiera de las colinas cercanas. Los árboles que llevan al lugar son muchos y una niebla siempre los cubre místicamente, oscureciendo la vista y nublándola, como si se gobernará por una corriente que no pertenece a ningún viento desde cualquier punto de cualquier mapa.

Para encontrar este cuerpo tan hermoso de agua se tiene que seguir el bosque caminando hasta el momento en que se comienza a adelgazar el follaje y sin darte cuenta, tropezarás entre las raíces podridas de corteza y las hojas secas, llegarás a un punto en el que, paso a paso, el agua turbia se eleva hasta las rodillas. El musgo y líquenes muertos, así como la arena te harán dudar si aún sigues en el mismo lugar donde comenzaste, seguirás hasta que percibas la transparencia fría e inmóvil de un lugar donde nada crece y no lo ha hecho, quién sabe por cuánto tiempo.

Sentirás el barro que se encuentra bajo tus pies como si traspasara entre tus dedos y en el momento que sientas esto, sabrás que estás a punto de llegar, observarás como el espeluznante pantano que se posaba en medio de aquel bosque se va haciendo cada vez más claro y tomando la consistencia de un agua tan pura y hermosa, así como profundamente aterradora. Has llegado al lago.

Para cuando llegues a su orilla, verás cómo pareciera que caes abruptamente en el negro de la profundidad de una pupila pero sabrás que no es un ojo lo que estás viendo, aunque sentirás como te observa. Tendrás la seguridad que este lugar es más viejo en comparación con la misma aparición del hombre, aunque no haya ningún registro de esto puesto que nadie nunca ha estado ahí antes.

El lago está lleno de contradicciones como esta. Suena tranquilo y acogedor, pero sin embargo, te hace señas una vez que llegas a lo más profundo, escuchas estruendos como si estuvieran moliendo piedras o si te encontraras en medio de un terremoto de un par de minutos, otra manera en la que te engaña haciéndote sentir tranquilo y a salvo. Volteas arriba de ti y ves que lo que se encuentra ahí contrasta con la oscuridad de abajo como si te encontraras al fondo de un precipicio.

Vuelves a voltear hacia arriba y ves que hay una suave brisa que hace girar la niebla que habías visto cuando te dirigías aquí aunque no sientes el viento como si se encontrara solo suspendido, respiras profundo y lo único que sientes en tu nariz es el hermoso olor a bosque.

Creo que fue exactamente aquí donde alguna vez morí y no me refiero físicamente.

No sé cómo sucedió, y sólo me puedo preguntar cómo fue que encontré el lago en primer lugar. Creo recordar una figura que me llevaba a ella, pero no recuerdo su forma, o más bien, no puedo verla con claridad, aunque no recuerdo mucho. A veces me veo a mí mismo caminando por las orillas del lago como si me encontrara en un sueño.

Recuerdo lo empapada que había estado esa noche, perdido en el bosque cercano, sin recuerdo de cómo había llegado allí. Esperé hasta la mañana, para no perderme en los acres de aquel espeso bosque. Esa noche no pude dormir nada en absoluto, aunque permanecí con los ojos cerrados y no fue por miedo que los mantenía cerrados, al cerrarlos sentía que podía ver algo más allá de lo que me era visible, algo dentro del lago, todavía puedo ver algo desde el interior del lago, una presencia, pero no estoy seguro si eso alguna vez lo soñé o si pasó realmente, aunque el sentimiento de muerte nunca me ha dejado.

No he estado en el lago desde entonces.

Sin embargo, es todo en lo que puedo pensar en los últimos años. Su influencia es evidente en todas mis obras. Se mantiene en todo lo que puedo pintar y todo lo que puedo soñar. Me gustaría volver allí y, al mismo tiempo, tengo temor de volver a verlo. 

El recuerdo me llena de horror que apenas puedo describir como era. Me ahorro el lienzo para plasmar como es que era porque no sé cómo expresarlo. Y eso que no puedo recordar por qué temo a su imagen y siento la sensación de terror aún más profunda y singular.

Por un momento, pienso en el sueño que tuve de él la noche anterior, cuando una voz volvió a encauzar mi atención en él y concentre mi decisión de continuar la tarea que tenía en cuestión. Pintar.

II
EL PINTOR

Creo que te he inundado de muchas cosas en las cuales pensar y me doy cuenta de que ya te he contado mucho de ese lugar tan extraño pero me he saltado una cosa un tanto importante, no te he dicho quién soy yo.

¡Hola! Mucho gusto en conocerte, mi nombre es Alonso, no te diré mi nombre completo porque no pienso que sea importante para ti en estos momentos, soy un pintor un poco reconocido de donde soy originario aunque si conocieras todo mi trabajo sé que no entenderías esto.

