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sábado, 23 de abril de 2016

4to. Concurso de Escritura.

4to. Concurso de Escritura
El Blog de "La Calle de la Realidad" el pasado 20 de marzo, celebró su 5to. Aniversario, y como parte de la celebración, llevará a cabo este 4to. Concurso de Escritura.

:: REGLAS ::

1. La historia debe tener inicio, desarrollo y fin.
2. La temática del escrito es libre. (Drama, terror, comedia, romanticismo… el género de tu preferencia).
3. El formato del escrito es libre (Cuento, relato, pensamiento, poema, historia… tú eliges qué formato deseas darle a tu escrito).
4. No debe tener faltas de ortografía, semánticas o sintácticas.
5. Puede ser tan largo o tan corto como gustes, tú decides.
6. El envío de tu escrito, lo puedes realizar mediante la página oficial de Facebook LaCalleDeLaRealidad, o si prefieres, a mi firma personal -> Joanito Goodface.
7. Cada escrito será publicado junto con una imagen relativa al escrito, o si lo prefieren, ustedes me pueden mandar la imagen que desean que agregue a su escrito. Todas las historias estarán en un álbum especial del 4to. Concurso de Escritura, además, serán publicadas en el Blog http://lacalledealrealidad.blogspot.mx/, una por día, según sea el orden de envío, (las publicaciones en el blog solo serán para muestra del material enviado, no contará para calificación).

:: GANADORES ::

Existirán dos ganadores, la elección para los escritos ganadores serán de la siguiente forma:
1. Un escrito será elegido de acorde a su contenido (Redacción, ortografía, semántica, sintáctica, temática, contenido, entre otros puntos a revisión), sin importar los "likes" que tenga.
2. El segundo escrito ganador, se realizará por medio de los likes de Facebook (Cualquier tipo de interacción como "me gusta", "me encanta, "me divierte", "me asombra", "me entristece" y "me enoja"), que tengan en la imagen del escrito (Solo se aceptarán los likes en las imágenes del álbum de la página oficial de Facebook. Los likes de imágenes compartidas, estados o demás formas, no contabilizarán para elegir al ganador).

:: PREMIOS ::

1eros. lugares: Obtendrá un reconocimiento, un premio sorpresa por el 5to. Aniversario del Blog y un libro (El cuál, será tratado con el ganador del premio).

:: DURACIÓN DEL CONCURSO ::

El concurso tiene un lapso de recepción y votación por likes de facebook, del sábado 23 de abril al domingo 22 de mayo del 2016, finalizando a las 23:59 hrs. (Horario México Centro).
Para la elección del ganador por evaluación del jurado, se dará un lapso de dos semanas para revisiones, dando como finalización y publicación de resultados el día sábado 4 de junio del 2016.

:: Nota ::

Cualquier cosa no prevista en esta convocatoria, será tratada con el organizador de la convocatoria. Aclaraciones, dudas, preguntas y más, pueden hacerlos en esta página o en mi firma personal.

Diseño del cartel: Angie Fernández Olimón.

"[..] Creaciones diversas en un mundo externo a la realidad en la que me encuentro, cuartos obscuros, bosques siniestros, pasajes sinuosos, dragones sin fuego, príncipes de planetas tan pequeños… son ideas que se crean en el pensamiento… pero pueden llegar a ser degustadas con la simpleza y belleza de un bolígrafo sobre un trozo de papel…”

viernes, 28 de agosto de 2015

28 de Agosto.

“[..] Los años transcurren por nuestra vida dejando una especie de cicatrices en ella, suelen quedar de diversas formas posibles, algunas son de un color blanco platinado y las llamamos canas… otras más suelen tener curvaturas en la piel a las que llamamos arrugas… y otras más… suelen pasar desapercibidas y se esconden en lo profundo de nuestro corazón…”

Hoy conmemoramos a esas personas mayores, esas personas que han vivido por diversas experiencias en el caminar de sus días. Hoy celebramos el día del adulto mayor, y que en la mayoría de los casos, suelen pasar desapercibidos por la sociedad, puesto que ya no son “útiles” para una sociedad consumista y materialista, y solamente ocasionan “problemas y dificultades” debido a sus enfermedades, trastornos e ideas que pudieran tener.

