martes, 1 de abril de 2014

Escrito 0012 - El sueño de Marie.

Escrito 0012 - El sueño de Marie.

Introducción.


Que alce la mano quienes no han soñado con algo que anhelan. Y que levante la mano si uno de esos sueños no es el amor, el único y verdadero amor que has imaginado desde que tienes conciencia de que quieres enamorarte. Bien, ahora levante la mano aquellos que de verdad sepan que pasa cuando el sueño de enamorarte tal y cómo lo has imaginado se hace realidad, pero lo que de verdad ocurre ¿alguien? Por favor no me dejen con la mano arriba.

Para poder explicarles más o menos que fue lo que pasó con un pequeño y joven soñador que pagó un alto precio por hacer su sueño realidad, si estoy hablando de mí, debo mencionar algo de gran relevancia para que la intenten imaginar qué tipo de persona soy, el porqué de estas líneas, de lo que sentí y de lo que ahora siento: Soy alguien sumamente sentimental, tengo el defecto de no poder ocultar lo que siento así que es fácil descubrir cómo me siento o lo que pienso, es difícil cuando se trata de ocultar cosas ya que es inevitable el notar, en algunos detalles cuando no digo la verdad; tengo la mala costumbre de tener esperanzas, esperanzas en las personas, en mí, en lo que decido, en lo que hago e incluso en donde no debería. Con esto creo que ya pueden imaginarse que suelo ser un estúpido pero también soy muy terco y hasta que la realidad no me da el golpe para tirarme al piso diciéndome “detente a pensar estúpido” no lo hago. ¡IMAGINELO! Testarudo, terco, sentimental y soñador, creo que no hay peor combinación en el mundo, algunos le dicen ingenuidad, otros inocencia y otros nobleza; y yo solo me siento un idiota más en el mundo que quiere hacer lo que considera correcto.

A lo que voy es que, efectivamente, yo cumplí ese sueño de enamorarme tal y cómo lo imaginé, tal y cómo mi cansado corazón y atormentada mente me decían que sería enamorarse de la persona que siempre soñé. Lo vi, lo sentí, lo olí, lo toqué, lo besé, lo viví; y en un momento me arrepentí, luego lo acepté y creí poder vivir con ello y luego me volví a arrepentir; aunque ahora la historia es diferente y no gracias a mí, sino a alguien más que en este momento no tiene mucho sentido mencionar.

Por ahora comenzaré a contar un día cotidiano en mi vida.

Capítulo I.

Era un día en el que tenía planes con alguien que no es muy de mi agrado, pero ambos teníamos que ir a comprar un libro y yo no sabía exactamente cómo llegar a la biblioteca del centro así que él me llevaría a la biblioteca a preguntar por el libro. Todo marchaba bien, me alistaba para ir a la tediosa salida a la biblioteca, y no lo digo por la biblioteca, si no por el desafortunado acompañante que me esperaría a medio día en la estación del metro para irnos.

Al poco rato de estar casi listo el desafortunado acompañante me dijo algo que me hizo sentir un poco más afortunado “no podré ir por…” en realidad no le tomé importancia al motivo por el que no iría conmigo y, aunque ir solo también era una idea que se me antojaba tediosa sin mencionar que tendría que preguntar cómo llegar a la biblioteca, era mejor que ir con él así que me alegré un poco y antes de irme seguí un momento más en Facebook mientras llegaba la hora de irme. Me encontraba cómo cualquier persona que se emboba cuando entra a Facebook cuando vi una solicitud de un tal Julio Diaz Rodríguez, no lo conocía pero creo que en una ocasión platicamos en un grupo de temática gay que se llama “Falsa Moral Grupo” donde me la pasaba muy bien platicando y conviviendo con chavos y una que otra chava de distintas partes del mundo. No sabía si aceptarlo o no ya que no agrego a personas que no conozco pero un impulso psíquico me hizo mover mi dedo para que el comando de entrada que da mi ratón, y diera clic en el botón aceptar.

Seguí haciendo mis cosas para continuar con mi día y recibí su primer mensaje, yo contesté normal y comenzamos a platicar. Le comenté que me habían cancelado los planes y que de una u otra forma debía ir a la biblioteca por mi libro y él me comentó que, de igual manera, le acababan de cancelar los planes, en ese momento algo en mi me impulsaba de manera penosa a invitarlo a salir pero ¿a dónde? ¿Con qué dinero? Todavía no tenía el dinero para comprar el libro, iba a preguntar por su costo y ¿yo quería invitarlo a salir? Suena ridículo, por lo que no lo hice, pero en cuanto estos pensamientos desfilaban en mi cabeza fugazmente leí un mensaje que decía “yo tengo que salir de todas formas al trabajo de mi mamá y por allí hay una plaza con biblioteca, allí podemos preguntar por tu libro, además me hacen descuento, quizá con el descuento que me hacen te salga más barato. Anda, vamos y te invito un helado”. En ese momento me entusiasmé por la idea de un helado, por la idea de pagar menos por el libro, por la idea de ir de nuevo a la plaza pero sobre todo por salir con él, aunque no lo conocía me entusiasmaba la idea de conocerlo y más porque no iría solo y no me vería en la penosa necesidad de preguntar para poder llegar a la biblioteca. “Perfecto, si y de verdad muchas gracias”. “Allá nos vemos”. “Hasta pronto”. Y salí con la antojadiza idea de tener un bonito día.

¡Veinte minutos tarde! El metro marchó muy lento y se paró en varias estaciones, estaba muy molesto pero también apenado por hacerlo esperar, así que cuando una señora se subió al metro a vender mazapanes, en mi cabeza solo cruzaba la idea de que debía mostrar un poco de cortesía y arrepentimiento por hacerlo esperar así que compré uno. Cuando llegué él no estaba, se me paralizó el estómago un segundo cuando la oración salió cómo un susurro desilusionado de mis labios “se ha de haber ido ya”, cuando siento una mano en mi hombro, me palmeo suave y ligeramente pero lo suficiente cómo para sentir que tiene manos cálidas. “¿Hugo?” cuando escuché su voz me di la vuelta “por dios, es muy atractivo” para ser honesto, aunque solo lo pensé, mi cara lo dijo todo: alto, musculoso, rubio, de piel blanca y de ojos… por dios sus ojos; redondos, grandes de un café oscuro e intenso, color café, cómo el café que tanto disfruto tomar, cómo el que estoy tomando mientras escribo estas líneas. Lo primero que salió de mis labios para justificar lo rojo de mi cara fue “lamento llegar tarde, me siento apenado contigo pero juraría que una tortuga le ganaría al metro por sólo un pelo”, le ofrecí el mazapán y sólo sonrió y aceptó mis disculpas.

Caminamos ambos a la plaza mientras, de paso, me mostró donde trabaja su mamá, platicamos de muchas cosas: música, comida, familia, amigos, escuela, metas, sueños, gustos y cosas por el estilo, fue una charla muy placentera. Llegamos a la biblioteca y me dijeron que no tenían el libro, pero que volviera después para preguntar si ya lo tenían.

“Vamos por el helado”. Por un momento pensé que no lo recordaría, ya que yo lo había olvidado durante la charla y justo cuando creí que la charla no podía ser mejor me compro una copa de helado grande, un helado tan delicioso que justificaba el precio. Cada momento de la charla no dejaba de ver sus ojos, cada cosa que decía lo decía con tanta pasión, cuando hablaba de sus planes a futuro, de sus estudios y de su pasión por ser un gran programador reconocido era impresionante. También él me preguntó por lo que quiero estudiar y me desenvolví hablando de lo mucho que me entusiasma y me apasiona estudiar filosofía y cada cosa que le decía trato de entenderla, si no comprendía algo me preguntaba y yo trataba de ser lo más claro posible teniendo cómo resultado que comprendió mi pasión y lo mucho que significa para mi cada una de mis metas y mis logros.

Al llegar la tarde, una hora antes de despedirnos, por alguna razón no pude ver cuando me rodeo con su brazo, creo que fue porque no podía dejar de ver sus ojos, pero cuando sentí que me abrazó un impulso inconsciente me hizo corresponder acercándome a él, no lo pude evitar y sólo me dejé caer en su regazo mientras me rodeaba en un abrazo tan inocente e inexplicado, hasta que me dijo que, cómo estábamos cerca del trabajo de su mamá, debíamos separarnos un poco ya que no tenía mucho que él le había dicho a su mamá que es homosexual. Yo no tuve problemas pero por dentro deseaba que me abrazara de nuevo y en sus ojos distinguí el mismo deseo.

La charla se suspendió en el momento en el que vimos el atardecer antes de despedirnos, a pesar de que no se veía el horizonte por los edificios altos y los árboles, los colores en el cielo eran lo suficientemente perfectos para afirmar el pensamiento con el que salí de casa: hoy fue un bonito día.