La mayoría de la gente me conoce por otras circunstancias de las que no me siento muy orgulloso.

Hoy fue un día como tantos que he vivido antes, me encuentro en mi estudio, sostengo el pincel perezosamente en la mano izquierda, listo para el golpe final en mi pintura. Aún no es una obra maestra de ninguna manera, pero lo será.

La iluminación en mi estudio es sepulcral, la bombilla blandengue por encima de mí, tan débil que apenas se puede distinguir una sombra de color de otro en el lienzo frente a mí.

"¿Ya está?" Ella me pregunta desde la oscuridad en la que sólo puedo distinguir las líneas de su forma.

"Ya casi, querida", le devolví la sonrisa.

Ella es un poco impaciente y sabe lo que "casi" significa. Se levantó de la silla y golpeó el interruptor de la luz y luego caminó para examinar su pintura. Las baldosas de madera crujieron bajo sus pies.

La luz reveló una amplia habitación. Un caos desorganizado de las obras a medio terminar y lienzos vacíos apoyados contra las paredes con algunas latas de pintura en el suelo, algunas de los cuales se encontraban derramadas, algunas todavía sin abrir. Sobre todo, un olor como si alguien hubiera estado pintando las paredes.

Deje entrever una pequeña sonrisa mientras giraba el lienzo al rostro de ella para que pudiera ver lo que se suponía ser su retrato. La había pintado en un atrevimiento.

“¿Todavía me amas?”, Me había preguntado al principio del día.

“Por supuesto que sí”, le dije. “Sueño contigo, podría pintar tu rostro en la oscuridad” dice jactándome.

La vi mientras ella miraba fijamente el lienzo, no puedo decir si a ella le gustaba la pintura o no.

"Ahí está de nuevo", espetó. "Pero por lo menos has pintado algo más que ese lago".

"¿No te gusta?" Le pregunté.

"Yo no he dicho eso", dijo con el tono más débil de admiración. "Pero está allí de nuevo".

"Tú eres una inspiración para mí, lo sabes," le dije. Pero ella no me creyó. ¿Cómo podría, cuando todo lo que pinto es un maldito cuerpo de agua en el bosque?

Puedo decir fácilmente que mis trabajos no son los mejor. Sin embargo, las pinturas parecían haberme dado la impresión suficiente de que la gente podría comprar algunas de ellas.

Los compradores son en su mayoría hombres extraños que me llenan de una sensación de que mis obras son más importantes para ellos que para mí y eso que yo las hice. Creo que es mejor así, ahora solo si mi querida esposa pudiera verlo de esa manera. Ella odia esas pinturas. Ella, por supuesto, no me lo va a decir y no puedo culparla. Nunca uso colores agradables o muestro imágenes alegres. En cambio, hay siempre una sugerente composición de horror innombrable y distante que no puede ser pintada, sin embargo, siempre se relacionan al espectador a través de algún tono al contemplar el lienzo.

Hay una peculiaridad en todos mis trabajos. Mi esposa me ​​había señalado la existencia de él de nuevo, ya que ha logrado manifestarse incluso mientras dibujaba un retrato de su exquisito rostro.

Es una entidad de propósito desconocido. Siempre se roba la manera en que mis toques de color son utilizados.

Nunca recuerdo pintar la figura en mis imágenes, haciendo que se sienta casi como si lo que ocurre entre los trazos de pincel es solamente accidental. Aunque no es en realidad una figura, sino un esquema de algo, una silueta sombría de una persona encorvada o inclinada… Alguien. E impresiona la porquería que hay en mí.

"Apuesto a que si yo pudiera ver tu cara mientras pintas", dijo ella, "me daría cuenta de cuando estás pintando esa cosa".

"Podemos intentarlo de nuevo, si quieres," le dije. "Esta vez con la luz encendida".

Ella accede así que tomo un lienzo vacío para reemplazar el que tenía en el caballete.

Dejé la luz principal de la habitación encendida y pronto sentí como mi mente dolorida luchaba para relacionar el lugar que contemplaba a mi alrededor sobre el pequeño espacio en blanco delante de mí. Empecé a distraerme de la luz para centrarme más en lo que veía y no en lo que me hacía sentir esa escena. Cada trazo parece más real y representa un mayor detalle a lo que estoy viendo, me doy cuenta que por un momento comienzo a abandonar mi estilo habitual de una realidad un tanto de otra dimensión, mientras mis abstracciones sutiles son reemplazadas por una meticulosa atención de los detalles. Pinto cada hebra de cabello de Alma, cada hoyuelo de su hermoso rostro y todas las sutilezas de su belleza, mientras sus ojos son pintados con un carácter más tangible a mi propia vista, incluso el hecho de que uno de sus párpados permanece siempre un poco más abierto que el otro es pintado de esa manera, un hecho muy especial que no le agrada de sí misma pero que a mí siempre me ha encantado. Miro esos ojos azules por un momento y de repente me doy cuenta de que se ha ido. Ahora se encuentran de pie delante de mí, ella me está sacudiendo de los hombros, yo continúo sosteniendo el pincel, que deja trazos de un color rojo oscuro sobre la pieza aún no acabada.

