Páginas

Buscar este blog

miércoles, 11 de abril de 2018

Escrito 0010 – Un triste adios


Escrito 0010 – Un triste adios - Héctor Bolaños Alcalá
Heme aqui Nuevamente sentado en el costado de mi cama con mi rostro agachado pensando, nada mas me acompaña la soledad de mi habitación y el recuerdo tuyo, he pensando como todo paso tan rápido, lo difícil que fue para nosotros forjar este sentimiento con el que un día nos embriagamos tu y yo, y valla que fue difícil nuestro camino pero eso no nos detuvo y seguíamos avanzando cada día mas y mas, recordar ese pequeño instante en que nuestras miradas se cruzaron, jamas pensé que llegarias a ser tan importante para mi, que llegarías como un simple extraño y te convertirías en mi todo, nuevamente pienso, quisiera que me observarás en la obscuridad de mi habitación, solamente allí, sentado con mi mirada al suelo, mientras mi mente piensa en ti, ¡Como puede ser justo, dímelo! ¡Como es justo que todo se valla al olvido así como si nada!, ¡Al caso no piensas en los obstáculos que brincamos, o alcanzó no fueron difíciles para ti!
 Creo que así me quedare nuevamente, en mi cama sentado.

Pienso y analizo la causa, ¿A caso fui yo el que fallo? ¿Qué mas me falto por darte? ¿amor? ¿comprensión? ¿espacio o tiempo? O dime si, ¿Al caso fuiste tu el que fallo? ¿Qué mas te falto por dar? Ó ¿a caso había alguien más?

Pasan los días y trato de entender que esta historia llegaría a su trágico final.

Empiezo a comprender y trato de dejarte ir, pero no se que tiene tu recuerdo me mantiene atado a ti, aun así lucho por ser fuerte y salir adelante.

 Llega ese momento, me levanto de mi cama, me dirijo sigilosamente hacía el lavado y lavo mi rostro, salgo a la calle nuevamente, una vez mas comienzo a sonreír, a platicar a querer vivir. pasan los días y no se nada sobre ti, comienzo a querer soltar ese pasado y nuevamente respiro un poco de paz y tranquilidad, pero un día... -¡Dios mio!

Mis ojos brillaron al mirarte venir en la lejanía...

-¡Si!, viene en direccion hacia mi.

Mi cuerpo comienza a temblar al ritmo que mi corazón late cada vez mas fuerte.

Pero una vez que pasas por mi lado mi corazón se rompe un poco mas, te veo sonreír nuevamente, esa sonrisa que hace tiempo yo la ocasionaba , esos ojos que ponias al tenerme frente a ti, si nuevamente los tenias pero ahora no era yo la razón, ahora caminabas con alguien mas, observo y me digo:

-Duele, en verdad duele mirarte enamorado de alguien mas, pero que pueden hacer ya, si esa es tu felicidad no me queda mas remedio que dejarla florecer.

Doy la vuelta y regreso a mi habitación, nuevamente me siento en el costado de mi cama mientras una lágrima sale rodando por mi mejilla y descansa en la fotografía que la provoco cuando mis ojos la miraron, esa primera fotografía juntos, tomo ese pedazo de papel que impreso tiene un recuerdo, lo abrazo y doy un beso mientras la guardo en un cajón y digo a la soledad de mi habitación.

-Buen viaje, jamas te olvidare, no me queda mas opción que dejarte volar y seas feliz, no te preocupes por mi, yo en algún momento volveré a sonreír, volveré a volar, me pondre de pie nuevamente y saldre adelante pero por ahora solo digo...

- "Hasta pronto y de todo corazón pido al cielo que seas muy feliz, que te hagan dichoso y te sientas especial, te sientas amado y enamorado así como un día fue conmigo. Si un día piensas en mi recuerda, que yo siempre estaré para ti, para el amor de mi vida. buena suerte mi amor y que seas muy feliz"

Participante 0010 - Héctor Bolaños Alcalá


Escrito 0009 - El hombre sin empatía

Escrito 0009 - El hombre sin empatía - Pablo Correa Urquiza

Todo comenzó como si fuera una película de superhéroes, no, no soy de Krypton, no, no me picó una araña radiactiva y no, no soy el caballero de la noche. Mi súper poder o maldición, es que la gente me lee la mente, no yo a ellos, ellos a mí ¿Por qué pienso que es una maldición? Es más simple de lo que parece, la gente se ofende conmigo porque sabe todo lo que pienso. Uno piensa muchas cosas y en el pensamiento no hay filtros, discrimina, maldice y piensa cosas indecorosas y eso debería quedar en uno, y a mí me pasa todo lo contrario. Le pido a la gente que se guie por mis palabras y mis actos, pero no me hacen caso, es difícil ser yo, por eso escribo esta emancipación de mi poder.

