domingo, 22 de mayo de 2016

Escrito 0004 –

Escrito 004 - - Juan Chávez Robles
Volví a soñar contigo, nuevamente. Pero esta vez fue diferente, un poco extraño, ¿has sentido con tu piel, con tu sentido del tacto, dentro de un sueño? no sé cómo describirlo pero así fue. Tan verdadero, tan real, que por un momento olvidé que era un sueño, aun así sabiendo que sólo estaba soñando contigo. Fue cómo en los buenos momentos, los de verdad, cuando aún estábamos juntos. Yo estaba durmiendo, si, dentro de mi sueño, y tú solamente llegaste y te recostaste sobre mí para despertarme, como solías hacerlo cuando nos recostábamos, sentí tan fuerte tus labios y tu mejilla sobre la parte superior de mi rostro. Fue tan lindo sentir eso, cómo si en verdad hubieras estado ahí, durmiendo conmigo mientras yo soñaba contigo.


Participante 0004 – Juan Chávez Robles

viernes, 20 de mayo de 2016

Escrito 0003 – El amor de Luisa


Escrito 0003 - El amor de Luisa - Diana Vázquez Prado
Era un día como cualquiera en el año de 1954, en temporada verano y el día estaba soleado, el cielo estaba despejado, se sentía un aire fresco y agradable, los árboles se veían de un verde intenso, yo observaba por la ventana el día. A pesar de que nuestra condición económica no era muy buena porque mis padres se separaron. Él se desapareció, ya no supimos nada, así que mi madre no tuvo estudios. Tenía que lavar y planchar ropa ajena y por las noches vendía cena. Mis hermanos y yo le ayudábamos con lo que fuera necesario, en una ocasión me mandó a recoger la ropa de una de las señoras, no me quejé porque me gustaba salir a la calle para seguir observando qué había a mi alrededor. Era mucho más divertido que quedarme en casa. Tomé la canasta y me dirigí a la puerta, esta vez la casa que tenía que visitar era la de la señora Leticia, me gustaba visitarla porque su casa era muy bonita. Por fuera tenía portones grandes de madera algo pesados y por dentro muy fresca. Esa señora siempre me saludaba con una sonrisa e incluso se ponía a platicar conmigo, se notaba que sabía mucho. A unas 4 cuadras de mi casa se encontraba la panadería y pasando como 3 cuadras después se encontraba la casa de la señora Leticia; no era complicado llegar. Cuando pase por la panadería vi a un chico blanco, delgado, de cabello quebrado color castaño oscuro, ojos profundos, llevaba una bicicleta color negro.

<<Creo que me está observando, no es feo, ¡¿pero en que estoy pensando?! creo que mejor me apresurare…>>

Sentía la mirada del muchacho, no quería voltear pero me ganó la curiosidad, giré la cabeza y naturalmente seguía observándome, seguí mi camino hasta llegar a mi destino, llegué, saludé a la Señora Leticia, ella muy amable como siempre, recogí la ropa esta vez la canasta estaba un poco más pesada que de costumbre me retire y cuando volví a pasar por la panadería el muchacho ya no estaba, llegue a casa y le ayude a mi madre, después de un rato llego mi hermana Malena y mi hermano José.

La señora Leticia le mandaba más ropa, así que tenía que ir seguido a su casa por las tardes, siempre a la misma hora, cada vez que pasaba por la panadería veía al muchacho delgado en su bicicleta, yo le miraba y él a mí, yo me sonrojaba, pero seguía mi camino.

Cierto día me empezó a seguir en su bicicleta de regreso a casa, se me acelero el corazón pero yo seguí caminando de lo más normal, y de repente el silencio se había ido.

-Hola, ¿cómo te llamas?-
No le quise contestar…
-No te voy a hacer daño, veo que seguido pasas por la panadería, con esa canasta, se ve que está algo pesada, ¿no quieres que te ayude?-
-No gracias, yo puedo sola-
-De verdad, es más, si quieres la ponemos encima de la bicicleta y ambos caminamos así tendrás seguridad de que no me la robaré-
Me sonreí, quien iba a querer robarse una canasta llena de ropa, le conteste:
-Está bien, ya que insistes, por cierto, mi nombre es Lisa-
-Muy bien, Lisa, mi nombre es Pablo, mucho gusto-

Me sonrió y me acompaño, estuvimos platicando de tantas cosas, era un chico bastante interesante, me contó que él iba mucho a la panadería porque era amigo de los dueños y cuando los esperaba la primera vez, fue cuando me vio pasar, así que decidió ir todos los días para ver si me veía y acercase a platicar porque tenía ganas de conocerme, casi íbamos a llegar, le pedí que me dejara una cuadra antes de mi casa, él no tuvo ningún problema, es que no me podían ver llegar con un muchacho y mucho menos que fuera más grande que yo, aunque no era mucha la diferencia yo tenía 13 casi 14 pero no aparentaba la edad que tenía muchos me decían que me veía mas grande, y él me ganaba como por 4 años, mi madre no nos dejaba tener novio, lo que recuerdo muy bien es que siempre nos decía a Malena y a mí:
-Nunca dejes que ningún hombre se te acerque, y mucho menos que te toque porque cuando lo haga tú ya no vas a valer nada como mujer.