Para despedirnos ambos nos abrazamos ya en la entrada del metro, no quería soltarlo y él tampoco a mí, fue un momento, cómo cada uno de los que pasé en ese día: inexplicable pero bonito. Pero debía marcharme ya o me agarraría la noche por mi casa, y de noche y por mis alrededores no es nada grato ni seguro caminar. Me pidió verme de nuevo y yo le dije que sí, pero por dentro ese si era “claro que sí, estaría encantado de volver a verte y ver tus ojos de nuevo”. Cuando crucé los torniquetes, solo di un par de pasos para bajar las escaleras y me volví a ver si se había ido pero no, allí seguía, de pie, observándome para despedirme sacudiendo la mano con una cara de tristeza por mi partida pero de alegría por la promesa de vernos de nuevo; yo correspondí el adiós sacudiendo la mano también y bajé las escaleras con la clara imagen de sus ojos y de la sensación tan real de su abrazo, y digo real porque es la primera vez que no estaba dormido.

El resto de camino a casa solo iba sonriendo recordando todo, cada cosa que hicimos, cada cosa que dijimos; y solo tenía una conclusión en mente: fue un día bonito, raro y bonito. Por la noche ambos seguimos platicando por Whatsapp y justo en la parte en la que se suponía que dormiríamos ya hablamos sobre lo que pasó y cómo nos sentimos ambos en ese abrazo. Me dijo que aún me tenía en la mente y que aún lamentaba haberme dejado ir, y yo le dije lo mismo y le dije cada cosa que ya he escrito: su abrazo, su mano cálida, sus ojos. Y para despedirnos e ir a dormir ambos concordamos en que estábamos muy felices porque nos cancelaran los planes a última hora.

Capítulo II.

A veces, pareciese que las personas recordamos a conciencia las promesas que no cumplimos, pareciese que nos preocupa más haber fallado que  haber cumplido. Debemos aprender que cumplir es igual de importante que fallar, ambas con consecuencias y recompensas.

Y la promesa de vernos de nuevo se cumplió una y otra y otra vez, él me conoció más y yo lo conocí más a él, lo suficiente para confiar cada vez más uno en el otro e ir contando más historias y deshaciéndonos de nuestros secretos. Con el tiempo ya no solo éramos amigos que se abrazaban, éramos algo más, algo que no era exactamente novios. Y eso lo dejó en claro.

En una salida al cine me invitó a conocer a sus mejores amigos, ambos queríamos ver Guerra Mundial Z – la cual, sólo cómo nota, me decepcionó horriblemente- . Antes de entrar al cine nos sentamos en una pequeña fuente, yo estaba un poco desvelado y me ofreció recostarme en sus piernas así que me acomodé, estiré mi cuerpo en la fuente y mi cabeza la dejé caer en sus piernas. Platicamos un rato hasta que las cosas se pusieron en un tono rojo tierno, ese rojo que cuando sientes un beso, el primer beso de alguien a quien ya quieres, alguien de quien ya sientes algo te da el primer beso. Creo que el primer beso con alguien es el más lindo y único, es cómo si en ese momento se diera una especie de conexión, cómo su algo explotara una y otra y otra vez en tu interior o cómo si sintieras el universo entero contenido en tu pecho. Sus ojos ahora tenían luz.

Definitivamente, éramos algo más.

A partir de ese día tomarnos de la mano, los besos y el hecho de que sus amigos nos trataran cómo novios hizo de ese día bonito algo extraordinariamente bonito. El resto del día fue maravilloso, pero en el el momento en el que nos despedimos de nuevo sentimos, esa horrible sensación de no querernos despedir, pero él me daba la suficiente clama y fuerza para partir lleno de felicidad. Un beso lago de despedida fue suficiente para llenar mi mundo de ese rojo otra vez y de esos fuegos artificiales en el cuerpo.

Cápitulo III.

Creo que no hay tiempo desperdiciado, pero hay decisiones que lo desperdician. Por ejemplo el no hacer nada, es lo peor que alguien puede decidir en la vida. Se puede decidir decir no a algo, pero no quedar inmóvil ante algo. O te alejas o te acercas, pero el actuar está siempre presente. El tiempo no se desperdicia porque la vida está echa de él, el punto está en saber decidir que hacer con el tiempo que nos queda de vida.

El tiempo hizo que la relación, fuese cómo fuese que era, se hiciese más estable y poco a poco más formal. Tiempo después le pedí ayuda ya que mi computadora fallaba mucho y me urgía desesperadamente arreglarla. No era un secreto que él es un excelente programador, así que no pude ni si quiera preguntarle si podría revisar mi equipo para saber que es lo que ocurría cuando “yo te la arreglo, la dejaré cómo nueva, te lo aseguro” surgió en mi bandeja de entrada de Whatsapp después del “güi ku” que me entusiasmaba tanto. “Es él” pensaba cuando ese sonido salía de mi celular.

Fue allí cunado conoció a mi familia.

Vino un miércoles, lo recuerdo muy bien ya que cuando acabó de arreglar mi computadora fuimos al basar que está cursando la calle en la que vivo, le compré un elote de masa azul, parecía niño pequeño, nunca lo había probado y estaba encantado con el sabor y él me dio a probar unas frutas muy curiosas que, ahora no recuerdo el nombre, pero son deliciosas y jamás las había probado así que podría decirse que terminamos empatados. Mi familia lo adoró, mi mamá le alagó sus brazos musculosos y mis hermanas hicieron bromas pequeñas con él, pero lo que no olvidaré es que mi mamá le dijo que le alegraba mucho que yo tuviese a un hombre que de verdad me respeta y me quiere a mi lado. Sin embargo, el recuerdo más dulce de ese día fue el momento de la despedida. No quería que la sensación triste de tener que despedirnos se repitiera, así que cuando entró a la estación del metro me paré de puntillas, respiré hondo y con todas mis fuerzas le grite “¡Te quiero!”. Allí estaba, ese rojo tierno en sus mejillas, tan enrojecido estaba que no me respondió, solo vi su sonrisa, sus mejillas y sus ojos iluminados mientras se despedía de mi sacudiendo la mano.

Hasta pronto burro

Por otro lado, el tema de decirle a su mamá lo que ocurría entre los dos me aterraba ya que su mamá toma a mal que alguien de 19 años siga en 3er semestre de la educación media superior independientemente de los motivos, pero era natural que ella me juzgara así ya que no me conocía tanto cómo Julio, él se sentía orgulloso porque, según él, soy noble, fuerte, que no me rindo, que lucho por lo que quiero, que me esfuerzo por conseguir mis metas y porque soy un hombre bueno que vale la pena. Pero su mamá no pensaría así de mí, ella me juzgaría mal de entrada por mi apariencia, con mi ropa vieja y comprada de segunda mano, por mi facha de, según ella, de vago y bueno para nada que va en 3er semestre teniendo 19 años. Por ahora la idea de conocer a su mamá me aterraba mucho, pero él me aseguraba que todo estaría bien, así que confié en él. No debí confiarme tanto.

Capítulo IV

Tengo la mala costumbre de confundir las esperanzas con las ilusiones, a veces fácilmente las confundimos, pero no son la misma cosa. A veces las esperanzas dan ilusiones, pero las ilusiones rara vez dan esperanzas.

Un día me invito a su casa, estaba muy emocionado pero a la vez aterrado. Quería conocer el lugar donde sueña, donde vive, su computadora que tanto ama, sus videojuegos que, aunque a mi no me apasionaran tanto los videojuegos cómo a él, él se estremecía muchísimo al jugarlos, es uno de los mejores que he visto jugando en juegos tan complejos cómo el que me mostró; juego que, cómo se podrán imaginar, no recuerdo su nombre. Escuché la música que le gusta: ama el metal, ambos tenemos gustos en común cómo Linkin Park, Hardwell y otros; escuche sus historias, hasta la más intima: y aunque él no se enteró, vi la foto de su padre, son muy parecidos, ahora entiendo porque su mamá lo ama tanto, a pesar de ser su única familia es el ser más amado que le recuerda al hombre que más amó. Allí dejé de pensar en su madre cómo alguien maligno, sino más cómo una madre que es capas de lo que sea por darle lo mejor a su hijo. La admiré y respeté desde ese momento.

Ojala ella pudiese ver más allá de lo que vio en mi.

Capitulo V

Se han imaginado cómo sería dormir a lado del sueño de su vida?

El plan de irme a quedar un fin de semana en su casa de Huehuetoca me emocionaba mucho, dormir juntos, desayunar juntos, despertar a su lado y ver el atardecer para luego contar historias y escuchar música en la noche era algo que definitivamente moriría antes de negarme a la posibilidad. Así que durante un tiempo él y yo hicimos labor de convencimiento con mi mamá, no fue tan difícil ya que mi mamá ya lo había conocido, estaba encantada de verme feliz a lado de un hombre que me quería de verdad, que me valoraba y me respetaba así que a pesar de que rogamos por un tiempo terminó aceptando.

