martes, 19 de marzo de 2013

El drama de tener dieciocho

Inexperto18

“El drama de tener dieciocho”

16/03/13
La cosa es que no sé cómo iniciar esto sin sentirme estúpido. Quizá deba presentarme, quizás no. Bueno en realidad no se ni con que finalidad es que he decidido escribir esto. 

Se suponía que sería una especie de diario, pero la verdad es que en estos días no me ha pasado nada interesante que quiera escribir; pero de pronto al dar una cucharada grande al helado que comía hace un par de horas, me llego el “boom” de querer escribir algo junto con la “sensación”, si, esa que te da en el cerebro cuando comes algo frío demasiado rápido.

La verdad me gusta escribir; Y no hablo de poemas o canciones cursis, no es que me desagraden ese tipo de cosas, pero siento que no soy lo suficientemente bueno como para hacer rimar versos. 

Lo mío, lo mío “eran” las novelas románticasdramaticasgayreprimidas, y si, digo “eran”, porque la verdad es que ya he perdido el amor por escribir ese tipo de historias… Como si me sorprendiera.

Siéndoles honesto soy un chico que le pierde fácilmente el interés a las cosas, y siempre las deja inconclusas, bueno, solo hay algo en lo que si soy muy obsesivo y no soy feliz si no termino. Y no, no estoy hablando de masturbarme. *Ba dum tss*, lo sé, soy pésimo con los chistes, pero me gusta hacerlos… No me juzguen.

Amo leer, cuando tengo un libro en las manos no paro hasta terminarlo, si lo sabrá Gabriel García Márquez, que por culpa de su libro “El amor en los tiempos del cólera”, el cual me devoré cuando tenía quince en casi una semana, leyendo de madrugada y con la única luz que la de mi celular me dejó un buen grado de astigmatismo que ahora a mis dieciocho, me hace lucir unas lindas gafas que casi siempre detesto usar.

¡Oh!, retomando ahora que hablo de mi edad volvamos al principio. Esta cosa que aún estoy preguntándome que fin tendrá decidí llamarla “El drama de tener dieciocho”… ¿Por qué?, bueno… porque estoy a unos cuantos días de cumplir diecinueve años, diez días para ser exactos, y quiero en un futuro cuando lea esto darme cuenta de la mentalidad que tenía a mis “dulces dieciocho”.

Siendo franco no sé porque los viejos siempre se refieren a los “dieciocho” como lo más WOW, y que es la mejor etapa de la vida, y no es por generalizar, pero al menos para mí es como tener diecisiete, incluso dieciséis, pero con la diferencia de que ya cuento con identificación y puedo ir a lugares de “grandes”, cosa que he hecho solo una vez desde que tuve la dichosa “ID”, y para ser honesto, me emocione más mostrándole al gorilón que estaba en la entrada del antro que ya era mayor de edad que lo que me divertí estando dentro del establecimiento.

En fin, siempre me voy por las ramas y como ya he llegado a un punto muerto en el que no puedo ligar una cosa con otra para seguir haciendo más extenso esto, optare por presentarme. 
Me llamo Alberto, mi edad no la diré, por razones obvias, soy Mexicano, y como ya mencione arriba en la parte de las “Novelas románticasdramaticasgayreprimidas” no lo dije solo por decirlo, en verdad soy gay.

¿Ya dejaron de pensar en que era innecesario que dijera eso último?, bueno, digo esto porque algo así sentí el día que se lo confesé a mi mejor amiga; Me vio con una cara de “No bebiste decirlo, no ahora”, dado el hecho de que acabábamos de fumar un poco de yerba y era ella quien me estaba contando sus penas de amor; Y yo, torpe y bestia como siempre se lo dije así, de tajo y sin darle tiempo de asimilarlo con el antes “Tengo algo que decirte… es muy importante para mí y si me atrevo a confesártelo es porque te tengo confianza”, yo no dije ni hice nada de eso, solo lo dije, y comencé a llorar… 

Seh, lo sé, no fue lo más apropiado que digamos, pero ya no lo podía soportar un segundo más. Soy un tipo sumamente acomplejado con el tema de mi homosexualidad y mi físico, y no es por echarle la culpa a nadie… pero culpo a mi familia en su totalidad, déjenme contarles porque.