Yo no sentía que estuviera haciendo algo malo, pero prefería guardarme eso para mí, pasaron los días, me seguía encontrando con Pablo, nosotros platicábamos mucho, sentía como si todo desapareciera, a veces ni siquiera iba con la señora Leticia por estar más tiempo con él, cierto día pasó algo distinto que no me lo esperaba, estábamos platicando fuera de la panadería y él se empezó acercar mucho a mí, yo sentía que mi corazón se aceleraba, de repente me beso en la boca, sentí sus labios rozar los míos, yo no supe que hacer y lo empujé, me fui corriendo, llorando a casa de la señora Leticia, porque no le podía contar a Malena ella no sabía nada y mucho menos a mi madre, llegué desconsolada, toqué la puerta, ella salió, me observo un tanto asustada y me dijo:
-Lisa, ¿Qué te pasa? ¿Te hicieron algo? ¿Por qué vienes así?-

Ni siquiera le podía contestar.

-¡Por favor! Dime algo, si no, no te podre ayudar-

-Sí, me hicieron algo…-

Le conté lo que había pasado, también lo que mi madre nos decía, ella después se relajó, se rió, y me dijo que me tranquilizara, que eso no era malo en realidad era algo muy normal, que mi madre me decía todo eso porque era una forma de protegerme a su modo, me explico que lo que había hecho él era porque le gustaba, me empezó a contar anécdotas de ella y después de un rato regresé a casa, ya me sentía mucho mejor. Pasaron los días, los meses y no supe nada de Pablo, me sentía muy mal, pero eso no fue lo peor, a mi madre ya no le iba tan bien, no nos ajustaba el dinero, así que tomo la decisión de que nos iríamos de Guadalajara a Tijuana, yo no me podía oponer porque era una decisión de ella, aparte ya no tenía nada que hacer ahí.

Pasaron algunos años, mi hermano José se fue a los Estados Unidos y nosotras nos regresamos a Guadalajara, las cosas habían mejorado un poco. Cuando tenía 17 años mi hermana Malena y yo, salíamos mucho. Yo sospechaba que ella estaba saliendo con un muchacho antes de que nos fuéramos a Tijuana y cuando estábamos allá le escribía a alguien pero no le preguntaba nada para que ella no lo hiciera tampoco, cuando regresamos él la buscaba pero de ahí en más yo no me metía, cuando salía con mi hermana nos gustaba mucho ir a bailar y los domingos había salones con orquesta, a mí me encantaba ir, en una de esas salidas, me encontré de nuevo con Pablo y fue como si nada hubiera ocurrido, claro que ahora estábamos más grandes, volvimos a platicar como en los viejos tiempos, largas platicas donde el tiempo se detenía, como a él también le gustaba bailar, yo salía a solas con él y mi hermana salía con su novio aparte. Cuando íbamos los domingo a los salones era muy divertido, lo único que me molestaba un poco era que él vivía lejos de donde yo vivía ahora, recuerdo que siempre que podíamos íbamos al centro a pasear y también al parque Morelos por una nieve raspada, a veces el juntaba dinero para gastarlo en mí y darme mis gustos, él creía que no me daba cuenta pero siempre que íbamos a comer él no pedía para que yo pudiera disfrutar y el así no descompletaba su pasaje para su regreso porque a veces el no traía su bicicleta, él y yo nos enojábamos seguido y terminábamos, pero siempre regresábamos, nos queríamos mucho yo lo sabía porque me lo decía en su mirada, en sus detalles, en tantas cosas él me lo demostraba que a veces las palabras eran innecesarias y él sabía lo mucho que yo lo quería, pero una vez, lo recuerdo bien nos molestamos mucho y todo fue porque él no me podía visitar seguido por lo lejos que le quedaba mi casa. Yo quería que así como mi hermana se veía a diario con su novio, pasara lo mismo con nosotros pero su novio tenia carro y Pablo tenía una bicicleta, ambos nos dijimos cosas, y él se fue, yo creí que volvería al día siguiente a buscarme como siempre lo hacía, pero esta vez no ocurrió. Transcurrió el tiempo y me empecé a sentir sola a pesar de que tenía muchos amigos y amigas, así que me hice un novio, él se llamaba Miguel, realmente no lo quería como a Pablo, con él todo era distinto, pero lo hice por el simple hecho de decir que tenía novio y porque había pasado tiempo y no sabía nada de él. Pensé que pasaría lo mismo que de chicos.