Luego tenía que conocer a su mamá, ya había ido en una ocasión a su casa pero su mamá no estaba, pero esta vez sí estaría y esta vez la tendría frente a frente así que estaba sumamente nervioso y asustado, tanto que ni aunque él me diera palabras de aliento para calmarme no podría evitarlo. El momento llegó, la conocí y me trató bien al igual que yo, no le falté al respeto, cuando preparamos la comida ayudé, hasta los 3 nos reímos de que Julio tiraba toda la comida al piso –se le cayeron los panes para las hamburguesas en más de una ocasión- y yo me fui con la idea aliviada de que le agradé. No fue así.

Tal y cómo dije antes, ella me juzgaría mal, no se porque pensé que no sería así. Tal y cómo temía que pasara pasó y a partir de ese momento yo era una mala influencia para él, aunque Julio y yo no sabíamos lo que de verdad pensaba ella de mi. Si Julio, desde el punto de vista de ella, no se involucraba tanto conmigo no me odiaría.

Allí comenzaron todos los problemas.

Capítulo VI

Las corazonadas son extrañas. A veces las sentimos sin que nos demos cuenta, algo en nuestro interior nos da señales para prevenirnos de que algo nos ocurra, pero nunca la pervivimos, hasta que lo que tenía que ocurrir, fuese lo que fuese, ya ocurrió.

Seguimos saliendo y seguí yendo a su casa ya que, a pesar de que él poco a poco había superado su miedo y pena a que le vieran en público demostrando afecto a su pareja, él prefería estar tranquilo conmigo en su cuarto, pero yo no me sentía tan cómodo ya que, por alguna razón, comencé a sospechar que mi idea era de que le agradé a mi suegra era equivocada, aunque Julio me decía que no era así, algo me decía que no, pero preferí confiar en él, a pesar de que ello no quitara el hecho de que me sentía incómodo escondido en su cuarto.

Cuando llegó el día de ir con él su casa de Huehuetoca para la parrillada con su familia por su cumpleaños yo llevaba ya mi regalo preparado: le pinté un cuadró con mucho esmero, lo pinté inspirado en un sueño en el que él aparecía conmigo, ambos graduados y titulados viviendo juntos, cómo una familia, y sé que, aunque no tenía caso soñarlo todavía, la idea de que fuese así me llenaba de felicidad. Yo sé que él podría o no tomarlo tan bien cómo yo así que preferí poner cosas simbólicas en el cuadro que representaran cada emoción para que si él me preguntara que significa no le diría nada, por ahora. El cuadro se llamaba “El sueño” y él no entendía el porqué del título, pero tenía la esperanza de que algún día si lo entendería. Cuando llegó y vio el cuadro se puso muy feliz y le sonrojé al decirle que jamás a nadie le había regalado un cuadro de los que pinto, menos sabiendo que ese cuadro tiene un gran valor para mí y tiene una gran parte de mí en cada trazo. Aunque ese cuadro no era nada obvio que era un regalo hecho para demostrar que lo quería demasiado él prefirió esconderlo en un rincón dónde tenían algunos cartones, obviamente si me sentí mal pero preferí no arruinar aquella emoción tan grande que tenía al pensar que pasaría con él un fin de semana completo.

En el camión a Huehuetoca quería recostarme con él pero su mamá se sentó a un lado de nosotros por lo que tuve que resistir a recargar mi cabeza en su hombro. En el camino solo vimos el paisaje juntos mientras, en vez de ver sus ojos frente a frente, usaba mi celular cómo espejo para poder verlo sin que su mamá me viera.

El fin de semana inicio maravilloso, la promesa de que ambos pasaríamos dos noches muy hermosas juntos era real. Convivimos los tres, vimos una película, dormí en su cuarto y vimos el cielo de noche y allí estaba la Luna; él estaba muy contento de verla ya que era la primera vez que la veía desde su casa de Huehuetoca, y yo estaba muy feliz de estar con él escuchando a las ranas que estaban cerca en el parque, el silencio y tranquilidad absolutos y justo cuando la noche nos dio cómo regalo un mundo para él y para mí, un mundo donde podíamos volar en un espacio tan pequeño a escondidas de su mamá, éramos libres en ese mundo, libres para entregarnos en cuerpo y alma, para que el calor de nuestros pechos nos fundieran cómo uno solo en una danza de pasión y amor. Esa noche hicimos el amor, el amor con la luna iluminando nuestro pequeño mundo debajo de las escaleras.

Al día siguiente fue la parrillada, estaba entusiasmado por conocer a su familia pero también estaba enormemente feliz por la noche tan mágica que tuvimos juntos, aún sentía en mi piel el calor de la suya, en mis manos la fuerza de sus manos y en mis labios la suavidad de los suyos. Cuando fue la comida creí que todo iba bien, también hablé de mi familia, hablé de mí, de mis metas, de mis logros e incluso contamos chistes. Todo había sido perfecto con su familia.

Pero las cosas no son lo que parecen, y las personas menos.

En la noche noté que Julio había instalado en mi celular una aplicación y me pidió abrirla. Yo estaba emocionado porque ya me había mencionado que me tenía una sorpresa y que el día 20 sería un día que recordaríamos siempre. Yo ya sabía que era, pero no cómo era y estaba ansioso por ver lo que “Un gran día” tenía que decirme.


La noche fue perfecta, en el segundo en el que leí la pregunta, cada estrella, incluso la luna, brillaban en mi interior, desde ese momento mi sueño fue real y el de él también.

Uno el sueño del otro.

Al día siguiente, el día en el que regresaba a mi casa, cuando nada podía hacerme más feliz de lo que era, Julio tenía una cara extraña cuando subía después de saludar a su mamá. Mi sospecha se confirmo. Su mamá le comentó que soy un “tragón” que comí mucho y que no respeté que todos tenían derecho a comer de todo lo que su mamá había preparado. En ese momento yo estaba enfermo y lo único que podía comer eran los ricos tacos de arrachera con huacamole, por lo que fue lo único que comí y con lo que tuve que llenarme. Pero a pesar de ello, el hecho de que yo fuese el que acabó con el huacamole fue el error que terminó por enfurecer a mi suegra. No podía quedarme callado cómo chiquillo regañado sin hacer nada y dejar que Julio diera la cara por mi, si quería demostrar que ofrecía mis más sinceras disculpas debía hacerlo yo. Me armé de valor y decidí hablar con ella. De la forma más humilde que pude encontrar le pedí disculpas y traté de explicar del porque fue lo único que comí, ella me dijo que no me preocupara, que todo estaba bien y que mis disculpas eran aceptadas. Pensé que hice lo correcto y que su mamá dejaría de verme mal en ese instante. Pero para ella no fue suficiente.

Al regresar Julio y yo veníamos jugando, al parecer las cosas estaban normales, pero no dejaba de preocuparme por lo que su mamá pensara de mi ahora, nada era claro.

Lo que terminó por aterrarme ese día fue que Julio se recargó en mi en el camión que tomamos para llegar al Distrito Federa. En ese momento por más que trate de sentir bonito, tenía mucho miedo, un enorme miedo que me corría la piel y los huesos cómo témpanos de hielo. Su mamá estaba a un lado de nosotros y vio aquella tierna y aterradora escena. Intenté fingir que por dentro no me moría de miedo, ya que era una escena muy conmovedora y no me mostraría indiferente o distante ante esa gran muestra de cariño y valentía de su parte, así que trate de ser lo más valiente que pude mientras la idea de “me odia, lo sé, me odia y su familia lo hará también” me golpeaba la cabeza confundida y enamorada.

Llegando a su casa Julio no pudo evitar notar mi miedo, mi pánico y cuando comenzó a interrogarme no pude evitar externar cada cosa que me venía a la mente. Nada en mi cabeza estaba en orden y no era ni si quiera lo suficiente claro cómo para intentar acomodar cada cosa, así que cada idea, o lo que fuese que me venía a la cabeza, la decía con mi tartamuda y espantada voz helada. Traté de no llorar, no quería parecer un niñato asustado que llora debajo de la cama, a pesar de que así me sentía, pero él no pudo evitar notarlo. Mientras pasé al baño para pensar las cosas traté de dejar de estar asustado por un momento para que antes de irme a mi casa y despedirme de él no tuviésemos nuestros últimos momentos juntos despidiéndonos con mi cara de asustado. Pensé en todo lo que pasó, en las historias, la música, en las ranas, en la tranquilidad de nuestro mundo, en que ahora eramos novios, en sus manos, su piel, sus labios, la Luna; esa Luna. En ese momento sonreí y el rojo tierno de mis mejillas relució tanto que hasta yo mismo me dí pena al mirarme al espejo. Cuando salí me disponía a tener un buen rato con él antes de irme, antes de volver a asustarme intentando aclarar todo en mi cabeza. Abrí la puerta y lo vi, allí estaba él con una hoja de cuaderno con “te quiero” escrito a plumón gris. En ese momento la frase de una canción vino a mi cabeza “el libro del amor tiene el instructivo para hacer lágrimas de alegría”. No pude evitarlo, lo abracé tanto cómo pude, por un momento sentí que todo el miedo se iba, aunque al segundo siguiente pensé en “ojala no sea el último abrazo”. Inmediatamente ese pensamiento lo esfumé, no quería arruinar ese momento tan dulce. Tan dulce que cuando lo recuerdo lloro, cómo justo ahora mientras lo escribo.