Parpadeo. Paso saliva. Ella me está diciendo algo, pero no puedo oírla con claridad. La primera cosa que noto es la mirada de preocupación en su rostro, entonces me centro en la pintura. Su voz se abre paso en mi visión mientras grita: “¡Alonso!, ¡Basta!, ¡Sal de la pintura!”. Me centro un poco más en su mirada para notar la preocupación en su semblante, una expresión de terror.

“¡Deberías haber visto tu cara!, ¿Qué pasó?”                                 

"¿Qué quieres decir? Estaba pintando", le digo.

Es difícil para mí describir el horror en su voz, y supongo que es porque debo haber visto los ojos de esa cosa en la pintura antes de plasmarlo en su imagen en el lienzo, la imagen que espera en el caballete por mí.

Y no es hasta que ella se da vuelta para ver lo que mis pinceladas han creado, que cae en un desmayo y no se levanta.

Quemo el lienzo sin terminar en una fogata detrás de la casa mientras veo el humo negro girando con la ardiente temperatura de un día de verano.

La inclinación del sol en esta parte de la ciudad ilumina el borde del bosque y la cima con un verde brillante y sutil. Hay un crujido de leña en la fogata al mismo tiempo que escucho el canto de los pájaros.

Pienso en lo que me pasó hace tantos años, como lo he hecho innumerables veces antes. 

Tal vez en realidad me había desmayado - al igual que ella hoy - y había caído en el lago antes. Pero entonces, ¿cómo salgo de ahí?

Los cambios imprevistos del viento que sopla hacen que la ceniza caiga en mi cara haciendo que lo que pasó después sea más cuestionable. No puedo decir si lo que vi era real, ya que fácilmente pudo haber sido algo provocado por el roce repentino de aquel residuo en mis ojos. Me quedo allí de pie por un momento y sólo un momento, detrás, en los árboles, una figura cubierta por la oscuridad pude contemplar antes que se alejara sin hacer un sonido.

Sé que he visto esa figura antes y cado uno de mis nervios me impulsa a seguirla, a pesar del miedo intenso que siento dentro de mí. Siento como la piel se me eriza, aunque también una atracción, como una necesidad de escapar cuando quieres ver el sol después de que ha llovido por una semana entera. Pero no voy. Prefiero volver para ver cómo sigue mi esposa. Ella sigue siendo muy querida para mí como para dejarla desatendida.

Dejo el olor a madera quemada detrás y encuentro a Alma todavía en la cama, inconsciente como cuando la dejé antes de salir de la casa. Mojo las yemas de mis dedos y salpico con pequeñas gotas su rostro, despierta de un sobresalto mientras grita algo completamente incoherente.

"¿Estás bien?" Le pregunto. Ella claramente no lo está, se encuentra jadeando y sudando, con los ojos precipitándose a todas direcciones, como buscando un enemigo oculto. No sé qué más preguntarle.

"¡Dime que lo has quemado!" Ella exige. "¡Dime que se ha ido!"

"Lo hice", le digo apaciblemente.

"¿Lo viste quemarse?, ¿Has visto cómo se quemó?"

"No exactamente, regresé aquí mientras se quemaba”

Ella se levantó y corrió tan a prisa que casi no pude seguirla. Bajó corriendo las escaleras para dirigirse a la cocina donde se encuentra la puerta, la abre y sale al patio trasero que limitaba al bosque de robles y hayas. Ella miró hacía donde se encontraba la fogata, miró la hierba quemada y se desplomó de rodillas ante el pasto. Nunca la había visto así.

"¿Qué pasa?" Le pregunto.

Ella no responde, mientras yo veo por encima lo que queda del fuego. El lienzo ha desaparecido y hay evidencia de que derramaron agua sobre las llamas para apagarlo.

Ella se levanta y me mira a los ojos, "Prométeme que nunca vas a pintar ese lago de nuevo" me dice. "¡Por favor, promételo, Alonso!"

"Supongo que..." tartamudeo mis primeras palabras a continuación, asiento. “Lo prometo".