Cuando tenía nueve años murió mi Madre, delante de mí de un ataque al corazón a causa de una enfermedad terminal y eso me traumo de por vida, estuve encerrado en mi habitación por cuatro meses, con depresión y sin dejar entrar y ni hablar con nadie, me auto-Psicoanalicé, rompí las paredes de mi inconsciente y llegué a lo más profundo de mi ser, pero para eso tuve que destruirme a mí mismo y con eso perdí la empatía para con los demás. Al tener acceso a mi inconsciente mi cerebro funcionaba como una computadora, memoria ideática y sin recuerdos reprimidos. Podía leer varios libros por día y recordar cada palabra de ellos de principio a fin, todo eso me llevo a ser el mejor detective del mundo, nunca me interesaron los casos ni las personas, me interesaban los acertijos y sobre todo resolverlos.

Mi relación con mi Padre era muy distante, yo era incapaz de amar y él siempre me culpo por la muerte de Esther, mi Madre. Él siempre me decía: Francisco, lo único que tenías que hacer era cuidar de tu Madre. Él había ido a comprar unos medicamentos y me dejo solo con ella por dos horas, una responsabilidad muy grande para alguien de mi edad. Mi primer caso fue cuando lo asesinaron, tenía problemas de juego y lo primero que pensé fue que lo habían matado por una deuda, pero estaba equivocado, después de eliminar una a una las diferentes teorías, llegué a la verdad, reuní las evidencias y las llevé a la policía, resolví mi primer caso a los doce años. Resulto ser al final un caso de celos y de infidelidades, como decía mi detective ficticio favorito, Sherlock Holmes: una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.

Seguí resolviendo casos en el anonimato hasta que cumplí la mayoría de edad, (ya que los detectives me habían prohibido volver a pisar la comisaria) abrí mi negocio de investigaciones, más que nada por los acertijos y porque tenía que comer.

Pasaron los años y los acertijos me tenían entretenido, los clientes me odiaban por mi maldición y por mi forma directa e inhumana de ser, pero seguía resolviendo los casos. El perfume invadió mi oficina y me saco de mis pensamientos más profundos, unos ruidos de tacón me irritaron en demasía y unos golpes a mi puerta terminaron de enojarme, gritando dije:

—¿Quién carajos es?

—Soy la señora Martha Gutiérrez, tenía una cita a las quince horas.

—Son las catorce y cincuenta y siete— exclamé.

—Por eso, puntual— dijo y parecía estar perdiendo la paciencia.

—¿Puntual? Faltan dos minutos y treinta y siete segundos para ser puntual— le repliqué.

—Perdone por la impuntualidad, ¿puedo pasar? — repuso resignada.

Solo si se ve como huele, pensé y por supuesto ella lo leyó.

—Me dijeron de su don, pero no que era un maleducado— dijo indignada.

—Le pido que solo atienda a lo que digo con mi boca, los pensamientos dejémoslos de lado si quiere que su caso se resuelva (o que mi acertijo sea descifrado, pensé).

Abrió la puerta y su carta de presentación invadió el ambiente, era una hermosa mujer de un metro ochenta de altura, pelo lacio negro azabache y grandes curvas, mis pensamientos no pudieron reprimirse y ella se sonrojo.

—Voy a ignorar esos pensamientos soeces, y voy a ir directo al grano, mi marido me engaña y quiero atraparlo con las manos en la masa.

—Un caso de infidelidad, odio esos casos, acaso cree que soy un cadete, que voy a seguir a su marido por todos lados— Odio estos casos porque por un caso así mataron a mi Padre, pensé y me sorprendí pensando en alguien además de mí.