Esas personas adultas, fueron las que bien o mal, construyeron nuestro ambiente, nuestra sociedad. Son ellas las que en algún momento tomaron sus propias decisiones para que el mundo fuera el lugar que es hoy, para que la existencia humana continuara sobre-existiendo en este planeta.

Muchos de ellos son Padres, Abuelos, Bisabuelos y algunos hasta tienen la dicha de ser Tatarabuelos, Personas que con sus experiencias de vida, su ejemplo, las prácticas que fueron transmitiendo a los suyos, las enseñanzas que ellos fueron aprendiendo a su forma, sus estilos de vida, y sus gustos propios, fueron y han seguido siendo transmitidos de generación en generación.

De igual manera, lamentablemente, para muchos no les ha tocado vivir en un mundo ideal, en un mundo en el que puedan vivir plenamente, seguir disfrutando de un nuevo amanecer, seguir viendo la grandeza de lo que es despertar un día más… muchos ya no se encuentran con nosotros, y a otros más… nosotros mismos, los hemos ido alejando de la “sociedad” como si fueran una peste, como si tuvieran alguna enfermedad transmisible… ¿Por qué? Porque ya no son base “fundamental” de la sociedad, porque ya no trabajan, porque “ya no sirven”, porque se la pasan enfermos, neuróticos, o deprimidos… pero… ¿Qué hacemos nosotros por ellos?

Hay varias personas adultas que terminan sus días en un asilo, que si bien, es un lugar donde pueden atenderlos en sus necesidades, los ayudan en su limpieza y están al pendiente las personas que laboran, de sus alimentos, de su medicamente o de lo que pudiera ocurrirles… no es un “basurero” a donde llevar lo que “no nos sirve”. En algunos casos es conveniente que los cuiden y los apapachen como lo hacen en un asilo, pero no por llevarlos a ese lugar los abandonemos de por vida, se sienten alegres y contentos con la visita de sus seres queridos, les da energía y fortaleza para seguir adelante, les impulsa a vivir, puesto que ellos notarán que no los han abandonado, que si bien, se encuentran en un lugar así, es para que estén más al pendiente de lo que les ocurre…

Hay otros, que no sabría explicar qué hubiese sido mejor, si hubieran quedado tras las rejas, o en la situación que se encuentran, puesto que parecieran estar en total confinamiento, a la buena de Dios, sin nadie que vele por ellos y sus necesidades, esos adultos mayores que, ya sea porque sus familiares hayan fallecido o porque se hayan ido lejos, han quedado en total abandono y, a medida de sus posibilidades, han seguido saliendo adelante, buscando su propio sustento y pasando sus últimos días sin personas con las cuales compartir lo que sienten, lo que les pasa o alguna enfermedad por la que están padeciendo…

Y existen otros más, otros que suelen ser muy pocos los que se encuentran en tal situación… Ellos han disfrutado de un pedacito de cielo, antes de acercarse a él, porque ya sea por familiares suyos; cercanos o lejanos, o simplemente por el alma caritativa de alguna persona que sin llamarle nada, los han acompañado en esos últimos días, estando al pendiente de sus necesidades, de sus alimentos, y que… aunque pudieran estar de mal genio en algunas ocasiones, están al cuidado y al pendiente de lo que les hace falta, de ver por ellos, aún sin deberles nada a cambio. Esos adultos mayores seguramente que disfrutan de ese terroncito de cielo en la tierra misma…



lunes, 30 de marzo de 2015

Escrito 0011 – La luna y yo.

