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miércoles, 11 de abril de 2018

Escrito 0009 - El hombre sin empatía

Escrito 0009 - El hombre sin empatía - Pablo Correa Urquiza

Todo comenzó como si fuera una película de superhéroes, no, no soy de Krypton, no, no me picó una araña radiactiva y no, no soy el caballero de la noche. Mi súper poder o maldición, es que la gente me lee la mente, no yo a ellos, ellos a mí ¿Por qué pienso que es una maldición? Es más simple de lo que parece, la gente se ofende conmigo porque sabe todo lo que pienso. Uno piensa muchas cosas y en el pensamiento no hay filtros, discrimina, maldice y piensa cosas indecorosas y eso debería quedar en uno, y a mí me pasa todo lo contrario. Le pido a la gente que se guie por mis palabras y mis actos, pero no me hacen caso, es difícil ser yo, por eso escribo esta emancipación de mi poder.

Cuando tenía nueve años murió mi Madre, delante de mí de un ataque al corazón a causa de una enfermedad terminal y eso me traumo de por vida, estuve encerrado en mi habitación por cuatro meses, con depresión y sin dejar entrar y ni hablar con nadie, me auto-Psicoanalicé, rompí las paredes de mi inconsciente y llegué a lo más profundo de mi ser, pero para eso tuve que destruirme a mí mismo y con eso perdí la empatía para con los demás. Al tener acceso a mi inconsciente mi cerebro funcionaba como una computadora, memoria ideática y sin recuerdos reprimidos. Podía leer varios libros por día y recordar cada palabra de ellos de principio a fin, todo eso me llevo a ser el mejor detective del mundo, nunca me interesaron los casos ni las personas, me interesaban los acertijos y sobre todo resolverlos.

Mi relación con mi Padre era muy distante, yo era incapaz de amar y él siempre me culpo por la muerte de Esther, mi Madre. Él siempre me decía: Francisco, lo único que tenías que hacer era cuidar de tu Madre. Él había ido a comprar unos medicamentos y me dejo solo con ella por dos horas, una responsabilidad muy grande para alguien de mi edad. Mi primer caso fue cuando lo asesinaron, tenía problemas de juego y lo primero que pensé fue que lo habían matado por una deuda, pero estaba equivocado, después de eliminar una a una las diferentes teorías, llegué a la verdad, reuní las evidencias y las llevé a la policía, resolví mi primer caso a los doce años. Resulto ser al final un caso de celos y de infidelidades, como decía mi detective ficticio favorito, Sherlock Holmes: una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.

Seguí resolviendo casos en el anonimato hasta que cumplí la mayoría de edad, (ya que los detectives me habían prohibido volver a pisar la comisaria) abrí mi negocio de investigaciones, más que nada por los acertijos y porque tenía que comer.

Pasaron los años y los acertijos me tenían entretenido, los clientes me odiaban por mi maldición y por mi forma directa e inhumana de ser, pero seguía resolviendo los casos. El perfume invadió mi oficina y me saco de mis pensamientos más profundos, unos ruidos de tacón me irritaron en demasía y unos golpes a mi puerta terminaron de enojarme, gritando dije:

—¿Quién carajos es?

—Soy la señora Martha Gutiérrez, tenía una cita a las quince horas.

—Son las catorce y cincuenta y siete— exclamé.

—Por eso, puntual— dijo y parecía estar perdiendo la paciencia.

—¿Puntual? Faltan dos minutos y treinta y siete segundos para ser puntual— le repliqué.

—Perdone por la impuntualidad, ¿puedo pasar? — repuso resignada.

Solo si se ve como huele, pensé y por supuesto ella lo leyó.

—Me dijeron de su don, pero no que era un maleducado— dijo indignada.

—Le pido que solo atienda a lo que digo con mi boca, los pensamientos dejémoslos de lado si quiere que su caso se resuelva (o que mi acertijo sea descifrado, pensé).

Abrió la puerta y su carta de presentación invadió el ambiente, era una hermosa mujer de un metro ochenta de altura, pelo lacio negro azabache y grandes curvas, mis pensamientos no pudieron reprimirse y ella se sonrojo.

—Voy a ignorar esos pensamientos soeces, y voy a ir directo al grano, mi marido me engaña y quiero atraparlo con las manos en la masa.

—Un caso de infidelidad, odio esos casos, acaso cree que soy un cadete, que voy a seguir a su marido por todos lados— Odio estos casos porque por un caso así mataron a mi Padre, pensé y me sorprendí pensando en alguien además de mí.

—Lo siento si le hace acordar a su Padre, pero hay mucho dinero en juego. Si lo descubro en una infidelidad se rompería el contrato prenupcial y tendría que darme el cincuenta por ciento de su dinero actual y no el cincuenta de lo que acumulo mientras estuvimos casados.

—Y la pregunta obvia seria: ¿Hace cuánto que están casados? — le pregunté sin demasiado interés.

—Dos años, así que si le encuentra un amorío su recompensa sería muy jugosa— respondió mordiéndose los labios.

Utiliza sus encantos para intentar convencerme, pero es inútil, el dinero ya es suficiente aliciente, pensé.

—Entonces acepta, perfecto este don suyo me ahorra muchos problemas—expresó con entusiasmo.

A mí me los genera, pensé.

—Deme los datos que empiezo ahora mismo, pero antes hablemos de la biyuya, del dinero, usted me entiende— dije y le guiñé un ojo.

—Estoy dispuesta a pagarle su sueldo y cinco mil dólares si lo encuentra infraganti, obviamente con pruebas— dijo con firmeza.

—Por supuesto, soy un profesional, el mejor del rubro. Por algo vino a mí, pero duplique esa suma, está desesperada, nunca regale la leche si quiere vender la vaca.

—Dios mío, que hombre más soberbio y arrogante, está bien, acepto— me tendió la mano para estrechármela y me dijo:

—Sería un buen partido, es un hombre muy buen mozo, de ojos castaños con una mirada profunda e inteligente, lastima su personalidad tan distante y tan fría— dicho esto, se retiró sin que pudiera contestarle nada.

Una vez solo, me se senté en mi escritorio y empecé a ojear la carpeta que me había dejado Martha, Alberto Gutiérrez, cuarenta y cinco años, un metro ochenta de altura, pelo y ojos castaños, ciento ocho kilos, dueño de la cadena de farmacias “Farmasalud” con más de mil sucursales en todo el país, dueño de una fortuna incalculable.