Al momento de despedirnos no pude evitar recordar cada cosa que pasó cuando fui a verlo para irnos juntos a Huehuetoca: cuando llegamos juntos a su casa, el momento en el que le sonrojé al decirle que era la primera persona a la que le regalo un cuadro, el momento en el que lo vi llegar y le mostré el cuadro mientras caminaba hacia mi; y una vez en el metro me dediqué a pensar de nuevo en todo lo que en mi cabeza había y que guardé por un momento de felicidad para él y para mi. No sabía que hacer, no quería perderle, no quería que nos separaran, pero peor aún, no quería que él y su mamá discutieran por mi culpa.

“El ser más amado que le recuerda al hombre que más amó”. No dejé de pensarlo el resto del día.

Capítulo VII

Cuando más lo necesitamos recurrimos a las formas más primitivas del ser humano para deshacernos de presiones o tensiones, o mejor dicho, para liberarnos de ellas por un instante y después poner en orden todo en nuestro interior. La violencia no arregla nada, pero generalmente la fuerza bruta es un bueno tubo de escape para ese tipo de sentimientos. 

Él tenía una solución a dejar salir tensión: nadar. Yo, a veces deseaba golpear cosas, pero mis fotografías eran un escape a ello. Aun recuerdo que la primera vez que lo fui a ver nadar estaba gigantescamente feliz, nunca había ido nadie a verlo nadar, no recuerdo si lo dijo, pero creo que su mamá tampoco había ido a verlo nadar. Me encantaba la idea de que lo viera nadar, más porque él estaba muy emocionado por impresionarme y ver que “tengo de novio a un excelente atleta”. Y para ser honesto es mu bueno, tiene mucha técnica, es un gran nadador, uno muy rápido, fuerte, dulce y guapo. “Ese es mi hombre”.

Saliendo de aquella ocasión en la que lo vi nadar pro primera vez salió tan entusiasmado para sabe que es lo que pensaba, platicamos el resto del camino al suburbano sobre nado, me hablo de lo apasionante que es, tanto que la idea de nadar se me antojaba a pesar de mi enorme miedo al agua. Creo que ese miedo viene de aquella ocasión a los 10 años, cuando me estaba ahogando en una alberca y nadie me ayudaba, mi papá me estaba viendo y sólo lo vi cruzar los brazos sin hacer nada más que verme inmóvil. ¿Por qué no me ayuda?Le pedí que me enseñara a nadar pero no lo hizo y ahora que necesito que me ayude no lo hace. ¿Por qué solo me ve? ¿Por qué nadie me ayuda? Mis tíos estaban a espaldas de mi papá, al parecer no veían absolutamente nada sobre mi agonizante lucha por salir a la parte más alta de la alberca ¿Por qué nadie me ayuda? En un último intento por recuperar un poco de mi sentido común cómo mínimo en ese momento de pánico, intenté dar pequeños brincos mientras que con mis brazos trataba de impulsarme hacia adelante, pero el aire era algo que no tenía y el agua poco a poco se introdujo a mi garganta, mis pies desesperadamente impulsándome se cortaron con la superficie rígida del fondo de la alberca. De repente no sentí más que agua por todos lados y agua entrando por mi boca mientras mi cuerpo caía al fondo de la alberca sin poner resistencia a nada. Es el fin. En ese momento logré sentir el escalón de la parte alta de la alberca con las manos y antes de que pudiera ser consiente de cuanta agua había tragado ya, gatee al escalón lo más rápido que pude para dar un brinco con las últimas fuerzas que me quedaban para ponerme de pie. Cuando salí de la alberca aterrado y asustado deseando un abrazo y un “¿estás bien? Perdón hijo, de verdad perdóname por no ayudarte” lo único que recibí al preguntar a mi papá ¿cuáles fueron los motivos por los que no me ayudo? Sólo me respondió “pero saliste ¿no? Para que entraba si tú ya habías salido?” Odie tanto su respuesta, tan ilógica y tan mortal -no se si exagero en el término “mortal” pero por lo menos es algo que hasta la fecha sigo recordando de esa forma- detesté nadar desde ese momento, morir ahogado para mi es la peor muerde desde ese instante y hasta la fecha guardo rencor por no ayudarme cuando lo necesité. Pero aprendí algo: Si te dedicas a esperar algo de los demás, compasión, piedad, lástima; si no haces nada por solucionar tus problemas por la estúpida idea de que alguien te los solucionará después de que te diga “pobrecito”, estás perdido.

El tiempo pasó más rápido de lo que esperaba, y lo único que me mantenía con la idea de no querer seguir viéndolo nadar o a veces no tener que ir a verlo, es que después de nadar íbamos a su casa. La situación incomoda de su mamá se volvió mucho peor.

Por primera vez no quería ir a su casa, estábamos haciendo planes para vernos y en definitiva no quería estar escondiéndome de su mamá. Si no sabía que estaba allí me tenía que esconder para que no me viera y si sabía que yo estaba allí no quería verla, así que también tenía que esconderme. Así que le dije a Julio que no siempre iba a querer esconderme en su cuarto, pero lo dije estando molesto. Él entendió que lo decía por que no me gustan las relaciones de closet, y efectivamente, siempre rechacé una relación en la que tuviese que esconderme, pero él lo valía en todo sentido. Se entristeció y trate de enmendarlo, pero era demasiado tarde.

Capitulo VIII

¿Han notado la peculiar forma en la que un suceso lleva a otro? Mi maestro de Historia le llama “Sentido Histórico”. Es una palabra con doble significado: Por una parte tenemos la interpretación de sentido cómo una secuencia, un orden o un lineamiento a seguir, el sentido que adquiere un acontecimiento dentro de su contexto, por ejemplo. Y también esta la interpretación de sentido cómo un sentido más de los 5 que tenemos: oído, olfato, tacto, gusto y vista. Es la capacidad que tenemos las personas para relacionar nuestro presente con algo que ocurrió anterior a nuestro presente, y luego relacionar ese suceso anterior con otro anterior y así encontrar el sentido de la historia.

Cuando su mamá se enteró que él y yo eramos novios fue cómo si el primer ángel del apocalipsis soplara la primera trompeta. Ella terminó por aclarecer y confirmar lo que en mi cabeza rondaba pero trataba de no dar por hecho: no apoya nuestra relación, en definitiva no me quiere a lado de su hijo. La única esperanza que me quedaba era mi plan inicial: tratar de demostrarle a su mamá quien soy, demostrarle que se equivoca al juzgarme así, a pesar de que ese plan hasta ese entonces no me había servido de nada, era la única alternativa que tenía así que me propuse a esforzarme mucho más. 

En el cumpleaños de mi suegra le llegó la noticia de que Julio ya no era soltero, por lo que el día que Julio y yo nos veríamos para salir -viernes si no mal recuerdo- tenía la oportunidad de ir a su casa para darle un regalo. Le pregunté a julio sus dos colores favoritos, su flor favorita. Hice un huevo pintado con un mensaje dentro: “Para una madre, hermana, hija, compañera, amiga y mujer ejemplar. De corazón muchas felicidades”, también hice una caja pintada de verde con franjas y detalles dorados y cómo le gustan los girasoles compré flores pequeñas parecidas a los girasoles para adornar la caja.

Cómo cada cosa que hago a modo de regalo con el corazón, siempre guardo algo en ellas.

El cuadro tenía mi sueño que ahora estaba viviendo, el huevo y la caja tenían mis esperanzas.

Cuando la vi y le di el regalo le abracé tratando de ser lo más afectivo posible para demostrar mi alegría porque Julio tuviese a su lado a una madre tan admirable cómo ella, y de verdad eso sigo pensando de ella hasta la fecha. Pero lo que ella pensaba de mi no había cambiado en nada.

Cuando él y yo salimos siempre le da su mamá suficiente dinero para sus pasaje y para cualquier otra cosa, en esa ocasión sólo le dio lo necesario para sus pasajes ya que iba a salir conmigo, por lo que no pudimos hacer mucho. Quedaba claro que me seguía viendo cómo un aprovechado, al menos para ella para ella.

¿Quién diría que sería nuestro último día en paz? Y peor aún ¿Quién diría que el simple hecho de decirle a Julio que no siempre iba a querer estar escondido en su cuarto, iba a tener una mala interpretación? Yo sólo deseaba salir más con él para poder olvidarme por lo menos cada tercer día de la frustrarte, molesta e incomoda situación que vivía cada vez que iba a su casa.

¿Quién hubiese podido adivinar que él hecho de que él me diera mi lugar ante su mamá sería el peor error que pudo cometer por algo que dije de una forma mal expresada?