Escrito 0011 – La luna y yo.
Hace mucho que la luna y yo no charlamos, hace mucho que no veo mi interior. Muchas veces entre la luna y yo guardamos tantos secretos que se podría decir: ¿Si la luna hablara que cosas no contaría? Contaría una historia común y corriente, llena de tristezas, alegrías, éxitos, fracasos y sobre todo miedo mucho miedo. Descubrí que la luna y yo tenemos mucho en común; durante el día estamos presentes, opacos, escondidos, con miedo a ser quien realmente somos y es que nos sentimos poca cosa porque el sol ( los otros) brillan mas que ella y yo. Pero llega la noche y cuando todo esta tranquilo, cuando todos están dormidos somos quien realmente somos; brillamos sin miedo y contamos nuestros secretos tanto ella a mi como yo a ella, secretos, muchos secretos los cuales son como las estrellas, ahí están brillando con ganas de ser gritados pero sin ser escuchados, secretos que cuando se acerca el día se vuelven a esconder simplemente por miedo, secretos que tal vez un día salgan a la luz del sol. Por cierto la luna y yo compartimos un mismo secreto, un secreto de amor, tanto ella como yo estamos enamorados del Sol mayor (Él).


Participante 0011 - José de Jesús Romo Gómez.

domingo, 29 de marzo de 2015

Escrito 0010 – Albedrío de Ser.

Escrito 0010 – Albedrío de Ser.
Las sensaciones corriendo, sonando ante las vibraciones del cuerpo como el ritmo ante los pasos de baile. La libertad del alma transpasa esas habilidades de incursionarnos en la experiencia por que no hay que asumir coherencia a lo propio del deseo inlicito, pero natural de la esencia de vivir. No hay que temer, no hay que correr, solo elevar las plegarias de la dicha y saber que se nace así. Con el lápiz en la mano y el papel en el cual plasmas las lineas de tu destino en expresiones propias, pero tan válidas como las leyes de un parametro social. Escucha a el mundo aclamando tantas reseñas de verdad, asume que lo que ves esta en ti. El observalo todo, son tus ojos, tu mirada. Así ves todo, pero todos tienen algo diferente que hace al mundo unico. Tú eres unico. Las formas se hacen, ante las nociones mas basicas, pero el sentir es complejo. No escapes, sigue soñando que el mundo es justo o mas de lo que necesitas para ser lo que eres.


Participante 0010 – Blas Tymothy Riveros.

sábado, 28 de marzo de 2015

Escrito 0009 – Ciao.

Escrito 0009 – Ciao.
Una gélida luz centellaba frente a mi rostro, penetrando hasta la parte más oculta y oscura de los endurecidos parpados que cubrían mis ojos. Un estímulo despiadado, que obligó a mis pupilas a contraerse con extrema diligencia, ayudó a levantarme de lo que parecía ser un fugaz descanso.

En un gesto casi automatizado llevé los nudillos a mis lagrimales, para esclarecer un poco mi visión nebulosa. Comencé a inspeccionar el espacio que me envolvía y fue ahí cuando mi extrañeza hizo acto de presencia. No era mi alcoba donde había estado dormitando; no era esa recamara azul celeste, con carteles de cantantes y bandas musicales pegadas sobre sus paredes, con una cajonera desordenada y repleta de figuras de acción, ni siquiera estaba ese gran ventanal frente a mí, que daba a la calle y que me permitía ver a través de su vidriado el horizonte en su máximo esplendor… no… nada de eso se encontraba. En cambio; me hallaba en una habitación blanca, con paredes sucias por manchas de humedad y misteriosas salpicaduras de sangre seca, recostado en una cama muy rígida y pequeña , con tan sólo dos sillas de plástico a punto de quebrarse como muebles complementarios. La única comunicación que tenía hacia otro lugar era en extremo turbia, gracias a una puerta de vidrio templado con un cristal empañado y encima sucio. Lo poco que alcanzaba a observar, parecía ser un estrecho pasillo, solitario y poco iluminado.

¿Pero dónde estoy?, ¿qué hago aquí?, ¿cómo llegué hasta este lugar? Estas y muchas más interrogantes surgieron en tan solo breves instantes, rondando alrededor de mi cabeza. Miré con desesperación en todas direcciones, pero principalmente a mis costados. Allí fue donde continuaron las sorpresas. De mi lado izquierdo reposaban dos burós, ambos saturados de presentes: grandes animales de felpa, globos inflados de gas helio con letras rezando: “Mejórate pronto” o en algunos casos: “Te queremos”, arreglos florales donde destacaban rosas blancas y tulipanes rojos y muchas cartas esparcidas a lo largo de ambos muebles. Para romper en definitivo con mi calma, a mi mano derecha se observaba un respirador artificial con recientes huellas de uso, tal vez en algún momento mi vida dependió de él. Todo ese conjunto me indicaba que… ¡no!, ¡eso no puede ser posible!