Soy el menor de cuatro hermanos; Todos varones y una media hermana que no era considerada miembro de la familia como tal, pero que en su tiempo quise muchísimo, pero que ahora no puedo ni ver, la detesto; Quizá me atreva a contarles esa historia en el próximo capítulo, pero por ahora en lo que estábamos.
Vivir en una casa con otros tres chicos bastante varoniles, superficiales y hasta cierto punto “populares” no es fácil cuando tú eres el menos agraciado de todos, y peor aun cuando te salen con el sermón ese de que eres demasiado joven para juntarte con ellos y terminan haciéndote a un lado.

Para desgracia mía, y fortuna para ese trio de tarados su relación se fortaleció aún más cuando el mayor de mis hermanos a quien llamare “L” decidió abandonar sus estudios y comenzara a trabajar, y el que le sigue a quien llamare “J” decidiera tomarse un año sabático terminando la secundaria, y entrar a la preparatoria cuando mi otro hermano que solo me gana con un año seis meses entrara a la preparatoria, y por ende, compartiendo el mismo grupo de amigos, las mismas fiestas y en general, compartiendo todo.

Mi relación con “I” (El hermano que me gana con un año seis meses) era grandiosa antes de que eso pasara, pues por la cercanía de edades me hacía confiar más en él y llegaba a sentir que era el único de mi familia que me comprendía.

Y fue así como mis hermanos mayores me robaron al hermano que me tocaba por ley y me dejaron jodido en esa familia de locos… ósea, ¿Quién demonios se toma un año sabático terminando la secundaria y quien de la nada decide mandar a la mierda los estudios y ponerse a trabajar desde una edad tan corta?, ¡Nadie en su sano juicio lo hace!, pero bueno, siento que mis hermanos debieron darles un buen “brainwash” a mis padres para que terminaran cediendo, siempre fueron buenos para salirse con la suya.

Mi hermano “L” es el mayor de todos. Es el típico deportista guapo por el que todas babean y que haga lo que haga siempre le salen bien las cosas, “J” es el hermano que siempre sigue los pasos del mayor, pero que siente que nunca podrá superarlo y solo vive a sus espaldas, y solo por el hecho de ser hermano de alguien “popular”, termina siéndolo él también; E “I”, bueno, él era mi persona favorita en el mundo, hasta que poco a poco fue mutando en una combinación amorfa de “L” y “J”, y que ahora, cuando estos dos ya han hecho sus vidas, el termino tomando su lugar de “chico popular engreído”, y termino decepcionándome por completo.

El hecho de sentirse protegido por un hermano mayor al comienzo de la preparatoria te hace las cosas más fácil, y aún más cuando se suma tu otro hermano mayor a tu lista de amigos de borrachera y sientes que puedes contra el mundo solo por tener aliados como ellos. En esa metáfora tonta explico lo que creo le paso a mi hermano “I”.

Bueno, “L” y “J” se la pasaban jodiendome con mi físico, la genética de la familia resulto a mi favor, pero solo en cuestión de altura y masa muscular. En ese entonces cuando tenía diecisiete y estando en mi pleno desarrollo ya me gastaba mi metro ochenta y seis de estatura, y un cuerpo bastante desarrollado, a tal punto de estar “chonchito”, apodo por el que sufría bullying en casa por parte de mis hermanos. 

Me decían –Con esa estatura y ese cuerpo que tienes basta con que te metas al gimnasio seis meses para que te pongas re bien. Pero a mí no me llamaba la atención nada de eso, yo me sentía a gusto con mi cuerpo, pero por sus insistentes comentarios “hirientes” hicieron que poco a poco fuera acomplejándome. 

Yo prefería leer un buen libro o perderme en mi mundo de fantasía encerrado en mi cuarto con la música de “Oasis” a todo volumen, pero no, nunca me fue posible con ellos. 

Incluso en la infancia cuando su descerebrada cabeza al no inventarse algo mejor que hacer los fines de semana terminaban por ir hasta donde estaba y practicaban conmigo sus llaves de lucha libre que les gustaba ver en la televisión, eso no me desagradaba del todo, porque al menos me enseñaron a defenderme, y hasta me divertía, pues ellos se moderaban al golpearme al ser más fuertes, y yo desquitaba todo mi coraje almacenado sin restricción alguna, haciendo brotar sangre de sus narices o enfados por su parte cuando les daba un golpe bajo, y aunque terminaba por encerrarme en el baño para que no se desquitaran me divertía mucho, pero a la vez me hartaban tanto que prefería evitarlos casi todo el tiempo.