III
LA VOZ

Deseo describir el horror que había representado, inconscientemente con mi pincel, en la pintura que traté de quemar, pero no quiero pensar en eso ya, y sin embargo... Ahí queda algo en esa cara que aún me llama.

Pasamos el resto del día en silencio, mirando películas y tratando de desconectar nuestras mentes de lo que había sucedido. Nos quedamos dormidos en algún momento de la tarde/noche acurrucados en el sofá.

Me desperté con el sonido de un susurro. Mirando alrededor no puedo encontrar a Alma con la mirada, hasta que al filo de mi hombro escucho el sonido de su voz susurrándome. Me congelo. La calidad amenazante y la tonalidad de su voz hacen que comience a sudar

"¿Alma?"

No hubo respuesta.

"Alma", grité y los susurros se detuvieron, fueron sustituidos por un silencio sepulcral. Sólo pude escuchar el canto de los grillos y en algún lugar a la distancia, hay un ulular de un búho.

Habría estado contento de ponerme de pie y buscarla alrededor en silencio, pero lo que sucedió después puso mi mente al borde de la paranoia más que lo que el silencio jamás podría. El susurro volvió a sonar. No es como mi esposa solía susurrarme y más aún, ¿por qué no contestaba a mi llamado?

Me levanté del sofá con cierta torpeza debido a la oscuridad.

Me sorprende cómo todavía puedo olvidar donde se encuentra precisamente el interruptor de la luz.

La iluminación debería poner algo de orden y sentido al mundo a mí alrededor, creí, mientras la encendía.

Enfoqué la vista para descubrir que la habitación se encontraba vacía, la televisión estaba apagada, sentí una pequeña brisa, misma que fue aún más percibida por el sudor que tenía en la frente, giré solo para darme cuenta que al fondo, la puerta trasera se encontraba abierta. Me estremecí en el frío de la noche y seguí ese sonido. Caminé un rato mientras el roce suave de la hierba era sentido entre los dedos de mis pies descalzos.

Descubrí que me encontraba perdido al borde del bosque. Me encuentro temblando ahora porque la tonalidad de la voz ha cambiado o tal vez, simplemente había recuperado su sutil maldad.

Aquel murmullo no se calló del todo. Sé que hay algo allá afuera. Puedo verlo en movimiento como una cortina oscura bajo la mirada de la luna. Doy un paso adelante hacia la locura, es algo inexplicable,  me lleva y se convierte en una necesidad casi física. Mis pies siguen, algo tira de mi mente y sé que es algo que tengo que satisfacer. Me detendría, pero soy incapaz de resistir a ese deseo de seguir. Esa voz es como el lago, una vez que lo conocí no lo conocía, todavía desconocía sus matices de extrañeza y peculiaridad.

Me encuentro perdido en un señuelo.

Después de un indeterminado tiempo, tengo la sensación de que ya no estoy siguiendo la voz, pero continúa caminando detrás de los árboles, detrás de mí. Voy entre el delgado bosque, miro por encima de mis hombros y puedo ver los altos pinos y la luminosa niebla sobre ellos. No recuerdo que fuera así, pero entonces otra vez, no pienso que se hubiera visto así aquella noche. El velo de humedad se movía a través de los rayos de la luna y entonces reúno el valor para gritar de nuevo.

“¿Alma?” Todavía esperaba que ella pudiera contestarme, pero no hay nada y la forma  negra desaparece en la niebla. Doy otro paso cuando algo me agarra por detrás y me gira.

"¡Alonso!, ¿Qué demonios pasa?" Ella me gritó. "¿Qué estás haciendo, te he estado hablando y no te has detenido?" Ella me explica todo esto entre respiraciones privadas de aliento. "¡No sabía que podrías correr tan rápido!"
"¿Estaba corriendo?", creo eso era lo más extraño de todo porque no me sentí lo más mínimo cansado.

"¿Qué estás haciendo?", Me preguntó de nuevo.
"Ahí está", le digo y me vuelvo.

"¿El qué?" La preocupación se cernió sobre su cara.

"Es el..." mis palabras estaban atrapadas en mi garganta. La niebla se había ido y los árboles permanecían espesos alrededor, como siempre. Había un sonido distante de un molino de agua y un olor a madera húmeda. Al principio simplemente la miraba preguntándome que le iba a decir. ¿Debería siquiera explicar algo? No me atrevo a mencionarle aquel sonido, ella pensaría que he perdido la cordura. Ella no habló y pasé el mes siguiente tratando de convencerla de que no estaba loco.

IV
NORMALIDAD

Esa noche fue bastante rara y lo sé porque la recuerdo con tanta claridad, cosa que es rara en mí, recordar.

