martes, 26 de marzo de 2013

Historia 0007 - EL GRITO


Han habido días en que los que he pensado cuál es mi razón por la que vivir, para que si todo lo que hago es trabajar, ir a casa, estar sólo y que me queda ya si no tengo familia o eso es lo que creo, nunca he sabido nada de ellos desde que recuerdo, he vivido en aquel orfanato en el que me cuidaron hasta que crecí. Casi no recuerdo como fue mi infancia, creo que ahora me da igual cómo fueron aquellos días. Busco algo que me mantenga vivo pero no encuentro mucho que pueda hacer, no tengo un motivo por el que vivir, solo vivo los dias tratando de encontrar una explicacion, una sola cosa por la cual luchar y seguir adelante.

Aunque eso no es lo que me importaba ahora, tenía una vida cómoda, aunque muy monótona a mi forma de ver. Y estaba satisfecho, aunque sintiendo que algo me hacia falta.

Era un poco de noche, como alrededor de las 11 de la noche, mi cuerpo estaba cansado de un largo día de trabajo extenuante y aún sin parecer importarle esto a mi cabeza y como ya es casi una costumbre desde hace un par de meses, no podía dormir aunque estuviera sintiendo dentro de mí unas ganas enormes de ir a recostarme en mi cama, a descansar de todo. Lo mejor que se me ocurrió para pasar el tiempo y encontrar una manera de dormir, fue salir a dar un pequeño recorrido nocturno por las calles de la ciudad, la noche estaba como otras noches solo que las calles parecían estar desiertas, en mi mente no pasaba ningún pensamiento en específico, aunque no estaba del todo vacía.

Sin darme cuenta caminé por un largo tiempo, hasta que en un momento sentí las ganas de detenerme solo por un instante y cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que me había parado a las afueras de un parque, que a esta hora parecía un poco terrorífico, ya que se encontraba emergiendo de entre las sombras y de unas luces muy tenues que se proyectaban de la calles de esta ciudad.

Sabía que había pasado un largo tiempo desde que salí de mi casa pero no importaba porque mi cuerpo no sentía la necesidad de dormir todavía. En un instante me encandiló la luz del reloj al intentar ver la hora que éste marcaba, aunque en un corto tiempo mis ojos se pudieron acostumbrar a esa luz pulsante que los lastimara hace algunos segundos antes, poco después me percaté de que, en efecto, había pasado un largo tiempo desde que había salido de mi casa a falta de poder conciliar el sueño y que ahora solo faltaba un minuto para las 3 horas de la madrugada.

Aunque el recorrido fue largo, en mi mente el tiempo había pasado tan rápido, no podía creerlo, para mí solo habían pasado unos cuantos minutos pero en realidad habían sido algunas horas en un recorrido no muy largo, no sé cómo explicarlo, es como si de repente me hubiese quedado hipnotizado por las luces que reflejaba el paisaje tenebroso del parque o si hubiese perdido la conciencia de lo que estaba haciendo, no sé cómo fue que pasaron esas horas, no puedo recordar nada de ese lapso de tiempo.

En el momento en que reaccioné, poco después de echar un segundo vistazo hacia el reloj, lo primero que hice fue ver hacia todos lados, a mi alrededor, y respirar muy profundamente, como si hubiese llegado ahí corriendo, me sentía muy agitado, cansado. Aunque el aire se sentía muy fresco era como si tuviese navajas que al llegar a mis pulmones que se sentían casi secos, era una sensación que dolía demasiado pero sentía la necesidad de continuar haciéndolo de esa misma manera. Después de un momento de dolor por algo que antes hacía sin pensar y claro, sin ningún dolor, emprendí la huida, comencé a caminar rápidamente por la calle en la que me encontraba, giré al encontrar la intersección por la que quedaba mi casa hacia el norte de donde me encontraba en ese momento, era una calle empedrada y podía escuchar el eco que causaban mis zapatos sobre las piedras, el eco que retumbaba sobre las paredes sin color de las casas a mi alrededor, se sentía algo raro, como si las casas no estuvieran habitadas, aunque sabía de sobra que estaba equivocado, ya que eran las mismas calles que recorría diariamente cuando volvía a mi casa después del trabajo.