Un día estaba con Miguel platicando, y llego Pablo y nos vio juntos, me miró con decepción y lo miró a él con coraje y se fue, me sentí mal pero no dije y tampoco hice nada. Luego me enteré que él se fue de la ciudad y que se había casado; sentí un coraje tremendo, para ese entonces ya había terminado con Miguel, y lo primero que dije fue “Si él se casa con alguien yo también, con el primero que me lo proponga”.

Conocí al que me lo propondría: Antonio, me deslumbró era bien parecido, alto, inteligente, al mes de habernos conocido pidió mi mano, a los 6 meses se fijo la fecha, y nos casamos. Creo que ese fue el mayor error que cometí en mi vida porque es del que más me arrepiento, porque era un hipócrita, egoísta, un animal, me trataba muy mal, el decía que las mujeres de casa solamente sirven para tener hijos, era muy ofensivo ya que para él era muy ignorante porque no tuve la misma oportunidad de poder estudiar más, yo lo que hacía era refugiarme en mis hijos. Antonio aparentaba que nos trataba bien y que nos quería. Empezó a llegar borracho y lo peor fue cuando en una ocasión llego y me agredió, le dije que esto jamás volvería a repetirse. Y cuando menos lo pensó lo dejé, me fui a Tijuana con mis hijos, para ese entonces Malena se había casado vivía con su esposo Fernando, llegué con ella y le conté todo. Me apoyó para podernos instalar y empezar de nuevo sola con mis hijos. Al paso de los días el esposo de Malena se enfermo y fue hospitalizado así que fui a visitarlo al hospital y Malena me dijo que la esperara, que me presentaría a parte de su familia que no pudo estar presente en su boda y que no conocía por que tenían tiempo radicando en Tijuana. Cuál sería mi gran sorpresa que Fernando era hermano de Pablo, sentí que la sangre se me helaba estaba muy nerviosa igual que él. Así fue que nos volvimos a encontrar, nos miramos como la primera vez que nos encontramos cuando yo tenía 17 años, sólo que ahora las cosas eran muy distintas, después nos vimos a solas y hablamos durante horas, me contó que él y su familia se fueron a vivir a Tijuana y que ahí conoció a su esposa, que se casó con ella por despecho, porque le habían comentado que yo me había casado y fue por eso que me fue a buscar cuando me vio con Miguel. Se sintió como si me hubiera desecho de él, pero fue un mal entendido y yo había hecho lo mismo, Pablo me ayudó mucho cuando más lo necesitaba, me ayudo a seguir con mis estudios. Nos veíamos en secreto estábamos más unidos que nunca, pero yo sabía que sería por poco tiempo ya que él tenía a su familia. En una ocasión me dijo que él estaba dispuesto a dejar a su familia y fue doloroso porque lloraba desconsolado por que decía que no soportaría perderme nuevamente. En esa ocasión nos dijimos todo lo que no nos atrevimos antes, él me había dado un número de teléfono, me dijo que le hablara cuando quisiera, cuando necesitara desahogarme, o simplemente quedarnos callados pero sabiendo que ahí estábamos el uno para el otro.

La última vez que nos encontramos lo observe muy bien cada detalle en él: su sonrisa, su ojos y su cara porque sabía que esa iba a ser la última vez que estaríamos juntos. Le dije que ya no lo podía volver a ver, que no me buscara, me dolió muchísimo pero sabía que iba a ser lo mejor para los dos. Nos llegamos a encontrar en dos ocasiones en fiestas familiares, pero yo lo evitaba, después ya no iba para no encontrármelo, él de alguna manera siguió ayudándome enviándome cosas por medio de conocidos, según para que no me diera cuenta que él estaba al pendiente de mí y de mis hijos pero lo de nosotros nunca podría ser, no volvimos a encontrarnos jamás. Hace 4 años en el 2011 me enteré que él falleció, me sentí muy mal me solté a llorar con lágrimas que tenía guardadas para días que nunca me habría imaginado, a él lo ame como a nadie y lo siguiere queriendo. Jamás volví estar con alguien, hasta el momento sigo sola recordando a mi gran amor.