Lamentablemente, aunque me costara aceptarlo, así lo era: mi estadía en este lugar había sido prolongada, ¿el motivo?, aún no lo sabía, pero para terminar en algo que parecía ser un hospital, varias semanas e incluso meses con oxígeno conectado a través de tu garganta, debía ser algo serio.

Mi cuerpo iniciaba a despertarse y un dolor en mis brazos se esclarecía. Alarmado, inicie a tocarme los antebrazos, siendo allí donde se encontraba el problema: desde los codos hasta las muñecas se habían acentuado largas pero poco profundas ulceras, que castigaban sin clemencia alguna la delgada piel que cubría mi ser.

—¡Demonios!, definitivamente he estado aquí más tiempo del que creí— murmuré entre dientes, tratando de resistir el dolor.

Después de escasos segundos, unos ligeros gemidos se percibían a los pies de la cama donde reposaba. La situación me parecía un poco inquietante, aunque es común escuchar llantos dentro de un hospital, no lo es en el interior de un cuarto donde te encuentras aparentemente solo. Con cautela desvié mi mirada hacia la parte baja mis piernas. El causante de aquellos ruidos bastante conmovedores era un hombre… ¡y ese hombre era mi padre!

Apoyaba y hundía la cabeza en mi regazo, tratando de ahogar sus penas con la aspereza de las sabanas que me cobijaban. ¿Había estado ahí antes? Pero por supuesto, lo que pasa es que soy un distraído de primera y no me había percatado de su presencia.

—Papá… ¿sucede algo?

Jamás lo había visto tan destrozado… ni siquiera cuando su único hermano, el tío Gerald, falleció en un accidente automovilístico junto a toda su familia, o cuando le notificaron que a mamá le extirparían ambos senos a causa del cáncer, por lo tanto me preocupaba verlo en ese estado.

Levantó su rostro. No me dijo absolutamente nada. Seguía preocupándome. Las lágrimas caían como cascadas de sus ojos…

—Dylan… despertaste— expresó como si una espada le atravesara sin misericordia el alma.

—Dime, ¿qué pasa?

—Nada… es algo sin importancia…— contestó sin mirarme a la cara.

—Bueno… si lo dices… ¿Y mamá?, ¿dónde está?

—Se fue a casa hace un par de horas, tenía que descansar un poco… no tarda en regresar.

Un silencio por parte de mi padre cortó de tajo la fluidez de la conversación. Una calma abrumadora nos acordonada a ambos. Él solo se limitaba a observarme, tal vez no daba crédito de lo que pasaba frente a él.

—¿Cuánto tiempo ha pasado?— pregunté con espontaneidad.

Como respuesta, mi padre volvió a romper en llanto y se arrojó hacia mí; me abrazaba con la poca fuerza que le quedaba.

—Perdóname— susurraba con la voz totalmente quebrada.

—¿Por qué?

—Dylan… por favor hazlo— suplicaba encajándome el mentón en el hombro.

—¿Por qué debería de perdonarte si no me has ocasionado algún daño?— le cuestioné mientras respondía a su gesto, rodeándole la espalda con ambos brazos.

—Claro que si… no estuve contigo cuando más me necesitabas, realmente no me he comportado como un verdadero padre— explicaba, tratando de mantener la calma.

—Lo sé.

—Y deberías odiarme por eso— declaró aferrándose más a mí.

—No, no te odio, al contrario te amo— le afirmé dándole un beso en la mejilla.

Él tenía razón, nunca estuvo cuando lo necesité, pero él es mi papá y de alguna u otra manera tengo que quererlo, sus motivos debió de tener para alejarse de mi de esa manera. Yo no soy nadie para juzgarlo.

Soltó mi cuerpo, y se sentó a mi lado. Sus labios delineaban una sonrisa, una sonrisa que era opacada por la tristeza que emanaba su mirada.