Pero el hubiera no existe

Capítulo IX

Mi mejor amigo y yo tenemos una historia bastante peculiar. Nos conocimos el día que cometí el peor error de mi vida. Nos caíamos mal, en mi cumpleaños nos golpeamos -o más bien me golpeo-, nos decíamos mentadas de madre. Posteriormente él y yo nos unimos un poco cuando su novio se tuvo que ir a Sonora, yo lo escuchaba cuando se sentía mal, le daba a veces un empujón cuando lo necesitaba y también cuando no lo necesitaba. Posterior a eso el peor error de mi vida me hizo saber que eso era: el peor error de mi vida. Cuando más lo necesitaba, cuando más necesitaba aclarecer todo en mi cabeza y saber tomar el camino correcto él estuvo conmigo en las buenas y en las malas. Desde entonces él y yo somos hermanos y por ello festejamos el 16 de Junio en conmemoración al mismo día del año 2012. El día en el que nos conocimos.

Yo tenía mucha ilusión al pensar que el sueño de mi vida y el hermano que nunca tuve se conocieran así que José Ángel y yo nos organizamos para que él conociera a Julio. Sería un día perfecto. Eso era lo que creía.

Cuando llegó el día en el que Julio y José Ánge se conocerían llegué sumamente feliz por el día tan especial que tendríamos los 4 juntos en una cita doble (José Ángel y yo junto a nuestros novios). Pero Julio no mostraba el mismo entusiasmo que yo.

¿Han visto cómo un enfermero primerizo quiere darle la noticia a un padre que su esposa, o su hijo han muerto? Los ojos llorosos, los labios temblando reseco, blanco y cuarteado, las manos frías, el rostro pálido; y cuando ve directamente a os ojos a aquel padre que espera saber que su esposa ha tenido a un hijo hermoso, se desploma en llanto.

No imaginé jamás que sus ojos cafés, esos ojos que me hacía vibrar ahora me darían tanto dolor.

“Hablé con mi mamá ayer, mi familia la está presionando para que tú y yo terminemos. Dicen que eres un aprovechado, que abusaste de nuestra nobleza, que te aprovechaste de mi inocencia; yo se que no es así, créeme que yo jamás pensaría algo así de ti”

No recuerdo que más vino en esta parte, porque cada una de sus lágrimas multiplicada por cada letra pronunciada se sentían cómo agujas al rojo vivo en mi alma.

“Quiero que hoy no pensemos en esto, pero no puedo evitar no decirlo, lo notaste y no puedo engañarte. Me siento horrible, pero quiero que este día sea perfecto para ambos, quiero que nuestra despedida sea feliz y nos quedemos con lo bueno que siempre compartimos juntos”

El resto del día nos divertimos. Probó las mejores paleras heladas del mundo, caminamos para el lugar de encuentro con José Ángel. Cuando llegamos allí estaba, lo presenté. Por más que deseaba desahogarme con José no pude decirle, prometí no mencionarlo y olvidalo por completo para tener un día perfecto con mi hermano y el sueño de mi vida. Caminamos un paruq ecológico, hicimos bromas, me cargó y me sentí feliz, tanto que cais olvidaba lo doloroso que fue verlo llorar. La última vez que volaremos juntos.

Nos la pasamos bien juntos pero no pudimos fingir que nada pasaba al final del día. Me contó lo mucho que ama a su mamá pero también me contó que su mamá lo aleja de ella aunque no quiera. Me contó todo lo que su mamá le ha obligado a hacer desde pequeño. Él tiene tanto miedo a perder a su madre, o a hacerle daño, perdió a su padre a los 5 años, no quiere lo mismo para su mamá.

“El ser más amado que le recuerda al hombre que amó”.

Mientras me contaba todo, en mi cabeza todo se armaba, lo que ya sabía desde un principio: son su única familia, ambos están dispuestos a hacer lo que sea con tal de no perderse uno al otro, ambos se aman y mucho pero uno no habla con el otro de cómo en realidad se siente.

Valía la pena el sacrificio.

Capítulo X

Hay personas nobles en el mundo. Por ejemplo, frente a mi casa hay un perro, lo sacaron de la casa -no sé a que se deba que lo hayan sacado-, siempre se sienta a cuidar la casa de aquellos de quienes le echaron a la calle. Él les guarda un profundo cariño y respeto a aquellas personas, tanto que no deja de alegrarse y de recibirles con una sonrisa cada vez que ve que algún integrante de la familia llega a casa. No es gentil y tampoco sonríe esperando ser alimentado o esperando a que le dejen regresar a casa, es nobleza, cariño, respeto y fidelidad en un estado tan puro que no es humano. Porque las personas a veces nos casamos con la idea de que por amor hacemos solamente tonterías, que nos hacemos más idiotas, que nos perdemos a nosotros mismos y que le damos a la otra persona no amor, le damos la oportunidad de manipularnos y destruirnos a su antojo. Yo sé bien que mis sentimientos, ideales, metas y logros sólo me enriquecen a mi, pero Julio me mostró que por amor no sólo he hecho tonterías y grandes estupideces, también fui capaz de construir un mundo para él y para mi, un mundo debajo de las escaleras donde ambos volábamos juntos. Un mundo al que estaba dispuesto a renunciar si eso era lo correcto.

Nada me costaba decirle que podíamos andar a escondidas, pero él sabe que difícilmente acepto ser reprimido y quedarme callado, y yo se que él no está dispuesto a arriesgar la relación que tiene con su mamá, también se que él y su mamá tienen mucho que arreglar entre los dos y finalmente se que no podía ser tan egoísta cómo para ignorar que terminar conmigo es justo el empujón que él necesita para decidirse a arreglar las cosas con su mamá. Ahora se cual es el camino correcto.

Renuncie a nuestro mundo por su felicidad.

La despedida en el metro duró cerca de una hora o quizá menos, pero por lo menos para mi duró eternamente. Ambos tratamos de mantenernos firmes en la convicción de no llorar, pero por más que intenté que él no me viera desplomarme ya que él se sentía igual de mal que yo, no pude evitarlo, rompí en llanto. Una despedida larga siempre es más dolorosa, pero en este caso lo ameritaba.

Las promesas siempre son intentos por sembrar esperanza, intenté calmarlo para que nos hiciésemos la promesa de enterrar lo que ambos sentíamos, pero enterrarlo no cómo una sepultura, sino cómo una semilla que si la vida así lo quiere ambos cuidaremos de nuevo y volverá a renacer. Secar sus lágrimas era lo único que me mantenía fuerte en ese momento a pesar de mi propio llanto.

Es impresionante lo que pasa en tu mente en un segundo. Un segundo en el que se rompé tu jarrón favorito, el segundo en el que tomas un atajo por el callejón oscuro en el que te arrebatan tu cartera, el segundo en el que ves el maltrato asqueroso y bestial de un animal indefenso, el segundo en el que una mujer es violada y sin recibir ayuda a pesar de sus gritos ahogados por la mano de su agresor, el segundo en el que ves cómo asesinan a una persona o el segundo en el que ves al amor de tu vida partir en un metro mientras lo último que vez en él son las lágrimas que se sienten cómo agujas al rojo vivo en tu alma.

Para ser honesto ni si quiera se cómo describir todo lo que cruzaba por mi mente en ese segundo, pero se sentían cómo todos mis gritos desesperados que jamás pensé gritar ni en una semana diciendo “no te vallas, por favor detengan ese metro, ¿qué no ven que mi sueño se va para siempre en ese metro?” al mismo tiempo una y otra y otra vez mientras mi mano en el cristal de la ventana trataba de disimular un gesto de agradecimiento, pero en el fondo era el impulso más inconsciente que conscientemente dejé escapar queriendo estar de nuevo con él, dentro de ese metro que en sólo un segundo se llevó al sueño de mi vida.

Capítulo XI

Las esperanzas a veces dan ilusiones, pero las ilusiones no dan sueños.

En la noche siguiente no dejé de pensar en que quizá si él hablaba con su mamá se retractaría en separarnos, era el último intento que me daba mi corazón para darme esperanzas, pero en el fondo sabía que no eran esperanzas, eran sólo ilusiones.

En la noche solo se confirmo nuestra separación, lo único que nos dijimos para cerrar lo nuestro fue dedicarnos una canción. La canción que me dedico se llama “While Your Lips Are Still Red” de NightWish. Me dijo que siempre espero a encontrar a un hombre que la mereciese, alguien que de verdad lo hiciera feliz y que lo valiera.

“El primer hombre en mi vida”

- Julio Diaz Rodriguez –

Yo, por más que mi corazón me decía que hiciese lo posible para seguir a su lado, mi mente sabía que Julio estaba muy mal, que no necesitaba más dolor, que ahora lo que más necesitaba era arreglar las cosas que desde hace ya muchos años se ha guardado. Necesitaba estar firme para arreglar la situación con su única familia, para protegerla, salvarla y no perderla. Por más que me doliera no podría ser egoísta, no podría, no pude y no quise. No dije más que un par de palabras que, hasta la fecha, me siguen sorprendiendo al haberlas dicho tan firmemente: Nuestra despedida fue en el metro, yo no tengo nada más que decirte, no necesitas más dolor del que tienes. Por favor, no hagas esto más difícil.

Las promesas siempre son un intento por dar esperanza.