Ella me dijo más tarde que había ido a la ciudad para conseguir algo de comida para poder irnos de fin de semana juntos y olvidar el mal rato que habíamos pasado. Que cuando acababa de regresar se dio cuenta de que, dando tumbos me dirigía hacia el bosque.

No tenía ni idea de qué decir a tales argumentos, solo escuchaba silenciosamente lo que tenía para contarme.

Después de que yo le conté lo que había pasado, el desconcierto halló el camino en su cara y se quedó allí durante el mes restante.

Más tarde se regresó a como era antes, a como había sido en estos años que llevamos juntos y yo, bueno yo estaba de vuelta en mi antiguo yo, fuera lo que fuese lo que esto significara.

Así estuvimos un par de meses, con una felicidad y armonía hueca, ambos sabíamos que algo extraño pasaba cerca de los límites de la propiedad pero aun así no podíamos expresarlo como lo pensábamos.

Cierto día y tras otro sueño extraño que acababa de tener, decidí matar el silencio que sentía acerca del tema y le exterioricé que deberíamos ir a buscar este lago que tanto significaba para mi mente que no lo podía dejar desde hacía mucho tiempo. Yo seguía con esa idea.

Le explique todas las razones que había maquinado durante estos meses de sosiego, le exprese los pros y contras de mis acciones pasadas y de las futuras. Ella espero en silencio como si se encontrara deliberando lo que sería su veredicto.

Después que yo había callado al fin, ella me miró fijamente y parpadeó lentamente y pronunció unas pocas palabras muy sonriente y con tono pícaro.

"Al menos así lo veo también", dijo ella.

V
UNA CASA UN TANTO EXTRAÑA

A la mañana siguiente, temprano por cierto, nos comenzamos a preparar para dirigirnos al encuentro con ese lugar que tanto había intrigado nuestras vidas.

Duramos un largo tiempo caminando, no queríamos cansarnos rápido porque sabíamos que deberíamos ir tranquilos y observando muy bien el lugar, todos los detalles que nos pudieran dar algún indicio de lo que ese lugar era o de quien podría merodear este bosque.

Lo más sorprendente de todo fue que en lugar del lago, nos encontramos con una casa.

Primero vimos algo un poco más adelante en lo que parecía un pequeño claro. Los árboles se elevan muy por encima de ella, haciendo su techo casi imposible de distinguir a la sombra.

"¿Habías visto esto antes?", Me preguntó.

"Si la había visto no lo recuerdo", le dije.

No le gustó mi respuesta, nunca parece gustarle cuando no recuerdo algo, como si fuera extraño no poder recordar. Nos acercamos lo suficiente.

"¡Sé que este lugar!", Dijo en voz baja. "Tú la has pintado una vez también, ¿te acuerdas? Se lo vendiste a... ¿cómo se llamaba?"

"¡El chico de Alemania!, ¿te refieres a esa?" Le pregunté.

"Sí. ¿Cuál era su nombre?"

"Algo alemán, supongo".

Ella soltó una risa a medida que pasábamos el último árbol, el más cercado a aquella edificación. Sus paredes eran de piedra y casi pude sentir la edad que tenía la casa a cada palpitar de mi corazón de cada pieza de la pared. Era una casa simple, tan simple que me sorprendí que todavía estuviera en pie. Cada piedra gris de su construcción estaba en distintas etapas de ruina y estoy  casi seguro de que una fuerte brisa podría colapsar toda la casa en cualquier momento. No nos atrevimos a tocar nada. Los lados de la misma estaban cubiertos por una capa de musgo de bastante espesor que hacía que la chimenea apenas se distinguiera. Un árbol sobresalía desde el centro a través del gris techo de piedra.

"Ves esto, ¿no es así?" Le pregunte y su gesto me recordó a los que ella solía hacer años atrás cuando los dos nos conocimos en la universidad. Ambos estudiábamos antropología entonces, hasta que más tarde, decidí concentrarme en mi pintura. Habíamos sido inseparables desde entonces, sin embargo, a partir de aquella tarde me encuentro un poco cansado de ella. Algo había estado mal desde el día en que ella vio la cara en la pintura.

"Puedes ver la casa, ¿no?" Ella arqueó una ceja a mi pregunta.

"Por supuesto que la veo", dijo dando vueltas alrededor de la forma de una piedra. "¿Qué estás diciendo?"

"No importa".

Localizamos la entrada y pasamos a su interior. Me tomó un tiempo para acostumbrarme a la oscuridad ya que sólo había pequeños trozos de luz que perforaban a través de las grietas y aberturas de la piedra.

Decir que estoy sorprendido por lo que encontramos dentro sería un eufemismo de vastas proporciones.