Como ya mencione “L” y “J” me jodian con mi físico, pero mi familia en general fue la que se encargó de acomplejarme con mi homosexualidad, y en especial “I”.

Todos sin excepción, mis viejos, hermanos, tíos, primos y abuelos son más homofóbicos que el vaticano; Aunque estoy seguro que más de uno tiene su “mujer interior” más oculta que la luna en pleno día. 

Tengo la dicha de que no se me nota nada lo gay, tengo voz grabe, cuerpo, caminar y porte de “hetero” y no por ser aparentalista, sino porque es así como me gusta ser.

No me pone nada, nadita lo “pluma”, por lo cual evito a toda costa serlo e incluso tener amistades con chicos así, lo sé, soy raro… pero en fin, tengo mis razones. 

La cosa es que el estar escuchando constantemente las palabras “Joto, maricon, puto, afeminado” durante toda mi vida y de una forma tan despectiva hicieron que inconscientemente me aterrara el hecho de que algún miembro de mi familia se enterara de lo que soy. Y por dios, que decir de las comidas de los domingos en la casa de los abuelos, es en esta parte donde “I” hace de las suyas en mi vida, para mal…

-Te vi la otra vez con una muchacha en el parque Beto, ¿Es tu novia? –Decía mi Tía Lilia con su estúpido tono burlón.
¡Trágame tierra!, decía por dentro mientras sentía la mirada de las casi veinticinco personas que nos reuníamos en al gran jardín de la casa de mis abuelos para comer. 

Las primeras veces me congelaba, ponía mi cara aún más idiota y solo sonriera, ¡De nervios!, de que otra cosa iba a ser; Y por dentro deseando que un rayo le callera en ese mismísimo momento a la Tía Lilia, la típica Tía chismosa que nunca falta en las familias, que le gusta joder a quien se pueda con tal de llamar la atención… en fin.

Después de varias “comidas domingueras” de lo mismo, mi hermano “I” comenzó a joderme con ese tema, no podía escuchar alguna canción de moda, de esas románticas del top, porque no faltaba su comentario de “¿Por qué te gustan esas mariconadas?” y para acabarla de joder, uno de mis mejores amigos llamado Ed y del cual hablare más adelante era gay salido de closeth desde que lo conocí, y jamás hacían mal rollo por eso o algún comentario ofensivo de él, incluso llegaba a quedarse a dormir en casa, venía a comer o a ver películas, y hasta jugaba al Xbox con ellos, cosa que yo detestaba.

Pero cuando mi familia comenzó a insinuarme “cosas” con eso del porque no tenía novia, optaron por hacer hincapié en que dejara de juntarme con Ed para que la gente “no pensara mal”.
La verdad siento que todos en mi familia saben de mis preferencias, pero se niegan a aceptarlo. Es una conclusión a la que he llegado tras mis noches de mirar al techo y profundizar en mi vida, a los padres no los podemos engañar, se engañan ellos solos… Y aunque se den a la idea de que su hijo pueda ser gay, se niegan a aceptarlo. 

Bueno, bueno… Ya son las 2:00 a.m y estoy muy cansado. No sé si encuentren un buen motivo al leer esto, quizá se identifiquen, quizá piensen que no vale la pena leer porque no tiene sexo o que soy tan aburrido que ni si quiera llegaran a este punto para darles la razón, en fin, pero si sigo con esto obviamente tengo que tocar todos esos temas, de esos en los que solo pueden contarse cuando vives “el drama de tener dieciocho”… Ojala les parezca “entretenido” saber de mi vida, porque interesante, lo dudo.

17/03/13
¿Alguna vez se han despertado con la idea en la cabeza de que justamente ese día será mucho mejor que los anteriores?, Yo sí. 

Por desgracia para mi soy de las personas que necesitan sus “cinco minutos” arropado entre las sabanas antes de decidirse a levantarse del todo. Y es en esos miserables y mugrosos cinco minutos cuando esa genial actitud de querer iniciar el día con optimismo se convierte en una idea vacía, gris y sin chiste.

“¿Quién te asegura que el día será tan bueno como piensas?”, “¿Para qué te molestas?, deja de soñar despierto”, son esos los pensamientos con los que usualmente me acribilla mi cabeza y hace olvidarme de todo por un momento, y cuando digo todo, es todo.