Participante 0003 – Diana Vázquez Prado

sábado, 14 de mayo de 2016

Escrito 0002 – Tiempo

Escrito 0002 - Tiempo - Eddye Buenrostro
Tiempo tu que eres un defensor de los amaneceres tan admirado y temido entre los mortales con tu esencia llena de oro Obligado al castigo del silencio

No finjas libertad puesto que solo eres un instrumento para liberar

Tu mirada tan despreciable es prisionera al TIC TAC de la vida tus caricias tan talvajes y atroces solo envejecen al cuerpo desvaneciendo las cicatrices

Haces de la vida misma un misterio y de ausencia en un parpadeo Tan misterioso tan abundante he inmatchitable

Tiempo tu que eres el néctar de un principio no te enorgullezcas por que careces de un final
Tu cantar tan fantasioso y fértil

Dejas al mismo tono brincando de alegría como desnudar un bello atardecer entre los pétalos de la vida y las sonrisas perdidas

Tiempo eres tan presuntuoso y tenaz tus actos ocultos despiertan la curiosidad humana
Tu esencia tan trasparente y mortal Arropame en tus brazos acobijame de silencio y bañame de tu ausencia que morir es vivir en libertad eterna

No hay por que temerte si en la inconsistencia tu eres nada y bajo tu presencia eres un rehén de tu mismo he infinito ser


Participante 0002 – Eddye Buenrostro

jueves, 5 de mayo de 2016

Escrito 0001 - Belladona

Escrito 0001 - Belladona - Adrián Denbrough
Él estaba a mi lado, conduciendo el automóvil por las solitarias calles de la ciudad bajo una lluvia nocturna. Mientras tanto, contemplaba las gotas de agua romperse a lo largo del parabrisas y me preguntaba cómo es que le diría a mi novio que tendríamos un bebé. Tal vez no era el momento más prudente, pero estaba obligada a hacerlo. Hoy se veía feliz… Bueno, no en realidad. Bebió unas cuantas copas de alcohol antes de echar a andar el coche, por lo que estaba algo serio, pero al menos no tenía el entrecejo fruncido como lo había tenido estos últimos meses. Para mí eso era más que suficiente.

Al final, me decidí y lo hice. Sin embargo, las cosas no resultaron como lo esperaba. Recibí algo más que los insultos a los que estaba acostumbrada. Las tinieblas y la pálida luz de la luna, me dieron algo que quedaría para siempre conmigo.

—¿Qué no lo entiendes? Ése es tu maldito problema, así que resuélvelo como mejor te parezca —vociferaba mi novio bajo el capo del auto, en medio de la madrugada.

—Pero Craig… piensa…

—¿Eres sorda o estúpida? Dime, ¿de cuántas maneras quieres que te diga que no me interesa en absoluto ese parásito que llevas contigo? —gritaba con los sienes al borde de explotar.

—Craig… No deberías de hablarme de ese modo —le sugería completamente aterrada.

—¿Ahora me vas a decir cómo tengo que hablarte? —hacía su indignación más notable.

—Es que...

No me dejó si quiera terminar la oración cuando me atizó un par de bofetadas. Los golpes fueron tan fuertes que acabé estrellándome contra el tablero del coche. Las lágrimas empezaron a brotarme de los ojos y resbalaban por mis mejillas donde se evaporaban con el ardor de ellas. Era más que obvio que la noticia de mi embarazo no la había tomado bien, pero… ¿Qué esperaba? Nunca le gustó usar protección, ni dejaba que yo me cuidara. Tarde o temprano eso iba a suceder.

Sí… me dolía mucho lo que hacía. Pero, ¿eso significa amar, no es así? Tenía que soportar sus continuos correctivos e insultos, porque simplemente los merecía. Él me quiere, estoy completamente segura de eso. Al principio todo era distinto: los viernes me invitaba a cenar al restaurante que yo quisiera, ahora tenía que conformarme con dos comidas al día; antes me obsequiaba cualquier capricho que toda mujer suele tener, ahora tenía que agradecer por tener algo con qué vestirme; hace tiempo me decía: “princesa”, ahora debía sentirme afortunada cuando me llamaba por mi nombre, y no por el de algún animal; anteriormente hacíamos el amor a cualquier hora del día, ahora me sentía agraciada por las noches que pasaba en casa y no en un motel revolcándose con alguna mujerzuela; hace tiempo me acariciaba el cabello hasta quedarme dormida, ahora sus nudillos y cinturones se encargaban de ese trabajo.

Sin temor a equivocarme podía decir que era un buen hombre, porque seguía conmigo a pesar de mis estupideces. Sí, solamente él toleraba el desastre que era. ¿Quién aguantaría a alguien que no le tiene listo el desayuno a las nueve de la mañana?, ¿un novio estaría dispuesto a aceptar que su mujer quemara por equivocación su camisa favorita?, ¿acaso habría un hombre que admitiera que su chica hablara sin permiso con algún desconocido? ¡Por supuesto que no! Heather, no seas tonta... Él te ama y punto.