Lo primero que hice fue investigarla a ella, para asegurarme de que no había nada raro y realmente fuera un caso de felonía, revise su Facebook, sus cuentas de e-mail, Instagram y Twitter y gracias a mis habilidades de Hacker logre ver sus mails y descubrí que ella también era infiel y con alguien menor, también descubrí su edad, unos treinta y siete años bien llevados, y su flamante amante de unos veintidós años de edad, su peluquero habitual. Quizá la razón principal era descubrir a su marido engañándola y así no perder en el divorcio su parte del dinero, este caso me olía mal desde el comienzo.

Al siguiente día lo espere afuera de su mansión, en Vicente López, al salir hacia su trabajo lo seguí y no me sorprendió que antes hiciera una parada, Alberto trabajaba como CEO en las oficinas de administración, pero primero paro en una de sus Farmacias, no la más cercana, una bastante alejada, en Villa Crespo. Estacione en un lugar estratégico y lo observe con los binoculares y conecte mi micrófono espía de larga distancia. Entro y saludo a todos y paro en uno de los puestos, donde atendía una mujer despampanante, rubia platinada y con grandes senos, tome unas fotografías y escuche que habían quedado para las catorce horas, anote y puse en marcha el auto. Los casos de espionaje nunca fueron mi fuerte, mi don podría jugarme en contra, así que siempre llevo mi distancia, (tengo que estar cerca y de frente a una persona para que pueda leerme) y además escucho música fuerte para distraer mi mente y no deschavarme. Subió a su Mercedes y lo seguí, al fin se dirigió hacia las oficinas que se encontraban en Vuelta de Obligado e Iberá, en Belgrano. Mientras esperaba que se hiciera la hora, investigue la empresa, y vi que las Farmacias estaban dando grandes ganancias gracias al nuevo contrato con “Prime Fármacos” y su nueva droga contra el Alzheimer. Una droga con la promesa de curar la enfermedad y “Farmasalud” era la única en el país en venderla, un monopolio que metía miedo y que inflaba su precio sin ningún tipo de control. Me hice pasar por un técnico en computadoras y me metí en su servidor, me instale en el café de enfrente, me pedí una lagrima y empecé a leer sus mails, los más interesantes fueron los que mantenía con el CEO de “Prime Fármacos”, Mark McCarthy, más de cien que leí en una hora, en ellos decía que el nuevo medicamento contra el Alzheimer, no funcionaba, daba indicios de mejora, pero al final aceleraba la enfermedad.

Los guarde en mi laptop como precaución, en ellos había más de un delito y varias estafas, un crápula, jugar con la salud de la gente, pensaría alguien a quien le importara un comino la gente, a mí, solo me importaba el dinero, ya que el acertijo parecía resuelto.

A la hora pautada salió a paso apresurado y tomo un taxi, (debía de sospechar algo o simplemente para no llamar la atención, con su flamante Mercedes Benz, negro). Se alejó de Capital Federal, tomo Panamericana Acceso Norte y fueron al hotel “Jardines de Babilonia”. Cumplí con mi trabajo, les tomé fotografías entrando y saliendo del hotel, en un solo día había ganado más de diez mil dólares, no podía creer mi suerte, pero nunca fue mi fuerte, la suerte...

Quede con Martha a la tarde siguiente, llegó como con la brisa y su perfume se apresuró en arribar, me levante y le abrí la puerta antes que bajara del ascensor, hermosa como siempre de rojo furioso y con un gran escote, otra vez no pude reprimir mis instintos y volvió a sonrojarse, esta vez lo dejo pasar, hasta ahora la mejor clienta en años, no me juzgaba, demasiado.

—Parece contento don Francisco, parece que encontró las pruebas que necesitaba— insinuó —Usted pidió al mejor, yo le doy lo mejor— Y me zampo un beso de lengua en la boca, que no me esperaba— y proseguí excitado:

—Cierre la puerta con llave, tengo unos minutos— me interrumpió enseguida y me dijo:

—No se apresure, solo fue una muestra de agradecimiento, ¿Tiene las fotos?

Se las di, me dio el dinero acordado y se retiró con prisa. Pero no todo fue color de rosa, me ganaron y era la primera vez que me pasaba. Al día siguiente revise mi laptop y no encontré los archivos de los mails de Alberto Gutiérrez y el CEO de “Prime Fármacos”, no estaban y habían sido copiados, me distrajo con el beso y me clono la computadora.

Me volví a deprimir como cuando murió mi Madre, solo que esta vez consulte un Psiquiatra y me medicó, deje de trabajar y me quede en mi apartamento durante meses sin hablar con nadie. Resulto ser un milagro, la medicación de alguna manera bloqueo mi mal, y la gente ya no me leía la mente, me había emancipado de mi pesar, poco a poco volví a la normalidad y un día cuando decidí volver a trabajar, debajo de la puerta había un sobre rojo con el inconfundible perfume de Martha, en la carta me decía que ella era la Moriarty de mi Sherlock Holmes y que su verdadero apellido era González, que había creado cuentas falsas en las redes sociales, creado datos falsos de matrimonio, haciéndome creer que era la esposa del CEO de “Farmasalud” y todo porque su padre había sufrido Alzheimer y lo que ella en realidad quería era destruir a Alberto Gutiérrez y a Mark McCarthy por la estafa y asesinato de su Padre, su verdadero motivo era demandarlos por jugar con la vida de las personas, y con las pruebas que había reunido era más que suficiente, me pedía perdón por mentirme pero pensó que yo nunca hubiese aceptado el caso de saber la verdad.

Y tenía razón.

Fin.

Escrito 0009 - Pablo Correa Urquiza

viernes, 6 de abril de 2018

Escrito 0008 - Delirium

Escrito 0008 - Delirium - Adrián Denbrough
¿Quién era esa chica pálida y de aspecto cadavérico reflejada en el espejo?, ¿quién o qué le había hecho tanto daño? Lo único vivo en ese rostro era el color de las quemaduras que comían sus labios. Esas enormes ojeras apenas y dejaban ver sus ojos. Moví la cabeza de lado a lado, y ella repitió los movimientos junto conmigo. Comenzaba a sentirme aterrada por la forma en que fijaba su mirada en la mía, cuando reconocí aquella cara tan demacrada. Era yo, Scarlett… O al menos lo que quedaba de mí. Hace mucho tiempo que no me observaba con tanto detalle. Nunca creí que el aspecto de alguien pudiese cambiar de manera tan crítica. ¿Qué ironía, no? Tal vez esa sería la última imagen que quedaría grabada en mi memoria.

No me sentía en mis cinco sentidos. Ni recordaba del todo cómo había llegado hasta el baño. Aunque eso ya no importaba. De lo que sí estaba segura, era que tomé una afilada navaja y cerré la puerta bajo llave. Sin pensarlo dos veces, hundí el filo de la hoja de metal en mi piel y dejé que los cortes le abrieran paso a un mar escarlata. Sin clemencia, la cuchilla me rebanó como un trozo de mantequilla.