Me quedo mirando al techo fijamente, mientras ese silencio “ensordecedor” que se escucha en casa hace que poco a poco regrese a la realidad. Y esas ideas de que “hoy será un excelente día”, son reemplazadas por la de “Otro día más de lo mismo”.

Por lo regular tomo mi celular para leer el mensaje que me ha dejado mi padre, les compartiré el que textualmente me dejó hoy:

“Fui a casa del contador y a llevar la camioneta al taller, dejé dinero en el buró de abajo por si quieres comparte algo de comer, nos vemos al rato. Te quiero hijo” 

Leo el mensaje en unos tres segundos y arrojo el celular lejos de mí; Desde que mamá se fue de casa mis días han sido tan monótonos y solitarios que la verdad es que si me he deprimido terriblemente.

Me he parado de la cama y fui al baño a mear y a cepillarme los dientes. El sabor tan dulce y extraño que tiene la pasta dental casi siempre me da asco, pero que se le hace. 

Después voy a la cocina, y siento como si un balde de agua fría me cayera encima, pues por lo regular los domingos a esa hora ya estaba el desayuno servido y la voz de mamá retumbaba por toda la casa para que bajáramos a desayunar; Pero de eso ya no hay nada, ahora la cocina luce tan triste y limpia como nunca la había visto. 

Voy al refrigerador para tomar un yogurt y me preparo un sándwich, no tengo ánimos de prender la estufa. Subo hasta la computadora y ahora heme aquí escribiendo esta mierda que quizá nadie se tome la molestia de leer.

En el capítulo anterior dije que hablaría de mis viejos, y bueno, es importante que lo haga ya que comienzo a escribir como lunático y dejo pasar muchos detalles. Ellos hasta hace unos meses eran un matrimonio de veinticinco años con cuatro hijos y un “error” adoptivo que es mi media hermana. 

Yo, al ser el menor de sus hijos a veces me hacían sentir como si hubiese sido el “pilón”, ya saben, como cuando ibas a la dulcería de pequeño a comprar y cuando te llevabas una buena cantidad el señor te recompensaba con unos cuantos dulces más, cosa que te hacía sentir feliz de inmediato. Bueno, algo así paso con ellos al engendrar otro hijo, pero siento que quizá no se alegraron del todo cuando supieron que iban a tenerme. 

Y no digo que mis viejos no me quieran, o que me traten mal, sino que a mí ya no me tocaron las “épocas felices”, cuando mis viejos aún se querían “para toda la vida”.

Lo irónico es que su “para toda la vida” duro veinticinco años, de los cuales diez se la pasaban peleando por tonterías, dejando de hablarse por semanas y en tan solo una noche como por arte de magia, arreglaban sus diferencias y amanecían felices de la vida y preparando hot-cakes para todos.

Yo no podía quejarme. No era que fuéramos millonarios, pero Papá tiene un buen trabajo y podía mantener perfectamente a una familia de siete, aunque en realidad vivíamos seis en la casa, pues mi hermana vivió casi siempre en casa de mis abuelos, pero era mi padre quien la mantenía y termino por costarle su carrera como Abogada.

Tengo todo lo que necesito para ser “feliz” y un poco más, claro, “feliz” entre comillas porque la verdad es que nunca lo fui del todo. 
Lo más graciosos de todo es que yo nunca tuve una relación buena con mi viejo, es más, lo conocí cuando tenía tres años de edad, pues por “no sé qué” de su trabajo tuvo que irse a vivir a otro estado de la Republica, y como la coneja de mi madre se acababa de aliviar de mí, no pudo irse con él de inmediato. El punto es que durante mi infancia lo vi como el señor que venía de vez en cuando y traía regalos para todos. 

Y en mi adolescencia, comencé a verlo como un cajero automático, si, de esos que tienen los bancos. Sabía perfectamente que se sentía culpable por no verme “crecer”, y nunca me decía ‘no’ a nada. Y la cosa es que ni él ni yo mostrábamos afecto el uno por el otro, nos teníamos “respeto” y sabíamos que éramos padre e hijo, pero actuábamos como conocidos que viven en una misma casa.

Cosa contraria con mis hermanos, pues como ya mencione a ellos les toco vivir en el esplendor del matrimonio de mis padres y su relación con mis viejos era muy buena. Bueno, ahora les contare como son las cosas hasta el día de hoy.