Una niebla empezó a surgir en la dirección en la que me encontraba caminando, surgiendo de la nada, entre más rápido quise caminar para que la niebla no me impidiera ver el lugar hacia donde me dirigía, ésta más crecía, primero ocultando las pocas luces que se observaban de la ciudad y velozmente, ocultando toda luz en su totalidad, aunque aún se podía ver la luna, una luna que antes no había visto. La luna que en mi mente se veía como una sonrisa un poco perversa por la forma que tenía, después de observarla por un instante continué mi camino hacía el puente que dividía esa parte de la ciudad de la parte en la que yo he vivido ya por algunos años.

Las cosas eran extrañas desde que salí de casa hacía ya unas horas, pero aquí fue cuando empeoraron bastante significativamente. Solo con dar un paso sobre el puente, mi pie izquierdo sintió que, dentro de la oscuridad que había, como si hubiese pateado algo pequeño, no muy pesado pero algo extraño, al detenerme para ver qué es lo que había sido, me sorprendí mucho, ¿qué estaba haciendo un arma de fuego en el puente?, y más aún, ¿quién la había dejado ahí?

Lo siguiente que hice fue mirar a mí alrededor, pero por la hora, la niebla y todo la demás no pude ver nada ni a nadie por la calle en la que había venido ni en el sentido al que me dirigía.

Tomé la pistola de manera un poco temeroso de no saber cómo tomarla, estaba tibia, como si hubiese sido disparada. Aunque no conocía mucho de armas pude acceder hasta la cámara de balas y descubrí que solo tenía una bala, pensé que en una ciudad como esta en la que nada pasa no se ocuparía de una pistola para protección pero a la vez pensé que podría conservarla, aunque ¿para que querría yo un arma?, lo que hice solo fue arrojarla hacia el río y pude escuchar el rebote de agua al ser tocada por el arma.

De pronto y sin ningún motivo aparente, un terror muy consciente me controló por completo, un terror del mundo que me rodeaba, del futuro que me esperaba. Un deseo muy grande empezó a crecer en mi interior, un deseo que casi me poseía totalmente, lo único que quería era ver el agua que estaba en el río, un río opaco, un río sombrío, un río solitario, tal como yo y eso me hizo pensar por un instante que yo era el río, opaco, vacío y solitario, hasta que unos pasos fuertes se empezaron a escuchar a mis espaldas y comprendí que lo mejor que podía hacer era volver a mi casa como era lo que estaba haciendo desde hace algo de tiempo, aunque todo a mi alrededor me hacía detenerme y prolongar este recorrido de vuelta a casa.

Decidí continuar y los pasos que escuché antes se empezaron a acercar apresuradamente, aunque aún no podía ver a la persona que los estaba causando. Podía sentir las vibraciones de los pies chocando contra el suelo pero no distinguía quien era, o de donde en específico venía. Continué mirando a mí alrededor mientras me mantenía caminando de prisa, pero como antes, no conseguía ver algo y sentí que los pasos se escuchaban aún más cerca.

Otras veces había hecho este viaje en situaciones normales, pero eran viajes solitarios nunca nadie se había acercado, aún siquiera para saludar, nadie transitaba estas calles por la noche.

El miedo me envolvió por un segundo, ¿y si fuera algún ladrón?, de pronto pensé, ¡el dueño de la pistola que encontré!, ¿qué debería decirle? Mentalmente analicé todas las posibles situaciones, hasta hice un pequeño inventario de lo que traía de valor, aunque no traía algo que me pudiese ayudar si fuera una situación de vida o muerte.

Dentro de mí, un sentimiento de coraje me invadió y me maldije a mí mismo por haber arrojado el arma al río, aunque no supiera usarla tal vez me hubiera servido para asustar a la persona que me seguía. Continué como antes, viendo por encima de mi hombro, esperando que de la niebla que se encontraba tras de mí saliera alguien, pero en eso tuve una sensación que me heló todo el cuerpo, la sensación de que ese alguien que estuve esperando con mucho terror, estaba justo enfrente de mi cara, aunque yo me encontraba viendo hacia atrás.

Justo ahí fue cuando escuche el peor grito que nunca había escuchado hasta este momento, lo primero que hice fue girar mi cuello con mucha fuerza hacia el frente, como si lo tratase de romper, luego de percatarme que no estaba nadie, reaccione ¡El grito!
La voz más terrorífica que nunca hubiese imaginado, pero era como si esa voz venía del corazón de la niebla. Un grito de terror y de dolor al mismo tiempo, de desesperación y desesperanza.