Cerré fuertemente los ojos. No creía lo que veía. ¿No era algún otro sueño de los tantos que tenía de la misma situación? Miré hacia abajo, para cerciorarme que lo había hecho. Ahí seguían. No lo había soñado, ni alucinado. Los largos y profundos cortes en mis antebrazos eran reales. La sangre caía a gran velocidad, esparciéndose por el suelo y ensuciando todo lo que se interponía en su paso. Los suspiros escapaban de mis labios, como las gotas que resbalaban por el grifo del lavamanos. Al fin, tuve la valentía para hacerlo. ¡Al fin!

Estaba harta de llorar. Cansada de esta porquería. Era la única manera de librarme de este maldito tormento. Las lágrimas eran como ácido quemando mis mejillas… Pero esto lo valía. Era la última vez que lloraría. Ya me imagino la clase de comentarios que saltarían después de que esto se diera a conocer: "Tan joven, toda una vida por delante", "¿qué estaba pasando por su cabeza cuando hizo esa estupidez?", "qué cobarde"…

¿"Vida"?, ¿a esta mierda se le podría llamar "vida"?  Me gustaría que supieran lo que es que tu novio muera en un accidente automovilístico. O que tu hermana, a la que tus padres echaron de su casa, tenga meses de desaparecida. Quisiera que supieran lo que es perder a las únicas personas que te amaban incondicionalmente. Te deja un hueco tan grande en el pecho, que nunca más habrá algo que lo pueda llenar, aunque sea un poco. Es un dolor inhumano. ¿Qué demonios sabrían los demás?

La partida de ellos había sido sólo el principio de esta pesadilla. Mi vida pasó de ser risas y cariño, a noches enteras de lágrimas y lamentos. Me sentía culpable de no haber detenido a Dylan. De no haberle quitado las llaves del coche y obligarlo a quedarse esa noche conmigo en casa. Si tan solo me hubiese escuchado, ambos seguiríamos vivos. Y Heather… Mi hermana, mi confidente. Cegada totalmente por el amor a ese "hombre" tan imbécil. Debí haber hecho todo lo posible para que ella se alejara de él. Me destrozaba el alma tener que maquillarle el rostro y los brazos, para tapar los moretones que le hacía. Cada vez que intentaba llamar a la policía para que lo arrestaran, ella se arrodillaba y me suplicaba que no lo hiciera. Decía que cambiaría, que solo necesitaba un poco de cariño. Yo terminaba por ceder. Ojalá él hubiese tenido al menos una fracción de la compasión de mi hermana.

Estaba tan hundida en la tristeza, que me replanteaba la razón de seguir viviendo. Mis padres no lo sabían y no pensaba contarles. Porque lejos de ayudarme, me juzgarían por todo lo que hice, y también por lo que no. Así que, era yo sola contra esto. Y así fue durante mucho tiempo. Aislada en mi habitación, dormida o sollozando.  Sin ganas de saber de nada, ni de nadie. Todo siguió así durante un tiempo, hasta que un par de amigos míos charlaron con mis padres acerca de mi repentino encierro. Al parecer estaban muy preocupados, o al menos eso decían. Así que en un gesto gentil, me invitaron a través de mis padres, a una pequeña reunión que organizaron en la casa de uno de ellos. Mamá entró a mi cuarto, y sin preguntar alguna otra cosa, me dijo que tenía que arreglarme, porque más tarde me llevarían a un convivio, quisiera o no. Papá la apoyó. Intenté protestar  pero… Una pequeña parte de mí aún quería salir adelante y tratar de superar esto. No discutí y acepté la invitación.

Aunque de pequeña no tenía nada, pues al menos había cien personas ahí, quise continuar. La catástrofe empezó en esa fiesta. Fue ahí cuando surgió el verdadero infierno. No tenía ni la más mínima idea de lo que me esperaba. Luego de un rato nerviosa y de no saber cómo encajar, tomé un par de cervezas, antes de que comenzaran a fastidiarme con que probara el alcohol. Nunca había bebido, así que fue la cantidad suficiente como para ponerme ebria. En ese estado todo parece ser más fácil y entras en confianza sin problema alguno. Podía sentir ligeramente como la amargura se desprendía de mí. Al parecer, todo marchaba bien.

Pero siempre hay personas a las que el alcohol ya no les da el efecto que ellas quieren. Así que, buscan emociones más fuertes. Sensaciones diferentes. Se ponen creativos y  cuando menos se dan cuenta, encuentran lo que con tanto anhelo buscaban. Una de esas personas, había conseguido un par de gramos de cocaína. Tapizó de líneas blancas la mesa de la cocina e invitó a los valientes a inhalar con todas sus fuerzas. Algunos se acercaron, otros se fueron de paso. Yo me quedé en una esquina a observar a cada persona que decidía aspirar sin temor. Los efectos se veían a los pocos minutos y se asemejaban a como quería sentirme: segura de mi misma, eufórica y llena de vida. Quedaba sólo una raya blancuzca sobre la mesa. Ya nadie estaba alrededor, ni observándome. Alcoholizada, se me hizo muy sencillo pegar mi nariz al polvo e inhalar hasta el fondo. ¿Por qué demonios no lo había hecho antes? La sensación era increíble, inigualable. Era todo lo que  necesitaba, todo lo que buscaba. A pesar de que al terminar el efecto daba un bajón terrible, podía soportarlo.

Esa noche despertó algo en mí. Me agradaba. Parecía ser una buena idea, así que, ¿por qué no seguir con eso? Frecuenté el uso de esa droga, hasta que la volví un vicio. Pero claro, como cualquier otro, había un costo que pagar por él, y específicamente para este, era algo elevado. Al principio, no tuve problemas con que mi padre me diera dinero, pero poco a poco fue cortándome el presupuesto.  Tenía que buscar algo que hacer al respecto. Necesitaba la misma diversión, pero a un precio más accesible. Entonces, encontré la maravilla del crack. Era hermoso, aunque a veces extrañaba frotar mi nariz con la nieve.

La economía en casa se puso difícil, por lo que dejé de disponer de dinero. No podía quedarme con los brazos cruzados. Siempre hay algo que se puede hacer, y esta situación no era la excepción. Alguien me había ofrecido una buena suma por acostarme con él. Era atractivo y además me pagaría, ¿por qué no acceder? De esa forma debuté en el mundo de la prostitución. "Todo en esta vida tiene un precio", fue algo que aprendí con el oficio. Mi dieta se basaba en: cocaína, cuando me encontraba con algún hombre adinerado, dispuesto a pagar el precio de un cuerpo joven. O en crack, cuando la depresión era inmensa y sólo me topaba con vagabundos sedientos de sexo. ¿Cuántos hombres habrían pasado entre mis piernas?