—Lo siento si le hace acordar a su Padre, pero hay mucho dinero en juego. Si lo descubro en una infidelidad se rompería el contrato prenupcial y tendría que darme el cincuenta por ciento de su dinero actual y no el cincuenta de lo que acumulo mientras estuvimos casados.

—Y la pregunta obvia seria: ¿Hace cuánto que están casados? — le pregunté sin demasiado interés.

—Dos años, así que si le encuentra un amorío su recompensa sería muy jugosa— respondió mordiéndose los labios.

Utiliza sus encantos para intentar convencerme, pero es inútil, el dinero ya es suficiente aliciente, pensé.

—Entonces acepta, perfecto este don suyo me ahorra muchos problemas—expresó con entusiasmo.

A mí me los genera, pensé.

—Deme los datos que empiezo ahora mismo, pero antes hablemos de la biyuya, del dinero, usted me entiende— dije y le guiñé un ojo.

—Estoy dispuesta a pagarle su sueldo y cinco mil dólares si lo encuentra infraganti, obviamente con pruebas— dijo con firmeza.

—Por supuesto, soy un profesional, el mejor del rubro. Por algo vino a mí, pero duplique esa suma, está desesperada, nunca regale la leche si quiere vender la vaca.

—Dios mío, que hombre más soberbio y arrogante, está bien, acepto— me tendió la mano para estrechármela y me dijo:

—Sería un buen partido, es un hombre muy buen mozo, de ojos castaños con una mirada profunda e inteligente, lastima su personalidad tan distante y tan fría— dicho esto, se retiró sin que pudiera contestarle nada.

Una vez solo, me se senté en mi escritorio y empecé a ojear la carpeta que me había dejado Martha, Alberto Gutiérrez, cuarenta y cinco años, un metro ochenta de altura, pelo y ojos castaños, ciento ocho kilos, dueño de la cadena de farmacias “Farmasalud” con más de mil sucursales en todo el país, dueño de una fortuna incalculable.

Lo primero que hice fue investigarla a ella, para asegurarme de que no había nada raro y realmente fuera un caso de felonía, revise su Facebook, sus cuentas de e-mail, Instagram y Twitter y gracias a mis habilidades de Hacker logre ver sus mails y descubrí que ella también era infiel y con alguien menor, también descubrí su edad, unos treinta y siete años bien llevados, y su flamante amante de unos veintidós años de edad, su peluquero habitual. Quizá la razón principal era descubrir a su marido engañándola y así no perder en el divorcio su parte del dinero, este caso me olía mal desde el comienzo.

Al siguiente día lo espere afuera de su mansión, en Vicente López, al salir hacia su trabajo lo seguí y no me sorprendió que antes hiciera una parada, Alberto trabajaba como CEO en las oficinas de administración, pero primero paro en una de sus Farmacias, no la más cercana, una bastante alejada, en Villa Crespo. Estacione en un lugar estratégico y lo observe con los binoculares y conecte mi micrófono espía de larga distancia. Entro y saludo a todos y paro en uno de los puestos, donde atendía una mujer despampanante, rubia platinada y con grandes senos, tome unas fotografías y escuche que habían quedado para las catorce horas, anote y puse en marcha el auto. Los casos de espionaje nunca fueron mi fuerte, mi don podría jugarme en contra, así que siempre llevo mi distancia, (tengo que estar cerca y de frente a una persona para que pueda leerme) y además escucho música fuerte para distraer mi mente y no deschavarme. Subió a su Mercedes y lo seguí, al fin se dirigió hacia las oficinas que se encontraban en Vuelta de Obligado e Iberá, en Belgrano. Mientras esperaba que se hiciera la hora, investigue la empresa, y vi que las Farmacias estaban dando grandes ganancias gracias al nuevo contrato con “Prime Fármacos” y su nueva droga contra el Alzheimer. Una droga con la promesa de curar la enfermedad y “Farmasalud” era la única en el país en venderla, un monopolio que metía miedo y que inflaba su precio sin ningún tipo de control. Me hice pasar por un técnico en computadoras y me metí en su servidor, me instale en el café de enfrente, me pedí una lagrima y empecé a leer sus mails, los más interesantes fueron los que mantenía con el CEO de “Prime Fármacos”, Mark McCarthy, más de cien que leí en una hora, en ellos decía que el nuevo medicamento contra el Alzheimer, no funcionaba, daba indicios de mejora, pero al final aceleraba la enfermedad.