Tras el divorcio de mis viejos, irónicamente terminé viviendo con mi padre y mi hermano “I”; Mi madre se fue a vivir con mi abuela y mi media hermana a una ciudad que está a quince minutos en carretera de donde yo vivo. 

Mi hermano “L” en Julio cumple su primer aniversario de bodas, al lado de su linda esposa y el chiquitín consentido de todos, el primer y único sobrino que ha tenido esta familia. 

Y como mencione en el capítulo anterior, “J” siempre quiso seguir los pasos de “L”, pero mediocremente, pues en cuanto terminó su carrera que trata sobre alguna rama de las Ciencias Sociales, no recuerdo cual, se fue a vivir con la primera chica que se encontró y bueno, según lo que yo observo, él parece ser infeliz al lado de ella.

Mis amigos se sorprendieron aún más que yo cuando les dije que me quedaría en la cuidad con mi padre. La verdad es que yo adoro a Mamá, aunque se enojaba con facilidad, nunca fue tan drástica con nosotros y siempre la vi como la linda chica que se casó a los “dieciocho” por amor, con su primer novio, e ilusionada con que había encontrado a la persona indicada con la cual estaría el resto de su vida.

Siempre me han dado ganas de preguntarle a mamá si tuvo un amor platónico que no fuera mi padre, me frustra el hecho de pensar que solo se haya enamorado una sola vez, y que no haya llegado a “viejita” al lado de quien ella creía iba a ser el amor de su vida. 

Nunca se lo he preguntado porque temo que diga que no, que solo ha amado a mi padre y que incluso ahora que es una mujer “felizmente divorciada”, no se vaya a dar el lujo de conocer a alguien más, como lo hace mi padre, quien no pierde el tiempo en salir con mujerzuelas que solo lo quieren por su dinero casi todos los fines de semana. 

Mi relación con mamá era muy buena, pues sus hijos predilectos al volar del nido y dejarla a solas conmigo no le quedó más remedio que enfocar toda su atención hacia mí, y no era porque no quisiera a mi emo/acido hermano “I”, pero este siempre actuaba como si no existiéramos y si no estaba en la calle, se la pasaba encerrado en su habitación.

La cosa es que no me sentía en la soledad absoluta con una madre como la mía, quien no podía hacer los quehaceres de la casa si no tenía a todo volumen la música de “Rocio durcal” o alguna otra de esas artistas que les gusta escuchar a las mamas despechadas; Tiene el mejor sazón del mundo y aunque fuera superficialmente le interesaba saber de mi vida, de mis amigos y todo eso. 

El día de mi cumpleaños iré a visitarla (y por mi obsequio), y creo que ha llegado el día en que le confiese mi homosexualidad, esperando no que me apoye, con que me comprenda me daría por bien servido.

Se preguntaran entonces como es que no la preferí a ella en vez de a mi padre a la hora de elegir con quien vivir. Bueno, la cosa es que mamá está enferma, les he contado cosas del matrimonio de mis viejos, pero como todo hay cosas bien intimas y necesitaría un capítulo entero para contarles tooodos los motivos por los cuales ellos se separaron. 

Mi madre padece algo así como “nerviosismo explícito”, a veces cuando peleaba fuerte con papá le daban unas crisis muy graves, llegando incluso a lastimarse a sí misma, solo fueron unas tres veces pero las suficientes como para saber que algo no andaba bien con ella.

De tiempo comenzó a hacerse farmacodependiente, pues decía que le dolía la cabeza y se sentía abrumada todo el tiempo, creíamos que eran síntomas por parte de los nervios que padecía, pero después nos dimos cuenta de que eran causados por otras cosas.

La cosa es que mi madre por ayudar a sus hermanos (unos tíos a los cuales detesto), le pidió al banco una fuerte cantidad de dinero poniendo en garantía la casa en la que vivo, y los queridísimos tíos jamás le pagaron ese dinero, incluso desaparecieron de la cuidad y dejaron a mi madre embarcada con la deuda. Mi madre se desesperó y comenzó a exprimir a mi padre en cuestión económica, hasta que mi viejo comenzó a notar su cambio de actitud tan radical.

Para ese entonces mamá se la pasaba todo el día pensativa y haciendo cuentas, de mal humor y hasta deprimida; Hacia la comida y los quehaceres muy apenas y no dejaba sus tranquilizantes ni un segundo.