Y a pesar de que con ello venían efectos colaterales, como una ansiedad tan profunda, que me rasguñaba el cuerpo y arrancaba el cabello por la desesperación. O esas noches enteras donde no podía dormir ni un solo minuto, por la sensación de que un ejército de insectos me comía viva. Prefería mantenerme en vela por eso, que por estar envuelta en lágrimas.  Me negaba a dejarlo.  Porque me hacían olvidar lo tonta y débil que era. Cuando eso entraba en mí, era invencible. No importaba que la sensación durara muy poco y el sufrimiento fuera colosal. Hacerme sentir la dueña del mundo por unos minutos, lo hacía valer la pena. ¿Quién necesita su nariz cuando puedes ser otra persona?

Fue maravilloso. Por fin era la Scarlett que tanto pretendía ser. Nada ni nadie podía detenerme. No importaba todo lo que tenía que sacrificar, pues estaba donde quería estar. Sin tristeza y dolor… Sin embargo, lo que es bueno, siempre será efímero. Mi cuerpo hizo resistencia al tiempo. Cada vez me pedía más y más. Por más hombres con los que estuviera, no podía saciar esa necesidad. La paranoia era como caer en un vacío. Las alucinaciones y ansiedad me martirizaban diariamente. Noches en vela, temblando y llorando porque no podía ser nada sin ella. Volvía a ser la porquería de antes, a lo que en un principio me trajo a este bajo mundo. Seguía siendo aquello que odiaba ser. Débil como un pétalo de rosa marchito. Lo que hice fue en vano.

Y todo terminaba aquí, mirándome al espejo en un baño, mientras mis venas y arterias se vaciaban. Las luces se apagaron, y no hubo nadie allí para alumbrarme. No pudieron salvarme de mí misma. Me sentía débil, en cualquier momento iba a perder la conciencia.

Miré hacia abajo, y vi cómo de manera delicada, una pluma negra caía, aterrizando en uno de los charcos de sangre. Una dulce voz femenina se alzó a mis espaldas. Era una voz tan cálida y tierna, que lo único que pudo causarme fue una tranquilidad aterradoramente profunda.

-¿Me llamaste? -dijo, impregnando el ambiente de calma.

Antes de responder a su extraña pregunta, di media vuelta, perdiendo totalmente la fuerza que me mantenía de pie. Me desvanecía, pues ya había perdido muchísimos fluidos. Fue inevitable irme hacia el suelo. Ya estaba más cerca del final. Al precipitarme, pude contemplar con claridad a la persona que me había hablado unos instantes atrás. Era una mujer arropada por completo en tonalidades oscuras. Llevaba un vestido, que la cubría desde su cuello y brazos, hasta sus tobillos; un sombrero que dejaba caer un velo al nivel del pecho, ocultando su rostro, y unas zapatillas muy altas. Mi cabeza rebotó entre los lagos carmesí, en cuanto logré visualizarla. Cerré los ojos y los abrí nuevamente, esperando que la dama se hubiese esfumado. Pero no, seguía ahí.

Se arrodilló de inmediato, sin importarle ensuciarse las manos y su ropa con el desastre que había hecho. Extendió sus brazos, y me arrastró hasta acomodarme en su regazo.

-Ahora me toca cuidar de ti, al menos por ahora -afirmó, derramando serenidad.

No comprendía nada. Nunca la había visto antes. Quería responder, pero no podía.

-No voy a juzgarte por lo que hiciste.

Estiró una mano, para limpiar el sudor que me escurría por la frente. Posteriormente,
Era tanta la armonía, que sentía que flotaba ligeramente.

-Te trataron tan mal… Pero ya no tienes nada de qué preocuparte. Te llevaré a descansar.

Levantó su velo, dejando ver su misteriosa cara. Era muy linda y joven. Acomodó detrás de su oreja un mechón de pelo rubio que volaba de su cabellera. Cruzó sus brillantes ojos verdes con los míos.  Ahí entendí todo, quién era y a qué venía.

-¿Va a llevarme con Dylan? -cuestioné, con la última energía que me quedaba.

-Claro, cariño -aseguró, manteniendo una cálida sonrisa.

-¿Y con Heather?

-Por supuesto. Están en el mismo lugar.

-Entonces, hazlo de una vez -pedí, en un último aliento.

Así que no temí más, y dejé que mi vida se deslizara hacia el olvido.

-Tranquila, mi niña. En un momento, todo se habrá terminado -dijo, mientras me mecía entre sus brazos y me miraba con indulgencia.

Participante 0008 - Adrián Denbrough

domingo, 1 de abril de 2018

Escrito 0007 - Remendar

Escrito 0007 - Remendar - Jesús Romo Gómez
Aquí escuchando el viento algo loco como mis pensamientos, mirando la luna que ilumina mi tristeza y soledad. Pareciera que lo tengo todo, sin duda alguna así es; familia, amigos, trabajo, entre otras cosas. Pero mi corazón necesita otro corazón ansioso de ser querido, mi corazón necesita ser remendado con el hilo de la escucha mientras tus suaves manos lo traspasan, porque quiere seguir siendo de carne y no quiere convertirse en piedra por miedo a ser lastimado, esta lleno de cicatrices que están ahí para recordarme que el amor viene, me lastima y se va, pero yo quiero una segunda, tercera, cuarta, en fin quiero otra oportunidad porque se que algún día será remendado con un hilo que por siempre durara.

Participante 0007 - Jesús Romo Gómez

jueves, 15 de marzo de 2018

Escrito 0006 - "Carta a mi misma"

Escrito 0006 - "Carta a mi misma"
Jacky Gómez
Cocula, Jalisco a 10 de abril del 2017

…porque después de una vida de sufrimiento siempre hay un momento de gozo, por más pequeño que este sea

*Hola Maky, ¿sabes bien quién soy?, ¿oh amenos sabes que existo?, lo importante aquí es saber que leras esta carta, ¿sabes porque estoy segura?, porque soy Tu, claro aquella chica que en verdad eres, soy esa conciencia que a diario con gritos trato de llevarte por un buen camino, sé que a veces no me haces caso, que me ignoras pero siempre me escuchas y sabes lo que planeo para ti. El motivo de esta carta es porque me preocupas, sinceramente me preocupas, después de todo sabes que tengo razón, y que al final seré la única que te comprenda, estas triste, enojada con la vida, decepcionada, estresada, tratas de vivir la vida de una forma pasajera sin tomarle ese sentido de armonía, no tienes esa sonrisa tan grande y linda, ya no eres aquella pequeña que sonreía, que su imaginación era imparable, que vivía en un mundo perfecto, oh amenos en tu pequeño mundo. ¿Qué paso?, ¿realmente la vida te golpeo tan fuerte como para no levantarte?...