Miré a Alma mientras se llenó de ese lugar, tratando de procesar lo que estaba ante ella. Yo sé lo que pasa en su mente, porque es lo mismo que siento. La escena no es nada especial en su composición, es más bien lo que implica que nos asustemos lo suficiente como para dar la vuelta y correr de la casa tan rápido como nos sea posible.

Yo había pintado tantas piezas del lago durante un período de siete años, que yo apenas recordaba a todos ellos. Pero sí recuerdo que no podía localizar a algunos de ellos. Pinté unos cuantos, pero lo que en ese momento me di cuenta fue que la mayor parte de los que nunca pude localizar en algún lugar, entre los montones de lienzos, los que desechaba o los que simplemente nunca termine, en aquella casa, contra las paredes y con pequeñas velas encendidas a manera de un raro ritual, se encontraban todas aquellas pinturas que creía desaparecidas. Peor aún, estaban terminados como alguna vez los imaginé. La figura que había pintado sobre ellos estaba ahí también, con un detalle mejorado hasta el punto en el que parecía aterradoramente realista. Quienquiera que lo hubiera hecho era un maestro, un pintor de un mayor calibre, sin duda uno mejor que yo. Aquellas formas parecían que podrían salir de los marcos y era esa misma idea la que me mantenía corriendo sin mirar atrás.

Cuando llegamos a nuestra casa, tome un poco de tiempo para recuperar el aliento, mientras compartimos miradas de inquietud. Después traté de convencer a Alma de que no era yo quien había hecho eso, ya que ella tenía la idea de que estaba jugándole una broma de mal gusto. Decía que si no lo hacía no me hablaría hasta que lo admitiera y le pidiera disculpa.

Pero lo que ella no sabía o tal vez no podía entender, es que yo me encontraba tan confundido como ella.

Ella empacó sus maletas a la mañana siguiente y se fue. Sin embargo, no se había ido muy lejos. La pude ver más allá del borde de la ciudad desde lo alto de la colina donde se encuentra nuestra casa. Se volvió llorando, asustada y desecha, mientras me dirigía a ella. Hablamos durante mucho tiempo, y en algún momento de ese tiempo, decidimos volver a casa juntos y hacer frente a la persona que había hecho esas pinturas.

"Pienso que deberíamos traer un arma con nosotros sólo para estar seguros", le dije. Pero no teníamos una, por lo que decidimos traer un cuchillo, uno para cada uno de nosotros.

Nos dirigimos al bosque cuidando nuestros pasos y para nuestra desgracia y una mayor confusión, nunca encontramos la casa de nuevo.

VI
¿CAMBIO DE CASA?

Es un mes después de aquellos acontecimientos extraordinarios. Después de una discusión sobre los sucesos, la venta de nuestra casa para mudarnos a otro lugar sonaba muy viable. Ya con la idea en mente, podíamos vender la casa y podríamos irnos a otro lugar, un nuevo lugar por conocer y así podernos olvidar de las cosas extrañas que nos rodeaban aquí.

Nos pusimos en contacto con una agente de bienes raíces, que era muy bien conocida en la localidad, para que viniera a evaluar nuestra propiedad. La señora era bastante agradable, una señora que me hacía recordar a mi madre que ya se encontraba muerta desde hacía muchos años, cuando yo era muy pequeño.

Ella velozmente consideró lo que podría valer nuestra propiedad y sin dudarlo mucho ofreció un precio, sin embargo nos pareció un tanto malo, aunque el precio algo justo dadas las circunstancias. Si bien contábamos con unas 50 hectáreas de tierra en total, la mayoría de ellas se encontraban invadidas por tramos  grandes de forestales y bajos arbustos que yo creí le daban una buena imagen a nuestra casa, bastante ecológica.

Esa noche cuando Aurora, nuestra agente de bienes raíces, se fue sonriente porque había hecho tal vez el trato de su vida, el que la llevaría al retiro prematuro. Mientras tanto, Alma y yo nos encontrábamos viendo como su carro se iba a toda velocidad por la carretera de tierra dejando detrás una ligera nube de polvo, fue que pasó.

En ese momento, escucho el ruido de un molino de agua, soy consiente instantáneamente de un sutil cambio en mi estado mental. Un temor se extiende dentro de mí. Es cuando veo que estoy contemplando la belleza del paso de una estación a otra que noto esa cosa. En el cielo azul oscuro de la noche que se avecina, veo un resplandor blanco, una forma elíptica. Algo que se posa por encima de los árboles. Inmóvil.