Julio me prometió continuar en contacto conmigo por Whatsapp, ya que si lo veían platicando conmigo en Facebook se metería en problemas. Yo accedí con la esperanza de que si pierdo mi sueño, tengo la esperanza de ganar a un muy buen amigo en un futuro.
Pero las cosas no siempre son lo que parecen y las personas tampoco.

Capítulo XII

Había pasado ya un día de haber perdido el rumbo de mi vida, había perdido mis sueños, no sabía ya que soñar. Mi mamá era la única que me había visto llorar ya hace años, pero el volver a tener la confianza de llorar de esa manera con ella llevo poco más de 4 años. Obviamente mi mamá detestó la forma en la que me trató la mamá de Julio, nunca había hablado de ese tema con ella hasta aquel día en el que Julio y yo nos despedimos. Tener problemas con una suegra ya era suficiente cómo para que la suegra de Julio se molestara con él, o por lo menos ese era mi temor para decirle cómo me humillaba su mamá. Pero me vio llorando así que no pude ocultarle más todo lo que me ocurría y todos los pensamientos y sentimientos que esto me producía.

Mi mamá quería llamar a mi ex-suegra para decirle las verdades que yo, hasta la fecha, aun quisiera decirle, pero la convencí de que no lo hiciese. Julio es quien debe hablar con ella, ya no tanto de mi, sino de ellos dos y si mi mamá llamaba a la mamá de Julio la situación, lejos de solucionarse, empeoraría y se tornaría más tensa. Tanto él cómo yo estamos sufriendo, lo sé, por eso se que no necesita más sufrimiento ahora.

Esa noche, después de nuestra definitiva despedida, no dormí en lo absoluto, deseaba tener una señal de ahora que camino tomar, no tenía ni idea de que haría en mi vida, por tonto que parezca, todo en mi vida se había tornado a un sueño, uno que se hizo recuerdo.

El precio más alto de un soñador es que su sueño se haga real.

Paso un día en el que sentí que caminaba sin avanzar, cómo si caminara a ciegas sin darme cuenta que no caminó para ningún lado, era cómo si estuviese atado a una roca condenado a caer por siempre a un mar oscuro sin fondo. En mi limbo emocional la única salida que encontré desesperadamente fue escribir, era la única forma en que podía intentar tener claro cada cosa que tenía en la cabeza. En mi desesperación, cómo un hombre sofocado en un desierto intentando encontrar la botella de agua que sabía que había dejado en algún lugar, encontré una libreta, la primera que tuve a la mano. Era una libreta de Marie, la gata de la película “Los aristogatos”. Era la libreta de química de una amiga de la escuela, me la prestó para poder ponerme al corriente en los apuntes y trabajos que me faltaban cuando no pude ir a la escuela por una infección fuerte en la garganta. Allí, en Marie, cada cosa que sentía y pensaba, todas mis dudas y respuestas las escribí en una carta, una carta cada noche, diariamente.

Capítulo XIII

(Carta primera.)

Mi mejor amigo y hermano me contó una vez que haciendo un juramento al viendo, si lo hacías de corazón, este se cumpliría. Al no tener ni si quiera bases para mantener mi espíritu en pie, tener fe en que alguien me daría entendimiento y sabiduría, que me escucharía sin que “no llores” fuera la palabra más frecuente, era algo que me daba el primer rayo de luz de esperanza, esperanza basada en una fe espontanea en la que intentaría creer.

Aún recuerdo la primera carta que le escribí. Deseaba tanto hablar con él, deseaba tanto que Julio me escuchara, que fuera él quien secara mis lágrimas otra vez, y yo secara las suyas una vez más. Deseaba tanto que él fuese quien me diera la estabilidad, la seguridad, el cariño y la fortaleza que necesitaba en ese preciso instante. Tenía que, de alguna manera, intentar encontrar que él fuese quien por lo menos me escuchara. Lo único que se me ocurrió fue escribirle una carta, donde cada sentimiento, pensamiento y lo que fuese que quisiera sacar en ese momento, él fuese quien estuviese allí conmigo. Así nació Marie, el Julio que en mi mente cree para poder mantener mi cabeza en su lugar sabiendo que él, o por lo menos un “él”, me estaba escuchando.

“2 de Agosto del 2013.

Amor: Te necesito, no puedo estar en paz, intento seguir pero no puedo. Ahora que no estoy contigo me siento más destrozado que nunca. No puedo dejar de llorar, de querer detestar al mundo. Quiero gritar para que me escuchen, para que tú me escuches. Quisiera saber cómo estás, si estás bien, si has hablado con tu mamá, saber cómo te sientes, saber si también me extrañas; sonará una pendejada, pero quisiera saber si aún me quieres, quisiera saber si soy el único que siente que este cariño le quema el pecho. Siento matará el dolor de esta injusticia.

No quiero platicar con nadie, porque nadie sabe cómo me siento excepto tú, pero no quiero decírtelo, no necesitas más dolor. Pero el calor de tu recuerdo me quema y me consume en vida.

Quisiera morir, quizá dolería menos que este inmenso dolor, pero no lo haré. No quiero dejar esto así, aun quiero recordarte y, por tonto que sea, aun quiero quererte.

Hace un rato se me ocurrió intentar hablar con ti mamá, no de mi, sino de ustedes. No quiero decirle lo que me confiaste ayer lo de tu papá y todas las cosas que has sacrificado por amor a ella- lo que quiero es hacerla entender que ustedes dos no están bien, que necesitan hablar, que eres un chico maravilloso, que te guardas las cosas por no lastimarla, que tienes miedo a perderla y que ahora te sientes asustado, sin saber que hacer. Quisiera hacerle entender que solo dejarás que tu corazón lo lleve la corriente del destino sino arreglan a tiempo la situación entre ustedes dos, hacerle entender que ella, al igual que yo, tiene que lograr quitarte tu armadura, conocer tu hermoso corazón y darse cuenta que estás sufriendo, que la necesitas, que siempre la has necesitado, que tienes un corazón que desea con todas sus fuerzas sentirse amado y, sino pude ser yo, quisiera que entonces tú mamá debe escucharte y acercarse a ti.

Quisiera hacerle ver que si terminaste conmigo es porque te sacrificaste por ella, y si yo renuncie a ti no fue por ella, fue por ti; porque sé que se aman, que son su única familia y se necesitan uno al otro.”

Mientras cada línea escrita en la carta brotaba tan fluidamente cómo si tuviese a Julio frente a mi escuchándome, no pude evitar dejar de escribir por unos minutos  al permitirme llorar. Marie es un invento de mi mente para intentar hablar con Julio, pero hasta yo se que él me dejaría llorar, y a pesar de que Julio secaría mis lágrimas, en Marie calló una de ellas. Por extraño que parezca sentí la sensación de sus manos sosteniéndome el rostro, cómo en Huehuetoca, aquella vez que no pude evitar llorar de felicidad el día que me pidió ser su novio, y mientras me veía secaba mis lágrimas. Teniendo ese recuerdo que me quemaba por dentro me di fuerzas para continuar escribiendo.

“La idea de escribirte surgió al ver la hoja de cuaderno con el “te quiero mucho” escrito a plumón gris. En cuanto la encontré y la abrí no pude más, me desplomé y la primera cosa que vino a mi cabeza fue escribirte una carta. Ahora estoy sentado en el balcón buscando la Luna pero, al igual que tu mirada, esta noche no está conmigo y no la puedo ver.

No se que hacer. Miro al cielo queriendo que el viento se lleve mi dolor pero me da miedo que se lleve tu recuerdo.

Algún día leerás esta carta y las demás, por ahora buscaré cómo hablar con tu mamá, quizá valla mañana, no lo sé. Si lo hago mañana lo sabrás, por lo menos por escrito.
Te quiero mucho, descansa, dulces sueños amor.”

Capítulo XIV

(Segunda carta.)

Acabando de escribir el capítulo anterior esculqué a Marie para buscar en que pagina de la libreta escribí la segunda carta que colocaré, cómo han de notar ya, mi historia se ha extendido a 21 paginas, por lo que considero que citar los fragmentos más significativos de cada carta, cómo lo hice en el capítulo anterior, sería menos práctico, ya que mi estado de ánimo -si así le quieren llamar- no había cambiado de un día para otro. Por ello quiero colocar las cartas en las que de verdad mostré un cambio significativo a la anterior, así mi estimado lector no pierde de vista el objetivo de estas líneas: entender cómo fui evolucionando en este proceso de cambio en mi vida.

¿Cómo llegue a esta explicación?

Oh, es verdad.

Esculcando a Marie calló una hoja, con letras escritas con plumón gris. “Te quiero mucho” no lo dice textualmente ya que más bien es un “T.Q.M” pero en la historia preferí no colocarlo de esa forma para que fuera más claro para mi estimado lector el entender el significado de esas tres letras. Debo admitir que por un momento me sentí tan melancólico que pude haber llorado, tanto así fue que mi computadora se estaba convirtiendo en Marie, pero no quiero perder el objetivo de mi escrito.

Cómo he dicho antes, cada cosa que hago cómo regalo tiene una gran parte de mi. El cuadro que hice para Julio guardaba mi sueño, el huevo y la caja para la mamá de Julio guardaban mis esperanzas y este escrito que hice para mi guarda mi libertad.