No me contestes, yo se la respuesta, si, si, la vida te dio el golpe más fuerte que pudiste haber pasado, te decepcionaron, todos, comenzando con tu familia, continuando con aquellas personas que solías llamar amigos, y que decir de aquellos amores a los cuales considerabas como el amor de tu vida. Sí, sé que duele vivir con ese pasado que no te deja avanzar, sé que duele volver a sentir aquellos tristes días donde poco a poco fueron borrando tu sonrisa.

Duele volver a ese día donde los pilares de tu vida te dieron tu primera decepción con esa mentira de "Familia perfecta" que transformaban en verdad ante la sociedad, ¿y eso basto?, si así lo hizo, si su objetivo era destrozarte por dentro déjame felicitarlos porque lo lograron. ¿Qué me detenga?, imposible, ya comencé y sabes bien que necesitas esta platica, sabes bien que necesitas ese encuentro contigo y hoy es el día, si va a doler porque recorreremos el pasado sin olvidarnos del presente y teniendo en cuenta el futuro, porque es importante que tengas presente estos tiempos ya que el pasado se fue, pero dejo huella, el presente es ahora, pero se malgasta, y el futuro es inevitable pero se llega cuando menos te das cuenta.

 Mi niña, llora, eres humana, una simple niña llena de defectos y miedos pero al final sabes que tus virtudes son las que saldrán. Ahorita es el momento perfecto para desahogarte,  vamos cuéntame de esa vez que tu mundo se destrozaba por ver que no sabías como defender a tu hermana en la escuela, oh como tratabas de defenderte de las burlas de aquellos chicos que se creían superiores pero que solo se mentían a ellos, porque ni siquiera sabían que querían, yo te veía cuando eras más pequeña, como jugabas y te divertías con todo, ¿Qué paso?, te quitaron tu inocencia, te quitaron tus sueños y deseos y no supiste superarlo.

¿Por qué no te aceptaban?, porque eras distinta, no solías seguir a nadie, te seguías a ti misma y eso te bastaba, oh ¿será por aquel accidente?, ese que marco tu vida por completo, 2 años linda, tan pequeña, ¿Por qué a ti?,  tal vez el ¡por qué! no interesa en realidad, el ¡para que!, ese es el que realmente te debería importar, sucedió, te contare la historia…

Fue un día muy normal para todos, fuiste con tu bisabuela de visita, su casa quedaba a cuadra y media de la tuya, eras una niña tan vaga, corriendo por todos lados no podrían ni siquiera ir de tras de ti, ¿Qué paso?, tu mamá estaba ocupada al igual que tu abuela y que decir de tu bisabuela, fueron segundos cuando te les desapareciste, saliste como de costumbre a comprar dulces en la tiendita de enfrente la diferencia fue que te fuiste sola, la puerta de la casa estaba abierta, saliste, corriste pero a media calle te quedaste; paso un camión, manejaba un hombre tan corajudo que hasta la cara la tenía de malvado, eras tan pequeña tan solo 2 añitos, el hombre manejaba no te alcanzo a mirar al mismo tiempo que no alcanzo a frenar y paso, te atropello, sabes qué fue lo curioso, que tu pie derecho fue el que quedo dentro del carro, por debajo claro, pero el que quedo fuera, el izquierdo fue el que sufrió las consecuencias, todos salieron a ver en cuanto escucharon el afrenon, unos gritando ¡la ambulancia, traigan una ambulancia!, otros ¡señor hago algo!, ¡su mamá, donde está su mamá! Y un sinfín de frases. Tu mamá salió corriendo con la esperanza de que no fuera su pequeña, lamentablemente su pequeña se encontraba en el suelo llorando a gritos, ¿me preguntas que hizo el hombre?, bien, no hizo absolutamente nada, solo se fue, dejo a una niña atropellada como si lo hubiera hecho con un animalito, el humano es un ser incomprensible, que no entiende el daño que puede causarle a las personas por eso no le guardes rencor por favor.

Lo que paso después te lo sabes de memoria, lo que quiero es que este "primer trauma" por así decirlo o porque no, llamarlo Fantasma, lo superes. ¿Cómo?, aceptando que el pasado ya está muerto, no volverá, aprende de cada cosa que te pasa, acéptala. Mi objetivo de esta carta es que recorramos juntas el pasado, que recuerdes, veas las cosas buenas que obtuviste y que sigas adelante. Al final haremos un compromiso juntas.

¿Recuerdas a tus pilares cayéndose por las decepciones?...

Desde que tienes uso de memoria recuerdas y ves a tu padre de manera contraria a otras niñas. En la infancia, no fue tu príncipe, ni tu súper héroe ni mucho menos "el mejor papá del mundo". Fue el hombre grande, golpeador, maltratador que no demostraba su amor, y que nunca estuvo contigo, no por abandono pero si por trabajo, y a pesar de que descansaba un día a la semana solo era para hacer pleitos, te creó un miedo, miedo a los hombres, miedo a que te lastimara. Te quito el gusto por verlo un día a la semana y te creó el miedo que llegara su día de descanso. Tu padre quedo convertido en el villano de tu propio cuento.

Tu madre, esa victima que veías como salía adelante a pesar de todo. Era la mejor amiga, no querías separarte de ella ni un momento, ella siempre estaba ahí, te cuidaba, se preocupaba por ti y a pesar de que le demostrabas tu amor, ella tiro tu confianza a la basura, el pilar más fuerte se caía frente a ti, el pedestal donde la tenías desapareció. ¿Cuál fue el trauma?, ya no demostrarle a nadie tu amor, no confiar en nadie.

Creció un rencor en ti que hasta la fecha no ha desaparecido, un rencor tan incapaz de perdonar. ¿Cómo las dos personas que más amas, fueron las que quitaron la sonrisa de tu rostro?

Ese fue el fantasma número 2. ¿Te recuerdo el tercero?...