Fue cuando en una ocasión que llegue de trabajar me entere de lo que ya sabían los demás miembros de la familia desde hacía varias semanas. Los intereses del banco subieron mucho y estaban a punto de quitarle la casa a mi madre, y esta volvió a tener otra de sus crisis, mi papá en un acto desesperado por evitar que eso sucediera remato unos terrenos que tenía por allí y vendió su precioso “Volkswagen Cabrio” con el que le encantaba pasear por la cuidad en los días soleados.

La condición que le puso mi padre a mi madre para liquidar la deuda con el banco fue que tenía que cederle las escrituras de la casa para que no volviera a hacer otra estupidez como esa, a lo cual mi madre se negó, y mi papá le dijo que entonces se la vendiera, que le daba el dinero que le debía al banco y un poco más con tal de que las escrituras ya no estuvieran a nombre de ella.

Mamá lo pensó mucho, pero fue con una llamada del banco que decidió tomarle la palabra a mi padre con la condición de que también le firmara el divorcio, y así lo hicieron.

La separación de mis padres no me afecto tanto como mis amigos creían, pues desde hacía muchos años yo sabía que esto tarde o temprano pasaría, y digamos que ya me había hecho a la idea.

Si no me fui a vivir con mamá fue porque ella me lo pidió. Yo tenía listas mis maletas para irme a donde fuera que ella me llevara, sin importar que fuera bajo un puente, pero tras una charla donde me pedía perdón por “abandonarme” y se disculpaba por haber sido una “mala madre” según ella, me suplico que me quedara con papá, pues ella nunca iba a poder darme lo que él podía darme económicamente hablando, y yo estaba por iniciar la universidad, y al ser mayor de edad, si me iba con mi madre mi padre se quitaría de toda obligación de pagarme la carrera, y ella no podría pagármela tampoco.

Fue así como accedí a quedarme con el viejo, llámenme interesado, mal agradecido, lo que quieran, pero así como mi madre la cago, mi padre a lo largo de toda su vida lo fue haciendo una y otra vez, llamémosle infidelidades, llamémosle alcoholismo, llamémosle maltratos “psicológicos”, llamémosle como queramos, pero todo eso provoco que yo no sintiera amor por mi padre, sentía respeto, incluso admiración por ser un hombre trabajador que a pesar de sus faltas veía por su familia, pero lamentablemente, sus faltas descompensaban esas cosas buenas que veía en él. 

Fue algo así la charla que tuve con mi amigo Ed el día que le conté del divorcio y que me quedaría con papá:

-Pero si tú lo odias… ¿Estás seguro? –Decía con una voz que rara vez escucho en él, como tomando las cosas enserio.

-No lo odio, simplemente no le quiero como un hijo debe querer a un padre, pero qué más da… Yo necesito de él aun.

-Pero eso es egoísmo puro de tu parte, ¿Crees poder soportarlo a él y al frívolo de tu hermano “I”?

-Trataré –Conteste a secas. –Y si Ed, es egoísmo quizá, incluso egocentrismo, pero no me dejaras mentir que es razonable, pues si de eso depende mi futuro no me importa, es lo que me trató de decir mi madre.

Él se encogió de hombros y me sonrió dándome la razón. La verdad es que no sé qué hubiera sido de mí sin mis amigos, pues aunque yo diga y me intente hacer a la idea de que ya “estoy bien”, la cosa es que no siempre fue así.

Sin duda alguna de Junio de 2012 a Marzo de este año han sido los peores meses de mi vida. 

Por una parte fue duro ver a papá triste y hasta llorando por la separación. Ese tipo frió que parece tener corazón de roca, que jamás demuestra lo que siente, y el verlo allí tan derrotado y sin convicción me noqueo por completo; Y los mensajes a media noche de una madre arrepentida de sus actos tampoco ayudaban mucho; Ni sus llamadas donde le escuchaba llorar y se la pasaba pidiéndome disculpas por haberme dejar solo, ni tampoco eran gratificantes mis visitas donde me consentía y sobre atendía como su fuera un niño de seis años.

No lo sé, fueron tantas cosas de diferentes ámbitos que me dejaron hecho una magdalena por varios meses, sin querer salir a ningún lado, en una depresión terrible, y lo diré, hasta sin ánimos de vivir. 

By: Alberto

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