Los guarde en mi laptop como precaución, en ellos había más de un delito y varias estafas, un crápula, jugar con la salud de la gente, pensaría alguien a quien le importara un comino la gente, a mí, solo me importaba el dinero, ya que el acertijo parecía resuelto.

A la hora pautada salió a paso apresurado y tomo un taxi, (debía de sospechar algo o simplemente para no llamar la atención, con su flamante Mercedes Benz, negro). Se alejó de Capital Federal, tomo Panamericana Acceso Norte y fueron al hotel “Jardines de Babilonia”. Cumplí con mi trabajo, les tomé fotografías entrando y saliendo del hotel, en un solo día había ganado más de diez mil dólares, no podía creer mi suerte, pero nunca fue mi fuerte, la suerte...

Quede con Martha a la tarde siguiente, llegó como con la brisa y su perfume se apresuró en arribar, me levante y le abrí la puerta antes que bajara del ascensor, hermosa como siempre de rojo furioso y con un gran escote, otra vez no pude reprimir mis instintos y volvió a sonrojarse, esta vez lo dejo pasar, hasta ahora la mejor clienta en años, no me juzgaba, demasiado.

—Parece contento don Francisco, parece que encontró las pruebas que necesitaba— insinuó —Usted pidió al mejor, yo le doy lo mejor— Y me zampo un beso de lengua en la boca, que no me esperaba— y proseguí excitado:

—Cierre la puerta con llave, tengo unos minutos— me interrumpió enseguida y me dijo:

—No se apresure, solo fue una muestra de agradecimiento, ¿Tiene las fotos?

Se las di, me dio el dinero acordado y se retiró con prisa. Pero no todo fue color de rosa, me ganaron y era la primera vez que me pasaba. Al día siguiente revise mi laptop y no encontré los archivos de los mails de Alberto Gutiérrez y el CEO de “Prime Fármacos”, no estaban y habían sido copiados, me distrajo con el beso y me clono la computadora.

Me volví a deprimir como cuando murió mi Madre, solo que esta vez consulte un Psiquiatra y me medicó, deje de trabajar y me quede en mi apartamento durante meses sin hablar con nadie. Resulto ser un milagro, la medicación de alguna manera bloqueo mi mal, y la gente ya no me leía la mente, me había emancipado de mi pesar, poco a poco volví a la normalidad y un día cuando decidí volver a trabajar, debajo de la puerta había un sobre rojo con el inconfundible perfume de Martha, en la carta me decía que ella era la Moriarty de mi Sherlock Holmes y que su verdadero apellido era González, que había creado cuentas falsas en las redes sociales, creado datos falsos de matrimonio, haciéndome creer que era la esposa del CEO de “Farmasalud” y todo porque su padre había sufrido Alzheimer y lo que ella en realidad quería era destruir a Alberto Gutiérrez y a Mark McCarthy por la estafa y asesinato de su Padre, su verdadero motivo era demandarlos por jugar con la vida de las personas, y con las pruebas que había reunido era más que suficiente, me pedía perdón por mentirme pero pensó que yo nunca hubiese aceptado el caso de saber la verdad.

Y tenía razón.

Fin.

Escrito 0009 - Pablo Correa Urquiza

viernes, 6 de abril de 2018

Escrito 0008 - Delirium

Escrito 0008 - Delirium - Adrián Denbrough
¿Quién era esa chica pálida y de aspecto cadavérico reflejada en el espejo?, ¿quién o qué le había hecho tanto daño? Lo único vivo en ese rostro era el color de las quemaduras que comían sus labios. Esas enormes ojeras apenas y dejaban ver sus ojos. Moví la cabeza de lado a lado, y ella repitió los movimientos junto conmigo. Comenzaba a sentirme aterrada por la forma en que fijaba su mirada en la mía, cuando reconocí aquella cara tan demacrada. Era yo, Scarlett… O al menos lo que quedaba de mí. Hace mucho tiempo que no me observaba con tanto detalle. Nunca creí que el aspecto de alguien pudiese cambiar de manera tan crítica. ¿Qué ironía, no? Tal vez esa sería la última imagen que quedaría grabada en mi memoria.