Era un día normal, estabas tan nerviosa y al mismo tiempo tan entusiasmada por la etapa nueva que experimentarías, la escuela, todo iba bien, ¿pero recuerdas a las amigas "populares"?, claro que sí, las que por no seguirlas te hicieron la vida insoportable…

El típico Bulliyng  durante la escuela y la secundaria junto con los problemas en tu hogar, que vaya fueron muchos, hicieron que tu vida no fuera como esperabas, tu sonrisa cambio, pero algo te salvo de repente. Tu Imaginación hizo que tu vida tuviera ese toque de ti, gracias a ella estoy yo, tu mejor amiga, la que nunca te traicionara. ¿Sabes qué fue lo grandioso de la secundaria?, que aprendiste muchísimo, todo lo malo que pasaste te ayudo para ser mejor persona hoy, ahí fue donde conociste la verdadera amistad junto con su traición, ahí conociste lo que significa el valor de un guía llamado maestro, ahí conociste el amor, a pesar de lo malo, recuerdo como tu sonrisa el día que saliste no se comparaba con nada, ¿te acuerdas de la cara de tus compañeros cuando te dieron ese diploma de primer lugar?... je sí, verdad, y como mientras los demás lloraban por el fin, tu saltabas de emoción ya que por fin se había acabado.

Tu adolescencia, vaya que rápido pasa el tiempo ya eres joven, 18 años, y lo que falta. La etapa en la que te encuentras es la más difícil para ti al igual que la más bonita en todo este tiempo; pasaste a la preparatoria, recuerdo ese miedo que tenías porque tu primer día irías sola, sin tu mamá, claro ya estas grande tenías que empezar a hacer las cosas por ti misma. Ahí pasaste 3 años de tu vida muy diferente a todos, hiciste nuevos amigos, tanto de tu edad como a tus profesores, siempre has tenido la cualidad de caerles bien, hasta te tutean y todo, tuviste momentos que jamás olvidaras, hasta el final de año fue el "típico final inesperado" que jamás hubieras imaginado. Sé que llevas en tu mente el recuerdo de la persona que te ayudo a exterminar a estos fantasmas que mencione, y algunos que no quieres recordar. Esta persona te ayudo mucho, a pesar que no confiabas en ella, te ayudo a valorarte y a valorar, a recordar que los momentos y las personas son pasajeros que tienes que disfrutar cada día, olvidar a ese pasado muerto y construir un futuro con este presente que es hoy.

Jaky, (como te gusta escribirlo), esta ya es la despedida, me da mucho gusto saber que ya cumpliste con tu misión, dejaste de echarte la culpa por tu pasado, dejaste de sentirte la mala de tu propio cuento, y Aprendiste, estoy orgullosa de ti. Sé que te queda aún muchísimo por vivir pero hoy ya logre que consiguieras las armas necesarias para todo lo que falta.

Mi misión contigo ha terminado, jamás olvides que siempre estaba al pendiente de ti, y lo seguiré estando pero ya es momento que tu sigas sola en tu camino, recuerda que cada cosa mala que te pasa siempre traerá algo bueno, nunca olvides que la vida es para Vivirla, valora a quien está a tu lado y nunca dejes de imaginar pero tampoco olvides tu realidad.

P.D.: aprendiste muchísimo, sigue disfrutando cada momento de tu vida, te quiero mucho.

Atte.: Meypar

Escritor 0006 - Jaky Gómez

martes, 13 de marzo de 2018

Escrito 0005 - Crónicas de demonios Belcebú

Escrito 0005 - Crónicas de demonios Belcebú
Javier Fernández
Era una noche tranquila, la luna resplandecía en el cielo y soplaba una brisa fresca. En la calle, algunas personas caminaban cabizbajas, algunas presurosas, después de un arduo día laboral.
Damián volvía a casa, o lo que el llamaba casa; un departamento situado en el quinto piso de un edificio viejo y poco llamativo.
Consultó su viejo reloj de pulsera, eran exactamente las diez de la noche y Damián notaba el movimiento de sus tripas, tenía hambre.
Había tenido un día pesado, trabajaba como la mano derecha del director de una importante empresa de la ciudad y aquella mañana había sido de las peores.
Su jefe, un hombre entrado en años, calvo y pasado de peso, no era una persona demasiado razonable. Le gustaba mandar, hacer las cosas a su manera, tratar con desprecio a sus empleados... En resumen, era un completo idiota.
Damián lo sabía con certeza, pero aguardaba el momento exacto para largarse, Había visto algo en él, un atisbo de astucia para los negocios, que era difícil de apreciar en primera instancia, pero que existía.

Mientras caminaba de regreso, al doblar la esquina, Damián reparó en algo un poco inusual. No era demasiado tarde y la calle estaba desolada. Trató de recordar, pero no se percató del momento en el que todo se volvió silencioso.

Sabía que algo no iba bien, o que por lo menos había algo fuera de lo común, y no se equivocaba. De hecho rara vez lo hacía. Damián era un chico normal en muchos aspectos, con cabello negro y rebelde, ojos castaños y vivos, llenos de expresión... pero en su interior había algo, algo diferente que no sabía explicar,.

Se quedó pasmado un segundo, de pie en medio de la calle, sin estar seguro de conocer la razón por la cual se había detenido. ¿Por qué siempre sabía? Se preguntó.
Era complicado sorprenderle, estaba claro. Siempre había adjudicado ese detalle a su agudeza mental, pero ahora que lo pensaba, era algo más.

Como si de antemano supiera lo que iba a suceder. No importaba si lo sabía con días de antelación o una fracción de segundo antes de que sucediera, el caso es que no se sorprendía. Siempre terminaba por descifrar cualquier eventualidad, antes de que ésta sucediera.

Levantó la mirada y observó. Todo estaba en calma, silencioso... helado.
Un escalofrío recorrió su brazo izquierdo, subió hasta el hombro y se apoderó de todo el cuerpo. La temperatura de la calle había descendido considerablemente, notó que su respiración se condensaba ante sus ojos. Ahora el silencio era casi tangible, le oprimía los oídos, no había luz.
¿¡Y la luna!? Volteó la mirada hacia el cielo, para encontrarse cara a cara con ella, pero... ¿Qué pasaba? La luna brillaba con intensidad, pero apenas reflejaba un resplandor trémulo sobre la calle.
Ya no estaba tranquilo. Sintió como se aceleraba su pulso, la vena que saltaba en su frente nunca mentía.
Tratando de dominarse, tomó una bocanada de aire gélido que le acuchilló los pulmones, y aunque doloroso, fue efectivo. La baja temperatura del aire le congeló, pero a la vez lo tranquilizó, lo hizo recordar.
¿No había estado ya en una situación similar? Se limitó a asentir para sí mismo levemente con la cabeza, rememorando las interminables noches, donde intentaba conciliar el sueño rodeado de una masa de aire frío como aquel.