—¿Vas a quedarte recargada ahí toda la noche? —bramó Craig, esfumando aquella nube de pensamientos.

Levanté lentamente el rostro y poco a poco me dejé caer en el respaldo del asiento.

—No me digas que te dolió porque sólo fueron un par de golpecitos, y aun así te los merecías, ¿o no?

—Sí… tienes razón

Intenté acercarme a él para darle un beso en los labios, pero antes de que pudiera hacerlo, me aventó a mi lugar en un gesto de repugnancia. Lo comprendía, pues estaba ocupado manejando. No debía ser tan necia como para distraerlo.

Yo sabía que él odiaba a los niños, en especial a los bebés, pero tenía que hacer una excepción por lo menos una vez en su vida, pues este era nuestro hijo. Mi sexto sentido de madre me decía que no sería un varón, sino una adorable niña. Así que no quise darme por vencida, e intente convencerlo de si quiera volverse a replantear el tenerlo.

—Craig… Por favor, prométeme que lo pensaras un…

—¡Cállate! —frustraba mis intentos por hacerlo recapacitar.

—Por favor…

Cerró sus ojos y exhaló profundamente. Contemplaba cómo palpaba su frente e intentaba no perder la cordura. De verdad estaba afectado con la idea de convertirse en padre.

—Quieres hablar, pues entonces hablaremos —respondió, entretanto cambiaba el rumbo del coche.

Me llevó a la fueras de la ciudad y no entendía el por qué. Si quería hablar conmigo podía hacerlo en cualquier lado, no tenía la necesidad de alejarnos de nuestro hogar. Fuese cual fuese el motivo, no me atreví a preguntar, pues ya había aceptado el hablar sobre el tema y para mí era más que suficiente.

Irónicamente, condujo hasta un parque infantil donde decidió estacionarse. Cabizbajo, volvió a exhalar como si expulsara el humo de un cigarrillo de sus pulmones y salió del auto. Se abordó a mí, tras el vidrio de la ventana, y en un gesto que creí que nunca volvería a ver, abrió la puerta para ayudarme a bajar.

Una vez en la acera y antes de que pudiera cruzar palabra con él, me abrazó, rodeando sus extremidades por mi cintura. Sus cambios de humor eran tan frecuentes, que no se me hizo extraño lo que pasaba, ni que al próximo instante estuviera agrediéndome de manera verbal. Eso era tan común en él, así que aproveché ese efímero momento de armonía.

—Te amo —declaré sin poderlo mirar a la cara, intentando esconderme en algún lugar de su pecho como una niña asustada.

—Lo sé, bobita, lo sé —contestó abrazándome con más fuerza y dándome un beso en la frente.

—Y por eso quiero que tengamos este bebé —dije con la voz quebradiza. —Pero no es suficiente con querer, también necesito de tu ayuda y apoyo.

—Por supuesto que voy a ayudarte, Heather —contestó con tanta convicción, que di por hecho que así sería.

La emoción me invadió de inmediato. Fue tanta la conmoción que me llevó hasta las lágrimas. No daba crédito de lo que mis oídos habían escuchado. Mientras yo seguía incrédula ante la situación, la llovizna se convertía en tormenta sobre nosotros. Los relámpagos empezaban a dibujarse a lo lejos entre la oscuridad y la inmensidad del cielo, al igual que el viento emprendía su ardua labor por desprender las hojas de los árboles. Este clima tan peculiar me recordaba a esa noche de octubre cuando lo vi por primera vez en aquella fiesta. La manera en que miró cuando mi amiga Stefanie nos presentaba, juro que nunca lo olvidaré. Conocerte fue como drogarme con dulces bayas de belladona, me paralizaron y ya no pude huir de ti. Quererte conmigo significó amar el delirio y el letargo. Y ahora me tenías aquí, rendida a tus pies.

—Entonces, creo que no tenemos nada que hacer aquí.

—Claro que sí, tontita —dijo subiendo ambos brazos por mi espalda—. Voy a ayudarte ahora mismo.

—¿A qué te refieres? —repliqué desconcertada.

En menos de un segundo, enredó mi cabellera en la palma de su mano y tiró de ella, levantándome unos centímetros del asfalto. El miedo de que el cuero cabelludo se me desprendiera del cráneo y el dolor brutal, forzó a mantenerme erguida con la punta de los pies.

—Nunca entiendes nada, maldita zorra —gritaba de nueva cuenta al ras de mi cara, dejando caer su aliento impregnado de alcohol sobre mis mejillas.

Jaló una vez más de la melena, tirándome al frío y húmedo pavimento donde aterricé con la frente y nariz.