No me sentía en mis cinco sentidos. Ni recordaba del todo cómo había llegado hasta el baño. Aunque eso ya no importaba. De lo que sí estaba segura, era que tomé una afilada navaja y cerré la puerta bajo llave. Sin pensarlo dos veces, hundí el filo de la hoja de metal en mi piel y dejé que los cortes le abrieran paso a un mar escarlata. Sin clemencia, la cuchilla me rebanó como un trozo de mantequilla.

Cerré fuertemente los ojos. No creía lo que veía. ¿No era algún otro sueño de los tantos que tenía de la misma situación? Miré hacia abajo, para cerciorarme que lo había hecho. Ahí seguían. No lo había soñado, ni alucinado. Los largos y profundos cortes en mis antebrazos eran reales. La sangre caía a gran velocidad, esparciéndose por el suelo y ensuciando todo lo que se interponía en su paso. Los suspiros escapaban de mis labios, como las gotas que resbalaban por el grifo del lavamanos. Al fin, tuve la valentía para hacerlo. ¡Al fin!

Estaba harta de llorar. Cansada de esta porquería. Era la única manera de librarme de este maldito tormento. Las lágrimas eran como ácido quemando mis mejillas… Pero esto lo valía. Era la última vez que lloraría. Ya me imagino la clase de comentarios que saltarían después de que esto se diera a conocer: "Tan joven, toda una vida por delante", "¿qué estaba pasando por su cabeza cuando hizo esa estupidez?", "qué cobarde"…

¿"Vida"?, ¿a esta mierda se le podría llamar "vida"?  Me gustaría que supieran lo que es que tu novio muera en un accidente automovilístico. O que tu hermana, a la que tus padres echaron de su casa, tenga meses de desaparecida. Quisiera que supieran lo que es perder a las únicas personas que te amaban incondicionalmente. Te deja un hueco tan grande en el pecho, que nunca más habrá algo que lo pueda llenar, aunque sea un poco. Es un dolor inhumano. ¿Qué demonios sabrían los demás?

La partida de ellos había sido sólo el principio de esta pesadilla. Mi vida pasó de ser risas y cariño, a noches enteras de lágrimas y lamentos. Me sentía culpable de no haber detenido a Dylan. De no haberle quitado las llaves del coche y obligarlo a quedarse esa noche conmigo en casa. Si tan solo me hubiese escuchado, ambos seguiríamos vivos. Y Heather… Mi hermana, mi confidente. Cegada totalmente por el amor a ese "hombre" tan imbécil. Debí haber hecho todo lo posible para que ella se alejara de él. Me destrozaba el alma tener que maquillarle el rostro y los brazos, para tapar los moretones que le hacía. Cada vez que intentaba llamar a la policía para que lo arrestaran, ella se arrodillaba y me suplicaba que no lo hiciera. Decía que cambiaría, que solo necesitaba un poco de cariño. Yo terminaba por ceder. Ojalá él hubiese tenido al menos una fracción de la compasión de mi hermana.

Estaba tan hundida en la tristeza, que me replanteaba la razón de seguir viviendo. Mis padres no lo sabían y no pensaba contarles. Porque lejos de ayudarme, me juzgarían por todo lo que hice, y también por lo que no. Así que, era yo sola contra esto. Y así fue durante mucho tiempo. Aislada en mi habitación, dormida o sollozando.  Sin ganas de saber de nada, ni de nadie. Todo siguió así durante un tiempo, hasta que un par de amigos míos charlaron con mis padres acerca de mi repentino encierro. Al parecer estaban muy preocupados, o al menos eso decían. Así que en un gesto gentil, me invitaron a través de mis padres, a una pequeña reunión que organizaron en la casa de uno de ellos. Mamá entró a mi cuarto, y sin preguntar alguna otra cosa, me dijo que tenía que arreglarme, porque más tarde me llevarían a un convivio, quisiera o no. Papá la apoyó. Intenté protestar  pero… Una pequeña parte de mí aún quería salir adelante y tratar de superar esto. No discutí y acepté la invitación.