Inconscientemente toque mi cabeza en la sien derecha como tratando de forzarla a pensar, a hilar pensamientos en mi cerebro, tratando de comprender los hechos extraños de esta noche, pero parecía no funcionar, no pude pensar nada concreto. 

Pensé que el grito procedente de la niebla había venido de enfrente de mí y me precipité a caminar de frente con un valor que no tenía hace algunos minutos.

De pronto un sonido se escuchó cerca del fin del puente, algo había caído en el río, pronto empecé a caminar hacia donde el sonido había surgido y descubrí que en el agua se veía un bulto, no podía ver claramente de que se trataba y no pude en ese momento ya que de dentro de la niebla se podía ver la silueta de un hombre, entrecerré los ojos para ver si podía ver algo a pesar de la niebla y lo que vi fueron unas facciones fácilmente olvidables, aunque una cara muy pálida. De repente sentí un enorme nudo en la garganta, sentí que mis ojos se abrieron demasiado como tratando de discernir aquella silueta, aquel cuerpo, su rostro.

Era un hombre alto, como de 1.95 metros, era delgado y llevaba puesto un largo abrigo color negro, sus ojos color avellana me empezaron a mirar con una mirada desgarradora, como si me pudiera matar con tan solo fijar su vista en mí, la piel de su cara estaba muy pegada a los huesos faciales, tanto que se podía casi ver la forma del cráneo de aquel hombre, se puso su sombrero ajustándolo a medida que se iba acercando a mí, mi cuerpo se negaba a moverse por más que mi mente le ordenaba que era lo que debía de hacer.

¿Tiene la hora?, la voz dijo de repente profunda y bajamente, mi boca se abrió pero no pude decir nada en ese momento, se sentía seca, como si nunca antes se hubiera abierto para decir una palabra, lo miré estúpidamente y eché un vistazo a mi reloj, aunque sin ver en realidad la hora y dije rápidamente -¡Oh, es muy tarde, son casi las 3 y media de la madrugada! aunque las palabras salieron como un tartamudeo, después de haber escuchado la hora me sostuvo la mirada durante un instante y alzando la mirada al cielo durante un momento y al final comentó, - ¡Bonita noche, no cree usted! Traté se seguir su mirada hacia el cielo y vi la luna que antes había jurado que era una sonrisa y aventuradamente al final me decidí a contestar - ¡sí, absolutamente hermosa! 

El hombre me miro y asintió, de repente comenzó a caminar hasta que se puso al lado mío y siguió su camino hasta perderse dentro de la niebla otra vez.

Me quedé allí como clavado al frío piso del puente, yo me quería ir de ahí lo más pronto posible, pero los músculos de mis pies se sentían flojos y a la vez muy pesados, sin ganas de moverse ni un solo centímetro.

El sonido del río volvió a hacerme reaccionar y decidí moverme de nuevo, después de unos pocos segundos estaba ya en movimiento hacia mi casa otra vez, aunque aún sin dejar atrás el largo puente, en estos momentos, todo me parecía una eternidad. Una eternidad llegar al otro lado del río. Fue entonces cuando escuché el grito de nuevo, era el mismo grito, desgarrador como antes y como hice antes, toque mi cabeza, tratando de pensar, pero sin ningún resultado positivo. 

Me paré como muerto cuando algo volvió a golpear la tranquila agua que cruzaba por el rió, me acerqué a ver a través del puente y lo que vi, fue un objeto alargado, que se encontraba flotando en el agua, esta vez, vi que se trataba de algo que se encontraba a unos cuantos metros de distancia, creí que se trataba de una bolsa negra y larga, ya que se encontraba a una distancia considerable desde donde yo podía ver, un poco dentro del cauce del río ya, por lo que no estuve seguro si era una bolsa o no, traté de no pensar en eso y continué mi camino.