—Yo sé que no he sido el mejor; no estuve contigo cuando debí estarlo… quizá de algún modo yo ocasioné esto, porque sí te hubiera dado todo el cariño que necesitabas, no lo habrías estado mendigando por las calles, buscándolo en caminos con fatídicas salidas, pero también comprende que mi vida tampoco ha sido fácil… he sufrido tanto en tan poco tiempo— decía mientras me acariciaba ambas manos.

—Te comprendo, lo hecho hecho está, lo único que podemos hacer es no cometer los mismo errores en nuestro futuro.

—Exacto, y para poder empezar con el pie derecho ese “futuro” necesito de tu perdón— propuso presionándome más las manos.

—Pero…

—Por favor Dylan— imploraba, haciendo notar más su interés.

—Si eso te regresara la paz, entonces te perdono papá.

—¡Gracias, no sabes lo feliz que me haces!— expresaba mientras me volvía a abrazar de nuevo.

—¡Cuidado que me lastimarás!— le advertí.

Ambos reímos. Y nuestra conversión padre e hijo culminó ahí, con una sonrisa dibujada en el rostro de ambos. Me cubrió con ambas manos el rostro y al mismo tiempo susurraba: “Te quiero Dylan”.

No pude contener la emoción, y cuando estaba a punto de dejar que la misma me ganara, las sensaciones extrañas volvieron a aparecer. Mi padre había desaparecido, no se encontraba por ningún rincón de la habitación. La angustia me llamaba… ¿acaso había estado hablando con una alucinación?

De repente, la puerta de la recamara se abrió de golpe, dejando ver una silueta femenina detrás del impacto.

— ¡Noooo!— gritaba la mujer sobre el marco de la puerta.

Entonces, reconocí la voz: era mi madre, desplazándose con alta velocidad a través de la habitación, derramando lágrimas y agitando sus brazos.

—¡No Dylan!, ¡¿Por qué tú?!— seguía vociferando la dama.

Una enfermera corrió rápidamente al dormitorio a ver al causante de tremendo alboroto, y una más intentaba tranquilizar a mi madre. Todas me miraban sobresaltadas.

—Estoy bien mamá— trataba de serenarla.

Una mujer se acercaba con premura a medirme el pulso.

—Señorita no es necesario, me siento bien— le sugerí.

Hizo caso omiso de mi invitación y continuó haciendo su trabajo. Después de unos instantes, contempló con tono lúgubre a mi madre y le dijo:

—Lo siento señora, ya es muy tarde.

Mi mamá se tiró al suelo, totalmente hecha pedazos. Yo no entendía nada de lo que pasaba, todo se asemejaba a una broma muy pesada.

—¡Dylan!, ¡mi bebé!— gritaba desde el fondo de sus entrañas la fémina que me trajo al mundo.

Miré otra vez a los pies de la cama y allí estaba de nueva cuenta mi padre. Él observaba con agobio a mi mamá.

—Katherine, no te preocupes, ahora estará a salvo conmigo— garantizó a su esposa, quien se retorcía en el suelo mugriento.

—Ven Dylan, vayamos a recuperar el tiempo perdido —proponía mi padre, extendiendo ambos brazos hacia donde me encontraba— Vamos, que a tu madre aún le queda mucho por recorrer para que pueda acompañarnos.

“Ciao es una expresión italiana que puede ser interpretada como un saludo o una despedida, dependiendo de la situación. En esta pequeña historia, Ciao, es una despedida del mundo terrenal y una bienvenida al más allá”.


Participante 0009 - Adrián Denbrough.

viernes, 27 de marzo de 2015

Escrito 0008 - A tres vueltas del sol.

Escrito 0008 - A tres vueltas del sol.
Era costumbre empezar el fin de semana laborar llegando al bar con Eithel, Harold y Alessandro. Tenía que pasar por Eithel al banco. Llegaba con una cara desagradable siempre, se quitaba su corbata roja y la lanzaba detrás del asiento.

 - Pero que día tan más mierda tuve - Para él todos los días eran de mierda - Me han hecho quedar unas horas más sólo porque un cajero no tenía el monto correspondiente.

- Para ti siempre son días de mierda – Le dije- El problema no es el día, el problema eres tú. Pesimista.