Aunque de pequeña no tenía nada, pues al menos había cien personas ahí, quise continuar. La catástrofe empezó en esa fiesta. Fue ahí cuando surgió el verdadero infierno. No tenía ni la más mínima idea de lo que me esperaba. Luego de un rato nerviosa y de no saber cómo encajar, tomé un par de cervezas, antes de que comenzaran a fastidiarme con que probara el alcohol. Nunca había bebido, así que fue la cantidad suficiente como para ponerme ebria. En ese estado todo parece ser más fácil y entras en confianza sin problema alguno. Podía sentir ligeramente como la amargura se desprendía de mí. Al parecer, todo marchaba bien.

Pero siempre hay personas a las que el alcohol ya no les da el efecto que ellas quieren. Así que, buscan emociones más fuertes. Sensaciones diferentes. Se ponen creativos y  cuando menos se dan cuenta, encuentran lo que con tanto anhelo buscaban. Una de esas personas, había conseguido un par de gramos de cocaína. Tapizó de líneas blancas la mesa de la cocina e invitó a los valientes a inhalar con todas sus fuerzas. Algunos se acercaron, otros se fueron de paso. Yo me quedé en una esquina a observar a cada persona que decidía aspirar sin temor. Los efectos se veían a los pocos minutos y se asemejaban a como quería sentirme: segura de mi misma, eufórica y llena de vida. Quedaba sólo una raya blancuzca sobre la mesa. Ya nadie estaba alrededor, ni observándome. Alcoholizada, se me hizo muy sencillo pegar mi nariz al polvo e inhalar hasta el fondo. ¿Por qué demonios no lo había hecho antes? La sensación era increíble, inigualable. Era todo lo que  necesitaba, todo lo que buscaba. A pesar de que al terminar el efecto daba un bajón terrible, podía soportarlo.

Esa noche despertó algo en mí. Me agradaba. Parecía ser una buena idea, así que, ¿por qué no seguir con eso? Frecuenté el uso de esa droga, hasta que la volví un vicio. Pero claro, como cualquier otro, había un costo que pagar por él, y específicamente para este, era algo elevado. Al principio, no tuve problemas con que mi padre me diera dinero, pero poco a poco fue cortándome el presupuesto.  Tenía que buscar algo que hacer al respecto. Necesitaba la misma diversión, pero a un precio más accesible. Entonces, encontré la maravilla del crack. Era hermoso, aunque a veces extrañaba frotar mi nariz con la nieve.

La economía en casa se puso difícil, por lo que dejé de disponer de dinero. No podía quedarme con los brazos cruzados. Siempre hay algo que se puede hacer, y esta situación no era la excepción. Alguien me había ofrecido una buena suma por acostarme con él. Era atractivo y además me pagaría, ¿por qué no acceder? De esa forma debuté en el mundo de la prostitución. "Todo en esta vida tiene un precio", fue algo que aprendí con el oficio. Mi dieta se basaba en: cocaína, cuando me encontraba con algún hombre adinerado, dispuesto a pagar el precio de un cuerpo joven. O en crack, cuando la depresión era inmensa y sólo me topaba con vagabundos sedientos de sexo. ¿Cuántos hombres habrían pasado entre mis piernas?

Y a pesar de que con ello venían efectos colaterales, como una ansiedad tan profunda, que me rasguñaba el cuerpo y arrancaba el cabello por la desesperación. O esas noches enteras donde no podía dormir ni un solo minuto, por la sensación de que un ejército de insectos me comía viva. Prefería mantenerme en vela por eso, que por estar envuelta en lágrimas.  Me negaba a dejarlo.  Porque me hacían olvidar lo tonta y débil que era. Cuando eso entraba en mí, era invencible. No importaba que la sensación durara muy poco y el sufrimiento fuera colosal. Hacerme sentir la dueña del mundo por unos minutos, lo hacía valer la pena. ¿Quién necesita su nariz cuando puedes ser otra persona?

Fue maravilloso. Por fin era la Scarlett que tanto pretendía ser. Nada ni nadie podía detenerme. No importaba todo lo que tenía que sacrificar, pues estaba donde quería estar. Sin tristeza y dolor… Sin embargo, lo que es bueno, siempre será efímero. Mi cuerpo hizo resistencia al tiempo. Cada vez me pedía más y más. Por más hombres con los que estuviera, no podía saciar esa necesidad. La paranoia era como caer en un vacío. Las alucinaciones y ansiedad me martirizaban diariamente. Noches en vela, temblando y llorando porque no podía ser nada sin ella. Volvía a ser la porquería de antes, a lo que en un principio me trajo a este bajo mundo. Seguía siendo aquello que odiaba ser. Débil como un pétalo de rosa marchito. Lo que hice fue en vano.