—¿¡Pero qué estás haciendo!? —intenté protestar, tratando de controlar la inevitable hemorragia nasal.

—¡¡¡Estoy ayudándote!!! —hablaba como si el mismo Lucifer se hubiera apoderado de su cuerpo.

Seguido de eso, no dudó en absoluto para correr y patearme la nuca como un jugador de futbol americano lo hace con un ovoide. Volví a estrellarme contra el concreto, dejando la silueta de mi cara trazada con tinta carmesí sobre él. Lentamente la vista se me empezaba a nublar. Ya no escuchaba nada con claridad, solamente ecos lejanos que se desvanecían en el vacío. En definitiva, no comprendía nada de lo que pasaba, ¿cómo es que de estar acurrucada en sus brazos, estaba ahora arrastrándome por el suelo siendo agredida sin misericordia?

Con lo poco que podía ver, alcancé a apreciar cómo cambia de posición y se colocaba frente a mi vientre. No lo pensó dos veces y realizó lo mismo. Hubiera deseado con todo mí ser que sólo fuera un golpe y que seguiría con mi correctivo de otra manera… Pero no, siguió firmemente hasta el cansancio.

—¡El bebé!, ¡el bebé! —susurré con el poco aire que me quedaba.

Intenté mirarlo con la brisa empapándome, y la luz de un relámpago fulminante iluminó su rostro. Nunca había visto unos ojos tan aterradores, parecían ser los de un monstruo de algún relato lovecraftiano.

—No te preocupes, yo me encargaré de que no nazca ese adefesio —garantizó entre carcajadas—. Y será mejor que te quedes quieta, porque si no, también te mataré a ti.

Estaba tan aterrada que sólo me limité a ponerme en posición fetal y a suplicar por la vida de ambos. Mientras él me pateaba una y otra vez, algo se hacía añicos dentro de mí. Tal vez eran las costillas perforándome los pulmones, o las vértebras fracturándose una tras otra como plástico de burbuja. Quizás ambas.

Después de unos minutos infernales, terminó con su castigo. Se paró a un lado de mí y empezó a contemplar con detenimiento a su “obra de arte”. Sólo veía sangre en todo mi cuerpo y en el pantalón de él, pero era todo. No podía ver más allá de manchas rojas desenfocadas por todos lados.

—Levántate, tienes que limpiar todo este desastre —ordenaba con serenidad absoluta, como si nada hubiera pasado.

Apenas y asimilaba lo qué intentaba decirme. Pero la verdad, ni siquiera podía respirar, mucho menos hablar.

—Maldición Heather, responde, ¿o aparte de ser estúpida también eres muda?

Únicamente daba imperceptibles señales de asfixia, sin causar respuesta alguna sobre él.

—¿Acaso también tengo que hacerlo? ¡Eres una inútil! —se acercaba de nuevo furioso.

De un tirón me alzó del suelo, y al ver que no podía mantener en pie, me empujó de manera despiadada al coche. Mi querido novio no sabría que esa sería la última vez que me volvería a poner una mano encima. Las fuerzas dentro de mí eran nulas, por lo que perdí el equilibrio con facilidad. Me dejaba caer hacia adelante como un clavadista olímpico se lanza atrevido desde un trampolín hacia una piscina, sin darme cuenta que frente a mí estaba la ventana del coche, esperando pacientemente a que la embistiera con el cráneo… Y así fue. El cristal se hizo añicos en mi rostro, penetrando a través de mi delgada piel. Unos restos se incrustaron en mi frente y otros quedaron dentro de mi cuello, atravesándome con agilidad la yugular. Sentía cómo la vida se me iba junto con mi último aliento… Hoy tanto veneno pasaba a cobrarme factura a mí y a una inocente criatura que ni siquiera tuvo la dicha de disfrutar este sueño al que llamamos vida. Amarlo nunca fue suficiente.

Ya no escuchaba los ecos de los gritos de mi novio alrededor, ni veía las manchas amorfas de su figura, sólo una densa oscuridad que cada vez me envolvía dentro de ella. Antes de que la negrura me absorbiera, pude percatarme de que alguien me cargaba en sus hombros y me arrojaba a la cajuela de un auto, el cual, sin duda, manejaría varios kilómetros lejos de la ciudad.

Ahora mismo pasaba toda mi vida como un viejo rollo de película por mi mente. Aún recuerdo aquella vez cuando les dije a mis padres que me iría a vivir a casa de Craig: “Lárgate, pero recuerda que una vez que salgas de esta casa para nosotros estarás muerta”, dijo papá, mientras mamá rompía en llanto y caía hecha pedazos. Él me asesinó para mis padres, después para mis amigos… Y por último, me aniquilaba para él y nuestro hijo.