Dicen que cuando el tercer ojo se abre no hay diferencia entre lo que es ilusión y la realidad, porque reconoce que los dos son algo inseparable. Uno mismo. Estoy en un punto en el que me encuentro dispuesto a aceptar mi condición, que mi tercer ojo a pintado lo que veía en realidad. Tengo que creerlo porque la disyuntiva sería que me estoy volviendo loco. Aunque la creencia en sí implica una mentira. Y crees en una mentira hasta que es probada como una verdad y ya no la necesitas creer, porque ya lo sabes.

En este momento, no importa cuánto intenté pensar en algo más, algo razonable, sé que hay algo por encima de los árboles. Algo que no es de aquí, sino de algún otro lugar totalmente desconocido. No pasó mucho tiempo hasta que Alma me vio mirando y puso su mirada en la misma dirección también.

“¿Lo oyes?” le dije.

“Lo he oído antes, ¿qué diablos es eso?”

“¿Por qué no dijiste algo al respecto?”

“¿Por qué tú tampoco lo mencionaste?” respondió.

De pronto una revelación me conmocionó mientras me encontraba mirando aquella cosa. Comprendí la verdad, siempre la había pintado también. Pintado por encima del lago, una forma elíptica, negra, apenas perceptible por los pigmentos alrededor de ella.

El sonido que emite se transmitía como en un latido o zumbido y aún más fuerte y más inquietante que los propios sentidos del cuerpo.

Un trazo aparecía detrás de la forma como si se moviera desde las profundidades del bosque. Una especie de pirámide invertida.

VII
ENFRENTAR LOS TEMORES

Los dos dudamos por un momento, no te puedo decir si fue un momento bastantemente largo o un momento bastante corto. Lo que si te puedo decir es que fue un momento, el momento decisivo. Inmediatamente después compartimos una mirada. Yo salí corriendo hacia la casa para traernos unos abrigos y seguí a Alma dentro del bosque. La luz permanecía por delante, impregnando las copas de los árboles con su luz.

“Todo se está volviendo realidad, ¿no es así?” me preguntó.

“No estoy seguro a que te refieres” le dije, viendo mis pasos y aplastando unas pequeñas ramas bajo mis pies.

“Siempre me has dicho que, en lo que pensamos, nos convertimos. Has pensado en esto por casi diez años y ahora por fin se hace realidad”.

“No creo que pueda manifestar algo como esto” le dije.

“¿Y que si sí?”

No dije nada. Había algo en el aire. Algo totalmente nuevo y sin embargo familiar, como si estuviera pisando las primeras capas de nieve desde su caída.

La noche se había vuelto fría y nuestros alientos exhalaban niebla tras nosotros.

“Te quedarás a mi lado, ¿verdad?” finalmente le pregunte, asustado de mi propia mente, aún caminando y siguiendo el recorrido de la luz. Su voz me hacía desear poder ver su rostro en la oscuridad.

“Quiero despertar a tu lado” dijo ella, “nunca nada va a cambiar, quiero oler y sentir tu presencia en la mañana, no te dejaré a la deriva, Alonso. Nunca”

De repente me llego la intensa necesidad de confesar todo mi amor por ella y despedirme al mismo tiempo. Como si supiera que sería nuestra última pista para encontrar a esa bruja ilusoria de exasperaba mi cordura.

Una parte de mi me dice que no cunda el pánico, mientras otra me dice que ella morirá hoy. Mis rodillas tiemblan solo por el pensamiento.

“Tú sigues siendo todo lo que pienso, incluso cuando lo que pinto es algo diferente” empecé a decir permitiendo que mis palabras se me escaparan.

“Cuando la luna se pone, eres todo lo que deseo tener hasta el día en que muera”, hice una pausa, “y aun cuando muramos, te encontraré detrás de las nubes”

Ella se encontraba a mi lado en la oscuridad, casi imperceptible, tomó mi mano de una manera muy firme casi dolorosa y me condujo hacia adelante.

“Desde que lo pintaste en mi retrato”, ella dijo, “ha estado en mis sueños y no sé por qué”

No dijimos nada más. Tropezamos entre los árboles grises hasta que nuestras mentes fueron sacudidas por algo que se movía delante.

Creo que para describir realmente el horror de su aspecto me vería obligado a descubrir nuevas palabras bastante fuera del vocabulario humano. La imposibilidad de eso me hace darme cuenta de lo que realmente estoy haciendo. La niebla se espesaba por delante, aparentemente luminiscente a como la luna se lo permitía, pero extrañamente más que ella. Siento una fría humedad entre los dedos de mis pies como si se filtrara a través de la tela de mis zapatos y cada paso nuestro es un húmedo chapotear.

“Jodido infierno” digo.

“Sssshh” Alma me calla,  cuando el sonido de arriba comienza a disminuir en calma y el oscilante zumbido empieza a desaparecer.