“7 de Agosto del 2013
Buenos días Sr. Diaz”

Él y yo siempre nos saludábamos de esa forma: Sr. Diaz y Sr. Lira.

“Sé que siempre escribo en la noche pero me paso algo esta noche que quisiera compartirte. Soñé que todo esto era real. En mi sueño el dolor, la impotencia, todos nuestros recuerdos, los que ahora me destrozan, me visitaron y ver que no era un sueño fue mucho peor. Quizá hubiese sido mejor no despertar para seguir creyendo que era solo eso: un sueño. Y tal vez, sólo tal vez, cuando algún día despierte te encontraré a mi lado, abrazándome, mirándome, me darás un beso y me dirás “buenos días mi amor”.

Hoy me desahogué con un familiar, prima de mi mamá llamada Verónica, a quien no conozco en persona. Le platiqué todo lo que me ocurre y me dijo algo que hizo sentir a mi corazón con un poco de alivio:

“No te preocupes hijo, sé que lo que hay entre ustedes es puro amor, pero si ese chico realmente es para ti, si en verdad se aman volverán a estar juntos, y si no, no te preocupes, alguien más especial te estará esperando.”

La parte de “alguien más especial” fue cómo una especie de luz pero para encontrar a alguien más especial que tú creo que debería irme a marte, allá tengo más casi la misma posibilidad de encontrar a alguien mejor que tú que aquí, incluso quizás allá tenga más posibilidad.

Por extraño que parezca mi pecho tiene ganas de llorar pero algo me lo impide. Quizá sean mis propias ganas de salir adelante que por fin dan señales de vida entre toda esta catástrofe, pero a pesar de ello quiero llorar porque me duele, porque aún te necesito, aun te quiero y aun tengo tanta rabia. ¿Por qué no estás aquí estúpido?”

Es peculiar la manera en la que muchos recuerdos te vienen a la mente mientras intentas escribir para provocar llanto en ti, para desahogar todo lo que tienes adentro, para no guardarte nada.

Cuando Julio me pidió ir a acompañarlo a comprar un regalo para el cumpleaños de su mamá, al mismo tiempo que yo le interrogaba sobre sus gustos, nos tomamos una foto, o mejor dicho la foto.

“Aún recuerdo tu cara de enamorado en la foto ¿Lo recuerdas? Traías tu camisa del IPN, fue nuestra primera foto en la que te doy un beso, un dulce, tierno y enamorado beso en la mejilla. Tú me dijiste que te veías feo porque tenías cara de enamorado y yo te dije que por eso te veías hermoso.

Extraño tu cara de enamorado.”

Allí fue cuando mi objetivo de querer llorar fue alcanzado al llenar mi cabeza de recuerdos que necesitaba vaciar de aquellos sentimientos que amarraban a la nube de escombros que antes era nuestro mundo.

“Ese día no tenías cara de enamorado, tenías la cada de alguien destrozado, llena de dolor, de tristeza y rabia.

El día de esa foto reíamos felizmente por nuestra primera agresión de parte de alguien homofóbico. Sigo creyendo que quizá no fue así, pero estabas tan feliz porque no te afecto, porque no me soltaste la mano y porque te sentiste tan orgulloso, que la duda de que quizá no fue agresión cómo tal el comentario de “no se valla a perder” que un sujeto lanzó para quien sabe que parte, fue algo que consideré innecesario y torpe mencionar.

Daría el alma por verte mirándome así de enamorado otra vez. Si tan sólo ese día hubiese podido cambiar tu mirada desgarradora por esa mirada tan hermosa que tanto extraño, sería el hombre más feliz del mundo, tanto que no me importaría morir en ese mismo instante.
                                                            
Quise ver la Luna pero hoy tampoco está, ojala esté contigo recordándote que estoy aquí, queriéndote con todas mis fuerzas.

Buenas noches, te mando muchos besos y todo mi cariño. Hasta mañana.”

Aún recuerdo que lloré tanto, por casi poco menos de dos horas que pude dibujar un cielo estrellado. Una estrella en cada lugar donde calló una lágrima en el cuaderno.

Capítulo XV

(Tercera carta.)

Después de rogar al viento, a la Luna que nos regaló un mundo para ambos y a las estrellas por aquello que me hiciese encontrar un sendero, por pequeño que fuese, algo que me hiciese encontrar un lugar en medio de esa nada tan absoluta, negra, vaciá y tenebrosa en la que me sumergía. Después de todas las noches en el balcón ese algo había llegado a mi.

“17 de Agosto del 2013.

Hola amor. Hoy por fin tuve la señal que esperaba ver, bueno, la escuche. En la mañana escuche la radio y el locutor leyó con una voz amable y clara una carta que habla de cómo pareja de enamorados se prometían guardar todos sus recuerdos, sus sentimientos y lo que construyeron juntos “entre las horas para siempre”. Antes de ello escuché una canción que me liberó de nuevo mi cariño por ti, y al acabar esa carta hubo una canción más que me hizo ver que este cariño no lo debo de retener, debo dejarlo fluir y no es necesario dejarlo ir. Te prometí salir adelante y que estaría bien, entonces dejaré que este cariño fluya y si quiere se valla, pero todo lo vivido se queda conmigo.

Entre las horas para siempre.

¿Recuerdas ese pan que compramos para mi el día que encontraste esos 50 pesos debajo de mi asiento cuando regresábamos de Huehuetoca? Hoy que mi mamá me obligó a acomodar mi cuarto, limpié la maleta que me llevé ese fin de semana contigo. Allí estaba ese pan, en ese momento tuve una idea que hasta ahora me he sentado a pensar detenidamente: ¿y si el corazón es cómo ese pan? Piénsalo. El pan, en parte, no me lo comí por guardarlo mientras mis recuerdos de todo lo que pasé contigo desfilaban por mi cabeza, al igual que el miedo que tenía cuando tu mamá nos vio abrazados en el camón y por lo ocurrido con el huacamole. Tanto así fue que ese pan lo olvidé y se quedó allí guardado durante todo este tiempo. Ahora es incomible, insalubre e incluso casi irreconocible por la forma en la que se aplastó y pudrió. Queriendo aplicarlo en mi caso. Si mi corazón lo guardo porque me la paso reviviendo recuerdos de ti, por estar escribiéndote cartas diariamente y por preocuparme en no volverte a ver nunca más, quizá mi corazón termine cómo ese pan: sin amar, seco, y tan oxidado que quizá difícilmente sentiría algo. No quiero eso para mi, pero tampoco quiero dejar ir este sentimiento tan puro. Odio cuando las cosas se ponen grises en apariencia, a veces necesito distinguir el negro del blanco para poder encontrar el verdadero gris. Necesito distinguir en que quiero y que no para saber que es lo que debo elegir.

Necesito pensar amor, dulces sueños. Descansa y hasta pronto Sr. Diaz.”

Capítulo XVI.

(Cuarta Carta.)

Esta fue la carta más corta que le escribí, creo que no tengo tanto problema en transcribirla completa. Ese día me decidí a armarme de valor por la primera meta que lograba plantearme firmemente: hablar con mi ex-suegra.

“ 29 de Agosto del 2013

Hola amor, son las 12:25 am.

No encontré a tu mamá, me pasaron muchas cosas que debo procesar, Sólo quiero que sepas que poco a poco dejaré de quererte. Así debe ser. No puedo retenerte y no quiero retenerme por mucho más, poco a poco mi gran cariño por ti lo he estado dejando fluir para liberarnos. Solo así estaremos en paz.

Ya no buscaré a tu mamá, esa elección es nada más tuya. Por favor se fuerte para romper tu armadura de miedo, no oprimas más tu corazón y no te minimices por amar a tu madre. Si en verdad la amas entonces no permitas que ella te siga alejando. Los dos se aman y arreglaran las cosas cuando le hagas ver que tu hermoso corazón está sufriendo desde hace años.

Espero no te sientas mal porque he estado dejando de quererte. Mañana te explico porque lo hago, bueno al rato por la mañana. Solamente te diré que si te dejo de querer es porque te quiero.

Al fin hoy me atreví a descargar y escuchar la canción que me dedicaste el día que nos despedimos y he comprendido más sobre lo que me ha ocurrido desde el día en el que te vi partir en el metro.

“Besa mientras tus labios aún estén rojos”

El último hasta pronto Julio y el último adiós Marie se acercan.”

La razón por la que estaba dejando de querer a Julio es porque no hacia bien quedándome allí a esperarlo,  sé que él no haría lo mismo por mi. No podía ser egoísta con él para querer obligarlo a regresar conmigo sólo porque lo esperé y tampoco podía ser tan egoísta conmigo mismo y elegir obligarme a esperar cuando tengo toda una vida de decisiones difíciles por delante. O mejor dicho, no quería quedarme esperando a que mi unicornio me salvara, porque sé que así cómo él se salva a si mismo, yo debo de hacer lo mismo por mi.

Capitulo XVII

(Quinta carta.)