Mi amor por él me llevó hasta aquí: al interior de una fosa improvisada en medio del desierto, donde las inclemencias de la naturaleza se encargaron de mí…Y de mi bebé. Nadie volvería a saber de mí, pues esto sería un secreto del que mi exnovio cuidaría bien, o por lo menos mejor que de lo que hizo conmigo. Sí, estaba muerta otra vez. Pero al final, era libre.

Participante 0001 – Adrián Denbrough

sábado, 23 de abril de 2016

4to. Concurso de Escritura.

4to. Concurso de Escritura
El Blog de "La Calle de la Realidad" el pasado 20 de marzo, celebró su 5to. Aniversario, y como parte de la celebración, llevará a cabo este 4to. Concurso de Escritura.

:: REGLAS ::

1. La historia debe tener inicio, desarrollo y fin.
2. La temática del escrito es libre. (Drama, terror, comedia, romanticismo… el género de tu preferencia).
3. El formato del escrito es libre (Cuento, relato, pensamiento, poema, historia… tú eliges qué formato deseas darle a tu escrito).
4. No debe tener faltas de ortografía, semánticas o sintácticas.
5. Puede ser tan largo o tan corto como gustes, tú decides.
6. El envío de tu escrito, lo puedes realizar mediante la página oficial de Facebook LaCalleDeLaRealidad, o si prefieres, a mi firma personal -> Joanito Goodface.
7. Cada escrito será publicado junto con una imagen relativa al escrito, o si lo prefieren, ustedes me pueden mandar la imagen que desean que agregue a su escrito. Todas las historias estarán en un álbum especial del 4to. Concurso de Escritura, además, serán publicadas en el Blog http://lacalledealrealidad.blogspot.mx/, una por día, según sea el orden de envío, (las publicaciones en el blog solo serán para muestra del material enviado, no contará para calificación).

:: GANADORES ::

Existirán dos ganadores, la elección para los escritos ganadores serán de la siguiente forma:
1. Un escrito será elegido de acorde a su contenido (Redacción, ortografía, semántica, sintáctica, temática, contenido, entre otros puntos a revisión), sin importar los "likes" que tenga.
2. El segundo escrito ganador, se realizará por medio de los likes de Facebook (Cualquier tipo de interacción como "me gusta", "me encanta, "me divierte", "me asombra", "me entristece" y "me enoja"), que tengan en la imagen del escrito (Solo se aceptarán los likes en las imágenes del álbum de la página oficial de Facebook. Los likes de imágenes compartidas, estados o demás formas, no contabilizarán para elegir al ganador).

:: PREMIOS ::

1eros. lugares: Obtendrá un reconocimiento, un premio sorpresa por el 5to. Aniversario del Blog y un libro (El cuál, será tratado con el ganador del premio).

:: DURACIÓN DEL CONCURSO ::

El concurso tiene un lapso de recepción y votación por likes de facebook, del sábado 23 de abril al domingo 22 de mayo del 2016, finalizando a las 23:59 hrs. (Horario México Centro).
Para la elección del ganador por evaluación del jurado, se dará un lapso de dos semanas para revisiones, dando como finalización y publicación de resultados el día sábado 4 de junio del 2016.

:: Nota ::

Cualquier cosa no prevista en esta convocatoria, será tratada con el organizador de la convocatoria. Aclaraciones, dudas, preguntas y más, pueden hacerlos en esta página o en mi firma personal.

Diseño del cartel: Angie Fernández Olimón.

"[..] Creaciones diversas en un mundo externo a la realidad en la que me encuentro, cuartos obscuros, bosques siniestros, pasajes sinuosos, dragones sin fuego, príncipes de planetas tan pequeños… son ideas que se crean en el pensamiento… pero pueden llegar a ser degustadas con la simpleza y belleza de un bolígrafo sobre un trozo de papel…”

viernes, 28 de agosto de 2015

28 de Agosto.

“[..] Los años transcurren por nuestra vida dejando una especie de cicatrices en ella, suelen quedar de diversas formas posibles, algunas son de un color blanco platinado y las llamamos canas… otras más suelen tener curvaturas en la piel a las que llamamos arrugas… y otras más… suelen pasar desapercibidas y se esconden en lo profundo de nuestro corazón…”

Hoy conmemoramos a esas personas mayores, esas personas que han vivido por diversas experiencias en el caminar de sus días. Hoy celebramos el día del adulto mayor, y que en la mayoría de los casos, suelen pasar desapercibidos por la sociedad, puesto que ya no son “útiles” para una sociedad consumista y materialista, y solamente ocasionan “problemas y dificultades” debido a sus enfermedades, trastornos e ideas que pudieran tener.