- Cállate - Decía señalando a Alessandro rumbo al bar - Ahí va ese hijo de puta.

Hice sonar el claxon de mi auto y Alessandro subió.

- Que bueno que los he encontrado - Se quitaba su abrigo con una cara de enojo - Mi novia me ha obligado a llevar este abrigo, lo más probable es que llueva, pero el bochorno no lo soporto
Su novia más bien parecía su madre, le hacía vestir como debía corresponder un buen abogado.
- Ponlo a un lado - contesté - ten cuidado con esas carpetas.

- ¿Qué son? - Preguntaba Eithel mientras las tomaba

-¡Deja ahí! Son mis borradores de la tesis.

- El hijo de perra se va a graduar.

- Cállate imbécil

Llegamos al bar, Harold como de costumbre había llegado en su auto minutos antes, estaba sentado en nuestra mesa esperando con un cigarrillo.

- Siempre es lo mismo con ustedes tres. – Respondía mientras apagaba su cigarrilo – Y siempre es lo mismo con estos tipos del bar. ¡No me dejan fumarme un cigarrillo!

- ¿Cómo la haz liado? – Pregunté

- Insistí hasta que se cansaron. – Reía intentando prender otro cigarrillo.
Comenzamos a beber, cerveza tras cerveza, comenzó a surgir efecto el anestesiante universal, nuestras conversaciones se tornarnos de un aire elegante a un tema fuera de lo común. El mesero rodeaba nuestra mesa sabiendo que pronto acabaríamos la ronda, pedíamos otra cubeta, la vuelta me daba cabeza... La cabeza me daba vueltas... de tres amigos ahora tenía seis, riendo como desquiciado y cantando como lo que eran, unos borrachos. El bar comenzó a girar como un carrusel fuera de control y salí corriendo. Alessandro me siguió zigzagueando, yo estaba ahí postrado en el sanitario vomitando, Alessandro con una cerveza en mano y tambaleando se puso en la puerta del baño. Él era el menos ebrio de los tres, Eithel por su parte podías escucharlo cantando desentonado desde el baño.

- Venga amigo - Me tomaba del brazo Alessandro - Salgamos de aquí. –

En la mesa estaba Harold sentado, me puse a un lado de él.
- ¿Qué hora es? Pregunté
- Cuarto para las dos - Respondía Harold viendo un lindo reloj
- Que buen reloj
- ¿Te gusta? Tómalo - Se quitaba el reloj al instante
- ¿Qué dices? estás ebrio.
- Hablo enserio, lo compre hace algunos meses pero mi hermana me ha regalado uno entre el tiempo de entrega que pedí este.
Bien si ese era el caso podía tomarlo, era un hermoso reloj y quedaría entre el polvo si se lo quedaba.
- Gracias...
Nuestra conversación tomó un aire de silencio, sólo quería evitar hablar, sentía que entre una de mis palabras se escaparía mi cena. Me sentía totalmente anestesiado, escuchaba un zumbido en mi cabeza que me indicaba que a era suficiente.
- Me siento fatal - Le decía
- Creo es mejor que te vayas a casa.
- Tienes razón – Caminaba a la salida entre pasos cortos esperando no caer
- eh, eh, eh, ¿Dónde carajos vas? - Decía Eithel - Hombre, qué esto apenas empieza
– Andaba con una cara llena de euforia y alegría, pero a pesar de ello no podía evitar mostrar lo ebrio que estaba.
- Eithel, ya no puedo, necesito ir a casa, tomar un baño y dormir, mañana estudiaré un poco y volvemos a salir. ¿Vale?
- ¡Eres un aguafiestas! - Se volteaba con los demás chicos. - Eh, amigos, vengan.
Llegaron al instante casi a la puerta del bar donde nos encontrábamos.
- Eithel se va, pero venga, abrazadlo. - Nos tomaba a todos con sus brazos - Los quiero mucho trio de imbéciles.