Cuando estaba por alejarme del río y del puente al fin, escuché algo que me hizo regresar, un ruido sordo, pero lo suficientemente fuerte como para ser percibido por mis oídos en la fría y silenciosa noche, me regresé con mucho cuidado hacia la mitad del puente y pude percibir a un niño a las orillas del río, bajo el puente, el niño representaba una edad como de alrededor de 5 años, sus ojos se notaban como si estuvieran hundidos en su cara, por lo que sus pómulos se veían translucidos, sobre su mano derecha estaba un brazalete negro y en su mano izquierda solo se notaba el color negro, como si estuviera cubierta en su totalidad por una especie de tinta china, aunque eso se veía muy familiar, algo así como solía ser yo cuando tenía su misma edad, miré alrededor y descubrí que estaba ahí completamente solo, de pronto una voz penetrante se escuchó, procedía de aquel niño que me resultaba tan familiar, la voz solo dijo - ¡Hola!, a lo que yo respondí simplemente - ¡Hola pequeño!, ¿cómo estás?

Al momento en que yo espeté esas pocas palabras el niño me interrumpió con una pregunta un poco cortante -¿Qué hora tienes? Después de mirar mi reloj por un momento solo dije - ¡Es un minuto a las 12 de la media noche!

Después de que hube dicho esas palabras, tuve un leve flashazo en mi mente, hace unos minutos antes mi reloj estaba marcando una hora muy diferente y ahora apenas y era la media noche, ¿cómo podía ser eso posible?, el reloj estaba funcionando correctamente antes y el tiempo estaba mal de alguna manera, ¿cuál hora sería la correcta? Pensé, aunque eso era lo que menos me preocupaba en ese momento, tal vez sin querer había adelantado mi reloj o solo moví la hora sin darme cuenta, como sea, eso fue un pensamiento demasiado rápido en mi cabeza, pronto reaccioné de nuevo y miré al niño, él solo sonrió cuando le dije la hora y antes de que pudiera preguntarle que hacía solo en ese lugar o donde estaban sus padres el niño se echó a correr hacia la niebla y por más que traté de hacerlo responder a mis preguntas o intentar alcanzarlo, ya que para este momento lo estaba siguiendo sin pensar, le grité que no fuera hacia la niebla pero pareció no importarle mucho lo que le dijera porque comenzó a correr más a prisa hacia la niebla, al final no pude alcanzarlo y se perdió entre la espesa niebla, tras varios minutos, solo me detuve.

Me quedé un momento solo parado en ese lugar pensando en que tal vez el niño estaba perdido y asustado cuando de pronto la voz tenebrosa de aquel grito se escuchó de nuevo, era la misma voz, el mismo grito terrorífico, me quedé petrificado sin saber que era esa voz exactamente o que la estaba causando. Antes de que pudiese pensar en la voz de nuevo en mi mente solo se formó un único pensamiento y pulsante dentro de mi cerebro un dolor que empezó a bajar hacia el corazón, ese pensamiento me decía que pudo haber sido el niño el que gritó y que ahora se encontraba solo en la niebla o tal vez no estaba ya solo porque el hombre extraño y pálido de antes lo pudo haber encontrado y esa podría haber sido la razón para que el niño gritara, aunque era una situación poco probable ya que la voz del niño era muy diferente a la que se escuchaba que causaba aquel grito.

Me dirigí entonces hacia donde se encontraba el puente, aquel puente que cubría el río que antes creí que podría ser yo, cubierto de tanta niebla que no se podía ver casi nada, me sentí un poco desorientado y en el momento en que decidí detenerme, escuche otra vez el sonido de algo que rebotaba en el agua, lo único que pude pensar fue - ¡No el niño!
Me acerqué a la orilla del puente y pude ver algo, entrecerré mis ojos como tratando de enfocar mejor la imagen de lo poco que podía ver por la niebla densa que me rodeaba, y se veía como si estuviese un cuerpo en el agua, me acerqué lo más que pude para ver claramente si se trataba del niño, aunque pensando en que eso no fuera realidad, al momento en que vi que era un cuerpo humano, mis esperanzas bajaron hasta niveles críticos que me helaron por dentro.

En las frías y oscuras aguas del río pude ver una cara, unos ojos que me miraban fijamente, aunque se veían sin vida, unos ojos blancos, vacíos, una herida mortal en la sien derecha, tal vez causado por una bala, una cara inmóvil que mostraba solo horror. Para ese instante mi cabeza comenzó a doler como si algo la estuviera atravesando de lado a lado, el cuerpo que estaba flotando el en agua era el mío.

Y fue entonces que volví a escuchar aquel grito terrorífico, aquel grito que me había asustado antes.

Me escuché gritar a mí mismo.

Participante # 7

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