Esas personas adultas, fueron las que bien o mal, construyeron nuestro ambiente, nuestra sociedad. Son ellas las que en algún momento tomaron sus propias decisiones para que el mundo fuera el lugar que es hoy, para que la existencia humana continuara sobre-existiendo en este planeta.

Muchos de ellos son Padres, Abuelos, Bisabuelos y algunos hasta tienen la dicha de ser Tatarabuelos, Personas que con sus experiencias de vida, su ejemplo, las prácticas que fueron transmitiendo a los suyos, las enseñanzas que ellos fueron aprendiendo a su forma, sus estilos de vida, y sus gustos propios, fueron y han seguido siendo transmitidos de generación en generación.

De igual manera, lamentablemente, para muchos no les ha tocado vivir en un mundo ideal, en un mundo en el que puedan vivir plenamente, seguir disfrutando de un nuevo amanecer, seguir viendo la grandeza de lo que es despertar un día más… muchos ya no se encuentran con nosotros, y a otros más… nosotros mismos, los hemos ido alejando de la “sociedad” como si fueran una peste, como si tuvieran alguna enfermedad transmisible… ¿Por qué? Porque ya no son base “fundamental” de la sociedad, porque ya no trabajan, porque “ya no sirven”, porque se la pasan enfermos, neuróticos, o deprimidos… pero… ¿Qué hacemos nosotros por ellos?

Hay varias personas adultas que terminan sus días en un asilo, que si bien, es un lugar donde pueden atenderlos en sus necesidades, los ayudan en su limpieza y están al pendiente las personas que laboran, de sus alimentos, de su medicamente o de lo que pudiera ocurrirles… no es un “basurero” a donde llevar lo que “no nos sirve”. En algunos casos es conveniente que los cuiden y los apapachen como lo hacen en un asilo, pero no por llevarlos a ese lugar los abandonemos de por vida, se sienten alegres y contentos con la visita de sus seres queridos, les da energía y fortaleza para seguir adelante, les impulsa a vivir, puesto que ellos notarán que no los han abandonado, que si bien, se encuentran en un lugar así, es para que estén más al pendiente de lo que les ocurre…

Hay otros, que no sabría explicar qué hubiese sido mejor, si hubieran quedado tras las rejas, o en la situación que se encuentran, puesto que parecieran estar en total confinamiento, a la buena de Dios, sin nadie que vele por ellos y sus necesidades, esos adultos mayores que, ya sea porque sus familiares hayan fallecido o porque se hayan ido lejos, han quedado en total abandono y, a medida de sus posibilidades, han seguido saliendo adelante, buscando su propio sustento y pasando sus últimos días sin personas con las cuales compartir lo que sienten, lo que les pasa o alguna enfermedad por la que están padeciendo…

Y existen otros más, otros que suelen ser muy pocos los que se encuentran en tal situación… Ellos han disfrutado de un pedacito de cielo, antes de acercarse a él, porque ya sea por familiares suyos; cercanos o lejanos, o simplemente por el alma caritativa de alguna persona que sin llamarle nada, los han acompañado en esos últimos días, estando al pendiente de sus necesidades, de sus alimentos, y que… aunque pudieran estar de mal genio en algunas ocasiones, están al cuidado y al pendiente de lo que les hace falta, de ver por ellos, aún sin deberles nada a cambio. Esos adultos mayores seguramente que disfrutan de ese terroncito de cielo en la tierra misma…



lunes, 30 de marzo de 2015

Escrito 0011 – La luna y yo.

Escrito 0011 – La luna y yo.
Hace mucho que la luna y yo no charlamos, hace mucho que no veo mi interior. Muchas veces entre la luna y yo guardamos tantos secretos que se podría decir: ¿Si la luna hablara que cosas no contaría? Contaría una historia común y corriente, llena de tristezas, alegrías, éxitos, fracasos y sobre todo miedo mucho miedo. Descubrí que la luna y yo tenemos mucho en común; durante el día estamos presentes, opacos, escondidos, con miedo a ser quien realmente somos y es que nos sentimos poca cosa porque el sol ( los otros) brillan mas que ella y yo. Pero llega la noche y cuando todo esta tranquilo, cuando todos están dormidos somos quien realmente somos; brillamos sin miedo y contamos nuestros secretos tanto ella a mi como yo a ella, secretos, muchos secretos los cuales son como las estrellas, ahí están brillando con ganas de ser gritados pero sin ser escuchados, secretos que cuando se acerca el día se vuelven a esconder simplemente por miedo, secretos que tal vez un día salgan a la luz del sol. Por cierto la luna y yo compartimos un mismo secreto, un secreto de amor, tanto ella como yo estamos enamorados del Sol mayor (Él).


Participante 0011 - José de Jesús Romo Gómez.