Cuando ambos construimos un mundo para ambos yo sabía que yo era el primer hombre en la vida de Julio. Yo se que para él entregarse a mi fue algo invaluable, por eso sé que cuando decidió estar a mi lado por ese corto periodo de tiempo él dio su cuerno, el único que tenía para dar la magia que necesitábamos los dos para construir un mundo juntos. Él, por mi parte, no fue el primer hombre en mi vida. Me encontré con muchos patanes asquerosos que me habían hecho mucho daño, pero jamás dejé que mis sentimientos, mi confianza en las personas, mi forma de pensar, de sentir y de ver el mundo cambiara, porque a pesar de que esos desgraciados me hiciesen lo que me hiciesen, no valían tanto cómo para que el resto de mi vida me comportara a cómo ellos me habían moldeado. Siempre quise y quiero seguir siendo yo mismo ante cualquier golpe de la vida, si cambio en algo es para ser mejor, no para querer evitarme más problemas futuros. Así que eso es lo que yo tenía para ofrecer: los sentimientos que con tanto empeño conservé intactos para alguien que valiera la pena, y así fue.

“8 de Septiembre del 2013

Buenos días mi amor. Anoche tuve un sueño:

Caminaba al bosque y encontraba a un hermoso cachorro atado a la reja del bosque. Estaba sangrando del cuello y las patas, era obvio que luchaba por liberarse de su correa, pero no tenía intenciones de alejarse de la reja, tenía intenciones de introducirse en ella. Yo lo liberé, lo sostuve en mis manos y el cachorro pareció sonreírme y acurrucarse en mis brazos. Mis manos estaban llenas de sangre y el cachorro no paraba de sangrar.

Al despertar me puse a pensar sobre ese sueño. Al principio pensé que yo era el cachorro que por querer liberarse de la correa, por no liberarme de tu cariño me desangraba. Pero no es así. Luego vi al cachorro cómo mi propio corazón, a ti cómo el bosque y a mi cómo yo mismo. La correa es el pequeño lazo que me une a ti. Tengo que hacerle ver a mi corazón que por más hermoso que sea el bosque debo dejarlo ir, porque lo único que me une a él, ese único lazo con el tiempo se hará una correa que le mantendrá amarrado y sufrirá mucho más y morirá desangrado. Yo debo liberar a mi corazón pero antes debo despedirme del bosque para cortar ese lazo y quedarme solo con los recuerdos aquél pasto verde, del aire fresco y puro, de las ranas en el lago y del silencio tranquilo donde mi corazón fue escuchado, acogido, amado, valorado y enseñado a ser mejor.

Besa mientras tus labios estén rojos.

La canción que me dedicaste es lo que ahora me está haciendo ver esto, con la ayuda del viento, la Luna y las estrellas me han abierto los ojos para hacerme ver a mi corazón que esta triste pero esperanzado de verdad.

Tengo mucho en que pensar, perdón si no te escribo mucho en esta ocasión amor. Dulces sueños y hasta pronto”

Good by my lover.

Capítulo XVIII

(La última carta.)

En definitiva la idea de escribir a Julio en Marie fue una gran ayuda. Sin duda alguna pienso que estaría aún perdido o estaría saliendo del limbo emocional en el que estaba si no me hubiese apoyado en las cartas que le escribí -51 cartas para ser exactos- y en hablar con el viento, la luna y las estrellas. Hasta la fecha no se si mi fe está bien fundada en ellos o no, pero por ahora cada cosa que platico con ellos me hace sentir más estable, me ayuda a mantener la cabeza en su lugar y a poder encontrar la solución a mis problemas.

Antes de que escribiera esta última carta, recuerdo haber leído, sólo para mi, todas las cartas, las 50 anteriores a esta. He evolucionado y madurado mucho desde entonces, me gusta y me siento orgulloso de ser la persona en la que me convertí ahora, y en el momento en el que escribí la última carta fue cuando me di cuenta de que ahora podría continuar sin Marie y sin Julio.

“20 de Septiembre del 2013.

Marie, Julio:

Hoy es la última carta. Hoy ya no te quiero, hoy ya sonrío, hoy soy feliz al ser consiente de que te quise y me quisiste, porque todo ello fue real.

El libro del amor tiene las instrucciones para hacer lágrimas de alegría.

Fue realmente hermoso todo lo que vivimos juntos. No se cómo describirte. Fuiste la puerta a una nueva vida para mi. Nuestro cariño se ha ido, ahora quien lo guarda es la Luna, pero toda esta felicidad se queda, porque contigo solo fui feliz, tú solo me hiciste feliz así cómo yo estoy seguro de que te hice feliz a ti. Me hubiese gustado que tú dijeras lo mismo en persona. Deseo tu felicidad y la mía.

Si ya no te quiero, es porque te quise y porque tú me quisiste.

Nos hicimos inmensamente feliz. Fuimos el primer amor en nuestras vidas de maneras diferentes. Quizá algún día descubramos que tú y yo en verdad estamos destinados a estar juntos o no. Por toda esa felicidad que no nos la quita nadie, será mi primer gran tesoro que guardo en el corazón.

Adiós Marie.

Me despido del cariño que tuvimos para seguir con mi vida y nuestras promesas. Te agradezco todo lo que hiciste por mi. Te quise de verdad.

Hasta luego Señor Diaz.

No me olvides, yo nunca te olvidaré. Este lugar es tuyo y de nadie más. Si tengo una nueva relación estable con alguien, a él le daré otro lugar, algo nuevo, distinto, especial. No los pondré a competir. Fuiste el amor de mi vida, pero ahora que tengo una nueva vida, él será el amor de mi nueva vida.

Hoy tampoco hay Luna. Espero que esté contigo haciendo lo que le pedí cómo favor par esta despedida:
1.- Darte tu felicidad, mi agradecimiento, fuerza, entendimiento y valor.
2.- Que a ti y a tu mamá los una y que arreglen las cosas de la mejor manera posible.
3.-Que te de la sabiduría que me dio a mi.

Te quise Julio, en verdad de quieradore con el corazón. Y por eso amor no te quiero más, espero que lo entiendas.

Adiós Marie. Hasta luego Julio Diaz Rodríguez.”


Capítulo XIX.

¿Mencioné ya que soy un testarudo de primera? Siempre intento hacer las cosas tomando el camino largo y difícil, de lo contrario no aprenderé nada en el camino, desperdicio tiempo y sigo siendo el mismo pequeño tonto que no aprender de sus errores y no crece. Odio eso, creo que esa es una de las principales y si no es que la principal y casi la única razón por la que siempre decido tomar el camino difícil para superar mis problemas.

La esperanza muere al último.

Yo se que habremos muchos soñadores cómo yo y cómo Julio, a pesar de que digan que ya no los habremos, también sé que la vida siempre te pone pruebas que siempre te destrozan, unas más difíciles que otras. De nada sirve que te pongan a hacer el mismo examen una y otra vez desde la primaria a la universidad para aprobar una maestría. Pero estoy convencido de que siempre hay maneras, nuestra propia manera, en la que intentaremos hacer lo correcto siempre sin importar que.

La historia que escribo no sólo una muestra de superación personal, es una etapa en la que he decidido crecer más cómo ser humano, cómo persona y cómo individuo. Ahora tengo una pareja estable, debo admitir que tenía miedo ya que parte de mi me decía que el sentimiento que sentía por Julio se confundiría con el sentimiento que siento Alfredo, mi actual novio. Pero él me mostró una manera distinta de amar, una manera distinta de sentir, de pensar, de ver y de percibir las cosas. Me hubiese gustado decir que e 100% de este proceso de superación ha sido asunto mío, pero mentiría. En un 35% le corresponde a todo lo que me da Alfredo y lo que yo aporto a él, ambos nos sentimos cómodos en una relación estable, reciproca y equilibrada. Él ha luchado por tener un lugar en mi corazón y yo por tener un lugar en el suyo y ahora puedo confirmar lo que Verónica, la prima de mi mamá, a quien hasta la fecha aun no conozco, me dijo alguna vez:

“No te preocupes hijo, sé que lo que hay entre ustedes es puro amor, pero si ese chico realmente es para ti, si en verdad se aman volverán a estar juntos, y si no, no te preocupes, alguien más especial te estará esperando.”

Y en realidad no sé si me estaba esperando o yo a él. Eso es algo que descubriré con más tiempo mientras me sigo dedicando a escribir cartas para la Luna.

F I N .

Dedicatoria especial para todos aquellos soñadores que aun quieren abrir la puerta para encontrarse con alguien de pie frente a ellos, con el primer “te quiero mucho” más sincero que alguien les dijo jamás escrito a plumón gris.

No pierdan jamás las esperanzas y no dejen que sucesos dañinos contaminen sus sueños.

(Nota: El autor de esta obra, posterior a terminar de escribirla, decidió terminar con el proceso que inició al escribir la primera carta de Marie, es decir; que decidió quemarlas como último acto para dejar su corazón en libertad.)


Participante 0012 - Hugo Salvador Lira Almazán.

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