Y todo terminaba aquí, mirándome al espejo en un baño, mientras mis venas y arterias se vaciaban. Las luces se apagaron, y no hubo nadie allí para alumbrarme. No pudieron salvarme de mí misma. Me sentía débil, en cualquier momento iba a perder la conciencia.

Miré hacia abajo, y vi cómo de manera delicada, una pluma negra caía, aterrizando en uno de los charcos de sangre. Una dulce voz femenina se alzó a mis espaldas. Era una voz tan cálida y tierna, que lo único que pudo causarme fue una tranquilidad aterradoramente profunda.

-¿Me llamaste? -dijo, impregnando el ambiente de calma.

Antes de responder a su extraña pregunta, di media vuelta, perdiendo totalmente la fuerza que me mantenía de pie. Me desvanecía, pues ya había perdido muchísimos fluidos. Fue inevitable irme hacia el suelo. Ya estaba más cerca del final. Al precipitarme, pude contemplar con claridad a la persona que me había hablado unos instantes atrás. Era una mujer arropada por completo en tonalidades oscuras. Llevaba un vestido, que la cubría desde su cuello y brazos, hasta sus tobillos; un sombrero que dejaba caer un velo al nivel del pecho, ocultando su rostro, y unas zapatillas muy altas. Mi cabeza rebotó entre los lagos carmesí, en cuanto logré visualizarla. Cerré los ojos y los abrí nuevamente, esperando que la dama se hubiese esfumado. Pero no, seguía ahí.

Se arrodilló de inmediato, sin importarle ensuciarse las manos y su ropa con el desastre que había hecho. Extendió sus brazos, y me arrastró hasta acomodarme en su regazo.

-Ahora me toca cuidar de ti, al menos por ahora -afirmó, derramando serenidad.

No comprendía nada. Nunca la había visto antes. Quería responder, pero no podía.

-No voy a juzgarte por lo que hiciste.

Estiró una mano, para limpiar el sudor que me escurría por la frente. Posteriormente,
Era tanta la armonía, que sentía que flotaba ligeramente.

-Te trataron tan mal… Pero ya no tienes nada de qué preocuparte. Te llevaré a descansar.

Levantó su velo, dejando ver su misteriosa cara. Era muy linda y joven. Acomodó detrás de su oreja un mechón de pelo rubio que volaba de su cabellera. Cruzó sus brillantes ojos verdes con los míos.  Ahí entendí todo, quién era y a qué venía.

-¿Va a llevarme con Dylan? -cuestioné, con la última energía que me quedaba.

-Claro, cariño -aseguró, manteniendo una cálida sonrisa.

-¿Y con Heather?

-Por supuesto. Están en el mismo lugar.

-Entonces, hazlo de una vez -pedí, en un último aliento.

Así que no temí más, y dejé que mi vida se deslizara hacia el olvido.

-Tranquila, mi niña. En un momento, todo se habrá terminado -dijo, mientras me mecía entre sus brazos y me miraba con indulgencia.

Participante 0008 - Adrián Denbrough

domingo, 1 de abril de 2018

Escrito 0007 - Remendar

Escrito 0007 - Remendar - Jesús Romo Gómez
Aquí escuchando el viento algo loco como mis pensamientos, mirando la luna que ilumina mi tristeza y soledad. Pareciera que lo tengo todo, sin duda alguna así es; familia, amigos, trabajo, entre otras cosas. Pero mi corazón necesita otro corazón ansioso de ser querido, mi corazón necesita ser remendado con el hilo de la escucha mientras tus suaves manos lo traspasan, porque quiere seguir siendo de carne y no quiere convertirse en piedra por miedo a ser lastimado, esta lleno de cicatrices que están ahí para recordarme que el amor viene, me lastima y se va, pero yo quiero una segunda, tercera, cuarta, en fin quiero otra oportunidad porque se que algún día será remendado con un hilo que por siempre durara.

Participante 0007 - Jesús Romo Gómez