Harold se quitaba de sus brazos riendo
- Estás ebrio- le decía
- Cállate, estoy contento de tenerlos.
Alessandro me vio por un tiempo y me dijo:
- ¿Seguro que puedes manejar? Deberías tomar un taxi
Alessandro siempre fue el más consiente de los tres.
- Puedo manejar - Replicaba
- Venga, además comenzará a llover.
- Dices tonterías, Ale - Decía Eithel.
- Sígueme afuera y verás, imbécil.
Salimos los tres y el clima comenzaba a ponerse fatal
- Mejor tomas taxi - Decía Harold
- Sí - Todos replicábamos al mismo tiempo.
- Hombre, pero mañana, si se arregla este clima, debemos salir
- Claro - Contesté - Sólo tengo que estudiar un poco para la tesis y salimos todos.
Tome un taxi directo a casa, los chicos se quedaron un tiempo más. Yo por mi parte estaba acabado, llegué, ni una ducha tomé, caí a la cama y dormí.

Desperté con un aroma infernal, la cabeza bien podría explotarme. Tomé una ducha, salí a preparar mi almuerzo y comencé a estudiar. Era importante este momento, estaba a la vuelta de la esquina de graduarme y tenía que hacer una tesis que valiera la pena tantos años de esfuerzo. Apagué celular, internet y toda distracción a mí alrededor, sólo estaba yo y mi tesis en el departamento. Me dispuse a leer mis documentos y es ahí donde recordaba dejarlos en el auto.

– ¡Mierda! - Maldecía a los aires. - Tengo que ir a por ellos.
Buscaba entre mi ropa de anoche las llaves.
- ¿Las deje en el bar? No vuelvo a beber – Me decía a mí mismo.
Tomaba mi celular para llamar a alguno de ellos y preguntar por mis llaves, incluso por mi auto, espero siguiera ahí y alguno de esos imbéciles no lo haya tomado. Marqué primero a Alessandro.
- Buzón de voz, su llamada será... - Colgué, lo tenía apagado.
Llamé a Harold y era la misma respuesta, tal parece tuvieron una farra más grande de lo que pensé. Mi última opción era el imbécil de Eithel. El celular comenzó a marcar, era el único con el celular prendido, el único precavido que cargó su celular antes de salir del trabajo. Era raro admitirlo. Sonó por buen rato y no hubo respuesta. << ¿Seguirá dormido?>> me preguntaba, intenté por quinta vez y aun no tuve respuesta, le deje un mensaje de voz.

- Tú, hijo de puta, donde hayan tomado mi auto los mataré. Ven después de las tres de la tarde, estaré retrasado con lo de la tesis todo por dejar mis documentos en el auto. Nos vemos.

Apagué el celular nuevamente. Tomé todo lo necesario y comencé a estudiar por largo tiempo.

Tocaron a mi puerta, vi el reloj que recién me regalaba Harold, había estado 4 horas estudiando, necesitaba un descanso y creía que eran los chicos en la puerta.

- ¿Quién es? - Preguntaba acercándome a rastras de mis sandalias.
- ¡Abre la puerta por favor!
Se escuchaba una voz de mujer desesperada. Abrí la puerta desconcertado y vi llorando a la novia de Alessandro, sollozando entre lágrimas y a balanceándose a mi hombro.
- Lo siento, ¡Lo siento tanto! - Lloraba empapando mi hombro con sus lágrimas.
– ¿Qué ocurre? - Mi voz se llenó de sentimiento ante su lloriqueo.
No dijo ni una palabra, sólo lloraba. Sollozaba, para ser más exacto. La quité de mi hombro y desesperado la vi a mi cara y pregunté entre lágrimas.
- ¡¿Qué mierda ha ocurrido?! - La novia de Alessandro se calmó un poco y contestó entre lágrimas.
- Los tres... Los tres... perdieron el control y están... - No logró terminar la frase, siguió llorando sin parar. Yo sólo pase mis manos a la cabeza. Quería tan solo despertar de esa pesadilla tan ruin, comencé a llorar y me hinque desesperado. Sin poder hacer nada. << ¡Pero si hoy los iba a ver!, hoy seguiríamos con nuestra tradición. Hoy todavía los tendría conmigo >> Pensé enfurecido. << ¡Alessandro!, tú mismo me dijiste que no debía manejar, ¿por qué lo hicieron?... ¿por qué los deje ahí?, ¿por qué no me fui con ellos? Los tres estaríamos bien. O los tres estaríamos muertos... No, ellos aún no están muertos... Esto no puede ser verdad>> Pasaron minutos para que me calmara, la novia de Alessandro estaba sentada con suspiros de melancolía en su boca.
- ¿Qué hora es? - Preguntó, vi el reloj que me regaló Harold, lo vi por unos segundos, después una lágrima rodó por mi cara.
- Cuarto para las dos.