Tras un instante, se calmó. Abrió lo ojos e intentó caminar. ¿En qué momento había cerrado los ojos? Algo no le gustaba. La sensación no era del todo diferente, sin embargo, había algo extraño. Había alguien.
Lo supo del mismo modo en que siempre sabía, casi por instinto.
Consiente de que podría encontrarse en peligro, cerró los puños y tensó los músculos de todo el cuerpo preparado para correr o pelear, lo que sucediera primero.
Dio un pestañeo rápido, tomó una bocanada de aire como preparándose a nadar y se giró... Nada. No había nadie a su espalda, pero la sensación de peligro no desapareció, por el contrario, se hizo aún más grande.

Un par de ojos lo veían desde lo alto de un árbol seco. De tonalidad ámbar, pequeños, brillantes e intensos. Era una lechuza.
Lo confirmó al escuchar un ulular suave y acompasado, proveniente desde una rama sea de un viejo sauce.
El ave lo miraba fijamente como invitándolo a acercarse. Damián intentó moverse pero no lo consiguió; tenía los puños fuertemente cerrados, la mandíbula apretada y respiraba con dificultad.
En definitiva algo no iba bien, había perdido todo rastro de tranquilidad. Se sentía amenazado, se mantenía alerta, concentrando toda su atención en ojos y oídos, para advertir la presencia de cualquier cosa.
Entonces escuchó.
Alguien se acercaba por su costado izquierdo, lo escuchaba claramente, intentó con todas sus fuerzas voltear, sin éxito.
Mantenía los ojos fijos en aquel par de gemas ámbar, cómo hipnotizado.

Advirtió que los pasos se acercaban, en pocos segundos tendría muy cerca a la presencia y no podría escapar. Sopesaba sus posibilidades, inmóvil como se encontraba, su cabeza no dejaba de buscar una opción, una salida.

Cesaron los pasos.

Desconcertado, Damián parpadeó y no vio más aquel par de ojos amarillos. Sintió una brisa cálida y quedó completamente perplejo. Notó que podía moverse con facilidad y que a lo lejos se escuchaba el murmullo habitual de las calles.

Despacio y con curiosidad, consultó nuevamente su reloj... las manecillas, en un ángulo agudo, indicaban las diez de la noche, en punto.

Escritor 0005 - Javier Fernández

lunes, 12 de marzo de 2018

Escrito 0004 - La muerte de un escritor

Escrito 0004 - La muerte de un escritor - Edwin T. Luna
Tuve una experiencia cabalística, la más grande sensación que puede tener el hombre o al menos que yo haya tenido. No pude escribirlo enseguida ya que no estaba seguro: entre la realidad y un sueño. Ahora que lo estoy, trataré de ser explícito y lo más apegado a la realidad del suceso.

Sucedió el 20 de agosto de 2017. Salí a las 9:30 am, me dirigía a mi empleo. ¡Trabajo en una fábrica de alimentos que detesto! Tomé el camión ya tarde. Seguramente ahora sí me despiden, es la tercera vez que llegaré tarde. Traté de imaginar un mejor empleo, uno no tan miserable, uno que me hiciera sentir útil o importante. No me interesa lo que me paguen con tal de ser yo mismo… pero…¡Bueno! Necesito pagar mi comida, el agua, debo el internet desde hace cuatro meses. ¡También debo un colchón que terminó siendo una porquería!... Pero eso es mejor que dormir en la dura y sucia colchoneta que tenía antes ¡Me lleva la chingada! No puedo perder el trabajo.

Saqué mi libro y comencé a hojearlo: Hollywood. Es la segunda vez que lo leo. Encontré algo raro, una página a la mitad del tomo, sin foliar, debe ser un error de editorial. Pensé… mi cuerpo se estremeció, quedé paralizado, dejó de existir el tiempo, mi mente ya no pensaba y mis ojos estaban fijos en aquella página hasta que se ennegreció lentamente mi mirada. Sentía un frío que recorría todo mi cuerpo, ese frío se reía de mí y el silencio ensordecedor y esa quietud del cuerpo -que se habría confundido con la de un cadáver- las letras, las palabras que giraban en mi mente, con bailes obscenos, lentamente se acomodaban. "El cuerpo de Hugo Fuentes ha sido encontrado sin vida la noche del 19 de agosto, se desconoce la causa de su muerte…"

¡Bajan! ¡Bajan! Solo eso alcance a decir, necesito aire y comencé a caminar sobre la carretera en sentido contrario. Cuando busqué nuevamente esa página ya no estaba, un libro ordinario, ¿qué es lo que me pasó?... El viaje, de camino a casa, el origen, vida, muerte, querer conocer lo que no nos ha sido concedido saber, los pájaros, los perros ¿Cuál es la diferencia entre ellos y nosotros? Corremos tras el mismo destino "La Muerte" y después ¿qué? ¿Nunca podremos ser eternos como el mar, como la luna o el sol? Los árboles en el cielo y la tierra, viven la misma agonía… Interminable camino de tierra brillante y segadora tierra fina, granitos de oro, de vida, se disipó ese frío de los huesos y albergué un creciente calor en mi cuerpo. Cada paso que daba se hacía más insoportable. Esos granitos de vida ya parecían llamas que emergían del suelo, la suela de mis zapatos se pegaba a la tierra, derretida bajo la planta de mis pies, como caminar en el infierno. Se me hacían más pesados los pasos que daba hasta que me fue imposible dar uno más. Alcé la mirada ya cansada, con los párpados entreabiertos, miré frente a mí lo más triste para un hombre que no ha vivido, mi propia tumba. Había caminado hasta llegar al panteón de Villa Alta. Me arrodillé con lágrimas en los ojos y tomé con mis dos manos la tierra que aun estaba fresca. La estrujé, rehuyendo mí destino como si pudiera cambiar ese hecho. La apreté con una fuerza tal, como si fuese posible ahogar la tierra que me oprime en la sepultura; no entendí lo que hacía ahí, ni si ya había muerto ¿Es que la gente ya no me ve? ¿Es que soy un espíritu? Me levanté y salí del panteón confundido. "Esto es solo un sueño", pensé. Me desvestí completamente y caminé por Villa Alta. No tardó mucho para que una patrulla de policías me detuviera, me dieron un pantalón y me llevaron a la presidencia municipal. Durante todo el camino los policías rieron con gran pedantería. Cuando llegamos, el jefe de policía me preguntó:

-¿Te sientes bien Hugo? ¿Por qué lo hiciste?

Omití sus preguntas y le dije:

-¡Señores, yo he muerto!

-Los muertos no caminan desnudos como si nada en la calle- me contestó con una carcajada.

-Es que no se dan cuenta de lo que me pasa, mi cuerpo descansa en el panteón del pueblo y yo… ¡Pueden ir y comprobarlo no les estoy…!