Me doy cuenta de que no tengo idea de cuánto tiempo hemos estado caminando agarrados de la mano.

Se forma una cosa sobre el precipicio que se encontraba justo frente nosotros, como la de mi visión, una alteración de sombra que no sabe qué forma va a tomar esta vez. Casi tan cansado como mis recuerdos, como mis pensamientos y mi amor por ella.

Esas sensaciones se apresuraron dentro de mí.

De esos días en los que siento todo a la vez y esos momentos en los que no siento nada en absoluto, convergen en un solo instante en que me encuentro paralizado por el miedo.

Ella me jala más profundamente en el lodo. El agua se levanta lentamente hasta nuestras rodillas y la luz por encima de nosotros nos sigue a cada movimiento. Veo como mi mente ha estado desarrollando todo esto pero ahora ha llegado más allá. No me atrevo a intentar detenerla por la total imposibilidad de que me ordene permanecer en este lugar.

“No, estoy asustado”, lo admito para ella.

“Yo también”, dice ella y nos detenemos.

“Volvamos, no puedo aguantar esto ya”

Soy yo quien va delante ahora, más allá del agua mientras se convierte en  ese negro ojo, está delante de mí y aún no sé de qué se trata precisamente  pero está al borde del infinito lago. En ese borde donde un sonido de algo por debajo del bosque y del mismo lago, algo como un latido de la tierra, pero que más bien proviene desde el mismo infierno, ese latido que también se escucha por encima, en el cielo, veo la elipse de algo que baja oscilando hacia el lago, cegándome con su luz y convirtiéndose en vapor, llenando toda la zona con niebla y dejando atrás de sí un agujero más oscuro que el mismo universo. Hay silencio. Luego una lluvia de todo a la vez en una gran ola que se estrella con la cresta de los árboles y las rocas. Lava la suciedad y el barro, así como la niebla de la confusión que nos rodeaba.

VIII
AL FIN ABRO LOS OJOS

El sonido de la fatalidad me envuelve, me arroja como si me pierdo en un lugar donde todas las dimensiones se disuelven para conformarse en una sola. Me encuentro tumbado en el suelo sin tener la posibilidad de poderme mover. Y ahí, solo ahí es que por fin me doy cuenta de lo que realmente es, esa cosa es un espíritu que solo busca satisfacer su mezquindad y quiere poseer lo que por tantos años ha sido solo mío. Aun no logro entender por qué me utilizó, porque es que utilizó mis pinturas para llegar a su resolución final, no puedo entender porque me aterrorizó desde tantos años atrás y más aún, como es que la conoció a ella. Supongo que solo fue porque de alguna manera siente celos de mí, por lo que yo tenía y siempre quiso tener.

Despierto al sonido de su respiración entrecortada y el canto de los pájaros. Hay un dolor punzante en mi cráneo. Un rojo cálido se despliega hacia abajo húmedamente hacia el suelo. Estamos empapados. Aunque ella se encuentra inconsciente, sé que esa cosa, sea lo que sea, la quiere a ella. Yo solo he sido un señuelo y me acabo de dar cuenta, porque en el momento que ella quiso volver pasó lo que pasó, me ha utilizado para que se la trajera pero nunca la dejaré, no permitiré que le pase nada a ella, esto me ha hecho pensar que no puedo abandonarla, ella es solo mía y no dejaré nunca que se quede con ella, no dejare que eso pase, antes prefiero cualquier otra cosa…

Lo hice y no me arrepiento de nada.

IX
DESPEDIDA

Este día sé que algo ha pasado, ilusión y realidad. Sé que un día mi mente lo comprenderá o tal vez no. Si ella está detrás de la nube sé que un día su mente lo entenderá también. Pero ese día no es hoy. Un día hablaremos de esto, cuando estemos juntos de nuevo. Este día solo deseo que todas estas cosas sucedan cuando no esté aquí. Ese día lo espero con ansias. Sin embargo, ese día la esperanza florecerá y podría comenzar como el día de hoy. Porque hoy es un día hermoso. Hermoso como para morir.

Nunca han encontrado ese lago de nuevo y la verdad es que me alegro de eso, no le desearía eso a nadie. Morir y no morir. Salimos de ese lago, al menos físicamente, pero nunca lo pudimos dejar atrás.

El día de hoy, solo quiero expresarte que siempre te amaré y que espero tener la posibilidad de poder encontrarte ahí, detrás de esa nube donde dijimos que estaríamos juntos otra vez después de que nuestros cuerpos mortales dejaran de respirar.

Hoy solo sé que te veré muy pronto.

Participante 0002 – Ricardo Barboza Díaz