A la vuelta del sol tenía a tres amigos, a la vuelta del sol aun brillaban ese trio de pares de ojos, a la vuelta del sol sus corazones latían como el galope de un caballo viviendo a cien por hora, a la vuelta del sol éramos cuatro y no sólo uno.

No me acerqué en todo el día a la velación, no podía, simplemente no estaba preparado. Lloré constantemente y aun no creía que los había perdido, aún sentía que podía ir a la mesa del bar y verlos, escuchar la risa burlona de Eithel, ver los ademanes excéntricos de Harold y oír las pláticas interesantes de Alessandro. Salí del bar con lágrimas en los ojos, había sentido la mirada de algunos, conocían lo que había pasado. Vi mi carro en el mismo lugar del estacionamiento, un mesero me siguió.
- Eh chico, dejaste las llaves la otra noche.
Tomé las llaves sin decir más que gracias.
- Supe lo que pasó, ¿cómo están? - Me quedé callado por un momento, abrí una puerta del auto y contesté:
- Muertos.
El mesero quedó con un nudo en la garganta, su cara incluso tomó un color amarillo, no dijo nada por un momento.
- Lo siento.
- No importa – contesté.
- Levanta el ánimo, a ellos no les hubiera gustado que estuvieras mal.
- Si no hubieran querido no hubieran muerto los cabrones.
Quedó callado, no lo culpo, la gente es imbécil cuando intenta suavizar un golpe de esa magnitud, podría decirse que las palabras que uno quiere escuchar no son otras que las voces de sus fallecidos sólo para entender que ellos aún siguen vivos.
Subí al auto y baje la ventanilla.
- No sabes cuánto lo siento - Intentaba arreglar las cosas.
- No importa, enserio. - Me fui del lugar.

Era momento de despedirme, tenía que aceptar la ausencia de esos tres bastardos, admitir que ya no veré sus rostros en otro lado más que en fotografías, vivir con el vacío de no tenerlos. Se acabaría los fines de semana en el bar, terminarían por completo esas pláticas tan incoherentes en aquella mesa, terminarían esas respuestas al idéntico son.

Los vi a los tres en sus respectivos féretros, casi como si durmieras, como si fuese solo una siesta, podría jurar que Eithel cayó ebrio y sólo esta inconsciente, que en unos minutos despertará buscando más cerveza o a vomitar.
Esperaba que despertaran, pero no fue así.
Comenzaba el momento más difícil, la tierra cubría cada una de las cajas. El acorde de los llantos inundaba mi cabeza, no podía escuchar mis propios pensamientos. Uno nunca iba a saber cuándo diría por última vez adiós, si tan solo me hubiera dado cuenta que ya no estarían conmigo los hubiera abrazado con una fuerza descomunal, si hace tres días me enterará que no volvería a ver sus ojos abiertos, les enseñaría y demostraría lo mucho que los quiero, lloraría en sus hombros por tan marica que se viera, les besaría las mejillas y agradecería que fueron parte de mí.

La tierra estaba al par. Los cuerpos ya hacían metros bajo tierra. Esperé a que la gente se disipara y me acerqué a las lapidas.

- Tengo a tres amigos a tres vueltas del sol y no puedo hacer nada.

Dejé la corbata roja en la lápida de Eithel, el abrigo con Alessandro y el reloj con Harold.

Tenía a tres amigos a tres vueltas del sol y pronto se convertirían en polvo. Comencé a vivir al límite, al borde de la vida, sin saber cuándo sería la última vez que diría adiós. Hoy no tengo miedo de morir, porqué sé que si lo hago, me encontraré a tres o más vueltas del sol para estar con ellos.


Participante 0008 - Miguel Ángel Rodríguez Moreno.