-¡Lo único que pasa aquí, Hugo Fuentes, es que me quieres ver la cara de pendejo!

-Por el cariño que le tuve a tu madre, Aída, en paz descanse, te voy a dejar ir ¡Ay de tí si se te ocurre burlarte de mí otra vez porque no te la acabas!

-¿Puede darme algo con que cubrirme?

-Pero… si los muertos no visten- replicó, nuevamente riéndose, y me dio un abrigo.

Salí de ahí, aun desconcertado, seguía sin entender nada. Vi mis muñecas, estaban marcadas por las esposas y me dolían. "Esto debe ser un mal sueño" pensé. Metí las manos a los bolsillos del abrigo y tenía un par de monedas. Fui a un teléfono público y le marqué a Sara.

-¿Bueno? ¿Sara?

-¿Quién habla?

-Soy Hugo.

-¿Qué pasa? Estoy en el trabajo, por qué no viniste ¡Te van a correr!

El silencio de apoderó de mí al tratar de entender lo que pasaba, es sueño eterno…

-¡Hugo, te estoy hablando! De seguro te fuiste de pedo, eres un estúpido holgazán.

Solté el teléfono, atónito, espantado "Lo que está fuera del sueño y la realidad es la locura". Perdí mi trabajo… perdí… lo perdí…hay gente, dolor, dinero, susurré
"Perdí mi trabajo y sigo con vida, habría sido mejor la muerte" pensé.

-¿Señor, se siente bien? Me preguntó un indigente que estaba cerca de mí.

-Creo que nunca me he sentido bien- le contesté y me fui.

Caminé a un parque, estaba en busca de un trabajo, pero ¿Quién le dará trabajo a un hombre de 41 años sucio y con ropas viejas?

-Y ¿cómo vas con Daniel?

-Pues no sé, es que es súper raro, a veces me hace caso y después me ignora.

-Tú deberías tirarle la onda, te conviene Pao, su papá tiene dinero, es ingeniero.

-Ay, ya sé, pero me da pena. No quiero que piense que soy una ofrecida.

-Si no te aplicas ¡otra te lo va a ganar!

-Pues ya ni modo, amiga.

Los jóvenes siguen siendo jóvenes ¿Y qué es la juventud? La ingenuidad, vivir rápido, creer tener todas las respuestas, creer que la experiencia de un anciano no es válida, ese ímpetu. Ese aliento de la juventud termina siendo estupidez, se convierte en amargura, desdicha y yo, un vivo muerto en este parque, nadie se acerca a hablarme, nadie voltea a verme si quiera, no tengo nada que ofrecer, la peor muerte es la de la exclusión, esa muerte vacía.
-We ¿ya viste los nuevos Gucci? Están muy cool.

-Sí, we, ya los vi, me los voy a comprar en la quincena.

-Yo también, antes de que todos los tengan.

-Cuando todos los tienen ya se ven muy nacos.

Esto es absurdo, en este mundo de apariencias no soy nadie, todo está monetizado, parece que la economía es una religión en la que todos están bautizados. Todos creen, confían sus vidas a una medida inestable, esperan las bendiciones de su dios, uno físico. Hablan y hablan de intereses económicos pero no entienden que el dinero no se interesa por ustedes.

No recuerdo en qué momento me levanté de la banca y me fui. Caminaba ya muy despacio, mi vista solo alcanzaba a ver la tierra rojiza de las calles de Villa Alta, miraba cómo el color rojo intenso era devorado rápidamente por las sombras de la calle. Desaparecían las piedras, las personas, el mundo en penumbra, cuando el último grano de arena fue ejecutado por el juez de la obscuridad. Levanté la mirada, estaba en el panteón, pero este es mucho más grande, decidí recorrer el panteón, hay miles de nombres aquí ¡Todos los nombres están aquí!

Pero no encuentro el mío…

¡Todos ellos también murieron!
Sara, Jorge mis padres, todos están muertos. Murieron desde hace mucho y cada día que pasa siguen trabajando bajo el mismo sol, parece que hacen un esfuerzo colectivo ¿para conseguir qué? Muertos que lloran a sus muertos, los entierran y siguen esperando la salvación de su ídolo económico, estos hombres ya ni siquiera tienen criterio propio, no se preocupan por encontrarse, no se preocupan por vivir, toman lo que les imponen y creen ser felices.

Algunos nacen y mueren al poco tiempo, otros nacieron muertos, en su primer suspiro de debilidad dejan ir su vida. Tienen atado su destino, el mundo entero ha llegado por fin a su óbito inexcusable.

¿Y cuándo nacieron todos estos?, ya lo entiendo, nadie recuerda cuándo nacieron. No existen si no viven, si pudieran vivir habrían tenido el consuelo de la muerte. A quien conoce la felicidad en el sufrimiento se le ha presentado el amor más puro de la vida.

Y yo, estoy comenzando a vivir.

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Participante 0004 - Edwin T. Luna

viernes, 2 de marzo de 2018

Escrito 0003 - Inicio de la migración

Escrito 0003 - Inicio de la migración - Mariposa Monarca
Había un hombre que encontró una avecilla herida mientras iba al trabajo entonces el hombre sintió nostalgia decidiendo llegar tarde al trabajo volvió a casa con el  ave .
Aquel  hombre le dio mucho amor y en pocas semanas el ave se recuperó . Cuando vio que era hora de dejar la ir la metió en una cajita de cartón que tenia hoyos , llevándose la a un parque cerca abrió la caja y gritó :
— ¡¡¡Se libre amiga mía !!!
La ave no salió.
— Tengo miedo -.se escucho un pequeño murmullo que era casi inaudible .
— Lo sé y te comprendo , yo también tengo miedo de dejarte ir en tremendo mundo cruel . Pero es parte de la vida yo te ayudé a sanar ahora te toca a ti  afrontar lo de más. No olvides que no estás sola cuando temas demasiado y crees que el lugar donde estas y las personas con quien estás no son adecuadas puedes volver yo estaré contigo . Te pido que des una oportunidad  en realidad varias antes de rendirte  y cuando estés cansado de tus éxitos vuelve para celebrarlo.
El ave extendió sus alas en dentro de la pequeña caja  y  salió rápidamente de ella a pesar que se callo volvió a intentarlo y voló lejos  sin despedirse por que volvería.
Este es mi pequeño mito de como se creo la migración de las aves que con fe  esperan volver al aún lugar seguro que siempre será su hogar .
Esto está inspirado en mi padre que siempre me deja migrar a mejores  lugares pero sobre todo deja volver  a casa .

Participante 0003 - Mariposa Monarca